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sábado, 21 de julio de 2012

VIOLA DI GRADO



Viola Di Grado tiene veinticuatro años. Nació en Catania (Sicilia), se licenció en Lenguas Orientales y estudia en Londres.

La autora es una jovencísima siciliana de pelo rubio, ojos misteriosos y un extraño look entre lo gótico y lo oriental. Viola Di Grado es el contrapunto que llega para dejar claro, una vez más, que de todo se aprende y de todo se puede uno aprovechar. Literalmente, ya que, como Camelia, la protagonista de su primera novela (Setenta acrílico treinta lana, publicada en castellano por Alpha Decay), Viola es una coleccionista de prendas de segunda mano. Las corta, las pega, las transforma y las colorea. La moda le apasiona, pero sólo para hacerla suya de la manera más original. Es así como se introduce Viola Di Grado en el panorama actual de las letras italianas. Su novela, publicada por la indie E/O a finales de 2010, ha sido saludada por la prensa como una revelación total. Sobre ella se publicaron reportajes bajo el titulo de “La nueva Avallone, versión dark”. Y es que, como lo joven estaba de moda, editores y agentes se habían lanzado a la desesperada búsqueda de nuevos talentos a explotar. Con Viola Di Grado dieron en la diana. Algunos de los más respetados críticos literarios italianos la encumbraron como el hallazgo más prometedor del año, sobre todo por la originalidad de su estilo. Efectivamente, Viola retrata con una madurez precoz la difícil relación entre una hija, obsesionada con las lavadoras, y una madre en estado de shock por haber perdido al marido en el accidente que le reveló la existencia de una amante.


Los ingredientes que la han llevado a ganar  los  premios  Campiello, Rapallo, finalista del Strega, etc. son sofisticados. El éxito de la novela reside en la mirada, extraña y “extranjera”, que la autora arroja sobre un mundo que no le pertenece. El acto mismo de destripar los vestidos es, para Camelia-Viola, una señal de rebelión masoquista hacia una sociedad de la que se siente excluida. Hay dolor y fuerza en la exploración de las relaciones humanas que, tanto el personaje como la escritora (ambas con nombre de flor), practican en una ciudad ajena como es la británica Leeds, “donde el invierno empezó hace tanto tiempo que ni el más viejo del lugar sabe qué hubo antes”.


¿Nuevos talentos para nuevos tiempos? Hija de una escritora reconocida y de un profesor de literatura italiana, Viola nació en Catania hace poco más de 24 años, pero ha vivido en China, en Japón y en el Reino Unido, donde actualmente estudia filosofía oriental. Allí ha forjado su punto de vista, alejada de un país extraño, maravilloso y caótico, en el que la literatura últimamente parece tener que estar ligada a la denuncia social y al compromiso ideológico. No hay mensajes ni polémicas en la historia que ha venido a contar Viola, sólo la personal experiencia de una chica que ha salido a dar un paseo por el mundo y ha vuelto para contar lo duro que puede ser el viaje. Ha sido comparada con Elena Ferrante, Amélie Nothomb, Elsa Morante e incluso con el cine de Takeshi Kitano. Pero a ella tampoco parece afectarle tanta expectación. Los ideogramas chinos son uno de los elementos clave de la novela. Dibujándolos, Camelia descubre la manera de comunicar lo incomunicable. Curiosamente, el ideograma favorito de la escritora Viola es el del vacío: “Representado con la llamas que queman un pajar”. ¿Una catártica hoguera de las vanidades? 

HH

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