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miércoles, 4 de febrero de 2015

Paz Martín-Pozuelo



(1958) Nace en Daimiel, un hermoso pueblo de la Mancha donde transcurren su infancia y su adolescencia. De familia de labradores vive larguísimas temporadas en el campo. Es allí donde aprende a escuchar el viento, la lluvia, el fuego, a mirar fascinada el vuelo tranquilo y ordenado de las grullas camino de otro destino al que ella sueña llegar algún día. Única hermana de tres varones, uno de ellos su hermano mellizo, comprende desde muy niña que ella puede también trepar a los árboles, que cocinar, recoger aceituna o hacer la vendimia no es cosa de hombres ni de mujeres, que mujeres y hombres pueden hacerlo del mismo modo porque ambos tienen hambre, sueños y necesidades muy parecidas y en consecuencia deben tener también los mismos derechos y las mismas oportunidades. Con esta convicción tiene mucho que ver su madre a quien, desde que le alcanza su memoria, ve trabajar como también lo hace su padre y de quien escucha consejos que más adelante le valdrán para mucho. Muy atenta la escucha cuando le aconseja ser dueña de su vida, tener voluntad y conocimientos suficientes para que ningún hombre tenga que alimentarla, ni le diga jamás que es lo que tiene que hacer. Una lección que contrasta con lo que ella observa a su alrededor, mujeres sumisas, calladas, pegadas al hogar, mujeres a las que a menudo les falta la sonrisa. Y es lo que se propone y la tarea que más pronto emprende convencida de que puede conseguirlo: trabajar y aprender tanto como le sea posible para que ni hombre ni mujer tengan la mínima oportunidad de dictarle tareas, obligaciones, o regla alguna. Una tarea que le resulta especialmente costosa considerando el hecho de que su familia no puede proporcionarle los medios para llegar a la universidad. Hecho que, sin embargo, no la detiene. Recurre para conseguirlo a diferentes trabajos: cajera de supermercados, la recogida de la uva, de la aceituna, de la  remolacha que le permiten iniciar sus estudios universitarios cerca de casa, estudios que solo pueden ser concluidos en Madrid, ciudad a la que llega cuando aún no ha cumplido los 20, ciudad en la que debe seguir trabajando para poder seguir estudiando. Limpia casas y cuida de los niños Miguel Ángel y José Luis, y de los ancianos Enriqueta y Dionisio. Con los primeros aprende a contar cuentos y a inventarlos; con los segundos a escuchar historias que luego irá escribiendo. Acabó su carrera y se doctoró años más tarde. En la actualidad es profesora titular en el departamento de Biblioteconomía y documentación de la Universidad Carlos III de Madrid, donde durante años estuvo también desempeñando diferentes cargos académicos: vicedecana, vicerrectora adjunta. Ha publicado libros y artículos de archivística, la disciplina que imparte y que además de muchas otras cosas le ha enseñado a ser honesta con su presente y con su pasado.
En el 2013 se incorpora al recién creado Instituto de Estudios de género de la misma universidad para el que comienza a desarrollar el Proyecto de Creación de un Centro de memoria de los derechos de la mujer y del movimiento feminista en España. En entonces cuando conoce a Ana María Pérez del Campo responsable de la creación del Centro de atención, recuperación y reinserción de mujeres maltratadas y con quien se involucra en la lucha contra la violencia de género, escuchando a estas mujeres para escribir sus historias y contarlas al mundo con la misma voz con las que ella las estuvo escuchando, la de sus protagonistas, las de esas mujeres que necesitan sentir que a pesar de todo son mujeres que pueden. Mantiene los blogs: Haya Paz y Palabras de Paz para una guerra: historias de mujeres que pueden. Dedica este último a poner nombre y rostro, a homenajear a esas mujeres maltratadas.

Foto: Paz M. Pozuelo. Daimiel.

Un puñado pequeño de años

Había nacido en Marruecos tenía un puñadito pequeño de años, soñaba, soñaba y soñaba porque con esos años a pocos de sus sueños les había dado tiempo a llegar. A cambio con ese pequeño puñado de años ya tenía problemas muy serios. El que más le pesaba era ese hombre que decía quererla pero le chillaba hasta dejarla sorda, de cuando en cuando le daba un guantazo, y más de una vez le oyó decir que si no se comportaba la tendría que acabar matando. Ayer, mientras unas cuantas mujeres y algunos hombres nos reuníamos en Sol para seguir gritando que el machismo mata, a unos 30 kms de donde gritábamos, ella paseaba con su problema, discutían, no más alto que otros días, pero él estaba más nervioso, o más cabreado, o más loco. Y allí, cerca del seat ibiza negro, él ha sacado una pistola y le ha disparado a la frente... Allí la ha dejado desangrándose. Como un cobarde se ha subido al coche negro y ha salido disparado...... Mientras muchas mujeres y algunos hombres en la Puerta del Sol gritábamos con tanta razón que el machismo sigue matando, esa mujer con ese puñadito pequeño de años, recibía un tiro en la frente y se desangraba en la calle..


Para cuando tu vengas amiga

Para cuando tu vengas amiga, habrá crecido el árbol al que le puse tu nombre cuando te fuiste. Nos sentaremos a su sombra y, siguiendo la dirección de su tronco, las dos juntas miraremos al cielo. Yo  te contaré que me bullen en el alma un millón de historias. Tu querrás permanecer en silencio para no tener que hablarme del dolor que llevas tan dentro. Pero yo insistiré hasta que acabes contándome y entonces poco a poco tu dolor irá menguando, menguando, menguando hasta acabar haciéndose humo. Y aunque solo sea por el tiempo de una sonrisa, después de un llanto callado,  ya no habrá en tu corazón ningún dolor que no pueda calmar mi oído. Y entonces llegará el viento que agitará las hojas, que nos moverá el vestido, que me arrancará de las entrañas esa historia, la más pequeña, la más bonita, la que yo te contaré, amiga, para que el sueño te venza y puedas por fin descansar a la sombra de ese árbol que tiene tu mismo nombre, el que yo le puse cuando te fuiste.


Un libro solidario lleno de mujeres.


Acaba de publicar El más hermoso de los milagros y otros cuentos de mujeres, (Playa de Ákaba, 2014) su primer libro de ficción. Un libro solidario ya que la recaudación integra de su venta será destinada a apoyar el programa de Rehabilitación y reinserción de mujeres maltratadas del Centro de Centro de atención, recuperación y reinserción de mujeres maltratadas. Un libro lleno de mujeres. De mujeres grandes que sufren, que sueñan, que viven. Niñas que juegan con el barro; esposas que esperan trenes que devuelven a sus vidas amores de antes de la guerra; secretos de abuelas; artistas dolientes; amigas que caminan juntas; otras que no saben quererse tanto; mujeres que miran al cielo; que tiemblan; que se preguntan por la muerte; sin tiempo para la tristeza; con sueños pequeños y grandes; que han extraviado sus besos; que investigan archivos; que escriben cuentos; que se protegen de la lluvia o que de alguna manera la aguardan. Racha, Gaga, Serena, Lola… nos regalan su corazón, nos hablan de sus miedos, de sus dolores, de sus sueños y nos dejan en el alma la paz necesaria para que podamos luego pensar en los nuestros. A su lado algunos hombres, que las hacen sufrir, gozar, que las escuchan, que las quieren, que las maltratan, que aprenden de ellas.

 Ha concluido también su primer poemario: Mujeres hablando a la luna, aún inédito. En el momento actual se encuentra finalizando su primera novela.  



Al contrario de lo que ocurre en el último relato de esta recopilación de cuentos de mujeres, el sol se pone tras el horizonte mientras imagino las palabras que van a adornar las semblanzas de unas vidas que nadie antes quiso contar hasta que encontraron la voz reconvertida en palabras de Paz Martín-Pozuelo. Historias de vidas y retazos de recuerdos que intentan recuperar la tradición oral de la transmisión de sentimientos y vivencias. Una técnica narrativa que ya está presente, por ejemplo, en Las mil y una noches de Shecherezade, pero que también empleó Paul Bowles con Mohamed Mrabet y Mohamed Choukri. Aquí, sin embargo, Paz Martín-Pozuelo escarba en todas aquellas voces que le traen recuerdos; resonancias que, como una gigantesca campana de cristal, convierten historias antiguas en palabras nuevas recargadas con esas grandes o pequeñas dosis de literatura a veces necesaria para recubrir la realidad, evocadora e incandescente unas veces, aterradora y cruel otras. Todas estas enseñanzas de vida guardan un tesoro en forma de giro final, que se torna mágico y trascendente casi siempre, aunque en ocasiones también resulta cruel y demoledor.

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HH

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