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martes, 1 de noviembre de 2011

Betty Friedan






Betty Friedan, cuyo libro "La mística femenina" se convirtió en uno de los más vendidos en la década de 1960  colocó los cimientos del movimiento feminista moderno.
Friedan, de origen judío, nació el 4 de febrero de 1921 en Peoria, Illinois  y murió el mismo dia en 2006 en Washington. Su padre fue Harry Goldstein, un joyero; y su madre, Miriam, dejó su empleo como editora de un periódico para convertirse en ama de casa.

La aseveración de la autora feminista en su libro publicado en 1963 de que tener un esposo y bebés no era todo a lo que las mujeres deben aspirar, sino que también necesitan desarrollarse individualmente, fue sumamente inusual, por no decir revolucionario, poco después de la generación de la posguerra de la época del presidente Eisenhower, en que se produjo un incremento en la tasa de natalidad. 
La mística femenina, dijo, no es más que una forma de la sociedad de embaucar a las mujeres, vendiéndoles una serie de bienes que las dejan vacías, padeciendo "del problema que no tiene nombre" y buscando una solución en los tranquilizantes y el psicoanálisis. 

"Una mujer debe poder decir, y no sentirse culpable al hacerlo, ’¿Quién soy? y ¿Qué quiero hacer en mi vida?’ No se debe sentir como una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo e hijos", indicó.
 En las décadas de 1960 y 1970, cuando predominaron fuertes tensiones raciales, políticas y sexuales, Friedan fue una de las voces más importantes del movimiento feminista.
 Como fundadora y primera presidenta de la Organización Nacional para las Mujeres en 1966, defendió posturas en torno al aborto, salarios iguales para hombres y mujeres y permiso de maternidad que parecían ser extremas entonces. Luego, en la década de 1990, cuando ya tenía más de 70 años, Friedan analizó cómo la sociedad trata a los adultos mayores y concluyó que lo hace con la misma negación de su derecho a realizarse con que lo hacía con las mujeres 20 años atrás. 

Muy buena alumna, Friedan ganó una beca para estudiar psicología en la Universidad de California, en Berkeley, pero rechazó una beca aún mejor para no superar a un novio. 
Después de graduarse, trabajó un tiempo como reportera en Nueva York. En 1947 se casó con Carl Friedan, un productor y ejecutivo de una agencia de publicidad. Tuvieron tres hijos antes de divorciarse tras 22 años de matrimonio.

 La gran aportación que se le reconoce a Betty Friedan es el relanzamiento del movimiento feminista centrándolo en el "problema que no tiene nombre", esa insatisfacción compartida por muchas mujeres, quienes en los países capitalistas más desarrollados, aún conformes con el "papel femenino" que la sociedad les impone y pese a las facilidades que el propio desarrollo capitalista pone en sus manos para facilitarles la tarea de ser buenas esposas y mejores madres, al preguntarse "¿quién soy?", no encuentran respuesta alguna o una en la que todo está presente menos ellas: soy mi marido, soy mis hijos, soy mi casa, soy la esposa, soy la madre, soy la asistenta...Friedan señala: " el único camino que tiene la mujer, lo mismo que el hombre , para encontrarse así misma, para conocerse como ser humano, es ser su propio creador". La resonancia de sus palabras alcanza a miles de mujeres. La respuesta desde la que descubrir que la maternidad y las tareas domésticas no bastan para que las mujeres se realicen como personas.
Los movimientos feministas en sus inicios surgen por la necesidad de las mujeres, sobre todo solteras y de los estratos medios, de conseguir el acceso a unas profesiones, unos ingresos y una posición social, que les permitía mantenerse en el nivel social en el que habían nacido; situación que antes les aseguraba la familia extensa, pero no el nuevo tipo de familia nuclear.
Su problema y el de la familia nuclear se inscriben en el proceso de la mano de obra que realiza la revolución burguesa: son las primeras mujeres burguesas, que, liberadas del vínculo familiar precedente, libres y escoteras, se ven obligadas a aceptar el nuevo vínculo que las sujeta por la venta de su fuerza de trabajo. Paralelamente, las mujeres casadas de esos mismos estratos acusan la incidencia de la otra vertiente de liberación que acompaña el ascenso de la burguesía a la que pertenecen: la liberación de la riqueza, y reclaman para si la libre disposición de sus bienes y propiedades legitimados por la herencia. En apoyo de ambas reivindicaciones se inicia la lucha por cambiar los aspectos legales que los impiden y que termina concentrándose en la reclamación del voto.
De esta forma las metas del primer feminismo se concentran principalmente en salvar condicionamientos económicos, mientras el trabajo aparece sólo como una de las formas de conseguirlo, pero con Betty Friedan el trabajo adquiere una consideración bien distinta, es el propio trabajo y su realización, y no únicamente la libertad económica y el tener unos ingresos que proporciona, lo que se reclama como vía de realización personal. Y no un trabajo sin más, sino creador, porque sólo si lo es, quien lo realiza evidencia para sí su calidad de ser humano.

Las reivindicaciones pacifistas y antirracistas llevadas acabo por la "Nueva Izquierda" en esas mismas fecha, encuentran el apoyo activo de muchas mujeres, pero de esas mujeres se obtiene una respuesta: "la asistencia". Descubren que se la reclama para la realización únicamente de trabajos subalternos: recoger fondos, hacer limpiezas...por ello, algunas, del mismo que Betty Friedan y sus seguidoras, deciden formar sus propias organizaciones de mujeres.





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HH

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