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jueves, 16 de enero de 2014

Jane Franklin



De los 16 hermanos de Benjamín Franklin, Jane es la que más se le parece en cuanto a talento y fuerza de voluntad.

Pero a la edad que Benjamín se marchó de casa para abrirse camino, Jane se casó con un talabartero pobre, que la aceptó sin dote, y 10 meses después dio a luz a su primer hijo. Desde entonces, durante un cuarto de siglo, Jane tuvo un hijo cada dos años. Algunos niños murieron, y cada muerte le abrió un tajo en el pecho. Los que vivieron exigieron comida, abrigo, instrucción y consuelo. Jane paso noches en vela acunando a los que lloraban, lavó montañas de ropa, bañó montoneras de niños, corrió del mercado a la cocina, fregó torres de platos, enseñó abecedarios y oficios, trabajó codo a codo con su marido en el taller, y atendió a los huéspedes cuyo alquiler ayudaba a llenar la olla. Jane fue esposa devota y viuda ejemplar, y cuando ya estuvieron crecidos sus hijos se hizo cargo de sus propios padres achacosos y de sus hijas solteronas y de sus nietos sin amparo.

Jane jamás conoció el placer de dejarse flotar en un lago, llevada a la deriva por un hilo de cometa, como suele hacer Benjamín a pesar de sus años. Jane nunca tuvo tiempo de pensar, ni se permitió dudar. Benjamín sigue siendo un amante fervoroso, pero Jane ignora que el sexo puede producir algo mas que hijos.

Benjamín, fundador de una nación de inventores, es un gran hombre de todos los tiempos. Jane es una mujer de su tiempo, igual a casi todas las mujeres de todos los tiempos, que ha cumplido su deber en esta tierra y ha expiado su parte de culpa en la maldición bíblica. Ella ha echo lo posible por no volverse loca y ha buscado, en vano, un poco de silencio.

Su caso carecerá de interés para los historiadores.

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Eduardo Galeano
Memoria del fuego / Las caras y las máscaras
Publicado por: Editorial Siglo XXI



SI EL HUBIERA NACIDO MUJER



BAJO el título «1778, Filadelfia: si él hubiera nacido mujer», Eduardo Galeano presenta en su libro titulado 

«Mujeres» un relato en el que queda patente la diferencia de roles y funciones que los hombres y mujeres han venido desarrollando en la sociedad, al tiempo que refleja el protagonismo de la mujer en la vida doméstica y del hombre en la vida pública. Este texto carece de fecha de caducidad, porque la historia sigue repitiéndose, aunque más en unos lugares que en otros. Nos encontramos ante el hecho de Jane Franklin, que, por haber nacido mujer, la sociedad la recluyó al hogar y al silencio de la historia, mientras que Benjamín Franklin, siendo hombre, tuvo la oportunidad de formarse y participar activamente en el devenir de la humanidad y, además, que la historia lo recuerde como filósofo, físico y político. El texto no precisa comentarios.


Así ha sido la vivencia generalizada de las mujeres, más en el ayer que en el hoy. La desigualdad de oportunidades marcó la vida de las mujeres, que no tuvieron acceso a la educación, a la cultura... y les negó la posibilidad de ser protagonista de su propia existencia. El rumbo de la vida dependía del sexo, y aún en la actualidad no se ha conseguido la plena igualdad. Con la cooperación de hombres y mujeres nos acercamos a una sociedad más justa y equitativa. Seguro que si alguno de los hombres, que censuran la promoción y avance social de las mujeres, se detuviera en pensar «si hubiera nacido mujer» actuaría de otro modo. Porque también pudo haber sido al revés, que los hombres se encargaran del hogar y asumieran la totalidad de las responsabilidades domésticas, y ser las mujeres las que se encargaran del trabajo activo y la vida pública. Entonces, la historia hablaría de Jane Franklin, y de otras tantas mujeres olvidadas y sin memoria.

Dra. TERESA GONZALEZ PEREZ 
Profesora en la Universidad de La Laguna




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