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domingo, 8 de junio de 2014

Lourdes Lacalle


Nací en Vitoria-Gasteiz, el 15 de marzo de 1.948.
Fui una niña tímida e introvertida.
Mi mundo interior se componía de un lápiz y un papel. Mi madre se preocupaba porque no quería jugar, y como ella era modista, también retales, con los que me fabricaba las muñecas. Era tiempo para el obligado desarrollo de la creatividad, ya que la mayoría de los niños no teníamos juguetes propiamente dichos.
Cuando paseaban mis dibujos por las clases (y a mí), en la escuela primaria, quería que la tierra me tragara.
Acabé el bachillerato y los clásicos estudios de comercio, (en realidad, clásicos para los hombres, ya que en aquel momento, pocas mujeres accedieron siquiera a ésto). Yo quería ir a estudiar Bellas Artes, pero era otra época y mi madre me lo impidió. No había posibilidades, estudia en Vitoria, dijo. Pero en Vitoria no había más carrera que la de magisterio, así que decidí trabajar y comencé en una farmacia, de auxiliar.
El farmacéutico, más que jefe, fue mi mecenas. Me dejaba ojear los libros de arte que tenía en la rebotica y hacer retratos a los recadistas y otros dibujos. Me traía fotos... era muy divertido. Cuando salía de trabajar, a las 7.30 de la tarde, iba a la Escuela de Artes local, hasta las 10 de la noche. Mi vida estaba llena de felicidad. Se acabó pronto, cuando mi profesor de dibujo llamó a mis padres. Quería pedirles permiso para que dibujara modelo vivo. La etapa de copia de yeso la tenía superada. Yo era casi una niña , tenía 15 años, y no les pareció oportuno que estuviera dibujando a un señor desnudo , así que, después de una pataleta por mi parte, no volví a la Escuela.


En un momento dado, mi jefe el farmacéutico, decidió que ya era hora de que yo estudiara Bellas Artes y arregló todo para que fuera a Barcelona. Había escrito a un amigo suyo, director de un laboratorio farmacéutico y éste se brindó a alojarme en su casa mientras podía costearme los estudios y alojamiento posterior, trabajando en el laboratorio.
Fue una dura batalla con mi madre, que ganó por segunda vez, a pesar de que mi padre siempre se posicionó a mi favor. El asunto no era "la falta de posibles", eran otros tiempos y yo una chica. Si hubiera sido chico, las cosas quizás habrían sido diferentes.
Por esa época me incorporo al grupo KLINK, cuya alma mater fue Javier Septién, maestro, filósofo y una de las mejores personas que he conocido. Fue un grupo de vanguardia, mucho más que otros que llegaron a ser más conocidos, quizá porque no se entendió bien, en aquel momento, su espíritu multicisciplinar. De ahí, seguramente, su nombre. Según el diccionario, significa "sonido que hacen los engranajes al encajar"Klink", y de link que es unión o conexión", ya que había un sólido compromiso de interacción y todos participábamos del trabajo de los demás, apoyando cualquier iniciativa, como mosqueteros. Pintores, poetas, músicos, escritores, críticos de arte...
Ahí, probablemente, se forjó mi espíritu rebelde. Quizá, Septién, imprimió ese carácter de compromiso político-antifascista, al conjunto.
Después de la farmacia, fui ayudante del contable de una empresa, hasta que me casé. Mientras estaba embarazada de mi primer hijo, hice la primera exposición. Era emocionante crear arte y gestar una vida, todo a la vez. Qué bellos recuerdos... El tono amargo me lo proporcionaría el único crítico reconocido en aquel momento, en Vitoria-Gasteiz y no estaba por la labor de reconocer que una chica de 24 años tenía talento. Lo peor es que yo creí en su opinión, lo cual influyó en mi autoestima.

Participé en algunos concursos, alguno gané (incluso uno de literatura, que he recordado, revisando mis papeles mientras revolvía para encontrar algunos datos).
Eran malos tiempos para que una mujer quisiera hacer algo diferente. En uno de esos concursos parece que mi obra llamó la atención y, para poder premiarme sin herir susceptibilidades, crearon allá mismo un premio femenino, que rechacé, naturalmente.
Tenía 26 años cuando nació mi segundo hijo.
Con dos hijos era difícil dedicarme a lo que me pedía mi vocación, además, mi madre tenía una salud muy precaria y la cuidaba a menudo, aún así, hice bastantes retratos y dibujos que luego fuí mostrando en diversas exposiciones en Vitoria y Navarra.
A los 28 años, me fui a vivir a Sabadell, con mi marido y mis hijos. Estuve enferma los dos años que permanecí allí. Entonces trasladaron a mi marido a Igualada.
En Igualada había mucha actividad textil y fuí a una escuela de Diseño de moda de Barcelona a estudiar. Dibujaba por las noches, cuando los niños se acostaban, pero obtuve matrícula de honor y seguidamente me llamaron para ser profesora en su escuela de Igualada.
Estuve 10 años allí. En ese tiempo desarrollé muchas actividades artísticas. Hice de jurado en concursos de pintura, participé en mesas redondas sobre moda, en Barcelona, hice exposiciones. En ese punto de mi camino, conocí a artistas e intelectuales que han sido referente y apoyo, hasta el día de hoy.
Vivía un momento de explosión creativa: Seguía con mi estilo pero empecé a modificarlos colores.. Curiosamente fueron mis amigos pintores los que primero lo notaron. La luz del mediterráneo me influyó de manera definitiva, mi pintura se volvió mucho más suave, más poética, más azul, tal como yo me sentía. En un momento dado, apareció una brecha que se convirtió en mi obra más radical. Exactamente una brecha. Ahí empecé una etapa menos figurativa, aunque nunca llegué a la abstracción.
Conjugué ésta tendencia con elementos surrealistas, supongo que a raíz de conocer más las obras de Dalí y Magritte. Siempre he conservado algún elemento de ésta tendencia, especialmente en mis retratos.
Me habían encargado una colección de moda cuando tuve que volver a Vitoria, donde fundé una Escuela de Diseño de Moda. Me llevé a mis alumnos a ferias de Madrid, Galicia, Barcelona, Bilbao... En mi vida había viajado tanto.
Me otorgaron, varias veces, primeros premios en concursos de disfraces, que compartí con mis alumnos.
Organicé varios desfiles de modelos, en diferentes teatros y palacetes de Vitoria. Fue una época para recordar. De hecho, algunos de mis alumnos y mi socia, en aquella etapa, me lo recuerdan con agrado.
Mientras, seguía pintando y haciendo exposiciones, individuales y colectivas. Ya estaba de moda exponer en lugares menos formales, como cafeterías, hoteles...

Nunca me he encasillado en un estilo ni técnica. Y generalmente, no coincidía lo que a mí me apetecía hacer con lo que estaba de moda, así que me habría muerto de hambre de no ser por mi labor como docente.
Para el diseño usaba acuarelas. Para la pintura he utilizado de todo, pero siempre vuelvo al óleo. Me gusta oler el aguarrás. Cuando pinto pierdo el sentido del tiempo (me pongo un despertador para parar a tiempo, para acordarme de comer o dormir) y siempre digo que practicando el arte no se necesitan drogas (¿o será por el aguarrás?).
Cuando llegó el divorcio, mis hijos habían crecido pero fueron a la universidad, uno a Donostia, el otro a Salamanca. Empecé a impartir clases en un centro de iniciación profesional, lo cual me permitió sufragar sus estudios.
También tenía más tiempo libre, así que decidí que quería formarme y me matriculé en Bellas Artes en Bilbao. No pude acabar por incompatibilidad de horarios con mi trabajo, pero me apuntaba a los cursos que me apetecía, de todo tipo. Formarme era una necesidad, como una laguna que me había dejado el hecho de no poder acabar la carrera.
Empecé a ilustrar libros. Siempre he sido muy noctámbula, así que dibujaba hasta las tres de la madrugada, como mínimo. La música siempre me ha ayudado, entonces fue una fuente de inspiración. En ese momento comencé a interesarme por el Metal.
Tenía 50 años cuando me llamaron de Igualada. En la escuela de arte municipal necesitaban cubrir una plaza para llevar el departamento de DISEÑO DE INDUMENTARIA y creían que yo era la persona idónea.
Acepté porque me atraía profundamente ser docente en las materias que más encajaba, figurinismo, dibujo técnico de moda, estampación... aunque como tendría que impartir otras asignaturas, tuve la oportunidad y recibí clases de Tecnología Textil y los fundamentos de los tejidos de punto.
Cuando cambió la ley de educación (una de tantas) hube de compatibilizar las clases con estudios en Sabadell, en la Escuela Illa, porque cuando yo había estudiado no eran de grado superior y no me convalidaron el título. No fue un puro trámite, me exigieron todos los trabajos que pedían a los alumnos que partían de cero. Mi hijo pequeño que ha viajado a muchos países por trabajo, dice que ésto solo puede pasar en éste país. Está claro que en mi vida, casi nada ha sido fácil, pero si Frida Kalho no se queja, ¿por qué iba a hacerlo yo?

Pictóricamente, en éste momento de mi vida, más reflexivo, empecé a sentir la necesidad de reciclar. y utilicé las sobras complementando desechos, con retales de madera que me regalaba un amigo carpintero, sobras de pintura...
Me compré una casa, que había sido mi sueño recurrente desde antaño, la rehabilité con el mismo placer con el que abordo un cuadro o una escultura, y se convirtió en mi taller. Compré toda clase de herramientas para manipular mis maderas, paneles, mesas, palés, todo lo que encontraba en los containers de la zona industrial de Igualada y me sugería algo, para darles una segunda vida . Como no encajaban en ninguna posible descripción, las denominé "madetipos". Han sido los protagonistas de mi última exposición.
Lo he hecho convivir con algunos retratos de encargo.
Lo de las caricaturas comenzó por la insistencia de mis amigos artistas.
Siempre variada mi vida, el Museo del Traje de Madrid me pidió material para sus fondos y allí se encuentran un traje de novia y varias piezas, estampadas de forma industrial, de diseño propio.
A los 60 años hice un parón, dejando mi preciosa casa, para volver a Vitoria y poder cuidar de mis padres ancianos. Ha sido la etapa más dolorosa de mi vida, es duro despedirse lentamente. Y es duro no poder escapar a ese mundo de Alicia al que solía acudir cuando las cosas no salían como quería. Pero he aprendido el valor de la renuncia, no sin tristeza, confieso.
Ahora sigo con mis sueños y mi realidad interior. Quizás el miedo me asalte a ratos , pero dispongo de mi vida sin límites, y libertad para proceder. La música , como siempre, me ayuda. La música y la lectura. ¡No sé qué habría sido de mi vida sin la afable compañía de los detectives de mis novelas policíacas!

Y así, gesto una idea, consulto a mi pequeño sanedrin, como dice Pi de la Serra, que suelen ser mis hijos y algunos amigos sinceros y, si me dicen que no vale nada, sigo buscando. Aunque es cierto que mis obras más reconocidas, parten, después de una búsqueda dolorosa, de una emoción inequívoca del ser interior, de ese punto que todos reconocemos cuando nos asalta. Se llama felicidad.

1 comentario:

  1. Te dije que saborearia la lectura pero no imaginé que tocaría mi alma..

    Es un hermoso resumen de una vida valiente con coraje y deseos de expresarse!

    Te felicito por tu talento y tu obra impregnada de honestidad!

    Y te abrazo por la maravillosa mujer y el bello ser que eres!

    Tu amigo VinceSG.

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HH

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