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viernes, 25 de febrero de 2011

Maruja Mallo, pintora surrealista española



Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 5 de enero de 1902- Madrid, 6 de febrero de 1995), fue una pintora surrealista española.​ Está considerada como artista de la generación de 1927 dentro de la denominada vanguardia interior española.


Maruja Mallo  es la cuarta de catorce hermanos, estudió en la Escuela de Bellas Artes de san Fernando de Madrid. En 1928 y gracias al escritor José Ortega y Gasset realiza su primera exposición en los Salones de la Revista de Occidente, de Madrid, la única que hizo dicha revista. 

En 1932 viaja a París donde conoce a Magritte, Max Ernst, Miró y De Chirico, y participa en tertulias con André Breton y Paul Eluard. Dos años más tarde ejerce de profesora en la Escuela de Cerámica y en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Allí se relaciona con artistas, escritores y cineastas como Salvador Dalí, Federico García Lorca y Luis Buñuel.

En febrero de 1937 abandonó España y viajó a Argentina, país en el que vivió durante más de veinticinco años. Allí pintó retratos bidimensionales y naturalezas vivas en las que muestra el mundo submarino, con caracolas y flores extrañas.

En 1964 regresó a España, recibiendo tres años después la Medalla de Oro de las Bellas Artes.
Creativamente, la obra Maruja Mallo fue evolucionando desde un tipo de representación irónica y barroca de temas populares, a tonos cada vez más oscuros y sombríos, en el que las figuras se nos asoman rotundas y monumentales.



Vivió una estrecha relación con el poeta Rafael Alberti, antes de que este último conociera a su futura mujer, María Teresa León. También tuvo relación con el poeta Miguel Hernández, en el que influyó en el poema "El rayo que no cesa".
Murió en Madrid el 6 de febrero de 1995.



No se defendió por ser mujer, vivió instalada en su femineidad y desde ella, tranquilamente, miró el mundo y actuó. Su feminismo, como todo en ella, es profundamente moderno, diría que avasalladoramente moderno. No pidió permiso para vivir en un mundo dominado por los hombres, no reivindicó su derecho a ser ella misma con gestos sino con toda su vida, y con total y absoluta conciencia de que ella era prioritariamente espíritu y sensualidad, una mujer libre; una solitaria que se ofrece cuando quiere. Su pintura es el siglo XX y a través de sus geometrías, de sus retratos antirrománticos, de sus visiones racionales, se expresan sus sueños.


Gracias a Marian y Virtu y a  Belen Garcia LLamas

HH

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