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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Francesca Gargallo Celentani

Francesca Gargallo (nacida el 25 de noviembre 1956 en Siracusa , Italia ) es una escritora mexicana y poeta. Estudió filosofía en su país natal en la Università di Roma Delgi Studi y luego en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Gargallo,  naturalizada como ciudadana mexicana, ha vivido en el país desde 1979 . Al cambiar de país y lengua hace 35 años, se ha dedicado a estudiar la historia de las ideas en Nuestra América, a entender las dinámicas de la opresión de las mujeres en las sociedades poscoloniales e indígenas, a narrar y a hacer versos. El arte visual, desde la pintura hasta el performance, la atrae e libera. Los viajes y los diálogos que entabla con las mujeres con quien se encuentra, aún más.Ha escrito dos docenas de libros, se ha licenciado en Filosofía y ha cursado una maestría y una doctorado en Estudios Latinoamericanos. En 2013 renunció a la docencia universitaria para dedicarse a pensar y escribir con libertad. Entre sus novelas destacan: Al paso de los días; La decisión del capitán; Marcha Seca; Estar en el mundo, entre otras. Entre sus sus textos de pensamiento despuntan: Feminismos desde Abya Yala; Ideas Feministas Latinoamericanas; Garífuna, Garínagu, Caribe. En 2010, recibió el Premio Nacional de Artes por Siete pintores de una generación sin nombre.


 Les invitamos a adentrase en su blog y descubrir sus multiples aportaciones :http://francescagargallo.wordpress.com/


 Traemos un articulo tambien muy interesante que nos refleja su pensamiento :

No hay sociedad más antifemenina que la capitalista

No creo que haya una sociedad más profundamente antifemenina que la sociedad capitalista” aseguró, en entrevista con Correo del Orinoco, la escritora y feminista Francesca Gargallo, galardonada con la mención honorífica del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012 por su obra Feminismo desde el Abya Yala.

Explicó que esto se debe a que, entre otras cosas, el capitalismo descansa sobre una economía no pagada, que es la economía de la reposición de la vida. Señaló que este modelo económico organiza el sistema de tal forma que todo el trabajo no pagado es trabajo que ha sido asignado a un tipo de trabajadoras y trabajadores estratificados por clases, pero definidos por sexo.

“Todo el trabajo no pagado en capitalismo, es trabajo femenino”, aseveró Gargallo, quien dijo que a esto se suma el que las mujeres también hayan tenido que confrontar el empleo mal remunerado e inferiorizado frente al masculino.

En este sentido, aseguró que “el trabajo de las mujeres será siempre menos pagado que el de los hombres en el sistema capitalista tradicional”, pero además de esta labor asalariada, las mujeres también son las que asumen toda la reposición de la vida; es decir, la transformación de materia prima en materia manufacturada, como por ejemplo las labores en la cocina.

“Y si no hay reconocimiento del valor económico de ese trabajo, quiere decir que el trabajo fue trabajo esclavo, no pagado, invisibilizado y convertido en una tarea propia del sexo de la persona que la hizo”, acotó la escritora.

Patriarcado y capitalismo

Gargallo explicó que esta situación es producto del patriarcado, fenómeno que no solo gestó al capitalismo, sino que ha encontrado en este sistema el mejor ámbito para su desarrollo y fortalecimiento.

Indicó que “el patriarcado es un sistema que organiza la supremacía masculina y que por lo general tiene características de agresividad interpersonal”. Afirmó que en él las mujeres viven una relación de genero desigual, jerárquica y con una preferencia por los hombres, lo que es asociado por la propia cultura.

Aclaró que las características del patriarcado son siempre las mismas, “pero se empeoran cuando las condiciones de un pueblo o una comunidad son adversas, por ejemplo, donde hay impunidad”. Asimismo, señaló que en el mundo hay tantas relaciones de género como culturas, al igual que relaciones jerárquicas, las cuales influyen en las valoraciones de lo masculino y lo femenino.

Estas valoraciones Gargallo las ejemplifica con labores como el bordado, que en algunos pueblos es una tarea masculina; “entonces será considerada una actividad propiamente humana, importante, fundamental para el arte y el desarrollo de la industria”. En cambio, en otras sociedades bordar es algo hecho por mujeres: “Entonces será algo domestico y suficiente para embellecer los vestidos de la familia”.

La escritora explicó que esta situación de valoración se aplica en todos los ámbitos, ya sea en la cocina, la agricultura o el hogar. Por esta razón, considera necesario “desaparecer los géneros y las implicaciones culturales obligatorias que limitan tanto la creatividad de las mujeres como de los hombres”.

Comentó que en general los hombres pierden menos que las mujeres en esta valoración; entre otras cosas, porque el sistema occidental ha tocado todos los espacios y ha empeorado las condiciones jerárquicas que inferiorizan a las mujeres en una relación de genero.

Destacó que en el caso de las mujeres de los pueblos originarios éstas confrontan tanto el patriarcado interno como el que viene de la organización republicana, “donde además la sociedad es muy católica y deben enfrentar las formas de exclusión a las mujeres que tiene esta religión”.

Señaló que si hay un Estado que prefiere hablar con los hombres, entonces refuerza un mecanismo patriarcal de exclusión política de las mujeres que en el pueblo originariamente era pequeño, pero que con esta practica el Estado fortalece y lo convierte en una ley.

Feminicidio

Son estos factores los que también han propiciado graves violaciones de derechos de las mujeres, al punto de llegar al asesinato de féminas por ser indígenas, afrodescendientes, campesinas o simplemente mujeres.

Gargallo explicó que el feminicidio, es decir, “el asesinato de las mujeres por ser mujeres y no otra causa”, se remite a la imposición de un sistema de explotación, que es precisamente el sistema patriarcal, el cual tiene que ver con una educación forjada a través de la violencia de un grupo social, de un sujeto sexual que son las mujeres a la obediencia y el miedo.

“Yo te mato porque desobedeces, pero además dejo el mensaje a las otras mujeres de que no desobedezcan, porque si no corren el riesgo de ser asesinadas; a todo eso responde el feminicidio”, alegó la escritora.

Recordó que hubo feminicidios dictados por imposiciones religiosas, como por ejemplo en el inicio del cristianismo, donde las mujeres eran perseguidas porque querían hablar en la asamblea, y “porque ellas habían conocido en el primer cristianismo una igualdad con los hombres que después la asamblea les quitó”.

Pero además las mujeres eran perseguidas por su saber, como el caso de las filósofas, a quienes no l3s dejaban la libertad de expresar su conocimiento “porque sino las otras mujeres iban a querer estudiar”. En este sentido, enfatizó que el feminicidio es un castigo en el cuerpo de una mujer hasta la muerte para provocar el miedo en las otras de manera que no se revelen.

Alertó que hoy día el feminicidio ha tenido un repunte gravisimo, “un poco porque estamos frente a la agonía de un sistema que en su miedo puede hacer mucho daño”. Detalló que en México este flagelo se ha incrementado en 400%, ya que “los hombres están aterrados de la realidad, y es que están perdiendo el poder”.

Destacó que la propia dinámica de los derechos humanos y la búsqueda de la igualdad entre las personas ha demostrado que el sexismo es una forma de discriminación terrible y que, por lo tanto, “no podemos seguir aceptando ningún sistema discriminatorio”.

No obstante, acabar con la discriminación implica acabar con privilegios, es decir, el privilegio de la mitad de la humanidad sobre la otra mitad, “y en esta mitad masculina hay resistencias feroces que se acompañan muchas veces de solidaridades femeninas que pueden ser también enemigas de las mujeres en proceso de liberación”.

Asimismo, hay hombres solidarios con las mujeres, “porque muchas veces cualquiera puede percatarse de que el privilegio que tiene es la negación del derecho de otra persona”. Por lo tanto, esto significa que si existen hombres que prefieren un mundo de derechos a un mundo de privilegios.

Explicó que estos hombres son aliados de las feministas, se les conoce como protofeministas y muchas veces también son asesinados por la causa que defienden: “Son víctimas de un feminicidio en un cuerpo de hombre. Te alías con la otra, por lo tanto eres un traidor de la masculinidad dominante”.

Gargallo enfatizó que el feminicidio es un delito grave, cuya impunidad hace que se reproduzca y “desgraciadamente en el mundo no hay un sistema de derecho que esté enfrentando plenamente el privilegio masculino para ponerle fin”.

Acotó que este flagelo empieza con el piropo callejero que descalifica, con la violencia domestica, con la descalificación de las niñas en las clases, hasta que llega al secuestro, la tortura y el asesinato de las mujeres. “Todo esto es continuo, y si es impune se reproduce”.

Una sociedad de iguales

Pero a pesar de esta situación, que se repite en muchos pueblos del mundo, Gargallo está convencida de que es posible erradicar el patriarcado, “pero no creo que sea una cosa que se logre sin educación, ni creo que es algo que se logre sin un sistema de justicia”.

Considera que cuando se logre erradicar el patriarcado los hombres van a estar mucho mejor.

Indica que hay momentos y sistemas que tienden a escuchar a las mujeres y por lo tanto a avanzar a políticas de mayor bienestar para ellas, y citó a Venezuela como uno de los países donde se han dado pasos muy importantes hacia una superación de las manifestaciones más brutales del patriarcado.

Sin embargo, recordó que también es cierto que el gobierno venezolano tiene enemigos: “Y si es un gobierno que asume el bienestar de la mujer como sus retos, puede ser que entonces haya un empeoramiento en grupos que atacan los logros revolucionarios”.

Feminismo desde el Abya Yala

Abya Yala es el nombre originario del continente americano, el cual fue dado por el pueblo kuna, que además es la primera etnia indígena que en 1953 tiene la autonomía de su región en Panamá.

Gargallo explica que “América es un termino totalmente colonial, es el nombre de un yuppie que se subió a un barco español, y entonces porque este niño sabía un poco de geografía, y porque era un privilegiado blanco, florentino, debemos cargar con el nombre de un continente que ya había sido nombrado por millones de personas desde sus culturas”.

Indicó que muchos pueblos originarios comenzaron a utilizar el nombre Abya Yala en sus encuentros, no solo para definir el continente, sino también para no limitarlo a la latinidad, que esconde las 607 lenguas no latinas que se hablan, y también para demostrar que “el nombre no puede ser dado por invasores”.

Pero también explicó que hay mujeres feministas, que para definir los feminismos que no son de cuña liberal, ni socialista, ni derivados de ideas políticas euro-occidentales, se llaman “mujeres del Abya Yala”.

“Entonces las mujeres del Abya Yala tienen múltiples formas de nombrar aquello que le sirve para construir políticamente una mejor vida”, detalló Gargallo, quien también asume que existen diferentes formas de ser feminista.

“Feminismo además es una palabra en castellano que remite a un movimiento internacional e internacionalista, pero de cuña occidental, de la resistencia a la exclusión de las mujeres en el reconocimiento de lo que es humanidad”. Una humanidad que la escritora considera falsa, y que se ha construido sobre un modelo masculino, que por lo tanto solo valora positivamente lo que hacen los hombres.

“Siempre he creído en la posición política de las mujeres cuando se reúnen entre si, para pensar su condición humana. Entonces pienso que el feminismo es una redefinición del mundo propiamente humano y no masculino-central”, expresó Gargallo.

Aclaró que si el feminismo es considerado como una ideología política que se deriva del liberalismo y el socialismo, entonces no podría existir en los pueblos del Abya Yala, ya que no son ni liberales ni socialistas, son comunitaristas, “son personas que se piensan desde otros sistemas políticos”.

Sin embargo, explicó que si el feminismo se entiende, desde la reducción al castellano, como cualquier sistema y organización política donde los sujetos mujeres buscan una mejora de sus condiciones, entonces se puede comprender que hay feminismos que parten de la posibilidad de recuperar sistemas completos y más benéficos a las mujeres que el sistema occidental.

En este sentido, Gargallo considera que en el continente existen diversas formas de acercamiento al feminismo: “Y estas formas, a su vez adquieren otras formas; la más simple, por ejemplo, las que construyen a través de su participación en colectivo para ser tomadas en consideración en su grupo”.

Señaló que esto hace muy difícil que estas mujeres confronten a los hombres dirigentes, lo que las convierte en feministas muy débiles y muy poco contundente en la búsqueda de la buena vida.

Asimismo, hay mujeres que están dispuestas a confrontar ciertas posiciones del grupo político de su comunidad, pero que no se dan a reconocer como feministas usando el termino en castellano porque identifican esa terminología con una política occidental, tendencialmente occidentalizante, de los comportamientos femeninos.

Acotó que también hay mujeres que, sea para obtener reconocimientos gubernamentales o porque han encontrado que hay grupos feministas que las pueden ayudar a mejorar sus condiciones, empiezan a usar el termino feminista, pero de una manera bastante institucional y pidiendo apoyo del Estado.

Finalmente Gargallo destaca el feminismo plenamente asambleario, que recupera el feminismo comunitario y la importancia de las mujeres dentro de la comunidad; “es un feminismo radicalmente indígena, que ha generado una serie de categorías y formas de concebir las cosas, como la idea cuerpo-territorio”.

Enfatizó que esta concepción es muy importante, ya que se expresa en la participación de las mujeres en defensa de las políticas del territorio: “Porque no pueden permitir la minería a cielo abierto, ni la explotación de los bosques, porque al mismo tiempo tocan una parte de su cuerpo. Al mismo tiempo exigen de su comunidad que no solo se defienda un bosque de una hidroeléctrica, olvidando defender el cuerpo de una mujer que es violado por un militar, un paramilitar o un agente de una transnacional”.

Explicó que las mujeres entonces tienen formas de organizarse para la buena vida, construidas en diálogos entre mujeres, de modo que esta buena vida redunde en la mejora de las condiciones de todo su pueblo.

Correo del Orinoco / Jeylú Pereda

http://francescagargallo.wordpress.com/?s=bordados
 http://www.minci.gob.ve/2013/08/francesca-gargallo-no-hay-sociedad-mas-antifemenina-que-la-capitalista/
file:///C:/Users/t2003/Downloads/Libro%20Bordando_baja%20para%20su%20impresi%C3%B3n%20para%20correcciones.pdf

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