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viernes, 13 de enero de 2012

Flora Tristán





(París, 7 de abril de 1803 - Burdeos, 14 de noviembre de 1844) 

El relato de la vida de Flora Tristán (1803-1844) está lleno de circunstancias que parecen arrancadas de la novelística romántica al gusto de la época y son de irresistible referencia. Nació en Paris, hija mayor de Mariano Tristán, rico aristócrata peruano, y Théresè Leisné, plebeya que había vivido emigrada en España. Al hogar son asiduos algunos viajeros americanos como el joven Simón Bolívar (cuya amistad con Théresè hará correr ríos de tinta histórico-chismográfica) y su maestro Simón Rodríguez. Luego vendrían las guerras napoleónicas y la muerte del padre (en 1808), perdiéndose el contacto con la parentela peruana y cesando el envío de dinero, lo que inicia una etapa de pobreza para la viuda y sus dos hijos, mitigada por la ilusión del futuro acceso a la fortuna familiar cuando pudiesen viajar a América.



Entre penurias, la madre procura darles un nivel de instrucción digno, pero la necesidad se impone y en 1820 la ya  muchacha debe trabajar como obrera en un taller de litografía, cuyo joven propietario - André Chazal - se prenda de ella. Huyendo de la miseria y sometida a la presión materna, Flora accede a casarse en 1821; vienen 2 hijos y 1 hija - Aline, futura madre del insigne pintor Paul Gaugin -, pero en 1826 ya no soporta aquella unión sin amor y convencional, abandonando el hogar e iniciando una agria disputa legal y personal que se prolonga los siguientes 12 años, hasta que Chazal casi la asesina y es condenado a 20 años de trabajos forzados. Esa vivencia personal será sin duda un estímulo para que afloren un pensamiento y una acción que serán referencia importante para el movimiento feminista, pues es figura de excepción que denuncia con la más sentida sensibilidad los padecimientos de la mujer de su tiempo, planteando reivindicaciones que siguen siendo actuales.


La esperanza por la herencia paterna se quebrantará definitivamente cuando Flora viaje a Perú en 1833-34, pues aún siendo atendida por sus parientes, la respuesta es fría al pedir un reparto justo de la riqueza familiar, cediendo apenas en la concesión de una modesta pensión anual, que le retirarán tiempo después al evidenciarse su compromiso político. Retorna a Europa reafirmándose en las convicciones igualitarias radicales que viene madurando desde 1825, con la lectura de autores como Saint-Simon, Aurora Dupin, Fourier, Considerant, Owen y los contactos directos con el movimiento obrero de ambos lados del Canal de La Mancha, pues tendría varias estancias prolongadas en Gran Bretaña. Además, el viaje a América sirve para que perciba sus raíces personales y los objetivos de sus posteriores combates de un modo distinto, llegando a identificarse a si misma como "La Peruana" y, más aún, como "La Paria", en una proclamación pionera del carácter internacional del socialismo y sus luchas.


En 1835 publica su primer folleto, dedicado a la situación de las mujeres extranjeras pobres en Francia; en 1837 sale el segundo, en pro del divorcio; en 1838 les siguen los 2 volúmenes de su diario de viaje a América, dedicado a los peruanos y firmado por "vuestra amiga y compatriota"; su título es "Peregrinaciones de una Paria" y le da gran renombre en los medios literarios parisinos, reafirmado meses después con la novela "Mephis o El Proletario", que como escritora la eleva a la categoría de rival de la celebre George Sand. Prosigue en 1839 con una selección y traducción al francés de cartas del Libertador, y en 1840 sus impresiones críticas de la sociedad capitalista inglesa dan pie a "Paseos por Londres". Al mismo tiempo, aquella mujer cuya belleza y talento encandilaban a literatos y periodistas, profundiza su empeño activo con las luchas sociales más radicales de entonces, en primer lugar por la emancipación real de la mujer y de la clase obrera, pero también por la abolición de la pena de muerte y de la esclavitud, contra el oscurantismo religioso y en muchas otras causas, destacando siempre por su dedicación plena e ideas agudas.


Como presintiendo la muerte cercana, los 2 años postreros de Flora Tristán son de plenitud en labor y pensamiento, siendo una imaginativa influencia que se percibe hasta en los poco románticos textos de Karl Marx, que la conoce en esos días. Es entonces que escribe "La Unión Obrera" (publicada en 1843) y "La Emancipación dela Mujer" (inédita hasta 1846), obras que marcan su madurez intelectual y política; además, emprende por toda Francia la tarea de organizar esa Unión Obrera que recogía la experiencia inglesa de las Trade Unions, aunque con un énfasis internacionalista y socialista radical que hacen justa la apreciación de quienes ven en ella la olvidada precursora de la I Internacional, como su biógrafo peruano Luis Alberto Sánchez, quien afirma: "Aquella Asociación Internacional de Trabajadores era la vieja Unión Obrera, amplificada, ecuménica y viril, trocada en lógica - acaso por lo mismo menos penetrante - al pasar a cerebros masculinos, emergiendo del impetuoso fervor de una mujer. Nadie recordó a la precursora en la célebre asamblea de Albert Hall. Pero ella, con su pensamiento y ejemplo, estuvo presidiéndola desde lejos, desde la eternidad o la nada. 

Sofía Comuniello
(Correo A # 26, p.18; septiembre 1994)


http://www.boletindenewyork.com/floratristan.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Flora_Trist%C3%A1n
http://correoa.blogspot.com/2010/10/flora-tristan-la-paria-peregrina.html
http://emplugones.blogspot.com/2011/04/flora-tristan-y-su-sitial-ganado-en-la.html

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