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viernes, 20 de enero de 2012

Dolores Ariño Martín de Aragón


Desde este blog nos sumamos a la celebración de la vida de Lola. Gritamos GRACIAS al cielo para que reparta por la tierra su mensaje .


A Lola Ariño, in memoriam. Hasta siempre

La doctora Dolores Ariño Martín, médica de familia del Centro de Salud de San Pablo falleció el día 14 de enero. Algunos de vosotros, pudisteis, de alguna manera conocerla, a través de una entrevista en esta web. Ahora me habéis pedido una ligera semblanza de su persona y, aunque me siento un poco usurpador, ya que mucha gente la conocía más profundamente que yo, su amistad era desde hace más años compartida y sus compañeros o pacientes os podrían decir más cosas, no voy a dejar pasar esta inesperada oportunidad con la que aliviaré mi tristeza y paliaré, si eso es posible, el olvido que seremos.

Lola hizo la especialidad de Medicina Interna en el Hospital Miguel Servet. Allí la conocimos muchos de sus colegas, cuando compartíamos algún paciente ingresado y nos encontrábamos siempre con su gran capacidad de trabajo inteligente, pero también con su disponibilidad, su amabilidad, que nos hacía sentirnos, de verdad, compañeros. También cuando tuvimos necesidad de ayuda para nosotros mismos o familiares, como algunos me recuerdan hoy.

Alguna circunstancia, para mi desconocida, pero que seguro que tuvo que ver con su visión del mundo y sus valores, la decidió a trabajar en Atención Primaria, “en las trincheras” como nos gustaba decir, directamente con las personas sin intermediarios de papeles, pruebas, listas de espera y otros factores de deshumanización. Y es que Lola era una “médica de las personas” frente a la preponderante “medicina de los números”, que, sólo se preocupa de que los números “cuadren” en todos los aspectos clínicos y económicos, olvidando algo tan esencial como el entorno sociofamiliar en que todas las personas nos movemos. Y eso no iba con ella…

Ya compañeros de Atención Primaria, los contactos se multiplicaron, a veces por compañeros y amigos comunes, otras veces en reuniones donde era un placer compartir sus opiniones y puntos de vista. Sencillos y demoledores, desmontando las mil y una excusas de siempre de los pequeños gestores. Valiente. Era más respetada que temida porque era muy difícil argumentar contra sus pareceres, que venían del corazón pero muy bien tamizados por la razón y el sentido común.

A pesar de venir del Hospital, dignificó los principios de nuestra especialidad que no en vano se llama Medicina Familiar y Comunitaria, con un compromiso con el barrio reconocido por todos, porque realmente creía que la desigualdad y la pobreza engendran enfermedad y siempre estuvo al lado de los que la sociedad ha hecho perdedores.

Centro de Salud San Pablo, donde trabajaba Lola
Era líder discreta para los que la conocíamos, pero con un liderazgo silencioso, surgido sobre todo de su coherencia personal y de su dignidad, evitando siempre los focos de la primera fila. Esa discreción no distante, creída, auténtica, hace que ni yo mismo os pueda decir en todas las historias en las que se comprometió, sin duda con un coste importante en tiempo de vida personal, aunque con la satisfacción que siempre proporciona el dar a cambio de nada. También en estas horas de encuentros he podido conocer hechos y compromisos que agrandan aun más su figura y su valor ejemplar.

Compatibilizó sus inquietudes sociales, su vida, con las científicas y colaboró en proyectos de investigación, siempre que estuvieran financiados por instituciones públicas. Era extremadamente cautelosa con la participación de la industria farmacéutica en cualquier proyecto.

Personalmente, me distinguió con un cariño y una confianza que, sinceramente, no creo merecer y me dio la posibilidad de añadirme, en la manera que yo quisiera, a alguna de sus causas. La complicidad que detectaba en sus palabras y miradas eran un regalo para mí. Veréis, ya desde hace tiempo se interesó sobre todo en el enfoque de género cuando se habla de medicina, enfermedades y la vida en si misma. Organizó cursos relacionados con este tema en los que pudimos conocer a gente bien interesante, casi todas mujeres, y fue impulsora del proyecto “Mujeres y Corazón” en el que algunos nos enrolamos y seguimos potenciando. “¿Por qué llegan tantas veces las mujeres tarde a Urgencias cuando tienen un infarto, Jose Manuel?”, “porque están esperando que un hijo, esposo u otros las acompañen, esperando que se pase la molestia ó el dolor, había que reconocer”. “Pero es un tema de educación y discriminación” y ahí estaba ella poniendo todo el genio en su respuesta. Sólo puedo corresponderle teniéndolo muy en cuenta en mi práctica profesional y en lo que escribo cuando es posible.

¿Hace falta señalar en una persona así que era educada, comprensiva, afable, sonriente y como he dicho antes, coherente, circunstancia tan difícil de encontrar?. Si creía en las bondades del ejercicio, iba a trabajar andando, si reconocía los peligros del tabaco, no fumaba, si pensaba que la alegría, de verdad, no la potencia el alcohol, apenas lo probaba. Si pensaba que lo más importante eran las personas, a ellas se entregaba en cada faceta de su vida. No le importaba la prima de riesgo, ni la deuda soberana, pero si sabía que en El Chad, poco dinero es mucho. Y procuraba que allí llegara.

En el momento de la despedida última, casi siempre tengo más un sentimiento de pena por los que se quedan que por el que se ha ido. Esta vez no ha sido así. He recibido de Lola una penúltima lección. Es tanto lo que nos ha dado a todos los que le han rodeado, que podemos llenar varias mochilas con su recuerdo y ejemplo y, Lola, lo que más siento en este momento es que no puedas disfrutar plenamente de todo lo que has sembrado, sobre todo en tu familia, pero también en todos los que te hemos conocido. Tenemos una inmensa deuda de gratitud contigo y espero que la vida nos de tiempo para compensarla.

Ayer mientras muchas personas compartían el dolor de tu familia pensé que distinto sería el mundo contigo y con las personas con las que decidiste rodearte. Ser tu amigo, Lola, es para mi un valor seguro. Que distinto a todo lo que te abrumaba y nos abruma. Cuando cualquier día vea en la mirada de un paciente un gesto de sentirse comprendido, acogido, no sentirse juzgado, mermado su dolor y aliviada su carga, me diré “¡no estas sólo compañero, Lola no debe andar lejos!”. Y es que siento, si alguna vez hago bien las cosas, que tienen mucho que ver contigo, buena amiga.

No voy a decirte para no herir tu sensibilidad de cristiana de base, comprometida, auténtica, lejos de los artificios y contradicciones de la Iglesia oficial, que Dios tuvo un despiste y no se portó nada bien cuando eligió sacarte de aquí con la falta que nos haces. Quiero pensar que en el cielo también tienen problemas y que necesitan para poner orden, aunque sea a una sola, a la persona honrada, generosa, con sentido común y con un corazón tan grande como el tuyo, que no cabía en la tierra.

Si es cierto, como hemos escuchado hoy muchas veces, que el amor es más fuerte que la muerte, realmente no te has ido Lola, porque no sabes cuanto podemos llegar a quererte.

Jose Manuel Millaruelo, compañero del Centro de Salud Torrero La Paz | Para AraInfo

Enviado por AraInfo el 17 enero, 2012

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