María Luisa Mariaca Dietrich de Pacheco, conocida como María Luisa Pacheco (22 de septiembre de 1919 en La Paz – 23 de abril de 1982 en Nueva York), fue una pintora indigenista boliviana que emigró a los Estados Unidos y a España.
Nacida en La Paz, hija del arquitecto boliviano Julio Mariaca Pando, estudió en la Academia de Bellas Artes Hernando Siles, luego ingresó a la facultad. A fines de la década de 1940 y hasta 1951, trabajó en el diario La Razón como ilustradora y como editora de la sección literaria.
Una revisión hemerográfica da cuenta, de la publicación de un promedio de 5 ilustraciones de María Luisa en cada una de las ediciones del suplemento literario de edición dominical. Estos trabajos son en su mayoría dibujos lineales de personajes, paisajes y escenas destinados a complementar y ornamentar los textos ensayísticos y literarios de importantes escritores e intelectuales de la época. Su estilo es de trazo libre y rápido inscrito en el lenguaje del boceto.
Otros dibujos publicados en prensa por la artista son retratos de personalidades de la época, elaborados a plumilla con una mayor técnica evidenciada en su mayor naturalismo y en el uso de delicados entramados para la sugerencia de texturas y volúmenes. Como los anteriores, estos aparecen casi siempre firmados con las iniciales “MLP”.
También recordamos las ilustraciones que realizó para el tercer volumen del libro “La Paz en su IV Centenario 1548-1948” (1948). Se trata de obras destinadas a ilustrar algunos de los hitos históricos de la sede de gobierno y a personajes típicos de la ciudad.
María Luisa Pacheco realizó su primera exposición individual en el Salón Municipal de La Paz. Una beca del Gobierno de España le permitió a Pacheco continuar sus estudios en 1951 y 1952 bajo la tutela del artista español Daniel Vázquez Díaz, y como estudiante de posgrado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Un año después retornó a Bolivia, para enseñar en la Escuela de Artes de La Paz, formando parte del grupo de los «Ocho contemporáneos» ó «Generación del 52», entre los que se encontraban los artistas Mario Campuzano, Jorge Carrasco Núñez del Prado y María Esther Ballivián.
En 1956, y durante tres años consecutivos, es adjudicada con becas Guggenheim de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation en la ciudad de Nueva York. La primera beca concedida coincidió con una invitación a exponer en el Museo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en Washington. En su primer año en Nueva York obtuvo la ciudadanía estadounidense.
María Luisa Pacheco permaneció en Nueva York hasta su muerte en 1982.
María Luisa comenzó su trabajo artístico a finales de los años 1930, dentro del realismo académico, retratando principalmente en sus obras el paisaje y la figura humana.
La pintura abstracta de María Luisa está inspirada por la cultura quechua y aimara de Bolivia, en la vida de la mujer rural, y en los glaciares y los picos de la Cordillera de los Andes. Sintetizó y renovó la figura de la campesina con formas cubistas, demostrando la enseñanza recibida de parte de sus primeros maestros.
A su llegada a Nueva York, comenzó a pintar imágenes geográficas —tanto neoyorquinas como andinas— que le permitió convertirse en una pensadora y distribuidora del espacio y la forma, e hizo que su obra se transforme en algo particular. Poco a poco su lenguaje se tornó informal y abstracto, enfatizando el expresionismo.
Se la reconoce por ser la boliviana más destacada representante del expresionismo abstracto.
A finales de la década de 1960, amplió el concepto indigenista. Sus obras se transformaron en formas imaginarias que se puede identificar con estructuras arquitectónicas modernas, tanto de Nueva York como con el paisaje andino.
Un tema pendiente sobre la obra de María Luisa en el campo del dibujo sigue siendo el de su obra en ilustración y diseño realizada durante sus primeros años de residencia en EEUU entre los años de 1956 y 1958, previos a su éxito artístico. Diferentes fuentes consignan que en este tiempo la artista trabajó como ilustradora de la revista LIFE Magazine y posteriormente como diseñadora de tapices para la New Line Designers Studio.
Maternidad
Reconocimientos
Primer Premio en pintura del Salón Pedro Domingo Murillo con la obra Siembra (1953);
Premio de Pintura de la Bienal de Sao Paulo (Brasil, 1959).
Danielle Caillet (Bourg-de-Péage, Francia, 13 de marzo de 1946 - La Paz , Bolívia, 1 de Noviembre de 1999) residió en Bolivia desde 1966. Inició su obra creadora en la fotografía realizando la foto fija en los largometrajes “Yawar Mallku” (Jorge Sanjinés), 1969, y “Chuquiago” (Antonio Eguino), 1977.
Recibió numerosos premios nacionales por sus fotografías en blanco y negro.
Incursionó en el cine con el cortometraje “Warmi”, en 1979, el primer cortometraje realizado por una mujer en Bolivia, un sentido retrato de la realidad socio-cultural de la mujer en Bolivia, producción por la cual recibió el Trofeo de Plata en el Festival de Bilbao, España.
Realizó una serie de videos sobre mujeres artistas bolivianas denominada “Nosotras”, entre las cuales se encuentran: Marina Núñez del Prado, María Luisa Pacheco, Maritza Wilde, Francine Secretar, Matilde Cazasolas y Guiomar mesa.
Sus últimos documentales fueron homenaje a dos célebres mujeres bolivianas: “Nacer Hombre”, sobre el poema de Adela Zamudio, una combinación de imágenes sugerentes cargadas de denuncia en contra del machismo de nuestra sociedad con danza contemporánea; y “Los Fantasmas de Juana Azurduy”, una interpretación de los últimos pensamientos de la heroína de la independencia en la víspera de su muerte.
Se inició en la escultura como autodidacta, al principio trabajando con cerámica y luego con bronce y piedra. Recibió el premio “Arte Expo” en 1992, por su escultura “La Gallina de los Huevos de Oro”.
Su obra escultórica, de cerca de 250 títulos, abarcó alrededor de 15 años, y ha marcado su rumbo indeleble en el mundo artístico boliviano. Sus exposiciones en Bolivia se extendieron desde 1986 hasta 1998.
Danielle expresaba de sí misma: “Bolivia es mi cuna artística, en mi paso por Los Andes”.
Falleció en La Paz, luego de una larga enfermedad el 1 de noviembre de 1999.
Danielle Caillet por Kory Eguino
Nació en una ciudad del sur de Francia, Bourg-de-Pèage, en plena segunda guerra mundial. Danielle conoció una infancia llena de carencias en una Francia ocupada y de una Europa quebrada después de la guerra. Mi madre solía contarme que ella probó su primera naranja a sus 8 años, y al ser la hija menor de una familia de tres hijos, toda la familia estaba atenta a su reacción al probar la jugosa fruta.
Estudió en un internado de monjas, por decisión de su madre, una experiencia que no fue nada agradable para Danielle y que la marcó profundamente en el futuro en su relacionamiento con la religión católica, y fue una experiencia que incrementó su timidez.
Su padre, mi abuelo, François Caillet, tenía, junto con sus dos hermanos una fábrica de maquinaria para la fabricación de calzados. Romans-Sur-Isère, el pueblo de la familia Caillet era conocido como la "Capital del Calzado", y fue cuna de importantes marcas de calzados franceses, incluso hoy, a pesar que la industria se desplomó debido a la competencia, primero italiana y después asiática, se mantiene el museo del calzado. Danielle pasaba sus días de niñez y vacaciones estacionales en el departamento encima de las instalaciones de la fábrica, luego en la casa que construyeron sus padres, o de vacaciones en la montaña del Vercors, siempre rodeada de sus primos y hermanos. Son justamente mis tíos quienes me comentaron que nadie hubiera sospechado que la "tímida Danielle" se fuera a vivir tan lejos.
Honestamente, no creo que ni ella se hubiera imaginado jamás que pasaría el resto de su vida en un país sub-desarrollado en Sud América: Bolivia, lugar donde no solamente estableció una familia junto al cineasta Antonio Eguino, pero también donde fue desarrollando y descubriendo su inquietud y pasión por las artes visuales y plásticas... "Mi paso por los Andes", solía decir ella.
El destino a veces nos tiene reservadas sorpresas insospechadas, cuando mi madre estaba haciendo sus estudios en la Universidad de Sorbona, en París, inicialmente con una licenciatura en inglés y luego incursionando en turismo, decide tomar una vacación en Roma para profundizar sus conocimientos en italiano. Paralelamente, mi padre, Antonio Eguino, que estudiaba fotografía y cine en Nueva York logra ahorrar suficiente dinero para viajar por primera vez a Europa, y el azar hizo que ambos estuvieran en el mismo bus turístico y se conocieran en Roma. Luego de un noviazgo de dos años, de idas y vueltas entre París y Nueva York, deciden casarse en Francia en 1964 y luego establecerse en Nueva York.
En sus primeros años de casada, a medida que apoyaba a mi padre en sus trabajos universitarios, es que empieza a descubrir su fascinación por la fotografía, demostrando desde el principio un exquisito sentido de composición y estética.
El viaje a Bolivia en 1966, supuestamente para visitar a los padres de Antonio, si bien fue toda una aventura, tres meses en la vagoneta Ford por la carretera Panamericana desde Nueva York hasta La Paz, resultó ser largo y fatigoso para Danielle, por que al iniciar el viaje desconocía que estaba embarazada de mi hermano Manuel.
La supuesta visita a los suegros se fue extendiendo y la pareja terminó estableciéndose definitivamente en La Paz, fueron años difíciles para la joven Danielle, encontrarse en un país extraño y atrasado, con otro idioma, otras costumbres y cultura, muy diferentes al ambiente de pequeña familia burguesa del que ella salió. Sin embargo, Antonio y Danielle crearon juntos el Estudio Fotográfico Eguino en un subsuelo en la Calle 6 de agosto. Este inicio a la fotografía de retrato fue un nuevo descubrimiento y un trabajo que les permitió crecer y descubrir juntos sus nuevas posibilidades en La Paz. Este era un negocio de "boca a boca", no contaba con un letrero ni publicidad y la mayoría de los clientes eran extranjeros, y sin embargo tenían mucho trabajo. El Estudio Eguino, que posteriormente abrió sus puertas en la Plaza del Estudiante, fue el negocio de la familia que logró financiar los estudios de los dos hijos de la pareja e incluso varias producciones cinematográficas.
En sus años de fotógrafa, Danielle logró explayarse con toda su creatividad y demostrar gran calidad en sus variados trabajos, en especial los de foto fija que realizó para las películas Yawar Mallku (1969) y Los caminos de la muerte (1970) de Jorge Sanjinés; y para Chuquiago (1977) y Amargo Mar (1994) de Antonio Eguino, y en numerosos viajes por el país, ganando varios premios en los siguientes años.
A finales de la década de los setenta decide incursionar en la cinematografía, con un proyecto que venía madurando hacía varios años, se lanza a escribir el guión y dirigir el cortometraje Warmi (mujer en aimara), filmada en 16 milímetros que la convirtió rápidamente en la primera mujer boliviana cineasta y le valió recibir el Trofeo de Plata del Festival de Bilbao en España.
[Extracto de una entrevista radial a Danielle en el programa Ciclo Cultural Portales en 1980] "Warmi es una película documental sobre la condición de la mujer boliviana. Abarca solamente las capas sociales más desfavorecidas de nuestra sociedad; quiere decir la mujer campesina, la minera, la fabril. Warmi que es el título de la película, propone un punto de vista femenino, pero no feminista; la liberación de la mujer en el contexto socioeconómico del país en vías de desarrollo. La liberación de la mujer en un país del tercer mundo no es una lucha de sexo como degenera generalmente en las naciones industrializadas, es más bien la lucha común del hombre y de la mujer contra la dependencia, el analfabetismo, el hambre y la enfermedad. Para mí, tomar la iniciativa de realizar una película sobre la mujer viene a ser un desenlace normal de todo un movimiento, proceso de maduración profesional y concientización social. Como he dicho anteriormente, la película tiene como temática la concientización de la mujer boliviana frente a la cámara. La niñita campesina, la mujer madura fabril y la anciana palliri son las tres edades, tres diferentes edades de la mujer, en su educación y su ciclo de productividad como madre, esposa y trabajadora, y su vejez sin jubilación.
Bolivia es un país que venera a la imagen de la mujer a través de su folclore, su leyenda y su religión, eso lo podemos ver en la Mama Ocllo, la Pachamama y la Virgen María, pero, sin embargo, la valoración de la imagen de la mujer no quiere decir valoración de los roles específicos de la mujer trabajadora.
La película empieza con muestras del folclore, la religión, procesión de la virgen y la adoración de esta imagen de la mujer, y en contraste vemos la condición de la mujer en su vida diaria. Empezamos con la niña campesina que se encuentra marginada por su falta de educación. Después vamos a la mina y empezamos una entrevista con la anciana palliri que ha trabajado 35 años en la empresa y que no tiene ninguna remuneración por parte de la empresa. Después vamos a la ciudad, en una fábrica donde encontramos una mujer fabril que nos cuenta su vida diaria que consiste en tres trabajos: trabaja en la fábrica, trabaja en la casa y, como no alcanza la plata para educar a sus siete hijos porque el padre finalmente está fuera del hogar, tiene que ir a trabajar a un puesto de venta de 5 de la tarde a 10 de la noche.
El efecto más importante que queremos lograr con este tipo de película es llegar a la concientización, especialmente de la mujer en su vida muy sacrificada y, por supuesto, el final de la película no es de fiesta; es un final pleno de optimismo porque sabemos que la mujer va a superar todas las dificultades de su vida material a través de una mejor educación, como participación activa en la guerra sindical, y también a través del cambio de mentalidad de parte de los hombres, las mujeres y la sociedad en general.
Warmi no es una película feminista pero sí es una película femenina, me explico: ser feminista hoy en día es adquirir en sentido figurativo, vivir a las sensaciones provocativas de las diferentes agrupaciones feministas latinoamericanas y europeas. Ser feminista es aumentar la lucha de sexo.
Esta lucha de sexo es un lujo que se pueden dar las mujeres en los países industrializados, donde la densidad es altísima, donde se ha alcanzado un bienestar generalizado, donde existe una fuerte competencia ocupacional. Pero aquí, en Bolivia, donde la densidad alcanza apenas los 5 habitantes por kilómetro cuadrado, se persigue utilizar el potencial humano de la población activa. Es preciso que mujeres y hombres se integren en una lucha común contra el analfabetismo, la enfermedad y la dependencia."
Al mismo tiempo que acompañaba a su esposo en sus diversos viajes de filmaciones de documentales, Danielle seguía con su búsqueda de nuevas técnicas fotográficas en movimiento y en color. Enseñó fotografía durante varios años en la Academia de Bellas Artes de la UMSA y también nos incursionó a mi hermano y a mí en este arte, especialmente en el revelado blanco y negro en el pequeño laboratorio que mis padres instalaron en el departamento en el que vivíamos en Los Pinos.
Durante varios años se dedicó a escribir artículos de crítica cinematográfica, especialmente de aquellas películas que la impactaron más, y ganó por ello dos concursos de crítica de cine patrocinados por el Cine Club Luminaria y el periódico Presencia.
Entre los años 1985-1989 realizó una serie de cortometrajes en video sobre mujeres artistas bolivianas denominado "Nosotras", entre las cuales se encuentran: Marina Núñez del Prado, Maritza Wilde, Francine Secretan, Matilde Casazola y Guiomar Mesa; en cada uno de los cuales transmite la sensibilidad y creatividad de estas artistas, que además la inspiraron luego cuando incursionó en su propia expresión creativa plástica en la escultura.
En 1988 realizó el documental sobre la obra creativa de María Luisa Pacheco, pintora de gran renombre internacional, a la cual mi madre admiraba mucho. Justamente fue ella la que le aconsejó que nunca use su apellido de casada cuando firme sus obras artísticas. Este documental participó en los festivales internacionales de La Habana (Cuba), San Francisco (Estados Unidos), Santo Domingo (República Dominicana), FIFART, Festival Internacional de Filmes de Arte de Lausana (Suiza).
Los dos últimos documentales que realizó, siempre relacionados con mujeres a las cuales admiraba profundamente, fueron homenajes a dos insignes luchadoras. El primer documental filmado en 1992 recrea un poema de Adela Zamudio: "Nacer Hombre", una combinación de imágenes sugerentes, con un tratamiento creativo muy audaz, cargadas de denuncia en contra del machismo de nuestra sociedad elaborado con el recurso de danza contemporánea. El segundo realizado en 1994 "Los Fantasmas de Juana Azurduy" una interpretación de los últimos pensamientos y sueños, e incluso alucinaciones de la heroína de la independencia en la víspera de su muerte.
La escultura fue la nueva expresión artística que le permitió expresar su constante creatividad y su fino sentido del humor e ironía. Si bien siguió transmitiendo su punto de vista "femenino" o “feminista” creando muchas obras, explorando las curvas del cuerpo femenino, la maternidad y la fertilidad; también transmitía pensamientos y sentimientos muchas veces muy reprimidos, como por ejemplo su serie de cadenas en piedra, madera y bronce, que nació luego de un accidente que sufrió en el cual se fracturó tibia y peroné que la mantuvo postrada en cama y luego con muletas durante mucho tiempo. En su serie de "dichos y hechos" dio rienda suelta al sentido del humor que tenía, a veces un poco negro, pero que no demostraba fácilmente por su gran timidez, en esta encontramos, por ejemplo: dos palomas de bronce atravesadas por una flecha negra, abiertas como flores, sobre una base de mármol blanco que evoca el dicho "dos pájaros de un tiro", o la palabra gato en letras de bronce detrás de una reja negra y un gran candado antiguo, refiriéndose a que "hay gato encerrado".
La religión no podía quedar atrás, la espiritualidad era muy importante para ella, y a pesar que mis padres decidieron no bautizarnos en la religión católica a mi hermano y a mí, mi madre constantemente me repetía que yo debía buscar la espiritualidad sin importar si estaba relacionada con una religión o no, pero que para el ser humano la espiritualidad es una parte muy importante de su vida, tanto como respirar. Le gustaba entrar a las iglesias cuando estaban vacías y sentarse sola a orar o meditar. Recuerdo que cuando me acompañó a Buenos Aires para dejarme instalada para iniciar mis estudios universitarios me contó muy emocionada que había entrado a una pequeña iglesia que le llamó la atención y que dentro había mucha luz, pidió por mí y sintió tanta paz que se iba tranquila sabiendo que yo estaría muy bien. En algunas de sus últimas esculturas reflejó su creatividad en temas religiosos. Cuando la invitaron a participar en la exposición de arcángeles en la iglesia de Calamarca se dedicó con mucho entusiasmo a crear un arcángel muy original y gracioso con cabellos tipo ricitos de oro. La última obra que realizó cuando ya estaba muy cansada, luego de varios años de luchar contra la enfermedad que la estaba consumiendo, fue un Cristo, escultura moderna con líneas simplificadas, que yo conservo en casa por su especial significado que me recuerda siempre a mi madre, esa mujer fuerte, decidida, luchadora e intelectual, que se fue muy pronto. Cuando vi por primera vez este cristo quedé muy sorprendida que ella hubiera realizado una obra tan "religiosa" y me miró con su típica mirada juguetona y me dijo que debía reconciliarse con él de arriba antes de irse… ¡por si acaso!
Danielle fue una escultora autodidacta, en sus primeros años en Bolivia empezó a trabajar la greda e hizo unas cuantas Pachamamas en cerámica y el mosaico de nuestra mesa de comedor diario, esa mesa aún se encuentra funcional en la casa de mi padre. A mi madre le encantaba ir a museos de arte y exposición que hubiera de pintura o cerámica, y cuando podía me llevaba con ella en esas sus "exploraciones" de inspiración. Conoció muchas artistas escultoras, a quienes además les rindió homenaje en su serie de videos "Nosotras", todo esto fue una absorción de la expresión artística que luego ella misma decidió explorar.
La recuerdo en su taller en nuestra casa del Valle de Aranjuez, lleno de luz y plantas, al lado de baldes con arcilla remojando, que podían ser de bloques de arcilla recientemente adquiridos, pero las más de las veces con los "cadáveres" de creaciones que no contaban con la aprobación de su creadora. En ese taller ella se divertía mucho y cuando entrabamos siempre nos introducía a sus recientes creaciones con un aire muy divertido, a veces la escuchaba reír a carcajadas sola viendo como sus ocurrencias tomaban forma.
Y para elaborar esas ocurrencias dibujaba muchos bocetos en, literalmente, cualquier trozo de papel que se encontrara a su alcance, invitaciones, servilletas, folletos, recetas médicas, e ¡incluso algunos de mis cuadernos! Yo insistía en comprarle blocs de papel para que dibujara en ellos, pero cuando le llegaba la inspiración tomaba lo que tuviera a mano. Y la inspiración le llegaba muy seguido… Dibujaba en cualquier lugar, en la antesala del dentista, en un café o restaurante, pero sobre todo en su cama, entre lectura y lectura. Creo que los únicos papeles que respetaba e incluso veneraba eran sus libros.
Agradezco a Fátima y Marisol por esta invitación para escribir sobre mi madre, que fue una oportunidad para mí de reencontrarme con ella y volver a descubrir a esta maravillosa mujer que aún me hace mucha falta.
La imágen corresponde a el film dirigido por Danielle Caillet (+). Warmi es un cortometraje, cuyo argumento trata sobre la mujer trabajadora en Bolivia, fue exhibido en la Cinemateca Boliviana en 1980, como parte del Ciclo dedicado a la mujer y auspiciado por el "Comité Femenino Juana Azurduy de Padilla".
Danielle Caillet (+) de origen francés, fue la primera esposa del Director Antonio Eguino.
Teresa Gisbert Carbonell (La Paz, Bolivia, 30 de noviembre de 1926-Ibidem, 19 de febrero de 2018) fue una investigadora, arquitecta, restauradora e historiadora boliviana.
Teresa Gisbert fue hija de Rafael Gisbert y María Carbonell. Sus padres eran descendientes de una familia de habla catalana establecida en Bolivia en las primeras décadas del siglo XX. Su madre provenía de Barcelona y su padre fue parte de una familia de obreros textiles de Alcoy, en la provincia de Alicante.
Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Santa Ana de su ciudad natal. Continuó con sus estudios superiores ingresando a la carrera de arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés, UMSA, a finales de la década de los años 40, en esta facultad fue una de las primeras mujeres, y muchas veces la única de su curso, entonces la carrera era cursada mayoritariamente por hombres. Se graduó en 1950, tras ello realizó estudios de Historia del Arte en España.
Luego de titularse como arquitecta, se casó con José de Mesa ese mismo año, el 21 de octubre de 1950. Tuvo cuatro hijos: Carlos, expresidente de Bolivia; Andrés, arquitecto; Isabel, escritora y Teresa Guiomar, artista.
A lo largo de su vida, Teresa y José, quienes desde entonces unirían su trabajo intelectual y de investigación, consiguieron reunir más de 15 mil volúmenes especializados en arte, arquitectura, antropología, crónicas y temas bolivianos.
Gisbert tuvo varios trabajos y artículos publicados en México, Perú, España, Ecuador y otros países.
Trabajó como investigadora en el Instituto de Arte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid en 1953.
Teresa Gisbert en su biblioteca.
A mediados de los 50, comenzó a dar clases en la UMSA, primero en la Facultad de Arquitectura y luego, en la Facultad de Filosofía y Letras en la carrera de Historia. Siendo expulsada, junto a José, de la UMSA por “hispanista” durante la revolución universitaria de 1970.
Desde 1966 Teresa enseñó también en la carrera de Historia de la facultad de Filosofía y Letras, siendo parte de la primera generación de docentes de la carrera, recientemente creada.
En 1958 Gisbert y Mesa obtuvieron la beca Guggenheim, gracias a lo cual tuvieron estancias en New York, México y Cuzco, Perú. La visita a este último dio lugar a su libro Historia de la pintura Cuzqueña.
En 1962 participó de un viaje de reconocimiento de todo el arte colonial alrededor del lago Titicaca en los lados peruano y boliviano.
Entre 1962 y 1966, junto a Mesa, restauró el edificio del Museo Nacional de Arte.
Desarrolló una amplia labor de investigación, lo que le valió, en 1965, con el trabajo Historia y Cultura Boliviana, ser incorporada como académica de número en la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia. Fue la primera mujer en ser aceptada en la Academia.
En 1967 ella y Mesa recibieron por segunda vez la beca Guggenheim y pasaron un año en Europa, con base en Madrid, donde ocuparon el cargo honorario de agregados culturales de Bolivia en España. Gracias a esto consiguió profundizar en su teoría sobre el barroco mestizo.
Fue directora del Museo Nacional de Arte entre 1970 y 1976 y presidenta de la Sociedad Boliviana de Historia.
En 1994 fue invitada por The Getty Foundation para realizar estudios sobre arte andino.
La acumulación de sus años de trabajo dio lugar a la primera historia integral del Arte en Bolivia en 2012. Su obra permitió hacer la afirmación de que en tierras americanas, sobre todo en el área andina, el arte barroco tenía características propias, por lo que acuñaron el concepto de barroco mestizo, universalmente aceptado. Fueron maestros de una importante generación de historiadores del arte y restauradores de Bolivia, Perú y varios países de América Latina.8
Sus obras individuales más importantes son: Iconografía y mitos indígenas en el arte, Arte textil y mundo andino y El paraíso de los pájaros parlantes. En ellos hizo una lectura revolucionaria de la importancia del arte indígena y colonial en la interpretación y re interpretación de dos mundos superpuestos. Su lectura de la significación y puesta en valor de obras como de La Virgen Cerro5 o Santiago Illapa, permitieron comprender muchos de los enigmas del choque y agregación de dos culturas que construyeron la actual realidad del área andina.
Su trabajo de catalogación, registro e interpretación fue pionero en Los Andes.
Falleció el 19 de febrero de 2018, a los 91 años de edad.
Publicaciones
Literatura virreinal en Bolivia (1968)
Iconografía y mitos indígenas en el arte (1980)
El Paraíso de los pájaros parlantes. La imagen del otro en la cultura andina (1999)
Arte, Poder e Identidad (2016)
Con José de Mesa
Holguín y la pintura virreinal en Bolivia (1956).
Historia de la pintura Cuzqueña (1962).
José Joaquín de Mora (1965).
Museos de Bolivia (1969).
Monumento de Bolivia (1970).
Escultura virreinal en Bolivia (1972).
La cultura en la época del Mariscal Santa Cruz (1976).
Arquitectura andina (1985).
El manierismo en los Andes (2005).
Historia del arte en Bolivia (2012).
Trabajos en colaboración con otros autores
Manual de historia de Bolivia, con José de Mesa y Humberto Vázquez Machicado (1958).
Arte iberoamericano desde la colonización hasta la independencia, con José de Mesa y Santiago Sebastián (1985).
Arte textil y mundo andino, con Martha Cajías y Silvia Arce ( 1987).
Historia de Bolivia, con José de Mesa y Carlos de Mesa (1997).
Condecoraciones y distinciones
Segundo Premio de Literatura del Concurso de la H.A.M. de La Paz (1957)
Medalla al Mérito, otorgada por el gobierno de España (1973)
Orden de Isabel la Católica, otorgada por el gobierno de España (1975)
Premio a la Cultura, otorgada por la Fundación Manuel Vicente Ballivián (1984)
Condecoración de la Orden del Cóndor de los Andes, otorgado por el gobierno de Bolivia (1987)
Palmas de la Cultura, otorgadas por el gobierno de Francia (1989)
Premio Nacional de Cultura de Bolivia (1995)
Americanista Distinguida (Santiago de Chile) (2003)
Orden El Sol del Perú en el grado de Gran Cruz (2004)
Premio del Programa de Investigaciones Estratégicas en Bolivia (PIEB) a las Ciencias Sociales (2011)
Nazaria Ignacia March Mesa nació el 10 de enero de 1889 en Madrid, España. Ella fue la cuarta hija de once hermanos. La familia pasó dificultades económicas y tuvo que trasladarse a México. Allí ingresó a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. El día de su profesión religiosa tomó el nombre de Nazaria de Santa Teresa. En 1912 como su primer destino fue enviada a Oruro (Bolivia), donde se dedicó durante doce años al cuidado ancianos.
En 1920, sintió la necesidad de fundar una nueva congregación religiosa, el 16 de junio de 1925, salió de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y funda una nueva congregación con 40 centavos en su alcancía entregadas por la ex-Abadesa. Sobre su misión, Nazaria decía que “consistía en hacer conocer al hombre y a la mujer el mensaje de Dios que los ama. Quiero levantar a Bolivia de su postración, no sólo quiero pan para sus pobres, ni repartir limosnas que se recogen de la Caridad, sino elevar la dignidad de este pueblo enseñándoles a practicar trabajo digno, haciéndoles sentir que en las manos de todos y de cada uno, está el participar de la belleza, de la armonía, la dulzura y la felicidad de sentirse hijos de Dios”.
En 1927 profesaron las primeras religiosas y tres años más tarde, Nazaria fue elegida superiora general. Durante su gobierno, ella misma se encargó de difundir la congregación en Bolivia, Argentina, Uruguay y España; en la actualidad la congregación tiene presencia en 21 países de los cuatro continentes.
En 1933 organizó a las mujeres de los mercados y comercios de Oruro para formar el primer sindicato obrero femenino de Bolivia.
En 1936 en España, durante la Guerra Civil, fue apresada junto a varias de compañeras por su condición de religiosas. Sin embargo, gracias a la mediación de los consulados de Argentina y Uruguay fueron deportadas.
Trasladada a Argentina, Nazaria Ignacia murió en Buenos Aires el 6 de julio de 1943. La muerte de Nazaria Ignacia no pasó desapercibida por la población que vivía en torno al monasterio donde vivía.
Su cuerpo fue trasladado a Oruro en 1972, como pidió antes de su muerte
Por su carisma y ejemplo de amor, marcó historia en Oruro y en la vida de muchas personas no sólo de su país adoptivo, sino de una veintena de otros países en el mundo.
Su labor dejó una huella en medio de quienes la conocieron. Esa fama, luego de su muerte, fue la razón por la cual, las Misioneras Cruzadas de la Iglesia introdujeron el proceso en pro de su beatificación. El pueblo de Bolivia, solicitó al Papa reconocerla en su santidad como fruto de la tierra boliviana entendiendose ya como la primera santa de Bolivia .
El día 26 de enero de 2017, el Papa aprobó el decreto que reconoció el milagro atribuido a la intercesión de la Beata Nazarias Ignacia, y fue canonizada el 14 de octubre en el Vaticano.
La Santa Nazaria Ignacia ya tiene oficialmente una Avenida con su nombre, aprobada el 26 de septiembre por el consejo municipal de Oruro.
Elizabeth Peredo Beltrán (28 de noviembre de 1955) es psicóloga, autora y activista boliviana por los derechos ambientales y los derechos de las mujeres. Por varios años ha trabajado enfocada en las trabajadoras indígenas asalariadas del hogar y apoyado con investigaciones y campañas contra el racismo y por la igualdad de los derechos en su país.
Ha escrito sobre justicia económica, derechos del agua y derechos ambientales. Entre 2006 y 2014, siendo Directora de la Fundacion Solon, ha impulsado la Campaña Octubre Azul por el agua como un bien común. Ha trabajado con comunidades afectadas y participado como observadora de la sociedad civil en las Conferencias de las NNUU sobre el clima, lo que la ha llevado a la reflexión sobre la urgente necesidad de un cambio de sistema. Elizabeth ha recibido un reconocimiento de la Comunidad de Mujeres Loretto en 2011 por sus escritos y activismo sobre el agua, las mujeres y el clima. Actualmente escribe artículos y ensayos en varios periódicos y revistas e impulsa Trenzando Ilusiones para promover valores del bien común y el cuidado de la vida para alentar una transición sociocultural que deje de enfocarse en el crecimiento infinito de la economía y restaure la naturaleza y el tejido social como alternativa a un mundo que se enfrenta a una crisis civilizatoria.
Integra varias redes y colectivos de trabajo por el bien común como: la Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía (REMTE-LA) y la Asociación de Pueblos de Montañas, es integrante del Grupo Permanente de trabajo sobre alternativas al Desarrollo en América Latina. Es miembro del Directorio de Food and Water Watch y del Comité Socio Científico de la Universidad Terre Citoyene (UITC)
La mujer que hablaba con los ríos [Elizabeth Peredo Beltrán]
“Me lo ha dicho el ta, me ha dicho el rio que triunfaremos…” eran las palabras de Berta Cáceres, activista del pueblo Lenca de Honduras cuya vida ha dejado una huella imborrable en la memoria de los pueblos y para las luchas por el agua, la ecología y el feminismo. Lo decía para animarse a seguir defendiendo su río Gualcarque en territorio Lenca, a pesar de las amenazas a su vida y la de su familia por la rebeldía y el atrevimiento de pensar que se podía detener la destrucción que se hace a nombre del “desarrollo”. Y es que es muy posible que hoy hasta los ríos estén llorando su ausencia. Esta pérdida no sólo ha indignado a todo el mundo, sino que ha dejado en evidencia que la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, de los ecosistemas, de los territorios y la dignidad del futuro es, lamentablemente, una lucha de vida o muerte.
Berta Cáceres, destacada líder indígena, ecologista y feminista ganó en 2015 el Premio Goldman[1] para los defensores sociales y ecologistas, el mismo que se otorgó a Oscar Olivera en el 2001 por su papel activo en la defensa del sistema público del agua en Cochabamba. Su asesinato ha conmovido a millones de personas y centenares de instituciones y redes que han condenado este crimen exigiendo justicia al gobierno hondureño que tenía el compromiso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de protegerla por las amenazas que había recibido, y por los nefastos antecedentes de muerte violenta de activistas ecologistas en ese país donde al menos 111 han sido asesinados en los últimos años. Un reporte de Global Witness[2] señala que los casos de asesinatos a defensores ambientales son alarmantes en Honduras, Colombia, Perú, Filipinas, México y Brasil.
El premio Goldman le fue otorgado luego de haber liderizado una larga movilización contra la construcción del Proyecto Hidroeléctrico Agua Zarca[3] en el Rio Gualcarque de territorio Lenco a cargo de la empresa estatal China Sinohydro –gigante especialista en represas- con el apoyo de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial. La protesta social acabó expulsándolos de la planeada obra que quedó paralizada con el retiro de los financiadores y de Sinohydro. Por cierto, la misma empresa estatal china que ha sido contratada por el gobierno en Bolivia para la construcción de carreteras como la doble vía Puente Ichilo-Ivirgarzama, la plataforma del Sillar y la cuestionada hidroeléctrica de Cachuela Esperanza en la Amazonia beniana entre otras obras; una corporación contra la que ya pesan serias denuncias de maltrato a sus trabajadores que se han organizado en territorio boliviano para reclamar por sus derechos[4].
Aún después de haber ganado la batalla, Berta -que tenía el cargo de Coordinadora de la COPINH (Consejo de Organizaciones de Populares e Indígenas de Honduras)- recibió amenazas de muerte y de ser violada ella y sus hijas, lo que la obligó a tomar medidas para protegerlas sacándolas del país y seguir resistiendo ante la amenaza de un nuevo megaproyecto hidroeléctrico apoyado por la Banca internacional y capitales
extranjeros río arriba. Su lucha enfrentaba fuertes consorcios internacionales de grandes proyectos de infraestructura y energía con el apoyo del gobierno y la banca; entre ellos el Banco de Desarrollo Holandés, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Integración Económica, la KWF, el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial, USAID y la participación de compañías como Sinohydro, Siemens, Voight Hydro y otras en uno de los países mas peligrosos para los activistas ecologistas. Allí donde el gobierno y el ejército y la policía son criticados por mantener condiciones que favorecen el accionar de sicarios y por llevar adelante planes de desarrollo con una enorme falta de institucionalidad democrática en las decisiones sobre obras de este tipo que, más que nada, benefician a las élites y a las transnacionales .
Este caso ha puesto en evidencia los intereses que están detrás de las obras de infraestructura y energía y todos aquellos proyectos que son vendidos como la panacea del desarrollo y de soluciones falsas al cambio climático aún a costa de destruir los territorios y las vidas de sus habitantes y pasando por encima de procedimientos de Consulta establecidos por el Convenio 189 de la OIT. La OFRANEH[5] (Organización Fraternal Negra Hondureña) ha denunciado que la mayoría de los proyectos de hidroeléctricas de Honduras se encuentran registradas como parte de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDLs) y afirma que “La lucha emprendida por el pueblo Lenca y Ngäbe Buglé por sus ríos y territorios, forma parte de un proceso de resistencia en pleno siglo XXI en contra del colonialismo interno practicado por las élites de poder cuestionadas por su corrupción y falta de visión en el manejo de los bienes comunes que para los pueblos forman parte de su cosmovisión y sobrevivencia como culturas diferenciadas.”
A Berta le rompieron el tobillo y la muñeca la noche del 2 de Marzo y luego dispararon contra su cuerpo para matarla. Probablemente sus asesinos nunca imaginaron que esa mujer a la que quisieron doblegar quitándole la vida ya había dejado una huella permanente en los ideales feministas y ecologistas del Siglo XXI. Al igual que las mujeres que lucharon a principios de siglo pasado por sus derechos, el voto universal, condiciones dignas de trabajo y su liberación de la opresión machista lograron que se estableciera una lucha internacional por sus derechos, hoy las mujeres líderes ecologistas y feministas marcan la dirección de la agenda social y ambiental del nuevo siglo. “…Despertemos, despertemos humanidad. Ya no hay tiempo …” dijo Berta Cáceres al recibir el Premio Goldman en 2015, “Somos seres surgidos de la tierra, del agua y el maíz, de los ríos somos custodios ancestrales… dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida por el bien de la humanidad…” nuestra principal tarea es cuidar de los bienes comunes, nos recordaba.
Sus asesinos no imaginaron que su mensaje sobre la urgencia de defender la vida y construir una civilización capaz de coexistir con la naturaleza no se puede matar, que este ideal inspirado en el amor quedará afianzado en el pensamiento y la cultura universal por un nuevo mundo, a pesar de la violencia con la que se pretende pisotear la dignidad de la gente.
Claudia Stacy Peña Claros (Santa Cruz de la Sierra, 15 de diciembre de 1970) es una poeta, cuentista e investigadora social boliviana.
Estudió Comunicación Social y tiene una maestría en Desarrollo Sustentable. Fue ministra de Autonomías entre los años 2011 a 2015 y es consejera de la Fundación Banco Central de Bolivia .
Bolivia: la cruceña Claudia Peña ganó el premio de Literatura “Franz Tamayo”
En enero de 2015, Claudia Peña dejó el cargo de ministra de Autonomías y decidió seguir una de sus grandes pasiones: la literatura. Hoy, después de más de un año, la también periodista cruceña conquistó el primer lugar del XLIII Concurso Municipal de Literatura Franz Tamayo con su obra El Destello.
Para Peña, este premio representa una señal para seguir el camino que siempre ha soñado cuando era niña: ser escritora.
“Vengo escribiendo desde hace muchos años y tengo muchas cosas publicadas, pero por mi militancia política había dejado de escribir. Entonces, este año, he vuelto a la literatura. Pienso que este premio es una señal importante para seguir en el mundo de las letras. Llega justo en un momento de mi regreso a la escritura”, comentó Peña, quien es una de las gestoras del café cultural Rayuela.
El cuento El destello, definido por el jurado como “magistralmente escrito”, narra los últimos minutos en la vida de una persona y se basa en experiencias personales de la autora con el tema de la muerte. “Se detiene en los detalles e instantes de esa persona e intenta una mirada global -no solamente de lo orgánico- a partir de ese momento, a partir de ese detalle”, comentó la escritora, quien por primera vez participó concurso de cuento Franz Tamayo.
La escritora recibirá un premio de 20.000 bolivianos y la publicación de su obra en una antología con la Editorial 3.600.
Peña nació en Santa Cruz y en la actualidad vive en La Paz. Estudió Comunicación Social y tiene una maestría en Desarrollo Sustentable. Fue ministra de Autonomías entre los años 2011 a 2015. “Yo quería estudiar Literatura, pero cuando salí bachiller mi mamá me dijo: ‘Te vas a morir de hambre y no tendrás trabajo’. Entonces, yo dije: ‘Qué es lo que más se parece a Literatura’ y entré a Comunicación Social. Siempre me ha gustado escribir”, contó.
La cruceña publicó los libros de cuentos El Evangelio según Paulina (2004) y Que mamá no nos vea (2005). En poesía presentó obras como Inútil Ardor (2006) y Con el cielo a mis espaldas (2007). En 2010 publicó su primera novela, La furia del río, bajo el sello Plural Editores.
¿Cómo recibió la noticia de que usted ganó el concurso de cuento Franz Tamayo?
Fue una verdadera sorpresa, no esperaba el premio. Yo mandé mi cuento al concurso, pero uno siempre no se hace muchas ilusiones. Yo estaba en eso, prefería no pensar en el tema.
¿Qué historia narra en el cuento El Destello?
Es una mirada a través de un microscopio, que cuenta unos pequeños instantes de la vida de una persona que se encuentra a un paso de la muerte. Entonces, el cuento tiene una mirada bien cercana a lo que sucede con el protagonista, pero también es una mirada global de su mundo y de sus familiares. Es un cuento que narra el pasaje de ese personaje.
¿Considera que de alguna manera su obra es autobiográfica?
Sí, en los últimos tiempos me ha tocado vivir algunos momentos muy difíciles y muy personales. Entonces, eso me ha impactado y me hizo pensar mucho. El cuento es como un destilado de todo eso, de toda esa gigantesca obra y de ese tsunami de emociones. He intentado retratar esos momentos.
¿Cuánto tiempo ha durado el proceso de creación de su obra?
He trabajado el cuento entre cuatro y cinco meses. Pero, quiero aclarar que el proceso de creación del cuento no es solamente al momento de escribirlo. Pienso que cuando uno escribe ha tenido antes una vivencia vital y personal. Entonces, muchas veces, un cuento, uno lo puede escribir incluso en una hora o dos horas, pero esa se ha empezado a escribir hace muchísimo tiempo. Creo que cada cuento es un reflejo de toda una serie de experiencias que uno tiene a lo largo de su vida (…) Es un cuento que ha venido escribiéndose en el último par de años en realidad.
¿Qué significa para su carrera ganar el concurso de cuento Franz Tamayo?
Es un premio muy importante y muy respetado. Estoy feliz y es como una señal que uno recibe para seguir en este camino. Es como un aliciente y me genera mucha ilusión. Es también como una recompensa del trabajo invertido. Yo vengo escribiendo desde hace muchos años y tengo muchas cosas publicadas, pero por mi militancia política había dejar de escribir. Cuando ya dejé el Ministerio de Autonomías, ya me he dado un tiempo para escribir. Entonces, este año he vuelto a escribir y el premio es como una señal importante para seguir adelante.
Ha escrito poesía, cuento y novela ¿Usted se considera más una narradora o una poeta?
Yo me considero más narradora. Pienso que para decir que uno es poeta, es una palabra demasiado grande. Yo lo que escribo ahora es cuento, hace muchos años he dejado de escribir poesía. Por esa razón, me considero más una narradora.
“El Destello es un cuento magistralmente escrito. Desde un principio de su lectura, y gracias a un manejo cautivante y preciso del lenguaje, la historia que narra nos mantiene en un suspenso estremecedor”, destaca el acta del jurado calificador sobre la obra ganadora del XLIII Concurso Municipal de Literatura “Franz Tamayo” 2016. El texto es de autoría de Claudia Peña.
” Una larga y angustiante lucha contra la muerte es el eje central de este cuento, donde un halo poético también se hace presente sólo para reforzar la contundencia de lo que está narrando”, añade el documento.
Obras
Ser cruceño en octubre. Aproximación al proceso de construcción de la identidad cruceña a partir de la crisis de octubre de 2003 (con Nelson Jordán, 2006)
Poder y élites en Santa Cruz (junto a Fernando Prado y Susana Seleme, 2007)
Inútil ardor (poemas, con dibujos de Valia Carvalho, 2005)
Con el cielo a mis espaldas (poemas, con dibujos de Valia Carvalho, 2007)
El evangelio según Paulina (cuentos, 2003)
Que mamá no nos vea (cuentos, 2006)
Ida Amelia Vera Almarza, era hija de Tomás Vera Cantoya, boliviano e Ida Almarza Pensa; chilena, nacida en La Paz, Bolivia, el 5 de enero de 1943, de nacionalidad boliviana y chilena por estar avecindada en Chile y ser hija de madre chilena, de profesión Arquitecta.
El 19 de noviembre de 1974, alrededor de las 16 horas, Ida Vera Almarza (que tenia 31 años, era soltera y arquitecta) fue detenida al llegar a su domicilio, resultando herida de bala en una pierna y con un golpe de culata de arma de fuego en la cabeza.. Ida se dirigía en su automóvil Dodge Dart de propiedad del arquitecto Luis Canobra Bañados, el cual se lo había prestado horas antes del hecho, como se verifica en el proceso. Cuando los efectivos de la DINA tomaron conocimiento que dicho vehículo era de propiedad del señor Canobra, éste fue detenido ese mismo día alrededor de las 20 horas, permaneciendo en esa calidad durante 6 meses en Tres Alamos (lugar de detención). También, el mismo día 19 de noviembre, a las 23:30 horas, cinco personas de civil que se acreditaron como funcionarios del Sicar, se presentaron en el domicilio de sus padres para inquirir datos sobre ella.
Gigi, como llamaban todos cariñosamente a Ida, era un modelo para sus hermanas y amigos; por su espíritu solidario y la alegría de vivir, su forma de sobreponerse a los muchos problemas diarios, el amor con el que trataba a sus semejantes, la dedicación y tesón con que enfrentaba las cosas que hacía y la forma sencilla de superar cada meta que se imponía. Junto a sus hermanas entró a estudiar ballet, actividad en la cual se destacó al extremo de que cuando tuvo que definir su vida, concluyendo sus estudios secundarios, pensó seriamente continuar el ballet en forma profesional. Tal vez aquí primaron sus sentimientos de solidaridad y compromiso social y decidió finalmente estudiar Arquitectura, carrera que le permitiría crear y construir cosas tangibles sin alejarse del arte. En su corta vida profesional tuvo una destacada actuación en concursos y proyectos de arquitectura que acrecentaron grandemente su curriculum profesional.
13 de Agosto 2010 (Radio Bío Bío): Procesan a ex agentes de la DINA por dos víctimas de Operación Colombo
A dos ex agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) procesó este viernes la ministra en visita (S) de la Corte de Apelaciones de Santiago, Raquel Lermanda, en la investigación que instruye por secuestro calificado de dos víctimas de la denominada Operación Colombo, que fueron detenidos en el centro de torturas conocido como la “Venda Sexy” .
La magistrada encargó reo a los ex agentes Raúl Iturriaga Neumman y Alejandro Molina Cisternas por el secuestro calificado de Bernardo De Castro López, ocurrido a partir del 14 de septiembre de 1974 en la comuna de Providencia.
A Iturriaga Neumann además lo procesó por el secuestro calificado de Ida Vera Almarza, ocurrido a partir del 19 de noviembre de 1974 en la comuna de La Reina.
La jueza -que reemplaza al ministro Víctor Montiglio por encontrarse éste con licencia médica- determinó que la notificación de los procesados se realice en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Punta Peuco, donde ambos permanecen por otras condenas por violaciones de los Derechos Humanos
Silvia Rivera Cusicanqui (9 de diciembre de 1949, La Paz, Bolivia) es una socióloga aimara activista, teórica contemporánea e historiadora boliviana. Ha investigado la teoría anarquista, así como las cosmologías quechua y aimara. Fue directora y miembro cofundadora del Taller de Historia Oral Andina. También es activista que trabaja directamente con los movimientos indígenas de Bolivia, como los movimientos tupacatarista y de los cocaleros.
En 1983 creo junto con otros intelectuales aimaras el Taller de Historia Oral Andina (THOA), el cual trabaja temas de oralidad, identidad y movimientos sociales indígenas y populares aimaras.
Profesora emérita de Universidad Mayor de San Andrés de Derechos Humanos Andinos de la Universidad Andina Simón Bolívar.
Profesora visitante en las Universidades de Columbia (NY), Austin (TX), La Rábida (Huelva), Jujuy FLACSO
Traemos una entrevista a ella realizada :
“Seguir mirando a Europa es apostar por un suicidio colectivo”
Aprovechando la visita de la intelectual boliviana Silvia Rivera Cusicanqui a Córdoba, Fabiana Bringas en el programa radial Bajo el Mismo Sol le realizó una entrevista. La socióloga nos explica cuáles son las posibilidades que tenemos para descolonizarnos.
Silvia Rivera Cusicanqui es una destacada socióloga e intelectual boliviana vinculada al Movimiento Indianista Katarista, al Movimiento Cocalero. Una de las fundadoras del Taller de Historia Oral Andina. Es autora de varios libros, participó de películas y es docente universitaria jubilada de la Facultad de San Andrés de La Paz. En su paso por Córdoba el programa Bajo el Mismo Sol de Radio Nacional habló con ella.
La socióloga actualmente participa de un grupo anarquista. Son autogestionarios, tienen una casa que construyen con sus propias manos y un huerto. Dan cursos, hacen recitales y apoyan algunas movilizaciones en Bolivia. No ha sido solo una intelectual y pensadora, siempre ha estado atravesada por las luchas territoriales y ha sido pragmática.
Identificación y descolonización
Según la socióloga, “descolonización” -término al que ella se refiere a lo largo de su producción académica- se ha vuelto una palabra “mágica”, tal es así que lo abarca todo y al mismo tiempo nada. Ocurre algo peligroso aquí, señala, la tendencia es pensar que la colonización sólo afecta a los indígenas. Cuando en realidad, “los más afectados son los mestizos”, hasta el colonizador tiene que descolonizarse porque está en una relación de poder “ilegítima, espuria y violenta”.
La tendencia es pensar que la colonización sólo afecta a los indígenas. Cuando en realidad, “los más afectados son los mestizos”, hasta el colonizador tiene que descolonizarse porque está en una relación de poder “ilegítima, espuria y violenta”.
Por otro lado, señala que no le gusta referirse a “Identidad”, prefiere hablar de “Identificación”, ¿con qué nos identificamos?, porque “identificarse es un proceso, en cambio identidad es como una camiseta o un tatuaje que uno no se lo puede quitar”. A lo largo de la vida estamos atravesados por diferentes identificaciones, algunas más fuertes que otras. En relación a los dos conceptos, Rivera Cusicanqui se “identifica” como una “mestiza que busca una descolonización de su propia subjetividad”.
Europa como norte
Actualmente, el problema que ella detecta es que estamos inmersos en una “crisis planetaria”. “Esos referentes que parecían hegemónicos, que parecían incuestionables, se han empezado a desmoronar”. Ahora los europeos están enfrentando lo que ella denomina, “la otra cara de la dominación”, consecuencia de la polarización que ellos mismos generaron para sostener sus propios privilegios.
Rivera Cusicanqui entiende que si dejamos de mirar a Estados Unidos o a Europa, y nos detenemos en América Latina, vamos a ver que somos fuente de una mayor resistencia y tenemos herramientas para poder hacer frente a una crisis. La socióloga afirma que “hoy estamos viviendo un proceso de capitalismo salvaje, de saqueo sin límites”, el sistema productivo extractivista, la minería a cielo abierto, el fracking, todo lleva a un “callejón sin salida, seguir mirando a Europa es apostar por una especie de suicidio colectivo”.
El problema es “de sentido común” cree ella, no se puede seguir malgastando y acabando con los bienes comunes. Actualmente hay una eclosión de movimientos indígenas, que empiezan a identificarse con sus ancestros y sobre todo con la tierra, se dan entonces dos procesos, la “recuperación de la espiritualidad” y la “politización de la etnicidad”, no etnicidad vinculada al folclore o al turismo, ambos muy positivos.
Patriarcado
Silvia Rivera Cusicanqui también se ocupa de repensar en relación al Patriarcado. Lo define como un “complejo de centralizaciones”, se ha centralizado el conocimiento en Europa y se ha generado el etnocentrismo, se ha centralizado el derecho a la palabra y al pensamiento en Europa y se ha dado el “logocentrismo”, se ha centralizado la noción de cultura y civilización en el colonizador. “El androcentrismo es parte de ese complejo colonial”, la solución que plantea la socióloga es “descentrar todo”.
Por otro lado y más allá de ser el patriarcado un “fenómeno planetario”, esto no ha señalado un camino común para el feminismo, “hay tantos feminismos como culturas”. Ella cree que estamos en el proceso de “encontrar y formular un ideal de convivencia y equilibrio que no supone borrar al otro ni privilegiar a uno de los dos polos”es más bien “andar parejos”.
El Antropocentrismo va de la mano con el androcentrismo. Ahora, hay toda una revolución epistemológica en relación a los movimientos indigenistas, y se empieza a reconocer a otros sujetos y que además tienen derechos. Los animales, los vegetales, la pachamama son reconocidos como sujetos de derecho, es el comienzo para superar el antropocentrismo definitivamente.
En relación a los gobiernos que llegaron al poder en América Latina, con un discurso progresista, Rivera Cusicanqui habló de “discursos” que no tienen correlato en la práctica. Entonces pasa a ser un discurso que tiene la función de encubrir lo que se hace en la práctica.
Hay tantos feminismos como culturas
“Nunca antes se ha violado tanto a la naturaleza en Bolivia, como a partir de este gobierno”, afirma en relación al gobierno de Evo Morales. A partir de estos discursos indigenistas que tapan las verdaderas intenciones y que significan además un “deterioro de la palabra pública”.
La salida
Silvia Rivera Cusicanqui no ve la opción de salida a nivel macro, tampoco una salida inmediata. “El inmediatismo es un típico gesto de la clase media, la impaciencia”. “En cambio la resiliencia, la resistencia, la paciencia que han tenido poblaciones mucho más pequeñas, más valientes y mucho más sabias, nos pueden mostrar otro camino”.
La socióloga aclara que además, no es correcto pensar que las acciones de sujetos van a significar grandes cambios. Hay que ejercer la micropolítica, “crear pequeñas comunidades de afinidad con afiliación de orden emocional y racional” y a partir de estas, tejer redes.
“Comunidades y redes nos van a ayudar”, son los elementos claves para sobrevivir a esta coyuntura. De igual forma, todo está dado por ciclos, actualmente estamos en un “mal ciclo” pero “no es el fin del mundo”. Afirma que “hay que mantener la brasa viva para que pueda otra vez, encenderse el fuego”.
Algunas publicaciones
Su trabajo más conocido es Oppressed But Not Defeated: Peasant Struggles Among the Aymara and Quechua in Bolivia, 1900-1980 (Oprimidos pero no Derrotados: la Lucha Campesina Entre los Aimaras y Quechuas en Bolivia). Ginebra: UNRISD, xiii + 222 pp. 1984.
Silvia Rivera Cusicanqui. 2012. Violencia (re)encubiertas en Bolivia. Editor La Mirada Salvaje, 272 pp. ISBN 9962052998, ISBN 9789962052999
Silvia Rivera Cusicanqui.2008. Pueblos originarios y estado. Vol. 2 de Gestión pública intercultural, Gestión pública intercultural. Azul Editores, 82 pp. ISBN 9990598827, ISBN 9789990598827
Silvia Rivera Cusicanqui.2003. Las fronteras de la coca: epistemologías coloniales y circuitos alternativos de la hoja de coca: el caso de la frontera boliviano-argentina. Editor IDIS, 198 pp.
Silvia Rivera Cusicanqui. 2002. Bircholas: trabajo de mujeres: explotación capitalista o opresión colonial entre las migrantes aymaras de La Paz y El Alto. 2ª edición de Editorial Mama Huaco. 225 pp.
Silvia Rivera Cusicanqui. , ramón Conde, Felipe Santos. 1992. Ayllus y proyectos de desarrollo en el Norte de Potosí. Serie ¿Cuál desarrollo?. Colaboró Univ. Mayor de San Andrés. Taller de Historia Oral Andina. Editor Aruwiyiri, 192 pp.
zulema Lehm, silvia Rivera Cusicanqui. 1990. La Mujer andina en la historia. Nº 2 de Serie Cuadernos de formación. Colaboró Univ. Mayor de San Andrés. Taller de Historia Oral Andina. Ediciones del Thoa, 51 pp.
Silvia Rivera Cusicanqui. 1988. Los artesanos libertarios y la ética del trabajo; Taller de Historia Oral Andina, La Paz