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martes, 18 de julio de 2017

Ana María Moix poeta, novelista, cuentista, traductora y editora española


Ana María Moix Meseguer (Barcelona, 12 de abril de 1947 - Barcelona, 28 de febrero de 2014) fue una poeta, novelista, cuentista, traductora y editora española

Ana María Moix nació en Barcelona en 1947 y es allí donde estudia Filosofía y Letras. De familia burguesa  conservadora, forma parte del grupo de escritores que se relaciona con el poeta Carlos Barral.

De 1976 a 1979, pertenece al equipo que publica Vindicación Feminista. Colabora en diversas publicaciones de Madrid y Barcelona. En 1970 gana el Premio Vizcaya de Poesía con No time for flowers, en 1985 el Premio Ciudad de Barcelona con Las virtudes peligrosas, y en 1995 obtiene este galardón de nuevo con Vals Negro. Su hermano era el escritor Terenci Moix.

Muere a causa de un cáncer en febrero de 2014.

De izquierda a derecha: Ana María Moix, Ana María Matute y Esther Tusquets en 1970. 

Ana María Moix, tímida, valiente, sabia y generosa

Su furia era entrañable, que esa mujer tan pequeña y aparentemente frágil fuera capaz de repartir mamporros éticos, emocionaba

ROSA MORA

Hay recuerdos imborrables. Como el del 3 de abril de 2003. A primerísima hora de la mañana, Ana María nos llamó a algunos de sus amigos. En la madrugada había muerto Terenci. Estaba preocupadísima porque se cumplieran sus últimas voluntades. No eran fáciles: quería que el velatorio y la ceremonia laica se celebraran en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona y quería, además, que no asistieran a las honras fúnebres ningún representante de del PP ni de CiU. “Maragall y Clos serán bienvenidos, pero, por favor que no venga nadie de la derecha”, dijo entre lágrimas Ana María. Ella se cuidó de que todo funcionara al gusto de su hermano. Tenía esa mezcla de timidez y valentía que la hacían tan querida.


Lúcida, inteligente, generosa, sabia, conocedora de la gran literatura, comprometida con sus ideas, Ana María Moix (Barcelona, 1947) dejó de fumar, y le gustaban mucho los cigarrillos de liar, en cuanto supo que tenía cáncer. No fue fácil. Tampoco lo fue su vida. La muerte de su hermano Miguel a los 18 años, que nació con espina bífida, fue el primer gran golpe. Ella tenía 15 años y lo vivió como un auténtico calvario. La muerte de Terenci la hundió en la desolación, aunque siempre tuvo a su lado su gente, como Rosa, su compañera, y los hijos de ésta, que la cuidaron y mimaron

Fue la baby de la Gauche Divine. Escribió un libro estupendo, 24 horas con la Gauche Divine, un retrato irónico, despiadado, con mucho humor, de aquella Barcelona de los años setenta y de aquellos hombres y mujeres tan inteligentes y brillantes. Terenci la llamaba la Nena y así fue conocida también entre los divinos, mucho mayores que ella. Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Beatriz de Moura, Oriol Bohigas, Jorge Herralde , Pere Gimferrer, Manuel Vázquez Montalbán, Ana María Matute, Esther Tusquets, entre otros muchos, fueron sus amigos



Josep Maria Castellet la incluyó, única mujer, en su antología Nueve novísimos poetas españoles, junto a Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero o Leopoldo María Panero, entre otros. Eso fue en 1970. El año en que publicó su primera novela, Julia, deslumbrante, sobre una chica que se niega a crecer en constante lucha con la niña que fue y al mismo un retrato impresionante de la Barcelona de los años sesenta.

Fue la baby de la Gauche Divine.  Terenci la llamaba la Nena y así fue conocida también entre los divinos, mucho mayores que ella.

Entre 1969 y 1973, Ana, la de los largos silencios, publicó tres poemarios, Baladas del Dulce Jim, Call me Stone y No time for flowers; dos novelas; el libro de relatos Ese chico pelirrojo al que veo cada día, que representan la ternura, la perversidad, la desdicha, el humor, la crueldad y la ironía. O Walter, ¿por qué te fuiste? Otro retrato de Barcelona, innovadora, sobre la homosexualidad y los conflictos derivados de una educación religiosa que insistía en el pecado ya la culpa.

Pasaron muchos años hasta que llegó De mi vida real nada sé, 10 relatos que muestran su universo literario más íntimo o Vals negro, con la que ganó el Premio Ciudad de Barcelona, sobre el mito de Sissi, la última emperatriz de Austria Hungría, en torno a la que recrea entre la ficción y la realidad la decadencia del Imperio Austro Húngaro. Otro libro de relatos, Las virtudes peligrosas, premio Ciudad de Barcelona, lleno de ironía y melancolía, que contempla el pasado con dulzura y el presente, con terror. También escribió cuentos infantiles, ensayos, colaboró en diferentes periódicos y tradujo a autores como Samuel Beckett, Margarite Duras, François Sagan, Amélie Nothomb, entre otros. Desempeñó tareas editoriales, le gustaba.

Su padre quería que estudiara Farmacia, pero ella prefirió Filosofía y Letras. Le gustaba el cine casi tanto como a su hermano. A diferencia de Terenci, ella se implicó mucho en política, la suya. “Yo no estoy en ningún partido ni nunca he firmado nada. En las primeras elecciones no quise votar porque eso de la monarquía no lo veía claro, pero en las últimas he votado PSOE. No quiero dar ni la más mínima oportunidad de que gane la derecha”, afirmó en 1994.

En 2011 publicó Manifiesto personal, un libro furioso, a ratos nostálgico, pesimista y apocalíptico sobre la actualidad a partir de lo más cotidiano. “Es la situación la que es apocalíptica”, dijo a este diario. “Estamos en guerra, en la III Guerra Mundial. Es la guerra de los financieros y los especuladores y de sus portavoces contra el resto del mundo. No es una guerra de sangre, pero el capitalismo fascista se apodera de todo. Quién consumirá para que el capitalismo siga creando capital? Manifiesto personal aborda todos los espectros de la sociedad, con testimonios de amigos, vecinos, familiares y expertos con algunos retazos de su propia autobiografía.

La furia de Ana María era entrañable, que esa mujer tan pequeña y aparentemente frágil fuera capaz de repartir mamporros éticos, emocionaba. En este diario lanzó una diatriba cuando se anunció que la jubilación se retrasaría hasta los 70 años, afirmó que muy bien, estupendo, sobre todo si teníamos la suerte de tener trabajo a esa edad o a cualquiera.

Era más guerrera de lo que aparentaba. Otro recuerdo imborrable: estuvo, con Esther Tusquets, su gran amiga, en la despedida de Felipe González de La Moncloa, cuando ganó las elecciones el Partido Popular. “Votaré a los socialistas aunque sea con la nariz tapada”, solía decir.

Para Ana, la literatura era tanto leer como escribir. ¿Qué libro has leído?, preguntaba siempre. Sus consejos siempre eran certeros.

Cuando no pudo asistir a la entrega de los últimos Premios Terenci Moix, sus amigos temieron lo peor. Cuidar del legado de su hermano fue uno de sus objetivos. Otra de sus cualidades fue la discreción. Por ejemplo, no dijo públicamente que había heredado la biblioteca de Jaime Gil de Biedma. Ella y Joaquina, la mujer de Juan Marsé, cuidaron del poeta en su etapa final.

Reconocía que era un poco vaga. Quizá por eso se puso un horario en la Agencia Carme Balcells, que la representaba, para escribir sus memorias. “Si las escribo”, anticipó a este diario en 2011 serán post mortem, porque no me callaré nada”.

Ana María Moix ha muerto demasiado pronto. La vida le debía más. Le debía poder continuar con sus memorias, seguir con su estupenda familia, con sus amigos, hablando de libros, recomendando libros.



Ana María Moix: "La cultura se ha bajado los pantalones ante el dinero"

Denuncia que los financieros han desplazado a los editores y directores artísticos

Moix cree que "la crisis del mundo cultural viene de la época de la abundancia".
La escritora Ana María Moix cree que el mundo de la cultura está en crisis desde hace treinta años porque "se ha bajado los pantalones" ante el mundo del dinero y el que manda es "el señor de la calculadora", mientras al intelectual se le ha "tapado la boca" con cifras de ventas y subvenciones. "Ahora toda la culpa la tiene la crisis económica, que, sí, es brutal, pero la crisis del mundo cultural viene precisamente de la época de la abundancia", ha opinado hoy esta ensayista, narradora, traductora, poeta y editora en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), donde dirige el taller Detrás del telón.

El intelectual se ha devaluado porque le han "tapado la boca" con ventas y subvenciones
Moix recorrerá su obra junto a sus alumnos pero, como cree que los escritores "son muy pesados hablando de sus textos", ha preferido recurrir a otros para explicarla, a aquellos que han marcado su escritura y su forma de concebir la literatura y la vida. Las influencias van desde Katherine Mansfield o Carson MacCullers, que ha elegido por sus cuentos, a la poeta argentina Alejandra Pizarnik, pasando por los intelectuales de la gauche divine de la Barcelona de los setenta.


"El señor de la calculadora"
Un consejo ocupado por señores con traje oscuro y corbata, calculadora en mano y un lenguaje completamente distinto, ha relatado. "Ese señor de la calculadora es el que hoy manda en las editoriales, en los museos, en las salas de exposiciones, en todo el mundo de la cultura. El responsable ya no es un editor ni un director artístico, es un financiero", ha afirmado. Para Moix, ese "lamentable estado de cosas" que se impuso ya en los ochenta ha sido "nefasto" para el mundo de la cultura, que "se ha bajado los pantalones ante el mundo del dinero".

A su juicio, hace tiempo que se tenía que haber reaccionado ante ese panorama pero lo que ha sucedido es que a "la gente con más voz le ha ido bien". "Ahora cuando les empiece a ir al mal, supongo que pasará algo", ha aventurado. Cree que el papel del intelectual se ha devaluado porque se le ha "tapado la boca" con cifras de ventas y con subvenciones aunque considera que "afortunadamente" hay excepciones.
(02/07/2012)







Un retrato moral

Ana María Moix representó en lo personal lo mejor o lo menos evanescente de aquella 'gauche divine' que se nos antoja hoy demasiado autocomplaciente.
IGNACIO F. GARMENDIA SEVILLA 


Poco después que su mentor, el mestre Josep Maria Castellet, ha muerto la más joven de sus discípulas. En la poética que encabezaba la selección de sus poemas en Nueve novísimos, Ana María Moix afirmaba que de niña había querido ser cupletera o trapecista y que lo que de verdad le gustaba era tocar la trompeta. Había en esa nota de juventud, redactada por una apenas veinteañera que casi cerraba la nómina de la coqueluche, buen humor y el desenfado propio del tiempo de la contracultura, pero también una melancolía de fondo -junto a Ramón o Terenci, Moix mencionaba a su otro hermano, Miguel, prematuramente fallecido- que formaba parte tanto de su carácter como de su literatura. Sus amigos de toda la vida la seguían llamando la Nena, pues había sido la más pequeña del grupo -al que retrató en un irónico "reportaje-ficción", 24 horas con la Gauche Divine- y conservaba un aire vulnerable o aniñado, como de ingenuidad o reserva. Esa impresión de fragilidad contrastaba con la firmeza de sus convicciones, recientemente recogidas en un Manifiesto personal donde expresó su temor por los efectos de una crisis general que a su juicio no era sólo económica ni se limitaba al desastre de los últimos años. Muchos la han calificado de musa, pero no es esa una palabra, por imprecisa y reductora, en absoluto apropiada para una mujer tan libre.

Algunos de los que admiramos a Barral o a Gil de Biedma, por citar a dos archiconocidos integrantes de la cofradía barcelonesa, sentimos cierta distancia hacia los personajes públicos que encarnaron. Celebramos su talento, pero nos cuesta simpatizar con una forma de actuar que en ocasiones -justificadas, dicen quienes los frecuentaron- pecaba de soberbia. Buena amiga de ambos, a los que citaba como añorados maestros, Ana María Moix se parecía más a otra gran personalidad del periodo, la editora Esther Tusquets de quien también fue íntima. Ella misma, escritora o traductora en verso y en prosa, ejerció como editora antes de que los ejecutivos ágrafos asaltaran los despachos de los sellos literarios. Tenía la virtud de la discreción y quienes la trataron hablan de una devoción genuina -felizmente ajena a las poses- por la cultura, de su generosidad o de su fidelidad a los amigos, muchos de ellos asociados a un tiempo irrepetible que recordaba con más gratitud que nostalgia. Decía estar escribiendo unas memorias, pero también que le costaba usar la primera persona del singular, afirmación reveladora de un temperamento muy alejado del exhibicionismo.

Es probable que la propia Moix no lo viera de este modo, pero a la vuelta del tiempo la gauche divine barcelonesa ha perdido bastante de su aura. Héroes de la nueva sentimentalidad en la pacata España del tardofranquismo, sus protagonistas eran cultos, cosmopolitas, elegantes y vividores, pero tenían una visión de la realidad que -al margen de los logros personales- se nos antoja hoy demasiado autocomplaciente o meramente festiva. Por encima de la poesía, muy representativa de la estética de su generación, que reunió tempranamente y ya no volvió a cultivar, de sus brillantes trabajos periodísticos o de las buenas novelas y relatos hacia los que reorientó su trayectoria literaria, Ana María Moix representaba en lo personal lo mejor o lo menos evanescente de aquel movimiento de apertura que en su caso tuvo continuidad en una militancia sostenida. Quienes piensan que la rebeldía consiste en quejarse de la vulgaridad del mundo o en alternar sin medida ni límites de presupuesto, tienen en la trayectoria de la escritora catalana un contramodelo de coherencia que tal vez no luzca tanto en las pasarelas, pero es infinitamente más interesante y desde luego más útil. El progresismo de salón puede valer para épocas de prosperidad o en las que hay margen para el optimismo, pero resulta infecundo e incluso ofensivo cuando vienen mal dadas. Sin renunciar a su intimidad ni dejarse arrastrar por las banderías, Ana María Moix defendió esa variante poco espectacular del compromiso que aúna el culto de la amistad, una solidaridad no decorativa y la ética del trabajo bien hecho.


BIBLIOGRAFÍA

Poesía:
Baladas del dulce Jim (1969).
Call me Stone (1969).
No time for flowers (1971).
A imagen y semejanza (1983).

Narrativa:
Julia (1970).
Walter, ¿por qué te fuiste? (1973).
Vals Negro (1994).

Relatos:
Ese chico pelirrojo a quien veo cada día (1972).
La niebla y otros relatos (1988).
De mi vida real nada sé (2002).
El querido rincón (2002).

Infantil:
La maravillosa colina de las edades primitivas (1973).
Los Robots (1983).
Miguelón (1986).

Ensayo:
Veinticuatro por veinticuatro (1973).
Mara Girona: una pintura en libertad (1977).
El baix Llobregat, 29 municipis i un riu. Barcelona (1995).
Extraviadas ilustres (1996).
Poema de Mio Cid (2000).
24 horas con la Gauche Divine (2002).
De mar a mar: epistolario Rosa Chacel-Ana María Moix (1998)                                                        

Manifiesto personal (2011)



http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/01/actualidad/1393696193_591016.html
http://www.escritores.org/biografias/1705-moix-ana-maria
http://escritoras.com/escritoras/Ana-Maria-Moix
http://www.diariodesevilla.es/article/delibros/1721226/retrato/moral.html
http://www.publico.es/culturas/439030/ana-maria-moix-la-cultura-se-ha-bajado-los-pantalones-ante-el-dinero

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