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sábado, 14 de noviembre de 2015

Dolores Cacuango


Hemos hablado de Dolores Cacuango (1881-1971) en este blog, pero queremos sumar la aportación de la historiadora Raquel Rodas Morales que nos ayuda a conocerla mejor .

El retrato de Dolores, junto a los  de Rocafuerte y Alfaro,  forma parte del mural con el que el pintor Guayasamín engalanó el recinto principal de  la Asamblea Nacional. Los dos ex presidentes, Alfaro y Rocafuerte, son considerados forjadores de la nacionalidad ecuatoriana. ¿Lo es también Dolores?
Por supuesto. Dolores actuó durante las tres cuartas partes del siglo XX aunque su vida ni su muerte tuvo publicidad mediática. Sin embargo la suya no fue una vida vivida en el silencio.

Dolores Cacuango nacida en una parcialidad de Cayambe es la mayor líder indígena que ha tenido el Ecuador, hija de huasipungueros nació en la hacienda de Muyurcu propiedad de la orden mercedaria. Según la ley del concertaje los peones y sus familias estaban obligados  a permanecer en la hacienda,  a trabajar gratuitamente durante  doce horas, seis días a la semana, a concurrir al adoctrinamiento el día libre y estar dispuestos a satisfacer cualquier demanda en víveres o trabajo adicional que el patrón exigía. Todas las indias y los indios eran analfabetos y tenían un grado de desnutrición alarmante. A esas condiciones se añadían los castigos y la cárcel que recibían por cualquier leve motivo.
Dolores tenía 14 años cuando triunfó la revolución liberal y 27 cuando se dictó la Ley de Manos Muertas que revertía al Estado los bienes de las comunidades religiosas.  Los monjes fueron obligados a entregar a la Asistencia Social el juego de haciendas que poseían en Cayambe. Al dejar la propiedad engañaron a los trabajadores indígenas diciéndoles que les devolvían las tierras de sus antepasados.  Y ese fue el motivo que inició el 1918 la movilización indígena. Entre los cabecillas había muchas mujeres, entre ellas Dolores, todavía muy joven. El siguiente levantamiento ocurrió en 1931. Para entonces Dolores caracterizada por su rebeldía y coraje ya era una dirigente respetada de la zona de Muyurcu. Dolores empezó a comprometerse en forma total con las reivindicaciones indígenas. Puso especial énfasis en la defensa de las mujeres que trabajaban desde su niñez como servicias o huasicamas en la casa de hacienda: sin horario,  sin paga y expuestas a la lascivia de los patrones y de los empleados.  Dolores tenía los atributos que caracterizan a  los líderes auténticos: energía, fortaleza, claridad, empatía, comunicación fluida y firme. Tenía a su favor la palabra lúcida y vehemente, el don de convocar y convencer y el corazón receptivo a los clamores de la gente.
Sin conocer el término y sin usarlo nunca Dolores fue una pionera en la lucha por los derechos humanos en el Ecuador. Había vivido la pobreza extrema, el maltrato, la reclusión, el trabajo forzado, la extorsión, la falta de educación, el desalojo y el desarraigo, la muerte de sus ocho hijos por falta de condiciones de salud, la persecución, las amenazas de destierro y de muerte, la falta de libertad para desplazarse por su suelo. Nada de eso le hizo desistir de sus propósitos ni renunciar a la búsqueda de justicia o dejarse sobornar por cantidades de dinero que la hubieran sacado definitivamente de la pobreza. No. Todas esas provocaciones la mantuvieron íntegra, indeclinable, valerosa.
Dolores fue una transgresora y una dirigente excepcional. Dolores conjugaba en sí el dolor de los siervos y la altivez de los señores y señoras de la tierra porque era descendiente de cacicas.

Fue insumisa en su forma de comunicarse con los políticos mirándoles a los ojos y sin bajar la cabeza cuando les echaba en cara sus mentiras. Mujer desobediente que no aceptó el silencio como norma ni el fogón como trono. Que buscó el alfabeto cuando ya era mayor y a pesar de las cataratas en los ojos. Que habló con voz retumbante en las asambleas de los hombres. Que se inscribió en el Partido Comunista y fue parte de su Comité Nacional. Que atravesó de noche y sola los chaquiñanes y pajonales para repartir las volantes que instruían a los indios. Que durmió en la cueva de un oso para evitar que le apresaran. Que se burló de policías y militares tiznándose la cara y pasando por entre las patas de sus caballos. Que ayudó a formar los primeros sindicatos agrícolas y formular los pliegos de peticiones que involucraban reivindicaciones concretas e implícitamente apuntaban a desmoronar la estructura de explotación del régimen hacendario.
Dolores promovió infatigablemente la organización y las demandas de los indígenas Dolores luchó  por los derechos que les correspondían.
Derecho a la organización. Dolores fue la presidenta de la primera y secreta organización indígena que nació al amparo del Partido Comunista.  Cuando esta organización fue reconocida por el Estado, Dolores fue nombrada Presidenta de la Federación Ecuatoriana de Indios, FEI, sucediéndole a Jesús Gualavisí, líder indígena, también de la zona de Cayambe. El Estado tuvo que reconocer implícitamente la existencia de la sociedad multicultural. Dolores traspasó las fronteras patrias para llevar su palabra al Congreso Internacional de los Trabajadores de América Latina, reunido en Cali en 1944.
El derecho a la tierra fue otro reclamo fundamental en el discurso de Dolores. Apenas un retazo de esa tierra arrebatada  a los mayores cedían los hacendados –clérigos o civiles– a los trabajadores gracias a los cuales ellos incrementaban su poderío y sus fortunas. Y ese pequeño lote donde crecía la mazorca, la espiga y el tubérculo, siempre insuficientes para calmar el hambre familiar,  le fue arrebatada a Dolores y a treinta dirigentes más  que se rebelaron contra el patrón explotador. La recuperación de la tierra de los rebeldes duró quince años. Sesenta y tres veces vino Dolores atravesó las montañas, a pie desnudo y con un escaso cucayo para exigir la devolución de los huasipungos arrebatados. Para Dolores la tierra fue su objetivo principal. Porque un campesino sin tierra era un paria y un indio sin la tierra perdía su identidad. Por la tierra, Dolores y los sindicatos organizaron la primera movilización a la capital cuando miles de indígenas hicieron “temblar las calles” de Quito. En 1946 conquistaron los derechos laborales que exigían.  Más tarde Dolores luchó por la reforma agraria, por la redistribución de la tierra para que esta pasara a quien verdaderamente la trabajaba.

La educación indígena fue otro gran sueño de Dolores. Con la perspicacia que le caracterizaba entendió que el poder de los grandes señores no radicaba solo  en el dinero y los lujos sino en el conocimiento, en el peso de las leyes que dictaban,  por eso ella quería que los indios aprendieran a leer para analizar las leyes y los números para hacer bien las cuentas por su trabajo, frente a los patrones. Cansada de explicar a las autoridades que los niños indígenas también tenían el derecho de educarse decidió crear ella misma –a escondidas¬¬ y con la ayuda de la maestra normalista Luisa Gómez de la Torre–  las primeras escuelas bilingües, un experimento pedagógico de grandes alcances porque fueron también centros de preparación para el trabajo y de valoración de la cultura propia. Desde esa visión auténtica se puede afirmar que ella inició la educación intercultural en el Ecuador. De esos centros salieron los nuevos dirigentes sindicales.  Calificadas como focos de comunismo, las escuelas bilingües fueron clausuradas y destruidas por la dictadura militar de 1964.
El derecho a un salario justo fue un reclamo implícito en las sublevaciones y reclamos a patrones y autoridades. Dolores también abogó, exigió y logró el reconocimiento de un salario para el trabajo de las mujeres, especialmente de las ordeñadoras. Nunca fue ajena a la situación de opresión en que vivían las mujeres en las haciendas. Por ellas  exigió el derecho al buen trato y al respeto a sus cuerpos. “No queremos que indias sean violadas y nazcan hijos sin padres”, decía.
Derecho a la dignidad. Los reclamos indígenas concentraban un conjunto de derechos humanos como el derecho a la libertad, a la igualdad, a la solidaridad y al bienestar. Todos ellos componían el derecho a la dignidad, el derecho a ser vistos como seres humanos y a tener una calidad de vida decorosa. La presencia, la palabra, las ideas y la lucha de gran lideresa contribuyeron sin duda a cambiar la mentalidad de las mayorías respecto de la población indígena. El reconocimiento de la fortaleza, y de la valía del pueblo indígena flameaba en las consignas que Dolores improvisaba  en sus alocuciones públicas plenas de belleza y  sabiduría.   Esa Dolores temeraria y loca –como decían sus enemigos– nunca usó más armas que su discurso conmovedor, la arenga incisiva y su ejemplo de vida honesta y heroica. “Ternura y fuerza, nieve y fuego al mismo tiempo”. Cerca de Dolores otra líder de diferente personalidad estaba formándose. Sería su continuadora. Se llamaba Tránsito Amaguaña.   El crecimiento del movimiento indígena y su integración a la sociedad nacional era cuestión de tiempo.

Dolores Cacuango Quilo es un referente incuestionable. Su paso por la vida es un patrimonio histórico. Y es, sin ninguna duda, forjadora de la nacionalidad ecuatoriana.
Raquel Rodas Morales, Historiadora

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