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sábado, 17 de agosto de 2019

Herta Müller novelista, poeta y ensayista rumano-alemana. Nobel de Literatura en 2009


Herta Müller (Niţchidorf, Timiş, Rumania, 17 de agosto de 1953) es una novelista, poeta y ensayista rumano-alemana. Su obra trata fundamentalmente de las condiciones de vida en Rumanía durante la dictadura de Ceaucescu. Ha sido galardonada con numerosos premios, entre ellos el Premio Nobel de Literatura de 2009.

Herta nació el 17 de agosto de 1953 en Niţchidorf, Banat, un lugar germano hablante de la región de Timisoara, en Rumania. Su familia pertenece a una minoría alemana, los llamados Suabos del Danubio, que llevan varios siglos asentados en esa región. Su abuelo era granjero y comerciante, y había sido expropiado bajo el régimen comunista rumano. Su padre, Josef Müller, que se ganaba la vida como camionero, fue formado como nazi y sirvió durante la II Guerra Mundial en las Waffen-SS. Su madre, Katharina Müller, fue deportada a la Unión Soviética en 1945, donde pasó cinco años en un campo de trabajo realizando "trabajos de reparación". Muchos de los hombres y de las mujeres del pueblo en el que se crio Herta compartieron el mismo destino que sus padres.​ Según cuenta la propia Herta Müller, sus padres quedaron muy deteriorados tras las experiencias vividas durante la guerra y después de ella; no hablaban mucho de su pasado y ella creció rodeada de silencio y de tabúes.

A los 15 años se fue a hacer el bachillerato a la ciudad de Timisoara, a 30 kilómetros de su pueblo natal. Allí tuvo que aprender rumano, lo que le hizo tomar conciencia de pertenecer a una minoría.​ Entre 1973 y 1976, después de terminar el bachillerato, estudió filología germánica y rumana en la Universidad del Oeste de Timisoara. En esta época acudía a las reuniones del Aktionsgruppe Banat o Grupo de Acción del Banato, una tertulia de escritores idealistas rumano-alemanes, entre los que se encontraba Richard Wagner, su futuro marido. Este grupo se había fundado en 1972 con el poema conjunto “Engagement”, que todos los miembros habían firmado a modo de manifiesto en el que llamaban al lector a ser políticamente comprometido. El grupo fue disuelto en 1976 por la Securitate, la policía secreta del régimen comunista rumano. Los autores se volvieron a reunir en el círculo literario Adam Müller-Guttembrunn de Timisoara, en el que Herta Müller era la única mujer.

El primer empleo que consiguió Herta Müller tras terminar sus estudios fue como traductora técnica entre 1977 y 1979 en la fábrica de maquinaria Tehnometal. En su discurso Nobel,​ Herta Müller describe cómo era su día a día en aquella fábrica:

A las cinco de la mañana me levantaba, y a las seis y media empezaba el trabajo. Por la mañana resonaba el himno sobre el patio de la fábrica a través del altavoz, durante la pausa del mediodía se escuchaban los coros de los obreros. Pero los obreros, que estaban comiendo, tenían ojos vacíos como hojalata, manos embadurnadas de aceite, y su comida estaba envuelta en papel de periódico. Antes de comerse un trocito de tocino, le quitaban la tinta del periódico rascándola con el cuchillo. Dos años transcurrieron al trote de la cotidianeidad, cada día igual al otro.


Herta Müller, Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso
Allí es donde empezó a escribir, como ella misma cuenta en su discurso Nobel: «la escritura empezó en el silencio, en aquella escalera de la fábrica donde tuve que sopesar y decidir conmigo misma más cosas de las que podían decirse».​ En el mismo discurso, relata cómo un día, tras dos años de trabajo en la fábrica, un agente de la Securitate se presentó en su despacho e intentó presionarla para que colaborara con el servicio secreto:

Al tercer año se acabó la igualdad de los días. En el transcurso de una semana entró tres veces en mi oficina, a primera hora de la mañana, un hombre gigantesco, de huesos sólidos, con ojos azules centelleantes, un coloso del Servicio Secreto. […] De pie, empecé a escribir lo que me iba dictando. Mi nombre con fecha de nacimiento y dirección. Y después que yo, independientemente de la proximidad o del parentesco, no le diría a nadie que..., y entonces llegó la horrible palabra: colaborez, iba a colaborar. Esta palabra ya no la escribí.

Después de aquello, Herta Müller fue despedida de la fábrica. A partir de ese momento, comenzaron las amenazas y los interrogatorios por parte de la Securitate. Durante los siguientes meses y años, Herta Müller trató de ganarse la vida dando clases particulares de alemán a niños rumanos. En 1987 consiguió el permiso para marcharse de Rumanía y se fue a Alemania Occidental con su marido -el novelista Richard Wagner- y su madre. A pesar de hallarse en otro país, ella asegura que la Securitate no dejó de intimidarla. En 1989, un amigo suyo, Roland Kirsch, que había asistido a las reuniones del círculo literario de Timisoara y con el que se escribía, apareció muerto en circunstancias que nunca fueron aclaradas.

En los años posteriores a su llegada a Alemania, Herta Müller realizó lectorados en diferentes universidades alemanas y de otros países (universidades de Paderborn, Warwick, Hamburgo, Bochum, Carlisle (Pensilvania), Swansea, Gainsville (Florida), Kassel, Tubinga, Zúrich, Leipzig y Universidad Libre de Berlín). Actualmente vive en Berlín. Es miembro de la Academia Alemana de Oratoria y Literatura de Darmstadt desde 1995. En 1997 abandonó el PEN Club como forma de protesta por la decisión de reunir las asociaciones de Alemania del Este y del Oeste tras la caída del muro de Berlín. Durante todos estos años siguió denunciando las acciones del servicio secreto rumano en varios artículos y conferencias. En julio de 2008 criticó en una carta abierta al presidente del Instituto Cultural Rumano de Berlín por invitar a dos ex-informadores de la Securitate a un evento cultural.​ El 8 de octubre de 2009, se anunció que había ganado el Premio Nobel de Literatura, que reconocía su capacidad para describir «con la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa, el paisaje de los desposeídos».​ 


Herta Müller, lectura "Todo lo que tengo lo llevo conmigo", Potsdam, julio de 2010
Obra
El tema principal de las obras de Herta Müller es la dictadura rumana y la destrucción planificada del individuo en el régimen de Ceaucescu, aunque dentro de esta temática general se pueden distinguir varias partes.

Su primer libro, la colección de cuentos En tierras bajas (en alemán, Niederungen), describe la vida de un pueblo del Banato rumano durante la dictadura de Ceaucescu desde la perspectiva de una niña. Fue publicado en 1982 en Bucarest en versión censurada y en 1984 en Berlín oeste, en versión completa (véase: En tierras bajas). En ese mismo año aparecía también en Rumanía Drückender Tango (Tango opresivo), un libro muy crítico con la corrupción, la intolerancia y la opresión del régimen comunista. A partir de ese momento, se le prohibió publicar en su país, aunque sus libros triunfaban, se premiaban y eran muy comentados en Alemania y Austria. En Der Mensch ist ein großer Fasan auf der Welt (El hombre es un gran faisán en el mundo, 1986) aborda el destino de una familia que espera con ansiedad la autorización para abandonar Rumanía mientras hacen regalos y favores a las autoridades para conseguirla cuanto antes. Esta novela, junto con Barfüβiger Februar (1987), documenta la situación de tensión y de extrañeza que experimentaron muchos rumanos que intentaron salir del país durante la dictadura.

La primera novela que escribió después de emigrar fue Reisende auf einem Bein, publicada en 1989. En ella cuenta cómo fue la salida de Rumanía y la llegada a Alemania Occidental. En Der Fuchs war damals schon der Jäger (1992), traducido al español como La piel del zorro, una maestra vigilada por la Securitate vive una situación de angustia constante al descubrir que la esfera íntima de su piso ha sido totalmente violada por el servicio secreto. En Herztier (La bestia del corazón), publicado en 1994, cuenta cómo un grupo de amigos, que se resisten a ser anulados por el sistema, ven en el suicidio de Lola, una joven estudiante del sur de Rumania que intenta escapar de la pobreza durante el régimen de Ceaucescu, una razón para continuar resistiéndose.



En su novela, Atemschaukel (Todo lo que tengo lo llevo conmigo), publicada en 2009, unos meses antes de que se anunciara que había ganado el Nobel, cuenta la historia de un chico de 17 años perteneciente a una minoría sajona en Siebenbürgen (Transilvania) que después de la Segunda Guerra Mundial es llevado por los rusos para ayudar en un campo de trabajo a la reconstrucción de la Unión Soviética. Es la primera obra en la que no se basa directamente en su vida, sino en los recuerdos del poeta transilvano Oskar Pastior, que ella había anotado en varios cuadernos antes de la muerte de él en 2006. Herta Müller muestra un destino que compartieron muchos miembros de la minoría alemana, como su propia madre. Los rusos consideraban que con ello los alemanes pagaban su culpa colectiva como cómplices de Adolf Hitler, sin importarles que algunos de ellos hubieran sido también víctimas del nazismo.

Las obras de Herta Müller han sido traducidas a unos 50 idiomas y en España han sido publicadas por las editoriales Siruela, Mondadori y Plaza y Janés. Además de obras literarias, Herta Müller también ha publicado ensayos, discursos y conferencias, audio-libros y poemas-collage.

https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2009/muller-facts.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Herta_M%C3%BCller
http://www.steffenroth.com/herta-mueller/
https://estoespurocuento.wordpress.com/2013/08/02/herta-muller-la-oracion-funebre-cuento/
https://www.margencero.es/articulos/new03/herta_muller.html

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lunes, 6 de noviembre de 2017

Youyou Tu, Nobel de Medicina de 2015


Tu Youyou   ( nacida en Ningbó, República de China el 30 de diciembre de 1930) es una científica, médica y química farmacéutica china, conocida por descubrir la artemisinina (también conocida como dihidroartemisinina), utilizada para tratar la malaria, lo que significa la salvación de  millones de vidas


A sus casi 85 años, Youyou Tu se  convirtio en la primera científica china en ser galardonada con el premio Nobel de Medicina. La elección de su candidatura supuso  también un reconocimiento internacional a la contribución de la medicina tradicional china al tratamiento de la malaria y otras enfermedades.Tu, científica médica y química farmacéutica que actualmente desempeña el cargo de directora de la Academia de Medicina China, es representante de la primera generación de científicos del país que fundó Mao Zedong. Tras licenciarse en la prestigiosa Universidad de Pekín en 1955, se formó en medicina tradicional. Fue en las décadas de 1960 y 1970, durante los convulsos años de la Revolución Cultural, cuando desarrolló las investigaciones que le han valido el Nobel de 2015. 

A pesar del cierre de las universidades y de la humillación pública de la comunidad intelectual durante aquel período, el contexto internacional motivó que Mao promoviese en 1967 un programa secreto de investigación farmacológica para encontrar un tratamiento contra la malaria que ayudase a las tropas del aliado Ho Chi Minh en su guerra contra Vietnam del Sur, apoyado militarmente por Estados Unidos hasta su derrota en 1975. En la iniciativa, denominada Proyecto 523, participaron cientos de científicos chinos que, en tanto intelectuales, estaban destinados por entonces a la reeducación rural. Tu se unió al proyecto a los dos años de iniciarse y lideró una de las líneas de investigación basada en los remedios tradicionales contra las fiebres. Los científicos consultaron con sanadores rurales y comprobaron la efectividad de numerosos extractos herbáceos que se utilizaban desde hace miles de años en la medicina tradicional para tratar los síntomas de la malaria. Entre esas plantas estaba la artemisia annua (ajenjo), cuyas propiedades figuraban en varios libros históricos de medicina china, como el 'Manual de prescripciones para emergencias'. elaborado por Ge Hong en el siglo IV. 
Tu y su equipo experimentaron con ella y aislaron la artemisinina a través de un novedoso proceso de extracción a baja temperatura que le daba mayor efectividad al compuesto. Los primeros ensayos clínicos con animales demostraron que funcionaba. Durante aquellos años también se probó en pacientes humanos. La propia Tu, en tanto líder del equipo de investigación, se propuso voluntaria para ser el primer sujeto de experimentación.

Hallazgo en la sombra

El descubrimiento y desarrollo de este tratamiento contra la malaria, sin embargo, se mantuvo en la sombra hasta décadas recientes. La publicación de los resultados de la investigación tuvo que esperar hasta 1977, cuando ya había muerto Mao y se daban los primeros pasos de las políticas de reforma y apertura en China. El contexto político de aquellos años y la deficiente atención que ha recibido por parte de la comunidad internacional una enfermedad de pobres como es la malaria motivaron que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no respaldase las investigaciones sobre la artemisinina hasta casi entrado el nuevo siglo. La adquisición de la patente china de una mezcla de artemeter (derivado de la artemisinina) y lumefantrina (otro fármaco desarrollado en el país asiático) por parte de la farmacéutica helvética Novartis a finales de la década de 1990 dio impulso a los tratamientos antimalaria en el mundo. A partir de entonces, algunos investigadores supervivientes del Proyecto 523 y otros extranjeros comenzaron a disputarse los réditos intelectuales del importante hallazgo.

 En 2011, sin embargo, la Fundación Lasker de Estados Unidos otorgó su premio anual en la categoría de Investigación Médica Clínica a Tu Youyou por su rol en el descubrimiento y desarrollo de la artemisinina. Este reconocimiento internacional allanó el camino de la investigadora china hacia el Nobel, un premio que ha sido celebrado en la prensa oficial y las redes sociales del país asiático como un gran logro nacional a pesar de que continúa la controversia sobre la autoría del hallazgo y científicos que también participaron en el Proyecto 523, como Li Guoqiao, siguen cuestionando el protagonismo de Tu Youyou.

 Tomado de articulo  de ALMA LÓPEZ FIGUEIRAS





Uno de los extractos, de la planta de ajenjo (Artemisia absinthium), demostró ser prometedor en ratones. Inspirándose en un documento antiguo, Tu modificó el proceso de extracción de esta sustancia para que fuera más efectiva antes de aislar, a principios de los años 70, el ingrediente activo de la absenta, es decir, de la artemisinina.

La artemisinina es el tratamiento más eficaz y seguro contra la malaria, una enfermedad que afecta a cerca de 200 millones de personas al año y mata a más de 500.000, principalmente niños africanos.

La médica china Youyou Tu, hoy de 86 años, es entonces la creadora de Artemisinin, la medicina que ha reducido la mortalidad por la malaria. Su nombre circulaba desde hacía varios años en la academia sueca.

La artemisinina -también conocida como qinghaosu- y sus derivados son una familia de fármacos que poseen la acción más rápida de todos los medicamentos comunes contra la malaria falciparum.

Los tratamientos que contienen derivados de la artemisinina (terapias de combinación de artemisinina, ACTs) son en la actualidad el tratamiento estándar a nivel mundial para la malaria.


Youyou Tu creó una droga que es la única esperanza para 200 millones de personas que se enferman de malaria cada año,

Las terapias que combinan la artemisinina con algún otro fármaco antimalaria son los tratamientos preferidos no sólo por su efectividad, sino también por su tolerancia por parte de los pacientes.



http://fivethirtyeight.com/datalab/the-nobel-winning-malaria-drug-wont-work-for-much-longer/
http://www.diyhealthremedy.com/10-best-methods-to-cure-malaria/
http://www.elmundo.es/ciencia/2015/10/06/5612ca0ee2704e07638b45ab.html
http://www.infobae.com/2015/10/05/1760125-youyou-tu-la-increible-bruja-china-que-gano-el-premio-nobel-medicina
http://www.provincia.com.mx/web/Tu_Youyou,_primera_mujer_china_en_conseguir_Premio_Nobel-28713

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sábado, 10 de junio de 2017

Sigrid Undset, Nobel de Literatura en 1928.



Sigrid Undset (Kalundborg, Dinamarca, 20 de mayo de 1882 - Lillehammer, 10 de junio de 1949) fue una escritora noruega. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1928.

Realizó sus estudios en Oslo, pero no pudo ir a la universidad a causa de la temprana muerte de su padre. Su vida es determinante para comprender su obra. Trabajó como secretaria en una importante empresa de ingeniería cuando contaba dieciséis años.
Pertenece por derecho propio a aquella primera generación de mujeres emancipadas (en cierta medida), que percibían un salario por su trabajo.
Víctima del eterno dilema femenino -entregarse a la vida laboral o a la familiar- optó por una solución de compromiso: cuidar de los niños durante el día y reservar los domingos y las noches para su quehacer literario. Esto le hizo ser consciente de cuál era realmente la situación de la mujer "moderna", de forma que se decidió a tomar parte activa en los movimientos de debate político y social en favor de la mujer.
Sus primeras novelas fueron La señora Marta Ulia (1907), Jenny (1911) y Primavera (1914), en las que escribe en contra de los defensores del «amor libre». Incrementó y consolidó su fama con Las mujeres sabias (1918) y el ensayo Punto de vista de una mujer (1919).


En 1940 se trasladó a los Estados Unidos, a causa de su oposición a la Alemania nazi y la ocupación alemana de Noruega, en donde participó activamente en movimientos de lucha contra los nazis. Volvió a Noruega en 1945, tras la terminación de la II Guerra Mundial.


https://www.facebook.com/Tiempo-de-mujeres-119893691479318/?fref=nf
https://es.wikipedia.org/wiki/Sigrid_Undset
http://steerforth.com/jenny.html
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domingo, 9 de octubre de 2016

Shirin Ebadi, Nobel de la Paz


Shirin Ebadi (شیرین عبادی en persa) (Hamadán, Irán, 21 de junio de 1947)


Abogada iraní y activista por los derechos humanos. Se graduó en Derecho en la Universidad de Teherán y entre 1975 y 1979 fue presidenta de la Corte de Teherán, además de convertirse en una de las primeras mujeres jueces de Irán. En 2003 recibió el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en la promoción de la democracia y los derechos humanos, convirtiéndose en la primera ciudadana iraní y mujer musulmana en recibir este premio. 

Shirin Ebadi nació en el norte de Irán. Su padre era profesor de Derecho y desde su infancia siempre tuvo un fuerte sentido de la justicia. Fue esto lo que la llevó a elegir como campo de estudio el Derecho y entre 1975 y 1979 fue presidenta de la Corte de Teherán, además de convertirse en una de las primeras mujeres jueces de Irán. “Yo siempre he creído que las leyes deben servir para hacer justicia, y cuando esto falla hay que encontrar los caminos para asegurarse de que esto se cumple”, dice. 

A esta labor ha dedicado parte de su vida. Como abogada, ha defendido a los presos políticos y se ha ocupado de casos controvertidos como la defensa de familias de escritores e intelectuales que fueron asesinados por el régimen de los ayatolás. Fundó la Asociación para el Apoyo a los Derechos de los Niños y Niñas y, junto con un grupo de abogados, ofrece servicios legales gratuitos a los demandados por motivos políticos y a aquéllos que son enviados a prisión por razones ideológicas. “Todas las personas tienen derecho a ser defendidas”, afirma con rotundidad, cuando explica que actualmente está defendiendo a un grupo de personas de la religión bahai. En Irán el castigo que se le da a una persona que cambia de religión es la pena de muerte. También son frecuentes las ejecuciones de menores, las lapidaciones y otros castigos corporales que violan las convenciones internacionales, que el Gobierno de Irán ha suscrito. 

Shirin Ebadi recibió el Premio Nobel de la Paz en 2003 por sus esfuerzos a favor de la democratización y los derechos humanos y por su compromiso a favor de los derechos de las mujeres y los niños. Como mujer iraní y musulmana, es una referencia para las mujeres del mundo islámico en su lucha por la igualdad de derechos. Shirin se define como feminista e islamista, es una mujer independiente que no se ha dejado constreñir por los límites del régimen teocrático iraní. Una mujer que, a pesar de todo lo que hacía, no dudaba en arañar el tiempo para enseñar a sus hijas cómo ser independientes y sobrevivir a la hostilidad del régimen. “Para muchos jóvenes iraníes su futuro ha quedado dentro de las paredes de la cárcel”. 

Este reconocimiento a su labor no ha impedido la represión del régimen. A menudo le llegan cartas anónimas amenazándola, estuvo encarcelada y suspendida para el ejercicio de la abogacía. En diciembre de 2008, la policía iraní cerró su Centro para la Protección de los Derechos Humanos (CPDH), cuando éste se disponía a celebrar el 60º Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El CPDH iba a rendir homenaje a Taqui Rahmani, un activista político que pasó 17 años en prisión tras la revolución islámica. Este Centro realiza informes sobre la situación de los derechos humanos en Irán y, dado que la República Islámica no permite la entrada en el país de representantes de la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas ni de miembros de otras organizaciones independientes, estos informes son especialmente valiosos.
“Ni las amenazas, ni las críticas me van a silenciar, ni van a hacer que abandone Irán”, afirma Shirin Ebadi. “Yo respeto las leyes de Irán y actúo en el marco legal establecido”. Aboga por una nueva interpretación de la ley islámica que esté en armonía con la democracia, la igualdad entre hombres y mujeres, la libertad religiosa y de expresión. Ella considera que la política debería estar separada de la religión, para que los políticos no utilicen las creencias de las personas para sus fines políticos. Al igual que cualquier otra ideología, la religión está abierta a la interpretación. Es la cultura de una sociedad la que ofrece su propia interpretación de los que la religión debería constituir. Por esto afirma con rotundidad que “el Islam no está en contra de la democracia”. Ebadi se pronuncia contraria a todo tipo de extremismo, tanto en el Islam, como en otras religiones. 

Ebadi es una mujer elegante, de mirada firme y gran confianza en sí misma, que transmite seguridad y esperanza. Ella explica cómo su coraje y fuerza reside en la certeza de saber que su lucha por los derechos humanos es correcta y que es necesario poner todos los esfuerzos por lograr que se reconozcan y respeten. “Cuando me faltan las fuerzas, recuerdo siempre a mis compañeros y amigas que están encarcelados y pienso que no tengo derecho a estar cansada mientras ellos estén privados de su libertad”. Por esto aprovecha todos los instantes de su estancia en Madrid para hablar de su país, de su religión, de los logros alcanzados por el movimiento feminista y estudiantil. Y la infatigable Rimma traduce sus palabras del farsi al castellano con gran destreza, fundida una en la otra, mostrando el gran potencial de las mujeres en Irán para transformar la realidad. Shirin cree en la posibilidad de cambio, pero éste solo vendrá de la sociedad, del propio pueblo iraní. Y ha de ser un cambio pacífico y lento pero firme y duradero. 

Y la literatura también puede contribuir a ese fin. “Lo que me interesa es la forma de luchar, no ganar” y así nos lo cuenta en su novela El despertar de Irán, donde hace un recorrido por sus vivencias y experiencias. Durante siglos las mujeres iraníes han confiado en la palabra para transformar la realidad. Y por esto Shirin sigue escribiendo (“el acto de escribir me conecta con mis sentimientos”) y nos habla con satisfacción de su próximo libro, La jaula de oro. Éste empieza con la frase de un famoso filósofo persa que dice: “Si no puedes hacer algo por erradicar la injusticia, por lo menos hay que darla a conocer”. Y este principio guía el trabajo de Shirin Ebadi desde hace mucho tiempo. De forma infatigable defiende a las personas, sabe aunar, enlazar, tejer redes entre las personas, tender puentes entre las posiciones contrarias, porque sabe que sólo de esta forma la realidad podrá algún día cambiar y se podrá alcanzar la ansiada libertad. Irán y el mundo necesitan mujeres como Shirin Ebadi. Ella es una hermosa flor que obstinada crece en el hormigón duro y gris que es la teocracia iraní.

MANUELA MESA PEINADO


http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2012/12/shirin-ebadi-nos-habla-sobre-los.html
http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2011/12/mujeres-prisioneras-politicas-en-iran.html
http://www.1325mujerestejiendolapaz.org/sem_shirin.html

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miércoles, 22 de abril de 2015

Rita Levi-Montalcini. Nobel en 1986



Rita Levi-Montalcini (Turín, 22 de abril de 1909 - Roma, 30 de diciembre de 2012)

A los 103 años falleció uno de los personajes contemporáneos más sobresalientes: Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina, neurocientífica, que había residido muchos años en Estados Unidos, donde realizó buena parte de su labor investigadora. Nacida en Turín, en 1909, su hermana gemela, Paola, falleció en el año 2000. Era 1936 cuando se graduó en Medicina y Cirugía, especializándose después en Neurología.

Dejó una obra científica extraordinaria, pero es más importante todavía lo que su vida representa como ejemplo, como persona comprometida, valiente y serena, actuando a favor siempre de la equidad de género, de la igual dignidad de todos los seres humanos.

Dio a sus memorias el título de Elogio de la imperfección. En ellas analiza las razones que le llevaron a adoptar decisiones que, a la luz del tiempo transcurrido, juzga serenamente. La consciencia de la imperfección es un acicate para mejorar, para superarse.

De origen judío sefardita, siempre fue “libre y responsable”, como define la Unesco a las personas educadas, y actuó en virtud de sus propias decisiones.

Su vida en Italia tuvo que soportar las amenazas y envites del fascio. En 1943 vivió clandestinamente en Florencia, regresando a Turín en 1945, al término de la guerra.


Dos años más tarde inició su gran carrera científica en Misuri, en la Universidad Washington de Saint Louis, con el bioquímico profesor Viktor Hamburguer, trabajando con el tejido nervioso del embrión de pollo. En 1959 fue nombrada profesora titular de dicha universidad, permaneciendo en EE UU hasta 1969. Durante esos años, su investigación neurológica se realizó en colaboración con el profesor Stanley Cohen, con quien compartió el premio Nobel por el descubrimiento del factor de crecimiento neuronal en 1986.

Rita, que conocía el cerebro mejor que nadie, repetía que no quería seguir viviendo cuando el suyo dejara de funcionarle eficientemente. Contribuyó de forma decisiva a esclarecer cómo crecen y se renuevan las neuronas. En 1979 tuve el honor de presidir el jurado que le concedió —casi con los mismos votos que los que obtuvo Jean Dausset, quien sería también premio Nobel de Medicina poco después (1980)— el Premio Internacional de Medicina Saint Vincent. Nunca olvidaré la entrevista que a este respecto mantuve con el entonces presidente de Italia, Sandro Pertini. ¡Qué personajes ambos!

En 1994 creó una fundación que ha presidido hasta su muerte, dedicada a prestar ayuda para la educación, a todos los niveles, de mujeres jóvenes, especialmente en África. Se inspiró, como tan bien describe en su libro Las pioneras, en “las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia a través de la historia”. Sus únicos méritos, decía, han sido la “perseverancia y el optimismo”. Nunca se jubiló. “El cuerpo se arruga”, comentaba, “pero no el cerebro”. Y la inacción, el desencanto, la desmotivación, “arrugan” el cerebro.

En 1993 apareció su libro Tu futuro dirigido a los jóvenes. Lo dedicó a sus hermanas Nina y Paola “en recuerdo del porvenir que habíamos previsto y soñado juntas en nuestra lejana juventud”. Nadie posee la piedra filosofal, escribe, pero sí la experiencia que proporciona la facultad creadora que distingue a todo ser humano. Los principios éticos deben dirigir el comportamiento. “Espero poder ayudar a los adolescentes para que sean capaces de hacer frente a estas etapas tan decisivas y delicadas de su camino, cuando se preparan para una confrontación directa con la vida”. 'El mundo debe inventarse’ es el título de uno de los capítulos de este libro. Hoy los jóvenes ya tienen acceso al conocimiento de lo que sucede en el mundo en tiempo real. Al adquirir esta visión global nos damos cuenta de lo que debe cambiarse y lo que debe conservarse. En el capítulo ‘Cara a cara contigo mismo’, Rita anima a plantearse las preguntas esenciales, a no seguir el precioso verso de José Bergamín, que me gusta repetir: “…me encuentro huyendo de mí cuando conmigo me encuentro”.

Las aportaciones científicas de Rita Levi-Montalcini han sido fundamentales para el mejor conocimiento de la fisiopatología del cerebro. Pero sus aportaciones humanas son igualmente relevantes. Se ha hecho invisible, pero no se ha ausentado. Su estela seguirá iluminando los caminos del mañana.
 Tomado del texto de Federico Mayor Zaragoza




"Cuando ya no pueda pensar, quiero que me ayuden a morir con dignidad"

 El 22 de abril cumplia años Rita Levi-Montalcini. La científica italiana, premio Nobel de Medicina, soltera y feminista perpetua -"yo soy mi propio marido", dijo siempre- y senadora vitalicia produce todavía más fascinación cuando se la conoce de cerca. Apenas oye y ve con dificultad, pero no para: investiga, da conferencias, ayuda a los menos favorecidos, y conversa y recuerda con lucidez asombrosa.

Sobrada de carácter, deja ver su coquetería en las preciosas joyas que luce, un brazalete que hizo ella misma para su gemela Paola, el anillo de pedida de su madre, un espléndido broche también diseñado por ella. Desde sus ojos verdes vivísimos, Levi-Montalcini escruta a un reducido grupo de periodistas en la sede de su fundación romana, donde cada tarde impulsa programas de educación para las mujeres africanas.

"Decidí no casarme cuando era adolescente. Nunca habría obedecido a un hombre, como mi madre a mi padre"
Por las mañanas visita el European Brain Research Institute, el instituto que creó en Roma, y supervisa los experimentos de "un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres", que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. "Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental", dice.

Con ella está, desde hace 40 años, su mano derecha, Giuseppina Tripodi, con quien acaba de publicar un libro de memorias, La clepsidra de una vida, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín dentro de una familia de origen sefardí, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al "dominio victoriano" del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -"ese asunto que me hizo feliz pero famosa"-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi), hasta llegar al presente.

Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. "Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente".

Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. "Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo". Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.

Pregunta. ¿Cómo es la vida a los cien años?

Respuesta. Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve.

P. ¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?

R. No. Era adolescente cuando decidí que nunca me casaría. Nunca habría obedecido a un hombre como mi madre obedecía a mi padre.

P. ¿Recuerda el momento en que decidió estudiar? ¿Qué dijo su padre?

R. Era el periodo victoriano. Mi padre era una persona de gran valor intelectual y moral, pero un victoriano. Desde niña estaba contra eso, porque veía a mi padre dominar todo, y decidí que no quería estar en un segundo plano como mi madre, a la que adoraba. Ella no mandaba. Dije a mi padre que no quería ser ni madre ni esposa, que quería ser científica y dedicarme a los otros, utilizar las poquísimas capacidades que tenía para ayudar a los que necesitaban. Que quería ser médica y ayudar a los que sufrían. Él me dijo: "No lo apruebo pero no puedo impedírtelo".

P. ¿Qué momentos de su vida han sido más emocionantes?

R. El descubrimiento que hice, que hoy es más importante que entonces. Cuando cada experimento confirmaba mi hipótesis, que iba completamente contra los dogmas de ese tiempo, viví momentos emocionantes. Quizás el más emocionante. Por el resto, el reconocimiento de Estocolmo me dio mucho placer, claro, pero fue menos emocionante.

P. Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.

R. Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta. Hoy puede ser el fin de la humanidad. En todas las grandes tragedias se camufla la inteligencia y el razonamiento con ese instinto de bajo nivel. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. El peligro es que aquello que salvó al australopithecus cuando bajó del árbol siga predominando.

P. En cien años usted ha conocido esos totalitarismos. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?

R. Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía.

P. ¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?

R. Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.

P. Su origen es sefardí. ¿Hablaban español en casa?

R. No, nunca tuvimos mucha relación con esa lengua. Sabíamos que veníamos de la parte sefardí y no de la askenazi, pero no se hablaba de ello, no nos importaba mucho ser de una u otra. Spinoza me hacía feliz, era un gran referente cultural, y todo lo que sabíamos procedía de los grandes pensadores hebreos, pero no había un sentido de orgullo, de ser mejores, nunca pensamos así.

P. ¿Basta un siglo para comprender a Italia?

R. Es un país maravilloso, por el clima, por la historia del Renacimiento, y por sus enormes contribuciones, su historia formidable de capacidad y descubrimientos. Me sentí siempre judía e italiana, las dos cosas al 100%. No veía dificultad en eso.

P. ¿Cómo ve a Italia hoy?

R. Tiene un fortísimo capital humano, capacidad innovadora y de convivencia, orgullo del pasado, y no se siente demasiado afectada por las cosas negativas, como la mafia. Siempre sentí que era un país del que era una suerte formar parte y haber nacido. Ser italianos era parte de nosotros, nadie nos preguntaba si éramos italianos o no. También era una suerte ser judía. No conocí la Biblia, no tuve una educación religiosa, y me reflejaba en el capital artístico y moral italiano y judío. No pertenecí a una pequeña minoría perseguida, sabía que eso ocurría, pero no me sentía parte de ello. Desde niña me sentía igual que los demás. Cuando me preguntaban "¿cuál es tu religión?", contestaba: "Yo, librepensadora", y nadie sabía qué era eso. Y tu padre qué es: ingeniero.

P. ¿Cómo vivió el fascismo?

R. No siento rencor personal. Sin las leyes raciales, que determinaron que los judíos éramos una raza inferior, no hubiera tenido que recluirme en mi habitación para trabajar, en Turín y luego en Asti. Pero nunca me sentí inferior.

P. ¿Así que no sintió miedo?

R. Miedo, no; desprecio y odio sí, netamente por Mussolini. A mi profesor Giuseppe Levi lo seguí paso a paso y era feliz por lo que él valientemente osaba hacer y decir. Nunca sentí la persecución porque mis compañeros de universidad católicos me consideraban igual. Y no tuve sensación de peligro. Cuando empezaron las persecuciones, eran tan inmundas las cosas que se decían que no me daba por aludida. Estaba ya licenciada en 1936, había estudiado con Renato Dulbecco, católico, y Salvatore Luria, judío, y no tenía sensación de ser distinta.

P. ¿Cree que hay peligro de que vuelva el fascismo?

R. Sí, en los momentos críticos prevalece más la componente instintiva del cerebro, que se camufla de raciocinio y anima a los jóvenes a razonar como si fueran parte de una raza superior.

P. ¿Ha seguido la polémica sobre el Papa, los preservativos y el sida?

R. No comparto lo que ha dicho.

P. ¿Y qué piensa del poder que tiene la Iglesia? ¿Es demasiado?

R. Sí. Fui la primera mujer admitida en la Academia Pontificia y tuve una buena relación con Pablo VI y con Wojtyla, también con Ratzinger, aunque menos profunda que con Pablo VI, al que estimaba mucho. No la tuve en cambio con aquel considerado el Papa Bueno, Roncalli (Juan XXIII), que para mí no era bueno, porque era muy amigo de Mussolini y cuando comenzaron las leyes antifascistas dijo que había hecho un gran bien a Italia.

P. ¿Ha cambiado mucho su pensamiento a lo largo de la vida?

R. Poco, poco. Siempre pensé que la mujer estaba destruida porque el hombre imponía su poder por la fuerza física y no por la mental. Y con la fuerza física puedes ser maletero, pero no un genio. Lo pienso todavía.

P. ¿Le importó alguna vez la gloria?

R. Para mí, la medicina era la forma de ayudar a los que no tenían la suerte de vivir en una familia de alto nivel cultural como la mía. Esa línea recta no ha cambiado. La actividad científica y la social son la misma cosa. La ayuda a las mujeres africanas y la medicina son lo mismo.

P. ¿El cerebro sigue siendo un misterio?

R. No. Ahora es mucho menos misterioso. El desarrollo de la ciencia es formidable, sabemos cómo funciona desde el lado científico y tecnológico. Su estudio ya no es un privilegio de los expertos en anatomía, fisiología o comportamiento. Los anatomistas no han hecho gran cosa, quitando algunos. Ahora ya no hay barreras. Físicos, matemáticos, informáticos, bioquímicos y biomoleculares, todos aportan cosas nuevas. Y eso abre posibilidades a nuevos descubrimientos cada día. Yo misma, a los 100 años, sigo haciendo descubrimientos que creo importantes sobre el funcionamiento del factor que descubrí hace más de 50 años.

P. ¿Hará fiesta de cumpleaños?

R. No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir...

P. Díganos el secreto.

R. La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.

P. ¿Está preparada?

R. No hace falta. Morir es lógico.

P. ¿Cuánto desearía vivir?

R. El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.
MIGUEL MORA 

Vivimos dominados por impulsos de bajo nivel, como hace 50.000 años

 15 MAY 2005
Rita Levi-Montalcini (Turín, 1909) es una de las grandes figuras del siglo XX. Su padre, un ingeniero apasionado por las matemáticas, se negó durante años a permitirle que estudiara porque en la época se consideraba que las mujeres no hacían esas cosas. A los 20 años se le consintió por fin acceder al bachillerato superior y después a la Facultad de Medicina. Era una joven investigadora cuando las leyes antijudías italianas de 1938 la obligaron a dejar la universidad y ocultarse para evitar la deportación. Durante la guerra trabajó como doctora para la Resistencia y las tropas aliadas. En 1947 fue invitada a trabajar como neuróloga en la Universidad Washington de San Luis (EE UU), donde descubrió la proteína NGF, estimuladora del crecimiento de las fibras nerviosas. El hallazgo le valió en 1986 el Premio Nobel de Medicina. Su hermana gemela Paola fue una gran pintora, y su hermano mayor, Gino, un célebre arquitecto. El pasado 20 de abril, dos días antes de cumplir 96 años, inauguró en Roma, donde vive, la sede del nuevo Instituto Europeo de Neurociencia. Es autora de numerosos libros, y los más recientes, como Tiempo de acción, que acaba de publicarse, se centran en la revolución digital y en la necesidad de cambiar la educación. Su vista es deficiente y necesita de su secretaria para utilizar Internet, una de sus herramientas favoritas, pero conserva la vitalidad, la ironía y la lucidez. Esta entrevista se desarrolla en su domicilio.

"No tenemos derecho a hacer nacer bebés a la carta. No es aceptable fabricar niños con cabellos rubios u ojos verdes. Va más allá de los límites de la moral"
"Si cambiamos la forma de educar a los niños, de enfrentarlos con la vida, quizá cambiaremos el mundo. Los métodos tradicionales son absurdos"
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El lenguaje de las células
Pregunta. ¿Por qué los humanos hablamos, escribimos y nos interesamos por conceptos abstractos como la belleza?

Respuesta. Por un componente neocortical del cerebro que los subprimates también poseen, pero que el humano ha desarrollado. Ese componente es la base de nuestra capacidad cognitiva, muy superior a la del resto de los animales, y nos da acceso a los conocimientos, al bien y el mal, a la cultura; nos relaciona con el pasado, el presente y el futuro... Nos proyectamos hacia el pasado y hacia el futuro gracias a este formidable desarrollo de la miocorteza cognitiva del cerebro. El lóbulo límbico es un elemento de emotividad típico del hombre y de todos los vertebrados, empezando por los mamíferos, pero el hombre es el único que ha desarrollado el componente neocortical. La corteza cerebral del Homo sapiens abre inmensas posibilidades.

P. ¿Nos queda margen para seguir evolucionando?

R. No desde el punto de vista somático. Sí desde el punto de vista de la informática. La informática nos da acceso a otro mundo que para nuestros predecesores, hace sólo medio siglo, no existía. A falta de un nuevo desarrollo de la neocorteza, disponemos de los ordenadores.

P. En teoría, disponemos también de la manipulación genética.

R. Odio esa opción. La manipulación genética no debe ser utilizada. No tenemos derecho a hacer nacer bebés a la carta. No es aceptable fabricar niños con los cabellos rubios, los ojos verdes, tal característica o tal otra. Eso va más allá de los límites de la moral. Lo rechazo absolutamente.

P. Hablemos aún de la evolución en los otros animales. ¿Hay posibilidad de evolución en los insectos, por ejemplo?

R. No. El insecto de hoy es igual al de hace millones de años. El insecto no tiene ninguna posibilidad. Por lo que sabemos, está totalmente determinado, desde el punto de vista del presente y del futuro. No registra ninguna evolución. Los insectos pueden sobrevivir a la humanidad por su constitución, por su capacidad para hacer frente a las circunstancias, pero no pueden cambiar.

P. Nosotros hemos cambiado parcialmente. ¿Por qué somos más inteligentes que hace 50.000 años, pero no somos más buenos?

R. No somos más buenos por el componente límbico cerebral que sigue dominando nuestra actividad. Vivimos como en el pasado, como hace 50.000 años, dominados por las pasiones y por impulsos de bajo nivel. No estamos controlados por el componente cognitivo, sino por el componente emotivo, el agresivo en particular. Seguimos siendo animales guiados por la región límbica palocortical, sustancialmente igual en el hombre y en otros animales. Nuestras opciones de mejora moral pasan por las circunvoluciones neocorticales que afortunadamente tenemos.

P. Dice usted "afortunadamente". Esa peculiaridad en la corteza del cerebro, ¿es una suerte, una casualidad?

R. Quién sabe. No estamos dirigidos. Como todas las evoluciones, la nuestra ha sido casual, una reacción frente a la necesidad. Ésa es nuestra historia. No se ha tratado de un desarrollo dirigido por un ente divino. Nos hemos desarrollado como otros animales; algunos han adquirido ciertas capacidades, nosotros hemos conseguido la neocorteza, y eso nos ha llevado a dominar el planeta y a situarnos por encima de las leyes de causalidad que nos han conducido hasta aquí.

P. Este "aquí" significa, por ejemplo, el siglo XX, que dice poco en favor del humano. No es fácil mantener la fe en nosotros mismos.

R. ¿Por qué lo dice?

P. Usted, que ha vivido casi todo el siglo XX, conoce sus errores mejor que yo.

R. Sí, hemos sufrido el horror de la shoah, el horror del nazismo, el horror del fascismo, todos los frutos del componente palocortical. He escrito bastante sobre eso. Mire, no sé hacia dónde vamos, pero estoy segura de que debemos librarnos de ese pasado nefasto. Porque si asumimos una visión catastrofista del ser humano, estamos acabados. La vida se hace inútil. Yo también me siento interiormente incapaz de ser optimista, pero hay que serlo, cueste lo que cueste. Hay que mantener la confianza en el futuro.

P. Seamos positivos. ¿Cuáles han sido las cosas más positivas del pasado siglo?

R. Desde el punto de vista científico, el desarrollo ha sido extraordinario, y no hace falta enumerar la exploración del átomo, del ADN... Desde el punto de vista ético hemos sido capaces de vencer a Hitler, a Mussolini, a Stalin, lo que no está nada mal. Mire, la conclusión que puede extraerse del siglo XX es que debemos cambiar los mecanismos de instrucción y la relación errónea entre los adultos y los niños. Hasta ahora nos hemos movido entre el autoritarismo de tipo victoriano, o sea, haz esto porque tú eres pequeño y yo soy mayor, y el permisivismo, o sea, haz lo que quieras. En mi libro Tiempo de acción hablo de la educación cognitiva, que hace del niño un "productor activo", y no un "consumidor pasivo" de formación. Las personas aprendemos no porque se nos transmita la información, sino porque construimos nuestra versión personal de la información. Si cambiamos la forma de educar a los niños, es decir, de enfrentarlos con la vida, quizá cambiaremos el mundo. Los métodos educativos tradicionales son absurdos. Nuestra única esperanza consiste en actuar desde el principio, porque el niño lo percibe todo ya en el primer año de vida. Debemos dar alas al genio que cada homo sapiens lleva dentro. Si no nos damos cuenta de que ese ser apenas nacido que tenemos ante nosotros percibe todos los mensajes, buenos y malos, estamos acabados. Cuando ese niño tenga 20 años puede pensar que es una buena idea matar a quien considere un ser inferior. A mí, por ejemplo, que soy judía.

P. Algunos aspectos de la educación han empezado a cambiar. Cuando usted era joven, las mujeres no solían acceder a una instrucción universitaria. Usted no pudo estudiar hasta...

R. Ese cambio que dice usted afecta a los países de alto nivel cultural, no al islam ni a la mayoría de los países del sur. Un pequeño porcentaje de mujeres, en el que me incluyo, tiene suerte y disfruta ahora de ciertos derechos.

P. Para usted no fue fácil.

R. Sí lo fue.

P. ¿Sí? Su padre no la dejó estudiar hasta los 20 años.

R. Tardé, pero incluso lo que estaba en contra mía, el retraso en los estudios, o la necesidad de ocultarme durante la guerra por mi condición de judía, fue una suerte. Monté un pequeño laboratorio en la habitación donde me escondía, y algunos de mis descubrimientos de aquella época acabaron llevándome a Estocolmo y al Premio Nobel.

P. Durante años trabajó en condiciones muy precarias. En uno de sus libros, Elogio de la imperfección, cuenta que una vez consiguió un feto para trabajar y tuvo que meterlo en su bolso, y mientras viajaba en el tranvía asomó una parte del feto y...

R. Cosas de aquella época. Todo el mundo tenía dificultades, no sólo yo.

P. ¿Qué piensa acerca del debate sobre la investigación con células madre?

R. Las células embrionarias deben utilizarse al máximo. No estoy de acuerdo en producir embriones con el único fin de analizar sus células, pero sin duda hay que utilizar para la investigación las células de los embriones que por una razón u otra no se desarrollan y están condenados a la destrucción.

P. La ley italiana prohíbe esa posibilidad, y en junio habrá un referéndum para decidir si se mantienen o no las restricciones.

R. Es que Italia es un país católico, en otros países no ocurren esas cosas.

P. En el país puntero en materia de biomedicina, Estados Unidos, el país donde usted desarrolló la mayor parte de su trabajo, también existen debate y restricciones.

R. Sí, lo sé, y es una pena. Las células madre de embriones ofrecen enormes posibilidades a los investigadores que buscan cura para las peores enfermedades. Hace 70 años yo ya trabajaba con cerebros embrionarios y percibía todo lo que podíamos aprender gracias a ellos. Luego abandoné esa línea de investigación para centrarme en otras.

P. Dentro del debate ético sobre la investigación científica, ¿cuáles son los límites? Las únicas posiciones claras, y obviamente restrictivas, parecen ser las cristianas.

R. Yo no soy católica, estoy fuera de cualquier religión. ¿Y usted?

P. Soy...

R. Católico, supongo. ¿Qué significa ser creyente? ¿En qué se diferencia usted de mí?

P. No, no soy creyente. Pero pienso que, aunque Dios no exista, debemos hacer como si existiera, porque da miedo pensar que el hombre es la medida de todo. Quizá soy demasiado pesimista.

R. Yo soy agnóstica. Laica y agnóstica. Lo demás no lo tengo en cuenta. Respeto todos los puntos de vista.

P. ¿Puedo definirla como spinozista?

R. Cierto. Absolutamente.
ENRIC GONZÁLEZ

http://alomasimpe.com/blog/?p=795
http://www.newspedia.it/e-morta-rita-levi-montalcini-biografia-di-una-donna-irripetibile/
http://heroinas.blogspot.com/2011/04/rita-levi-montalcini-heroina-de-italia.html
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/12/30/actualidad/1356885109_735814.html
http://elpais.com/diario/2009/04/19/domingo/1240113156_850215.html
http://beckerexhibits.wustl.edu/mowihsp/bios/levi_montalcini.htm
http://elpais.com/diario/2005/05/15/domingo/1116129153_850215.html
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viernes, 18 de julio de 2014

Nadine Gordimer, Nobel de Literatura de 1991




Nadine Gordimer nos ha dejado a sus 90 años en Johannesburgo, 13 de julio de 2014. Nació el 20 de noviembre de 1923 en Springs, provincia de Gauteng, una población minera cerca de Johannesburgo. Sus padres eran inmigrantes judíos de clase media. Su padre era un relojero de Lituania, proveniente de un lugar cercano a la frontera letona y su madre procedía de Londres. Empezó a escribir relatos a la temprana edad de nueve años y ya con quince publicó el primero de ellos en la revista Forum. Con veinticinco años se trasladó a Johannesburgo, donde fijó su residencia definitiva. Nunca destacó como estudiante y aunque ingresó en la prestigiosa Universidad de Witwatersrand, no llegó a finalizar sus estudios.

Se decantó en un principio por las historias cortas, publicando en 1949 su primer libro titulado Face to Face; ese mismo año contrajo matrimonio por primera vez. En 1953 escribió The Soft Voice of the Serpent, siguiendo en el estilo de historia corta. Ya en estos escritos empezó a abordar el tema social de Sudáfrica, con la enajenación de los comportamientos humanos y la segregación racial como telón de fondo.

Hasta 1953 no vendría su primera novela, The Lying Days, en la que ya quedaría plasmada su característica técnica narrativa marcada por una línea sobria, sin sentimentalismos, aunque con una gran preocupación por la degeneración humana que la rodeaba. En 1954 se casó en segundas nupcias con Reinhold Cassirer, con quien tuvo un hijo. En los años posteriores continuó escribiendo tanto novelas como relatos cortos: Six Feet of the Country (1956), A World of Strangers (1958), Friday’s Footprint (1960), Occasion for Loving (1963), Not for Publication (1965), The Late Burgeois World (1966) A Guest of Honour (1970), Livingstone’s Companions (1971), The Conservationist (1974), Selected Stories (1975) y Burger’s Daughter (1979). Durante estos años compaginó su actividad literaria con conferencias en universidades de Europa y América.

En los años ochenta publicaría algunas de sus obras más importantes: A Soldier’s Embrace (1980), July’s People (1981), Something Out There (1984), A Sport of Nature (1987), My Son’s Story (1990).

En 1991, año en el que se le concedió el Premio Nobel de Literatura, publicó Jump and Other Stories, continuando con su característica perfección formal, sin utilizar elementos superfluos.

En 1994 publicó No one to Accompany Me, aunque había comenzado a escribirla años antes y The House Gun en 1998. Ya en este siglo, The Pickup (2001), Get a Life (2005) y su última obra, No Time Like the Present (2012), que muestra la actualidad de Sudáfrica a través de la vida de una pareja de antiguos militantes antiapartheid.

Recibió gran cantidad de premios y distinciones, como quince doctorados honoris causa (por las universidades de Yale, Harvard, Columbia, Cambridge, Leuven en Bélgica, Ciudad del Cabo y Witwatersrand entre otras).


  Traemos un articulo de MARTA RODRÍGUEZ  de 21 SEP 2013 que entendemos nos ayuda a conocerla mejor .

Nadine Gordimer habla de la decepción sudafricana
A sus 89 años, Nadine Gordimer publica 'Mejor hoy que mañana' (Acantilado)
Tras dos décadas sin 'apartheid', Sudáfrica presenta “una impresentable brecha social”, asegura


Una casa de Parktown West, un suburbio de clase media-alta de blancos, a pocos kilómetros del ruidoso centro de Johanesburgo. Cruje el suelo de madera en el piso de arriba mientras un mayordomo vestido de calle coloca cuidadosamente un teléfono inalámbrico y una campanilla dorada encima de una mesa de café. Pasan pocos minutos de las 15.30, la hora de la cita, cuando aparece una mujer menuda que anda lentamente con la ayuda de un bastón, saluda amablemente y se sienta en una silla de madera en una habitación llena de libros, bustos de escritores y flores.

Lleva pantalones anchos grises y un jersey rojo que le queda también holgado. Es Nadine Gordimer, escritora sudafricana con 15 novelas y una docena más de relatos cortos. Galardonada y reconocida en todo el mundo, obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1991, “un año donde todo el mundo era optimista”. En su currículo es imposible obviar su activismo contra el apartheid y su compromiso “por devolver la dignidad a la población negra sudafricana”.

“Soy vieja, puede que con espíritu fuerte, pero carnes débiles. Mejor que hablemos de otra cosa”, dispara cuando se le pregunta cómo se encuentra. Gordimer tiene carácter seco y frena toda pregunta que entienda como “cuestiones personales”, educadamente, eso sí. “No hablo de la muerte como tampoco de mi vida amorosa. Todo lo que el lector debe conocer sobre mí está en mis libros”, se justifica. Así que escribir sus memorias “de blablablá” no está entre sus planes.

Publica en castellano su última novela, Mejor hoy que mañana (Acantilado), otra historia que escarba y radiografía el país de Nelson Mandela, figura “muy querida” para esta mujer que el próximo 20 de noviembre cumple 90 años. A pesar de estar de promoción, a la que puede muestra su “decepción” por la realidad del país.

En la entrevista no coge las gafas que tiene sobre la mesa y responde mirando a los ojos, sin prestar atención al fotógrafo que no para de buscar encuadres diferentes y a quien ha advertido que no le gusta que le hagan fotos mientras conversa. Si no fuera porque lo suyo es la ficción, Gordimer podría ser considerada como la notaria o cronista sudafricana porque su obra está amarrada de los problemas, miedos, deseos, retos del país. “No he sido nunca una escritora política, pero la política está en mis huesos, mi sangre, mi cuerpo”, apunta, por lo que se entiende ese empecinamiento en que sus personajes respiren y sufran por los momentos políticos del país.

Su última obra arranca en la Sudáfrica democrática, con unos líderes políticos entregados a la corrupción, que han defraudado y traicionado la vieja causa, en la que ella misma militó. El apartheid le prohibió tres libros (Mundo de extraño, La hija de Burger y La gente de July), pero Gordimer “nunca” pensó en el exilio, aunque pasó largas temporadas en el extranjero.

En medio de esta Sudáfrica libre, Steve y Jabu, un matrimonio formado por un químico blanco y una abogada negra, se mantiene en la lucha, pero de manera distinta a sus tiempos en la clandestinidad. Con el régimen supremacista blanco, ambos eran fugitivos que sabían lo que querían y quién era el enemigo, pero una vez se ha acabado con la institucionalización del racismo “les pesan sus pasados diferentes”. Uno reniega de su blanca familia, a pesar de que aceptan su relación con Jabu, mientras que ella se acerca aún más a su padre, un pastor anglicano que tras haberle abierto las puertas a una buena educación le reclama tradición.

En qué barrio vivir, cuántos hijos tener, emigrar o quedarse son “tensiones que desestabilizan a la pareja”, relata la autora, pero a diferencia de muchos camaradas ambos logran mantener integridad moral e ideales. “Yo no estoy en ninguno de mis libros, no me busquen en ningún personaje”, afirma.

Niega Gordimer que esos luchadores, con Mandela a la cabeza, pecaran de “ingenuidad” en los noventa. “Estábamos totalmente concentrados en devolver la dignidad a los negros, en los derechos humanos, en acabar con las leyes del apartheid y en evitar una guerra civil. Sabíamos lo que hacíamos, pero no vimos qué iba a ocurrir”, aclara. Lo que ha pasado en estos 20 años es que a pesar de la democratización y del “triunfo de la pequeña clase media negra”, Sudáfrica presenta “una impresentable brecha social”. En su punto de mira, el presidente Jacob Zuma, “un antiguo héroe ahora misteriosamente hambriento de poder y un absoluto corrupto”, que en su opinión ilustra los “desastres de la gestión de los líderes negros”. En la novela retrata a Zuma durante su juicio real por violación y del que salió inocente, no sin antes dejar perlas como que en la cultura zulú “la obligación de un hombre es dejar satisfecha a una mujer excitada”.

Votante del Congreso Nacional Africano (ACN), la novelista admite que su “decepción” la obliga a reflexionar si se mantendrá fiel a las siglas en las elecciones de 2014. Gordimer recuerda que con “10 u 11 años” se dio cuenta de que “pertenecía a un mundo blanco opresor”. Una noche la policía irrumpió en su casa en busca de alcohol, prohibido a los negros, en la habitación de la criada. Lo que más le dolió a la niña Nadine es que sus padres permitieran a los agentes entrar sin pedir permiso. Con los años, ingresó en el ilegal ACN de Mandela, a quien conoció a finales de los cincuenta.

Se le ilumina la cara, surcada de arrugas, cuando pronuncia Mandela o Madiba. Lo admira. En esto hay que decir que no es nada original y se deshace en elogios por su “enorme personalidad y seguridad en sí mismo, pero sin vanidad, es una seguridad de ser negro y pertenecer a un grupo que tiene derechos”.

Estando Mandela cumpliendo cadena perpetua, su abogado George Bizos le hizo llegar un ejemplar de La hija de Burger y aquel, en agradecimiento, escribió una carta a Gordimer. Años más tarde, en 1990, cuando salió en libertad, la escritora fue una de las primeras personalidades en reunirse con él.

Cuenta que la última vez que lo vio fue “hace poco más de un año” y ahora desearía que “lo dejaran ir tranquilamente, después de habernos dejado un mundo mejor y habiendo hecho grandes sacrificios”. Otra vez “el maravilloso Bizos” fue su pasaporte a Mandela y los tres tomaron en la mansión de Madiba un “desayuno simple, pero abundante”. El expresidente ya estaba enfermo, con escasa movilidad e interesado en conocer novedades “de antiguos camaradas de la lucha”. Los tres compartieron la “preocupación” por los problemas sudafricanos.

Son estos los mismos retos ante los que sitúa a Juba y Steve, que asisten atónitos a cómo antiguos compañeros se dejan vencer por el dinero y el poder, que se desesperan por la pobreza o el desempleo que azota a los negros, por la epidemia del sida que durante los primeros años de democracia fue banalizada por el Gobierno o por la dicotomía modernidad y tradición tribal. No falta tampoco la llegada de inmigrantes de países africanos a Sudáfrica, víctimas de la xenofobia de los más desfavorecidos de la sociedad, los mismos que sufrieron las injusticias racistas del apartheid. Como tampoco la violencia, de la que la escritora fue víctima. Un ladrón la sorprendió a ella y a su “asistenta y amiga” Rebecca hace unos años. “Quería armas, pero solo consiguió un poco de dinero y cuando me arrancó mi anillo de casada y mi reloj, Rebecca rompió a llorar”, recuerda. Fue entonces cuando el joven golpeó brutalmente a la mujer y Gordimer acertó a reprenderle con un “podría ser tu abuela”. Consecuencia del robo son “unas horribles rejas eléctricas” que protegen la vivienda de dos plantas, cuenta resignada.

Con Mandela, Gordimer comparte haber sido escogida una de los 21 iconos (“odio esa palabra, como si fuéramos una estatua de mármol”, se queja entre risas) sudafricanos, en un proyecto del fotógrafo Adrien Stein. ¿Cómo espera ser recordada? “Jamás pienso en ello. Me gustaría que mis libros continúen leyéndose, aunque ¡cuántos autores han sido olvidados!”. Vuelve la sonrisa a sus labios.

Gordimer nació en 1923 y se crió en una pequeña aldea minera cerca de Johanesburgo, hija de un judío letonio y una asimilada británica. Poca diversión más allá de ir los “sábados a la biblioteca” con su madre y coger prestados libros infantiles o actuar en la compañía de teatro de aficionados. Su estreno literario fue en 1949, con 26 años, con Face to face, y dos años después The New Yorker le publicó una historia corta. “Tú no decides ser escritora, simplemente naces con un impulso natural que no se aprende en las escuelas. Solo hay un camino, leer, leer, leer para que se despierte el don de la escritura”, subraya.

La lectura o, mejor, la falta de lectura le preocupa. “No hay bibliotecas en las escuelas en Sudáfrica, no sé qué pasa en Europa o España”; y los jóvenes, se lamenta, “prefieren mirar fotos o conectarse a Twitter”. No todos son malos presagios y ella misma se encarga de animarse. “Se continúa publicando, aparecen incluso editoriales valientes y en mi país surgen escritores infantiles en lenguas africanas que pueden ayudar a esa inmensa masa de lectores que son los niños negros que no tienen el inglés como lengua materna”.

Su residencia rezuma literatura y si alguien imagina la casa de un escritor, sin duda encontraría muchos detalles. No quiere fotos en su despacho —“pertenece a mi intimidad”— presidido por un ordenador de pantalla gigante. Continúa escribiendo “un poco” y se niega a dar pistas sobre qué. “Creo que trae mala suerte”, dice sin excusarse. De su obra, dice sentirse especialmente satisfecha de La hija de Burger (1979) y El conservador (1974), “que trata sobre a quién pertenece la tierra y no hay muchos libros que hablen sobre el tema”. Nada de lo que arrepentirse literariamente.

Escribir y leer, claro. Ahora está entretenida con autores chinos y árabes. “Leo mucha novela, pero me encantan los relatos cortos, como los libros de gente que ha vivido increíbles situaciones, especialmente de mi propio país o continente, África”, detalla mientras palpa la portada de color amarillo chillón de Suspended revolution (revolución suspendida). El libro lo firma “el valiente” Adam Habib, el vicerrector de la Universidad de Witwatersrand de Johanesburgo, conocido por no tener pelos en la lengua y que en esta obra reflexiona sobre cómo Sudáfrica ha llegado a esta situación que Gordimer califica de “decepcionante” y anima a las élites a dar un paso al frente para solucionar los problemas. La política, siempre.

Faltan tres meses para el cumpleaños de Gordimer. “No es nada, una casualidad que el cuerpo dure tanto”. Si por ella fuera pasaría una jornada sin más, pero teme que sus “amigos estén tramando algo”. Confiesa que lo que a ella le apetecería es “coger un avión hacia Francia”, donde vive la familia de su hija. Allí, chapurrea el francés, la única lengua extranjera que habla, y es la ouma (abuela en afrikáner) porque en inglés, grandmother, le disgusta.

http://www.thehindubusinessline.com/news/international/south-africas-nobelwinning-novelist-nadine-gordimer-dies/article6212077.ece

http://2015people.com/nadine-gordimer/nadine-gordimer-3.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Nadine_Gordimer
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/19/actualidad/1379603498_545450.html
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