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lunes, 10 de agosto de 2015

Almudena Hernando




Almudena Hernando es profesora de Prehistoria en la Universidad Complutense y miembro del Instituto de investigaciones feministas. Sus últimos trabajos reflexionan sobre el modo en que hombres y mujeres construyen su identidad.  
Ha realizado trabajo de campo con grupos indígenas en Guatemala y Brasil, y ha sido investigadora invitada en las universidades de Chicago, Harvard y California (Los Ángeles y Berkeley). Es autora de varios libros, entre los que se encuentran Arqueología de la identidad (Akal, Madrid, 2002) y La fantasía de la individualidad. Sobre la construcción socio-histórica del sujeto moderno (Katz, Madrid, 2012). Y ha participado y editado La construcción de la subjetividad femenina (Instituto de Investigaciones Feministas, Madrid, 2000) y ¿Desean las mujeres el poder? Cinco reflexiones en torno a un deseo conflictivo (Madrid, Minerva, 2003).



-Dice en su libro “La fantasía de la individualidad" que los principios de la Ilustración se sostienen sobre una fantasía porque no dan importancia ni a las emociones ni al grupo frente a la razón y el individuo, y que eso ha sido así gracias a la subordinación de las mujeres. ¿A qué se refiere?

-Lo que sostengo es que el inicio de todas las trayectorias históricas comienza con una identidad comunitaria, pero con la especialización en el trabajo los hombres van sustituyendo esa identidad por una más individualizada. La Ilustración se fijó solo en este proceso, en el que cada vez se hace más importante el yo. Eso es una fantasía porque si los hombres fueran realmente autónomos serían más inseguros; y lo que ha pasado es que mantienen esa sensación de grupo, esa identidad comunitaria aunque no le han prestado atención, y ha sido la mujer la que ha cumplido esa parte relacional. Por eso se ha impedido que las mujeres aprendieran a leer y a escribir, porque entonces también se especializarían y desarrollarían su individualidad y ellos necesitaban que no lo hicieran para cumplir la función de garantizarles la pertenencia al grupo. La importancia de la comunidad siempre ha permanecido igual y quien garantiza la identidad comunitaria han sido las mujeres.

-¿Y se siguen reproduciendo esos modelos?

-Las mujeres, en la modernidad, se individualizan de forma distinta que la mayor parte de los hombres, que el típico hombre patriarcal. Los hombres no dan gran importancia a la emoción y establecen relaciones de dominación sobre esas mujeres a las que necesitan. El proceso de la mujer es distinto: primero solo se ocupaban de las emociones y los vínculos, pero luego comenzamos a estudiar, a individualizarnos… pero la mujer no se olvida del lado emocional ni del vínculo porque no tiene a nadie que le haga esa función. La tendencia hacia la igualdad pasa por desarrollar el modelo de individualidad que tienen algunas mujeres en la modernidad y que los hombres den importancia y cuiden esos vínculos emocionales. Cuando los hombres desarrollen también ese lado se generará la igualdad.

-Así que hace falta una especie de revolución doméstica, que la igualdad sea real en el ámbito familiar…

-Exacto, cuando se dé la revolución en lo privado pasará a ser expresado públicamente. Dejará de ser tan importante el triunfo, porque hoy la sociedad esta llena de ansiedad por el modelo de triunfo masculino. Cuando dedicas tiempo a la empatía, a los vínculos, baja el tiempo que le dedicas al éxito, que pierde sentido. Esta revolución doméstica es mucho más trascendente de lo que parece: hay que dedicarse más a cuidar a los amigos, a la familia…

- Se suele decir que si hubiera más mujeres con poder el mundo sería mejor, pero las que lo obtienen se suelen comportar igual que los hombres. ¿Se comportan como hombres o es que el poder tiene su propia lógica?

-El orden patriarcal no se deriva del sexo, es un orden lógico, y hay mujeres que acceden al poder con ese orden lógico y entran en muchas contradicciones: reproducen la misma ideología patriarcal. El hecho de que haya más mujeres en el poder no es la solución para que se acabe el orden patriarcal, hay que acabar con la mentalidad, se debe reconocer la importancia de los mecanismos de la emoción y no sólo los de la razón para la supervivencia del grupo.

-Parece un contrasentido que a pesar del avance de la razón, el ser humano no encuentra una buena forma de vida más acorde con la naturaleza.

-En América Latina, en países con población indígena, desarrollan el concepto del buen vivir, que pasa por la cooperación. En nuestra sociedad se requiere esta idea en el sentido del bienestar psíquico. La vida no tiene sentido si sólo se piensa, sólo tiene sentido cuando se siente, y cuando tienes emociones sanas, y eso lo sabemos todos, y seguimos diciendo que lo importante en la vida es el éxito profesional, lo que tiene que ver con la razón. Socialmente lo que importa no es la emoción y hay que cambiar esto, porque la emoción es lo que da sentido a la existencia.
Saúl García 17/11/2013



http://www.elboomeran.com/obra/1450/la-fantasia-de-la-individualidad/
http://www.traficantes.net/libros/mujeres-hombres-poder
diariodelanzarote.com/noticia/%E2%80%9Cm%C3%A1s-mujeres-en-el-poder-no-acaban-con-el-orden-patriarcal-hay-que-acabar-con-la-mentalidad%E2%80%9D

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