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martes, 24 de diciembre de 2013

Unas 55.000 trabajadoras sexuales en Ecuador son jefas de hogar

A veces las mujeres optan por el mal menor de la prostitución mientras la sociedad mira para otro lado.

Si el punto de partida, tras estudiar la prostitución y las causas que la originan, es que esta práctica social es una forma deseable de vida y no puede ser definida como una forma de explotación sexual, entonces la conclusión lógica es legalizar y reglamentar la prostitución. Si, por el contrario, se considera la prostitución una forma inaceptable de vida, resultado del sistema de hegemonía masculina, vinculada a la dominación patriarcal y que vulnera los derechos humanos de las mujeres al convertir su cuerpo en una mercancía y en un objeto para el placer sexual de otros, entonces se concluye la imposibilidad de su legalización.*

Entendemos que se los estados deben trabajar para darle posibilidad a estas mujeres de conseguir vidas mejores  respetadas y consideradas por toda la sociedad.

Situación en Ecuador
La mayoría de las mujeres que se dedican a esta actividad tiene entre 21 y 41 años.

Según un estudio realizado en junio por la Red de Trabajadoras Sexuales del Ecuador, el 79% de las mujeres que se dedica a esta actividad se encuentra entre los 21 y 40 años. Un 96% de las encuestadas es de nacionalidad ecuatoriana, el 34% tiene nivel secundario sin concluir, un 16% ha logrado concluir esta etapa, un 33% ha completado la primaria y un 14% no la pudo concluir. El resto lo representan las que al menos entraron a la educación superior.

Además, el 94% tiene hijos y de éstas, un 81% tiene a sus hijos a su cargo y son sostén de hogar. El 47% tiene más de 9 años en el trabajo sexual; mientras que 17% entre 1 y 2 años; y 1 de cada 10 encuestadas tiene en el trabajo sexual entre 5 y 6 años.


Uno de los datos que arrojó la encuesta es que incluso en los centros médicos públicos las trabajadoras sexuales son discriminadas (13%). Magdalena Cedeño, de Manabí, asegura que desde el momento en que llegan al departamento de estadística sienten animadversión. “Nos quedan viendo mal y, a veces, no nos quieren dar medicinas. En Portoviejo, incluso, hay un médico que no le gusta que las compañeras vayan con falda por el hecho de ser trabajadoras sexuales, con lo que practica la discriminación”.

El mantener en reserva la actividad a la que se dedican también es motivo para que busquen centros de salud alejados de sus zonas de trabajo. Así, el 58% va fuera del perímetro donde ejercen su actividad, mientras que el 70% se atendió lejos de donde vive para que en su barrio o su casa no supieran que es trabajadora sexual.

Piedad Martínez, de El Oro, explica que así evitan que su entorno más cercano conozca a qué se dedican, lo que les obliga a rotar de provincia en provincia, porque, cuando llegan a saber, enseguida son mal vistas, ya que todavía hay temor y posiblemente vergüenza por ejercer ese oficio.


* Rosa Cobo
http://www.lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1101605486

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