Para contar mi historia tendría que viajar a
un espacio lejano y desdibujado en la memoria, un lugar con pupitres diminutos
y sillas verdosas, donde nacían temblorosas y enormes palabras de grafito. Allí
comienza mi relación íntima con las palabras, una historia en la que
demostrarme a mí misma cómo cambiar el curso de mi propia vida a través de la
lucha diaria y la creencia personal. Tras doce años de batalla conseguí decirle
adiós a una difícil dislexia, superada –a pesar de todo- por el inmenso amor
que desde siempre le he profesado a la escritura. En diferentes etapas
profundicé en mi propio conocimiento a través de diarios personales, para más
tarde entregarme de lleno a la literatura y explorar diferentes vías expresivas.
Durante este período me desarrollé como una niña muy diferente al arquetipo
femenino y social normalizado, cosa que siempre me rodeó de críticas, pero reafirmó
mi personalidad hasta sus últimas consecuencias. Debido a mi interés por el ser
humano estudié TrabajoSocial (Univ. Pablo de Olavide, 2007), también
me formé como animadora sociocultural trabajo que ejercí durante años –sobre
todo con mujeres mayores- y marcó mi forma vitalista y positiva de ver la vida,
ampliando mi conocimiento sobre la experiencia femenina. Posteriormente empecé
a adentrarme en temas de género y feminismo con el Máster de Estudios de Género y Desarrollo Profesional (Univ.
Sevilla, 2013). Desde muy joven he estado vinculada a grupos artísticos donde
desarrollé habilidades como la interpretación, las artes plásticas o la poesía.
De las gafas de pasta y los pantalones anchos, de la rebeldía y la bohemia de
los veinte… a la madurez y a la lucha reivindicativa de los treinta, conectando
con una poesía que tiene ansías de acercarnos a esa necesidad perentoria de la
práctica del amor como evolución humana, para llegar a la consciencia
individual y salir, si es posible, de las frivolidades del capitalismo y la
sociedad heteropatriarcal que nos define, nos limita, nos aleja y nos enajena.
La poesía siempre ha sido mi gran compañera
de viaje, donde lo exacto, lo trágico, lo humorístico, lo espiritual y el amor,
tienen cabida en ella. Empecé a recibir el sobrenombre de la escritora terapéutica por mi blog www.isa-poetisa.blogspot.com
tratando temas profundamente humanos y espirituales.
En 2012 sale a la luz Nunca fui una princesa de Disney, a través de la asociación Benilde
(Universidad de Sevilla). En esta obra revelo las tretas que aún la sociedad
patriarcal nos tiene preparadas a las mujeres, denunciando el edulcorado mundo
de las princesas de Disney, todas ellas estereotipos de mujeres perfectas,
esforzadas en las tareas del hogar, esperando a príncipes que las salven de la
muerte o de peores cataclismos…¡No a las princesas de Disney! ¡Sí, a las
mujeres empoderadas e independientes!
Nunca fui una princesa de Disney, también es
un espectáculo itinerante en el que música y poesía se unen para gritar fuerte
las injusticias en el cual practico la performance, el monólogo y las artes
escénicas para hacer llegar de forma clara, directa y sencilla valores de
igualdad entre mujeres y hombres, teoría feminista o la necesaria aproximación
al mundo de las emociones para salvarnos de esta lacra de la violencia
machista; la soledad, la falta de autoestima o las relaciones poco saludables.
Espectáculo
Nunca fui una princesa de Disney
Firma de libros, 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer (Écija)
Algunos poemas:
Mirilla
Mujer,
que miras el mundo
desde
el agujero de la mirilla
de
tu hogar,
abre
la puerta:
nadie
puede comprar
tu
libertad.
Tu Centro
Te marchaste
con lluvia y con
tormenta
con el corazón
inundado
con el amor hecho
trizas.
Perdida en tu hostal
de horribles paredes
silenciosas,
sumida en una
inmensa soledad
como una mujer hopperiana
que observa su miedo
su pérdida
su abismo
su desdicha, apoyada
en la ventana.
Pero gran mujer,
que el alto vuelo de
tu avión
te lleve a donde
perdiste
y aterrice, por fin,
en el centro de ti misma.
En la actualidad sigo formándome en género,
practicando diferentes actividades de carácter espiritual y preparando varios
proyectos artísticos. También,
trabajando en mi próximo libro que sin perder la rebeldía del anterior y las
ganas de desencorsetar este mundo empequeñecido en pensamientos y libertades,
sobre todo para nosotras las mujeres, quiere transcender las injusticas:
¡Ahora, más que nunca
ahora!
Si quieres ponerte en
contacto conmigo, comprar mis libros y conocer más sobre mi trabajo, hazlo a través de mi Facebook,Isabel Serrato.
Bertha Felicitas Sophie, baronesa von Suttner, nacida Gräfin (condesa) Kinsky von Chinic und Tettau, (Praga, 9 de junio de 1843 - Viena, 21 de junio de 1914), fue una pacifista y escritora austríaca.
Von Suttner fue una de las más destacadas figuras del movimiento internacional por la paz; difundió la ideología del mismo en numerosas conferencias en toda Europa, y creó una asociación para promoverlo en Austria.
Von Suttner fue hija póstuma del conde Franz Kinsky von Wchinitz und Tettau, muerto a los 75 años poco antes de su nacimiento, y Sophie von Körner. Bertha se crio con su madre Sofía Wilhelmine, (nacida von Körner y pariente lejana del poeta Theodor Körner), en un ambiente aristocrático,en medio del militarismo del imperio austro-húngaro.
La tradición militar de la familia de la baronesa —su padre había sido mariscal de campo del Imperio y consejero militar— puede haber sido una de las razones de su fuerte compromiso pacifista.
En su adolescencia aprende, además del alemán, el francés, el italiano y el inglés, viaja mucho y toca música.
Tras la dilapidación de la fortuna heredada de su padre, en parte debida a la pasión de su madre por el juego, Berta ocupa el puesto de institutriz a partir de 1873 en casa del barón Karl von Suttner, un empresario de Viena. Su madre quería que hiciera un matrimonio ventajoso económicamente, pero Bertha se negó y anuló el compromiso con el barón Gustav von Heine-Geldern. Ella les da a las cuatro hijas de este último clases de música e idiomas. En esta época, se enamora de Arthur Gundaccar, el benjamín de la familia von Suttner, siete años más joven que ella.
En 1876, viaja a París, donde se convierte en la secretaria privada de Alfred Nobel, posición que sólo le dura dos semanas. La madre de Arthur la había despedido para poner fin a la relación entre ambos, pero para no dejarla sin medios de vida, la colocó en casa de Nobel, que por la misma época fue llamado a Suecia por su rey.
A pesar de todo se desarrolla una intensa relación de amistad que perdura en su intercambio epistolar. Según se puede leer en el libro de Stefan Zweig “El mundo de ayer,
memorias de un europeo”, esta mujer convenció a Alfred Nobel para que
instituyera el famoso premio como compensación por el mal que había
causado por su invento de la dinamita.
Bertha vuelve a Viena, donde se casa en secreto con Arthur Gundaccar el 12 de junio de 1876 en Gumpendorf en contra de la voluntad de los padres de él. Como consecuencia de ello, Arthur es desheredado y la pareja parte hacia el Cáucaso por más de ocho años. Allí, en Georgia, con la princesa Ekatarina Dadiani von Mingrelien, viven a duras penas de pequeños trabajos como la escritura de novelas de entretenimiento o las traducciones.
Al comienzo de la guerra ruso-turca de 1877-78, Arthur comienza a publicar con éxito novelas sobre la guerra, el país y sus gentes en los semanarios alemanes. El mismo año, en 1877, Bertha von Suttner empieza su actividad como periodista y alcanza, con el pseudónimo de B. Oulet, un gran éxito similar al de su marido. Ella escribe para los periódicos austriacos historias breves y ensayos, su marido reportajes de guerra y de viaje.
En 1885 regresan a Austria definitivamente, se reconcilia con su familia y se instalan en la residencia familiar en Harmannsdorf, Baja Austria. La mayor parte de su obra data de esta época. Bertha sigue escribiendo interesándose especialmente por el tema del pacifismo. Así en 1886 escribe el libro "High Life" en el que aborda el respeto del hombre y su libre arbitrio. Poco después, gracias a una mesa redonda con el filósofo francés Ernest Renard, conoce la existencia de la "International Arbitration and Peace Association", fundada por el británico Hodgson Pratt en 1880. Bertha von Suttner recibirá la influencia de personalidades como Henry Thomas Buckle, Herbert Spencer o Charles Darwiny su teoría de la evolución. El pacifismo de Suttner es un pacifismo ético fundado en la capacidad moral del hombre para comprender que la guerra no debe seguir utilizándose. Se integra en las ideas liberales de su época y su fe en el progreso humano, manifestando un profundo humanismo.
En 1889, a la edad de 46 años, publicó la novela Die Waffen nieder! (¡Abajo las armas!), que se convirtió rápidamente en un clásico del movimiento pacifista internacional y se tradujo a multitud de idiomas. En la obra describe la guerra desde el punto de vista de una mujer, tocando así la fibra sensible de la sociedad y suscitando numerosos debates sobre el militarismo y la guerra. Fue adaptada al cine en 1914 por Holger Madsen y Carl Theodor Dreyer.
El invierno de 1890-91, la pareja von Suttner vive en Venecia. Bertha von Suttner impulsa la creación de una "sociedad de la paz de Venecia" (Friedensgesellschaft Venedig). Ella conoce al marqués Benjamino Pandolfi, gracias al cual se reúne con otros representantes de las conferencias "interparlamentarias", las cuales, a partir de 1910 reciben el nombre de "Unión Interparlamentaria"
En 1905, como reconocimiento a sus tareas, recibió el premio Nobel de la Paz. En 1910 publicó un volumen de Memorias. Murió en 1914, a poco del comienzo de la I Guerra Mundial.
“Después del verbo amar, el verbo ayudar es el más hermoso del mundo”
Fue la primera persona que recibió el Premio Nobel de la Paz. En una época, en la que primaban los principios militaristas, escribió en 1889 el libro Abajo las armas, una de las obras que más ha influido en el pensamiento pacifista moderno.
Nacida en el seno de la aristocracia austriaca, dio un giro a su vida para convertirse en una activista incansable en defensa del pacifismo. Desde muy joven se opuso con audacia al horror de la guerra. En uno de los países más militarizados de Europa, ella no paró de reivindicar de forma incansable “abajo las armas”. Así lo reconoció el comité que le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1905, que destacó la gran influencia que la baronesa Von Suttner había tenido en el crecimiento del movimiento pacifista internacional. Cuando lo recibió, Bertha llevaba ya media vida consagrada a la lucha contra la carrera armamentística y el pacifismo. Sin embargo, nadie hubiera pronosticado que rompería con todas las normas de la época, dado su origen aristocrático.
Bertha von Suttner, nacida condesa Kinsky, fue la hija póstuma de un mariscal de campo de la corte austriaca, un mundo donde el militarismo y el respeto a la tradición estaban fuertemente arraigados. Durante los primeros años de su vida, defendió, sin crítica, estos principios. Pero, a partir de la treintena, luchó, sin tregua, por modificarlos. Se trasladó entonces a Viena, donde conoció a su esposo, el barón von Suttner, que durante toda su vida la acompañó en la defensa de sus ideales. El matrimonio, que vivía de una forma modesta, se trasladó a Paris, donde a través de un anuncio en el que se buscaba a una secretaria, Bertha conoció a Alfred Nobel. Sólo trabajó con él una semana, pero afianzaron una amistad que duró 20 años. El trabajo realizado a lo largo de su vida por la baronesa a favor de la paz fue lo que inspiró al filántropo sueco a la creación del Nobel de la Paz, hoy uno de los galardones con más prestigio en el mundo. Bertha von Suttner fue la primera en recibirlo. La comunidad internacional reconoció la valentía de esta mujer adelantada a su época. “Es extraño lo ciega que está la gente. Se horrorizan ante las cámaras de tortura de la Edad Media, pero están orgullosos de tener sus arsenales llenos de armas”, aseguraba esta mujer librepensadora y agnóstica.
Su determinación como activista entregada y enérgica a favor de la paz se fraguó años antes, al entrar en contacto con la Asociación Internacional de Arbitraje y Paz, una organización fundada en Londres en 1880, cuyos objetivos eran el uso del arbitraje y la paz en los conflictos armados, en vez del uso de la fuerza. Un concepto muy novedoso, ya que, durante generaciones en Europa, la principal vía para solucionar los conflictos fue la utilización de las armas. A partir de este momento, Bertha se convirtió en una ferviente militante del diálogo para la resolución de conflictos. “Esta cuestión de si es la violencia o la ley la que debe prevalecer entre los Estados es el problema más vital de nuestra era y el que tiene unas repercusiones más serias”, decía la Baronesa.
Su labor fue incansable. Escribió libros, intervino en foros internacionales, creó sociedades pacifistas en Austria, Alemania y Hungría. Pero lo que le convirtió en un referente del movimiento pacifista internacional fue la publicación en 1889 de su novela Abajo las armas. Más allá de sus valores literarios, el verdadero mérito de esta obra es su contenido impactante, que tuvo una influencia determinante en su tiempo. Nadie hasta entonces había denunciado, de una manera tan rotunda y tan gráfica, el dolor, la maldad, la crueldad de la guerra, la soledad de los soldados heridos y abandonados, la pesadilla del campo de batalla, el pánico a la muerte. La novela no fue sólo un alegato contra la guerra, sino que además denunciaba una serie de principios que favorecían el espíritu belicista: la religión, que propiciaba la resignación; la cobardía como deshonra y la concepción de la guerra como una forma más de hacer política. La protagonista de su obra, Marta, lucha por cambiar los roles tradicionales de la mujer; es instruida, alterna con intelectuales, al margen de la clase social, no sólo no cree imprescindible que su esposo la proteja, sino que no le importa mantenerlo con tal de que abandone la carrera militar. La novela tuvo un impacto extraordinario en el público y el nombre de Bertha von Suttner se convirtió en sinónimo de paz y antimilitarismo. “Una de las verdades eternas”, afirmaba, es “que la felicidad se crea y se desarrolla en paz, y uno de los derechos eternos es el derecho de la persona a la vida. El instinto más fuerte” asevera, “es el de la conservación, este derecho, ratificado y santificado por el viejo mandamiento que dice no matarás”.
Su entregada labor le granjeó, también, el respeto de los principales gobernantes europeos. Su influencia fue determinante en las diferentes conferencias internacionales a favor de la paz e intervino en todos los foros de la época. En 1899, en la primera Conferencia de Paz de La Haya encabezó una delegación y fue la única mujer que intervino en el encuentro que, felizmente, terminó con la creación de la Corte Permanente de Arbitraje, origen de la Corte Internacional de Justicia, el principal órgano judicial de Naciones Unidas.
Bertha von Suttner fue también una europeísta. En el Congreso de la Paz, celebrado en Londres en 1908, repitió hasta la saciedad que Europa es una y que la unificación del viejo continente era el mejor remedio para evitar las catástrofes mundiales que empezaban a intuirse.
Austria le ha rendido homenaje grabando su retrato en las acuñaciones de la moneda de dos euros. Sus esfuerzos a favor de la paz no cesaron hasta el final de su vida. La “generalísimo“ del movimiento por la paz, como se la ha llamado, murió dos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. No pudo detener la guerra, pero sí creó las bases para la construcción de un movimiento pacifista internacional sólido y para la difusión de estos ideales entre los ciudadanos de todo el mundo. Como bien dijo entonces, “los defensores del pacifismo son conscientes de la influencia los valores que defienden. Saben que todavía son pocos, pero son conscientes de que sirven a la mejor de las causas posibles”.
El 12 de julio de 2012 murió Beatriz Ferro. En su recuerdo con admiración y agradecimiento entramos en su vida y sus aportaciones :
“Soy hija de una mujer que tomaba té y decía que estaba tomando nubes, porque éstas se reflejaban en el fondo de la taza, y nieta de una abuela irlandesa que me contaba historias de duendes”, recordaba Ferro, ganadora del premio Pregonero de Honor en 2001, otorgado por la Fundación El Libro, y candidata al Premio Hans Christian Andersen 2008, el Nobel de la Literatura Infantil. A los 8 años hizo su primer aporte a la actividad editorial con Golondrina, una revistita casera que ella misma escribía, dibujaba, cosía y vendía entre parientes y amigos. “En los primeros tiempos –repasaba la escritora en una entrevista con la revista Imaginaria–, urdir historias era un poco más que un pasatiempo que alimentaba mis flacos bolsillos con lo necesario para surtirme de óleos, témperas, blocks de dibujo, libros de arte y de los otros, y de todo lo relacionado con mis reales intereses: las artes plásticas, las artesanías, el diseño y la arquitectura, con la que tuve un roce fugaz. También para gozar de un precioso tiempo libre en el que cumplíamos con la obligación de reformular el Universo a partir de su recorte enmarcado por la ventana de un café.” Ferro confesaba que picoteaba “de aquí y de allá” para llevar agua a su propio molino. Ese picoteo se nutrió de El Quijote, Chejov, Baudelaire, Carson McCullers, Patoruzito, Bhagavad Gita y Las mil y una noches, “el primer libro que debo haber manoteado, como lo atestiguan mis garabatos infantiles que profanaron la bella edición”.
Hacia mediados de la década del ’60, Ferro frecuentaba el taller de Agnes Lamm, una gran dibujante europea que la recomendó a la editorial Abril, donde conoció a Boris Spivacow. En 1967 empezó a dirigir la colección para chicos “Cuentos de Polidoro” de CEAL. El primer título fue Pulgarcita, de Andersen, traducido por la propia Ferro e ilustrado por Ayax Barnes. Una de sus invenciones más memorables fue El Quillet de los Niños, “enciclopedia autodidacta para niños” en seis tomos. Quedará en la memoria de muchos su quehacer inclaudicable como directora de colecciones en “Los Cazacosas”, “Veo y leo” y “Pequeña agenda”. Y deja un puñado de títulos inolvidables: El secreto del Zorro, Aquesí y Aquenó, Zapatos caminadores, Historias extra vagantes, Los dioses campeones y Radiografía de una bruja, entre los cientos de cuentos, piezas teatrales y poemas que escribió, traducidos y publicados en Londres, Milán, Amsterdam y Nueva York. Cada página de Ferro será como treparse al tren en una estación llamada “la ganas locas de imaginar”
Entrevista con Beatriz Ferro
Durante los meses de febrero y junio de 2000, el periódico Página/12 de Buenos Aires (Argentina) acompañó su edición de los sábados con libros de la colección Historias fantásticas de América y el mundo, escritos por Beatriz Ferro. La periodista Ángela Pradelli entrevistó a la autora para el suplemento Las/12 del diario mencionado. En esta entrevista, Beatriz Ferro defiende la vigencia de las leyendas como lecciones íntimas de la Antigüedad, un espejo de un mundo que se fue, sencillo, cordial y creyente mientras compara los antiguos héroes con los de nuestros días. Agradecemos a Ángela Pradelli y a Sandra Russo, directora de Las/12, por autorizar la reproducción de la entrevista en esta edición deImaginaria.
Beatriz Ferro es una mujer de la que se pueden decir muchas cosas. Que ha sido responsable de varias colecciones de libros que hicieron historia en este país. Por ejemplo Cuentos de Polidoro (1967) para la que también escribe adaptaciones y traducciones, Te cuento, Zoomundo y Salvemos la tierra (1986-1989), que editó Hyspamérica, y Cazacosas, publicada por la editoiral Estrada (1994). Que su obra fue ilustrada por los mejores dibujantes de la Argentina como Nine, Hermenegildo Sábat, Oski o Enrique Breccia. Y que sus textos cruzaron la frontera con éxito e imágenes de Oscar Grillo en Inglaterra, Michele Sambin en Italia, y Hohn Hovell, Susan Todd, Shari Warren y Elena Torres en USA. En España Lumen de Barcelona sacó Ramiro en castellano, y Bernat, en catalán, y en Italia Eme Edizione de Milano difunde Por ejemplo un paraguas (Per esempio un ombrello). Fue directora de Arte y de Redacción de la colección Veo-Veo, Ediciones Hyspamérica, editada también porPágina/12.
Pero estra trayectoria de lujo no le impide seguir haciendo las cosas con una pasión poco frecuente ni mantener una costumbre que se va perdiendo en las metrópolis: sostener una conversación verdadera. Esto la convierte en alguien generoso y amable como pocos.
—¿Cuál fue tu intención al escribir una nueva versión de estas leyendas?
—Plutarco, que era el biógrafo de los héroes, dice en su libro Vidas Paralelas: "Tratemos de tamizar estas fábulas al menos para que asuman la apariencia de historias". Ese fue mi deseo, reescribirlas para acercarlas hoy a los lectores de acuerdo con la mirada que arroja sobre ellas esta época en particular. Porque las leyendas permanecen allí, como un buen paño para que se lo borde, se lo remiende, recorte o deshilache a gusto, según el uso y la necesidad. Hasta ahora, el paño resiste.
—¿Cómo definirías la leyenda?
—Recuerdo la definición de un académico que decía que las viejas leyendas son lecciones íntimas de la Antigüedad, como un espejo de un mundo que se fue, sencillo, cordial y creyente.
—Pero a pesar de ser lecciones de un mundo que se fue las leyendas siguen teniendo vigencia.
—Absolutamente sí, sólo que los contenidos y los héroes se refugian ahora en el cine. Y no son ya aquellas lecciones íntimas sino mensajes con altavoces de un mundo poco sencillo, poco cordial pero que, a pesar de su condición incrédula, sigue necesitando entre otras cosas de la fabulación y de lo mágico. Como sea, las antiguas voces siempre existen, serpentean entre los temas de moda y, por una razón u otra se abren camino para seguir entre nosotros.
—¿Los héroes se refugian ahora en el cine porque allí la tecnología colabora con ellos?
—Sí, es cierto. Sin embargo, como en las leyendas de tiempos remotos, lo que verdaderamente cuenta no son los medios más o menos sofisticados sino el ansia y la búsqueda de la liberación y la verdad. El héroe sigue un objetivo preciso y a pesar de estar en desventaja ante las fuerzas del mal puede dominarlas porque primero ha vencido dentro de sí el temor.
—¿Quiere decir entonces que el héroe de antes se parece al de ahora?
—Claro, es nuestro viejo Teseo enfrentando al Minotauro. O el nuevo, audaz, intergaláctico Skywalker de La guerra de las galaxias oponiéndose al siniestro Dart Vader que, al final se revela como su padre. Por otra parte, si hablamos del nacimiento del héroe, tanto en la literatura como en el cine, encontramos el tipeo de una máquina de escribir dándoles vida. Los héroes del cine, antes de acceder a la imagen, fueron gestados por la palabra escrita, por el libro o el guión que los vio nacer. Tal vez el vínculo entre los héroes de la literatura y los del cine esté a cargo del antiguo lector y el nuevo espectador, ambos dispuestos a dejarse maravillar por los prodigios. Además, los héroes siempre están de regreso. Vuelven personificando a un investigador privado o a un defensor de la ecología o a un viejo sabio, dotado ahora de debilidades humanas y, lo que es mejor, de cierto sentido del humor que sus antecesores no poseían.
—¿Y qué pasa con la mujer en su rol de heroína?
—Bueno, creo que la literatura feminista aportó lo suyo para poner las cosas en su sitio. La editorial Delle parte delle bambine —De parte de las niñas—, en un libro espléndido donde el relato es una historieta, nos cuenta el revés de la leyenda Teseo y el Minotauro, convirtiendo a Ariadna, la que ayuda a Teseo a salir del laberinto, en la verdadera heroína de la historia. De hecho, el libro se llama Ariadna, entrelíneas de una leyenda. Teseo queda sin un hueso sano y ya desenmascarado aparece como un personaje más bien siniestro, duro, especulador, ambicioso y libertino. Ariadna y la condición femenina, por supuesto, exaltadas.
—Las leyendas se mueven siempre en una zona borrosa entre la realidad y el mito.
—Sí, aunque los especialistas hacen juego de malabares para saber si fueron o no obra de autor, si tienen raíz popular o literaria, casi siempre suponemos que no son producto de la fantasía de un individuo sino de una neblinosa memoria colectiva, y partimos de la convención de que las personas y los sucesos existieron realmente. Por otra parte, aunque se trate de fabulaciones, los protagonistas y los hechos tuvieron una vívida presencia en la creencia de las gentes y en la tradición de los pueblos, lo cual les otorga casi la condición de reales.
—Para los escritores es difícil señalar un momento de iniciación pero muchos rescatan experiencias que de alguna manera marcan la "entrada" a la literatura.
—Sí, yo asistía al taller de una gran dibujante europea que se llamaba Agnes Lamm y que venía de Kunstkewerbe Schule, una escuela muy prestigiosa de Viena. Yo dibujaba todo el tiempo y en realidad, mi primer texto partió de la imagen. Primero dibujé un personaje y después le escribí un cuento. A ella le entusiasmó mucho lo que yo había escrito y me llevó a la editorial Abril. Allí lo encontré a Boris Spivacow en una pequeña oficina y me preguntó si yo escribía poesía. Le contesté que sí y él me dio dos temas pero yo me trabé totalmente y no pude escribir nada.
—¿Boris Spivacow fue un maestro para vos?
—Absolutamente. Yo reconozco a tres maestros. A Spivacow como dije, a Oesterheld, que me enseñó a escribir historietas y a Pedro Orgambide que estaba en la redacción de los libros infantiles de Editorial Abril y me ayudó mucho. Personas muy interesantes, muy buenos maestros.
—Usted habla de una relación entre la creación de sus textos y el movimiento.
—Sí, porque aunque la gestación en sí nace de un hecho íntimo y privado, creo que mis historias nacen del movimiento, casi siempre están ligadas a la acción: caminar por la calle, hacer un recorrido en auto o en tren, o la presencia del mar —movimiento perpetuo—. Tengo un libro que aún no está publicado que me fue dictado por el mar.
—¿Y qué lugar ocupa el campo de los sueños en esa etapa de creación?
—Un lugar muy importante porque para mí los sueños son un aspecto de la vida cotidiana como tantos otros que reclaman una entidad propia, diferenciarse, ser contados. Mis sueños no son para nada caóticos, pero eso sí, algunos son tan densos como una novela rusa.
—¿Qué está escribiendo ahora?
—Ahora que ya están en la calle estas leyendas que aparecen los sábados conPágina/12, quiero trabajar sobre un material de literatura no infantil. Tengo muchas cosas escritas y me gustaría que esos textos también empezaran a circular entre los lectores.
Ángela Pradelli (angelapradelli@ciudad.com.ar) es profesora de Letras, escritora y periodista. Ejerció la docencia en los niveles medio y terciario y coordinando talleres literarios para adolescentes y adultos. Ha publicado Las cosas ocultas (Ediciones del Dock) y cuentos y poesías de su autoría figuran en las antologías La otra palabra, antología de cuentistas argentinas (Editorial Biblos); Concurso Nacional de Poesía Miguel Angel Bustos, Roberto Santoro, Francisco Urondo (Ediciones Ultimo Reino);Quince líneas (Ediciones Tusquets) y Nuevos cuentos, nuevos cuentistas (Grupo Editor Latinoamericano). Por su obra literaria ha recibido distinciones en varios premios y concursos nacionales y extranjeros. Como periodista, colabora en el suplemento semanal Las 12, del diario Página/12, y en la revista literaria Lea.
Entrevista extraída, del Suplemento Las/12, del diario Página/12; Buenos Aires, 10 de marzo de 2000.
La imagen y la palabra
Por Silvina Friera
Las viejas leyendas –decía una de las más destacadas escritoras de la literatura infantil de nuestro país– son lecciones íntimas de la Antigüedad, “como un espejo de un mundo que se fue, sencillo, cordial y creyente”. Beatriz Ferro logró que muchos lectores fueran como Juan, ese niño que ve en una simple rama una caña de pescar, una lanza para luchar contra los monstruos, un bastón de pastor, una vara de equilibrista, un caballo más rápido que el rayo y algunos “prodigios” más atesorados en Las ganas locas de imaginar, un relato magistral que podría ser el emblema de la vida y la obra de esta grandísima narradora, traductora, editora y directora de notables colecciones –“Cuentos de Polidoro” para el Centro Editor de América Latina (CEAL); las “Historias fantásticas de América y el mundo” y “¡Arriba el telón!”, para Página/12–, que murió el jueves pasado. Todos sus libros condensan el imperativo categórico de su paraíso creativo: la unión de la palabra con la imagen, un “matrimonio” que para ella, además de indeleble, era imposible de eludir. El ilustrador, antes un convidado de piedra, con Ferro editora y autora, adquiere el status de coautor. En el círculo de grandes nombres que trabajaron a su lado están Oski, Ayax Barnes, Carlos Nine, Elena Torres –quizá su mejor cómplice–, Hermenegildo Sábat, Enrique Breccia y O’Kif, entre otros.
Concha les decía a sus alumnos, en clase: “El río Negro es la prolongación de mi arteria aorta. Por eso, cualquier residuo tóxico que viertan a sus aguas daña tanto mi salud como la suya”.
No es la descendiente de un jefe indio, sino una mujer nacida a mediados del siglo XX que, con 15 años, traspasa sola la línea verde del robledal, en las tierras zamoranas de Carballeda, para adentrarse en el entorno del lobo. Busca su identidad y comparte sueños y miedos con los habitantes de montes primitivos y de aguas salvajes y claras.Ella tiene raíces familiares en Santa Eulalia de Río Negro.
Concha López Llamas, madrileña y bióloga, trabajó durante 32 años como profesora y catedrática de educación secundaria, hasta su jubilación anticipada por discapacidad visual, en el 2010. Recibió numerosos premios por su labor docente, y destacan los siguientes: “Innovación Docente en Centros de Educación Secundaria”, de la Universidad Carlos III de Madrid; “Elaboración de Materiales Didácticos”, de la Comunidad de Madrid; y tres premios “Francisco Giner de los Ríos”, del Ministerio de Educación. En 1977 obtuvo para su centro, el Instituto de Educación Secundaria María Zambrano, de Leganés (Madrid), el galardón “Bandera Verde”, como coordinadora del Programa Europeo Ecoescuelas. Y participó en el proyecto “Solarízate”, de Greenpeace y el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, para acoger una instalación fotovoltaica conectada a la red eléctrica.
Destacó como divulgadora de la enseñanza de las ciencias con la publicación de numerosos artículos y ponencias. Su extraordinaria pasión por la naturaleza, de la que hasta ahora era partícipe su alumnado, la expresa en su primera novela, Bajo el dominio del río Negro. Mirada interior de una naturalista.
Nuevamente Concha, con su libro " La piel restaurada" nos trae un trocito de su vida vista desde otro lado . Le deseamos mucho éxito ,aunque estamos seguras de los logros de esta mujer luchadora y ecofeminista, otra heroína más.
Avallone ha sido comparada con autores como Vladimir Nabokov, Émile Zola, Pier Paolo Pasolini o Roberto Saviano. Y es justamente a este escritor, condenado a vivir bajo escolta por las amenazas de la Camorra, que Silvia se encomienda cuando le preguntamos sobre la supuesta nueva ola de escritoras sociales que llegan del país transalpino. “Roberto ha sido el que ha dado el empujón para que todos empecemos a enfrentarnos a la realidad más escondida. Ahora lo que queremos es contarla. Italia no es lo que se ve en la tele, pero tampoco es lo que aparece en los medios internacionales”. De acero ha sido traducida en muchos países europeos. En Italia sigue despertando debates y, sobre todo, sigue creando escuela.
Silvia Avallone y su fulgurante debut De acero (publicado en castellano por Alfaguara y en catalán por Edicions 62) es el fenómeno literario-mediático que toda editorial quisiera orquestar. Y ha salido redondo, sin trampa y sin que nadie, incluida la misma autora, se lo pudiese imaginar. Tiene todos los ingredientes: una historia bien tramada, una relación algo morbosa entre dos adolescentes tremendamente guapas, una ambientación polémica y original en la ciudad industrial de Piombino (abandonada de la mano de Dios), una pizca de picardía, unas cuantas cucharadas de denuncia social (las relaciones familiares, el rol de la televisión, el modelo berlusconiano…) y una autora tan joven y tan bella que haría prescindible el trabajo del mejor de los jefes de prensa.
Todo empezó en enero de 2010, cuando la gran casa italiana Rizzoli lanzó los primeros book-trailers anunciando la salida de un debut arrollador que dejaría boquiabiertos a millones de lectores. Y así fue: por esos días, la poetisa Silvia Avallone, nacida en 1984 en la provincia piamontesa de Biella y licenciada en filosofía por la Universidad de Bolonia, empezaba a dar sus primeras entrevistas. Todos se quedaban estupefactos frente a su inteligencia y familiaridad con los medios. La autora perfecta con el romanzo perfecto por fin había llegado al gran público. En pocos meses se vendieron más de 400.000 ejemplares y todavía no habían aparecido los premios: Campiello, Flaiano, Fregene…
Su carrera parecía interminable y en la prensa ya se empezaba a hablar de una digna sucesora del “fenómeno Paolo Giordano”, el autor que en 2008, con La soledad de los números primos, había pulverizado todos los récords de premios y ventas con tan solo 26 años. El 2 de julio de 2010, sin embargo, Silvia Avallone y sus centenares de miles de fans tuvieron la primera y única decepción tras tantos meses de protagonismo: De acero se quedaba, por un puñado de votos, en el segundo escalón del podio del prestigioso Premio Strega. Silvia no parece haber salido tocada de ese revés; es más, en los días de promoción que pasó en España apareció más entusiasta y optimista que nunca, relatando cómo incluso la adaptación cinematográfica de la obra le trae, honestamente, sin cuidado: “Ése no es mi trabajo, tengo total confianza en el director y el guionista”, decía.
Somos fans de Rosa Montero, sobretodo del libro de Historias de Mujeres. Fue un descubrimiento y lo hemos compartido con muchísimas amigas, hijas, madres, hermanas. Creo que fue la inspiración para hacer este blog. Además nos lo regalo una amiga que murió de cáncer de pecho, muy joven, lo que lo hace especial .
Rosa nos dice : "Escribo para intentar darle al mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen"
Rosa Montero (Madrid, 3 de enero de 1951) es una periodista y escritora española.
De origen humilde, estudió Periodismo y Psicología, aunque abandonó esta última carrera en cuarto curso. Colaboró con grupos de teatro independiente, como Canon o Tábano, a la vez que empezaba a publicar en diversos medios informativos (Fotogramas, Pueblo, Posible, etc.). Desde finales de 1976 trabaja de manera exclusiva para el diario El País, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical durante 1980-1981. En 1981 ganó el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios. En 1997 ganó el Premio Primavera por La hija del caníbal, obra que al año siguiente también recibió el premio a la mejor novela otorgado por el Círculo de Críticos de Chile. La loca de la casa ganó el premio Qué Leer a la mejor novela española de 2003 y el Grinzane Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en 2004. Historia del Rey Transparente obtuvo el Premio Qué Leer a la mejor novela española de 2005, además del Premio Mandarache de 2007. Su obra está traducida a una veintena de lenguas.
El 3 de mayo de 2009, su marido Pablo Lizcano, fallece a los 58 años, tras una larga enfermedad.
El 19 de noviembre de 2010, obtiene un doctorado Honoris causa otorgado por la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Arecibo.
Obras
Novela
Crónica del desamor (Debate, 1979)
La función Delta (Debate, 1981)
Te trataré como a una reina (Seix Barral, 1983)
Amado amo (Debate, 1988)
Temblor (Seix Barral, 1990)
Bella y oscura (Seix Barral, 1993)
La hija del caníbal (Espasa, 1997)
El corazón del tártaro (Espasa, 2001)
La loca de la casa (Alfaguara, 2003)
Historia del Rey Transparente (Alfaguara, 2005)
Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara, 2008)
Lágrimas en la lluvia (Seix Barral, 2011)
Novela juvenil
El nido de los sueños (Siruela, 1991, 2004)
Cuentos infantiles
Las barbaridades de Bárbara (Alfaguara Infantil y Juvenil, 1996)
El viaje fantástico de Bárbara (Alfaguara Infantil y Juvenil, 1997)
Bárbara contra el Doctor Colmillos (Alfaguara Infantil y Juvenil, 1998
Relatos
Doce relatos de mujer (con once autores) (Alianza, 1982)
El puñal en la garganta (Alfaguara, 1994) (en el vol. colectivo "Relatos urbanos")
Amantes y enemigos . Cuentos de parejas (Alfaguara, 1998)
Las madres no lloran en Disneylandia (Relato, 1999)
Cuentos del mar (con ocho autores) (Ediciones B, 2001)
Ensayo
España para ti para siempre (AQ Ediciones, 1976)
Cinco años de país (Debate, 1982)
La vida desnuda (Aguilar , 1994)
Historias de mujeres (Alfaguara, 1995)
Entrevistas (Aguilar , 1996)
Pasiones (Aguilar, 1999)
Estampas bostonianas y otros viajes (Península, 2002)
Lo mejor de Rosa Montero (Espejo de tinta, 2005)
El amor de mi vida (Alfaguara, 2011)
Viola Di Grado tiene veinticuatro años. Nació en Catania (Sicilia), se licenció en Lenguas Orientales y estudia en Londres.
Viola Di Grado ( Catania , 4 de junio de 1987) es una escritora italiana . Con su primera novela 70% acrílico 30% lana , publicada cuando tenía 23 años, se convirtió en la ganadora más joven del Premio Campiello Opera Prima y la finalista más joven del Premio Strega .
La autora es una jovencísima siciliana de pelo rubio, ojos misteriosos y un extraño look entre lo gótico y lo oriental. Viola Di Grado es el contrapunto que llega para dejar claro, una vez más, que de todo se aprende y de todo se puede uno aprovechar. Literalmente, ya que, como Camelia, la protagonista de su primera novela (Setenta acrílico treinta lana, publicada en castellano por Alpha Decay), Viola es una coleccionista de prendas de segunda mano. Las corta, las pega, las transforma y las colorea. La moda le apasiona, pero sólo para hacerla suya de la manera más original. Es así como se introduce Viola Di Grado en el panorama actual de las letras italianas. Su novela, publicada por la indie E/O a finales de 2010, ha sido saludada por la prensa como una revelación total. Sobre ella se publicaron reportajes bajo el titulo de “La nueva Avallone, versión dark”. Y es que, como lo joven estaba de moda, editores y agentes se habían lanzado a la desesperada búsqueda de nuevos talentos a explotar. Con Viola Di Grado dieron en la diana. Algunos de los más respetados críticos literarios italianos la encumbraron como el hallazgo más prometedor del año, sobre todo por la originalidad de su estilo. Efectivamente, Viola retrata con una madurez precoz la difícil relación entre una hija, obsesionada con las lavadoras, y una madre en estado de shock por haber perdido al marido en el accidente que le reveló la existencia de una amante.
Los ingredientes que la han llevado a ganar los premios Campiello, Rapallo, finalista del Strega, etc. son sofisticados. El éxito de la novela reside en la mirada, extraña y “extranjera”, que la autora arroja sobre un mundo que no le pertenece. El acto mismo de destripar los vestidos es, para Camelia-Viola, una señal de rebelión masoquista hacia una sociedad de la que se siente excluida. Hay dolor y fuerza en la exploración de las relaciones humanas que, tanto el personaje como la escritora (ambas con nombre de flor), practican en una ciudad ajena como es la británica Leeds, “donde el invierno empezó hace tanto tiempo que ni el más viejo del lugar sabe qué hubo antes”.
¿Nuevos talentos para nuevos tiempos? Hija de una escritora reconocida y de un profesor de literatura italiana, Viola nació en Catania hace poco más de 24 años, pero ha vivido en China, en Japón y en el Reino Unido, donde actualmente estudia filosofía oriental. Allí ha forjado su punto de vista, alejada de un país extraño, maravilloso y caótico, en el que la literatura últimamente parece tener que estar ligada a la denuncia social y al compromiso ideológico. No hay mensajes ni polémicas en la historia que ha venido a contar Viola, sólo la personal experiencia de una chica que ha salido a dar un paseo por el mundo y ha vuelto para contar lo duro que puede ser el viaje. Ha sido comparada con Elena Ferrante, Amélie Nothomb, Elsa Morante e incluso con el cine de Takeshi Kitano. Pero a ella tampoco parece afectarle tanta expectación. Los ideogramas chinos son uno de los elementos clave de la novela. Dibujándolos, Camelia descubre la manera de comunicar lo incomunicable. Curiosamente, el ideograma favorito de la escritora Viola es el del vacío: “Representado con la llamas que queman un pajar”. ¿Una catártica hoguera de las vanidades?
Ruby Torres Londoño tiene un lugar de privilegio en la Academia Pereirana de Historia. Es la única mujer que pertenece a la Academia Pereirana de Historia y es además miembro de la Sociedad Bolivariana de Santa Rosa de Cabal.
Trabajó 38 años como docente en Pereira y 9 años con la empresa privada, y pasó una temporada en Ecuador laborando en el Ministerio de Finanzas de Quito, ejecutando tan bien su trabajo dados sus conocimientos, que le ofrecieron irse para Argentina pero no aceptó la oportunidad por asuntos de familia.
Fue guía turística en Cali, trabajó con la Fábrica Nacional de Muñecos en Bogotá y se retiró tres veces del magisterio, al cual regresó por ser en definitiva su vocación.
Es Licenciada en Educación, Español y Comunicación Visual de la Universidad Tecnológica de Pereira, Especialista en Pedagogía de la Universidad del Quindío y realizó un diplomado en Democracia y Formación Ciudadana para el Sector Educativo con la Universidad Católica de Pereira.
Desde niña le encanta escribir, leer, hacer amigos, viajar, investigar y hablar. Está dedicada ahora a escribir el segundo tomo de su libro Heroínas, avanza en un libro sobre Rodrigo Arenas Betancurt, en su novela “Pedacitos de Vida” y en un proyecto para la Universidad Libre de Pereira donde estará dictando la Cátedra Mujer para el segundo semestre de este año.
Sus ocupaciones con las letras son permanentes, así como sus contactos con académicos e historiadores, para darle vida a sus textos.
Ruby Torres Londoño investiga y escribe cada día, es su razón de ser, su manera de vivir la vida fructífera que ha tenido y es una conversadora insaciable con la que pueden pasar horas de anécdotas, sonrisas y nostalgias.
Ya con la idea de su primer libro, se comunica con el presidente de la Sociedad Bolivariana de Cundinamarca, a quien le comenta sobre su investigación en la que quería destacar el papel de la mujer en esa gesta histórica y la impulsó, le recomendó hacer su labor en los departamentos del occidente donde había mucho que contar y descubrir, como Huila, Tolima y norte del Valle, y por supuesto Risaralda. Lo que vino en adelante se convirtió en una obra que se va a reeditar dado su éxito académico.
Se trata de “Aquellas heroínas y mártires olvidadas de la Independencia y mujeres notables a través del tiempo”, a través de la cual rescata una serie de personajes anónimos que la historia no ha reconocido como se debe, mujeres cuya valentía es ejemplo y que rompieron en su momento los desafíos machistas de la sociedad y se atrevieron a ir más allá de las costumbres ancestrales del momento.
El libro tiene dos componentes interesantes. Uno de ellos el rescate de lo inédito con la participación de mujeres desconocidas que con sus acciones hicieron patriotismo, y el hecho de recobrar y destacar las historias regionales.
“Estando en una de las reuniones en la Sociedad Bolivariana de Santa Rosa de Cabal, planteé la idea de realizar un artículo o ensayo sobre las mujeres de la independencia, con el fin de hacer honor a sus esfuerzos y sacrificios a través de la campaña libertadora, para ello me apoyé en historiadores de adentro y fuera del departamento, viajé por algunas ciudades, y me comuniqué telefónicamente con personas relacionadas con el tema histórico que me apasiona, y cual no sería mi desconsuelo al enterarme que muy poquitas de ellas hayan sido reconocidas, y han sido galardonadas.
Las demás simplemente aportaron su granito de arena en tan emérito proceso, y uno que otro reconocimiento para aquellas valerosas mujeres que animaron a los hombres, confeccionándoles sus uniformes, llevando los mensajes escondidos en los pliegues de sus faldas largas o en sus blusas con drapeados y alforzas o debajo de la ruana, chal o rebozo para que ningún esbirro pudiera encontrarlos, saliendo a altas horas de la noche, aprovechando la oscuridad, porque los faroles poco o nada iluminaban esas calles empedradas de los pueblos, para que hoy día estemos disfrutando de esa libertad que tanto se soñó y por la cual entregaron la vida, sus hijos, sus esposos”.
Para la investigación visitó todos los municipios preguntando por mujeres destacadas de Nariño, Cauca, Huila, Tolima, Caldas, Quindío y norte del Valle, donde halló heroínas de la Independencia, pero no descubrió mujeres notables en Risaralda reseñadas para esa época.
Como se señala en el prólogo del libro, Ruby Torres “... rescató a más de cien mujeres que han sido factor decisivo en la construcción de nuestra nacionalidad. Trabajo laborioso que queda como ejemplo para que mujeres de las otras regiones colombianas sigan su ruta, exalten a sus mujeres, se las muestren a nuestra juventud y se les reconozca su rol como pilares de nuestra historia”.
Y tal como ella afirma “sin embargo si hay dos mujeres muy importantes, pero ya en el siglo XX. Una de ellas fue Edilma Escobar que fue la primera odontóloga del país, y Ofelia Hoyos que fue la primera mujer aviadora del país y de Latinoamérica nacida en Belén de Umbría. Además en Cali descubrí a María Teresa Arizabaleta que fue la primera arquitecta del país, y hoy es una de las mujeres que impulsa la Ruta Pacífica de las Mujeres”, señala Ruby Torres.
“No es mi intención demeritar la labor de aquellas que en un esfuerzo sobrehumano ayudaron al Libertador Simón Bolívar, o a Santander, a Nariño, o a Córdova, sin importar dificultades ni vicisitudes para lograr su cometido. Jamás osaría dejar de admirarlas, pero las que quedaron en el anonimato, como aquellas mujeres que formaron un batallón el 20 de julio de 1810, e iniciaron su marcha hacia donde se encontraba el armamento de los españoles, motivando a sus esposos e hijos para que se escudaran en el cuerpo de ellas y pudieran acercarse a su objetivo para apoderarse de los rifles y la pólvora, a cambio de los precarios puñales con que se defendían. Aquellas que armadas de valor, ayudaron a los soldados, azotados por el hambre y por el frío, lograron la libertad de estos países. Pero sí es digno de reconocer que hasta ahora, según me dijo una gran historiadora, Nelly Gómez de Ocampo que escribe un libro sobre las valientes mujeres de esa época, se han logrado identificar 750 mujeres, pero aún faltan muchas más que quedan y continuarán en el anonimato, pues nunca se conocerán sus nombres”.
¿Por qué le gusta la historia?
- Por mi facilidad de crear, de hablar, de investigar, ahora estoy escribiendo la novela Pedacitos de Vida relacionada con los sufrimientos de las mujeres a través de los años y cómo las han dejado a un lado de los hechos históricos. Hay que rescatar esos papeles, hay mujeres que hicieron tantas cosas.
¿Que le queda después de todo este trabajo?
- Reafirmar que las mujeres somos unas berracas y que nos hemos arriesgado a todo y que a pesar de que han golpeado su dignidad seguimos siendo el pilar de una sociedad que no les reconoce su valor.
Mujeres rescatadas
De su libro recordamos algunos nombres de mujeres notables en Risaralda.