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jueves, 22 de junio de 2017

Isabel Rosique Molina exiliada



Isabel Rosique Molina (Barcelona, 1926)

Nace en Barcelona, en el barrio de Gracia. Se cría en una portería junto a sus dos hermanos. Su padre, Bartolomé Rosique, es impresor, juez de paz, masón y militante de Esquerra Republicana en la Seu d’Urgell.

En julio de 1936, cuando se produce el golpe militar contra la Segunda República, el padre de Isabel se encuentra en Madrid. Isabel y sus hermanos son enviados a casa de un tío durante unos días. Al regresar a Barcelona recuerda ver caballos muertos tendidos en la Plaza de Cataluña. A finales de 1936 Bartolomé acude a un congreso en París y lleva allí a Isabel, que permanece en Francia en casa de unos amigos de la familia con la idea de que aprenda francés y posteriormente pueda viajar a Francia el resto de la familia y evitar el conflicto bélico. En marzo de 1937 Isabel regresa a Barcelona y se reúne con el resto de la familia que entonces vive en las Escuelas Pías, en Sarriá. Bartolomé trabaja entonces para el Socorro Rojo Internacional. Isabel acude a un colegio montado por cuáqueros ingleses en Pedralbes.

Una madrugada de comienzos de 1939 el padre de Isabel llega del frente y les dice a todos que deben marcharse. Han de recorrer 26 kilómetros a pie. Para animarles a hacerlo, Bartolomé  les va tirando durante el trayecto una pelota a Isabel y sus hermanos que estos van recogiendo. Luego consiguen que un camión les lleve hasta Figueres. Durante el trayecto, tienen que esquivar un ataque de aviones que les ametrallan. En Figueres pasan dos días en las oficinas del Socorro Rojo Internacional, tras los cuales parten bajo la lluvia y el frío hacia La Junquera. Llegan a la frontera al amanecer. Allí les tienen formados bajo la lluvia hasta las cuatro de la tarde. Cuando por fin atraviesan la frontera son conducidos a unas instalaciones de la Cruz Roja donde son vacunados. De allí son trasladados a una estación de ferrocarril donde toman un tren rumbo a Donzy. Allí permanecen en un centro para refugiados.

El padre de Isabel queda internado en el campo de concentración de Argelés-sur-Mer hasta que el prefecto de Perpignan consigue sacarle y llevarle a Macon. Consigue traer a su familia junto a él y permanecen allí hasta que con la ayuda del prefecto de Perpignan consiguen pasajes para embarcar en el Sinaía. El barco parte de Séte a finales de mayo de 1939. Desde Séte hasta Gibraltar son perseguidos por buques de guerra españoles. Al atravesar el estrecho de Gibraltar el escritor Antonio Zozaya lee al resto de los pasajeros un discurso de despedida de España que Isabel todavía recuerda. En el barco ella y su madre duermen en la parte de arriba con más mujeres y el padre y los dos hermanos en las bodegas. Recuerda que con ellos viaja la Orquesta Madrid que todas las noches toca para los pasajeros. El 13 de junio llegan a Veracruz. La primera noche tienen que dormir en un barco. Después toda la familia es enviada a Ciudad de México donde reciben ayuda del SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) para poder alojarse en un hotel. El SERE monta un comedor para alimentar a los refugiados. Allí trabajan las mujeres refugiadas por turnos. Pasado un tiempo los padres de Isabel conocen a un matrimonio mexicano que también eran masones con los que traban amistad y que les ayudan a instalarse en un piso.

Isabel pasa temporadas viviendo en casa de Dora Pascual Monje, conocida como la maestra Dorita, refugiada española que llega a ser un referente importante para el exilio republicano en México. Durante esos años Isabel estudia en el Ruiz de Alarcón,  el Colegio Madrid y el Instituto Hispano. A los quince años deja los estudios, debido a que su madre por motivos médicos se ve obligada a dejar de trabajar. Ella comienza entonces a trabajar para ayudar económicamente al sustento familiar. Trabaja primero como envolvedora y luego de cajera. A los dieciocho años se casa con un ciudadano mexicano y suspende su actividad laboral. Tiene cinco hijos. En 1972 vuelve a trabajar, durante quince años más, en una tienda de muebles.

Uno de sus hijos, estudiante de filosofía, es uno de los cabecillas de las revueltas de 1968 en las que el gobierno mexicano reprime con extrema violencia las protestas estudiantiles. Isabel logra sacar a su hijo de México y mandarle para España donde permanece un tiempo tras el cual marcha a Italia. En 1976 Isabel marcha a Italia a visitar a su hijo. Después viaja a España por primera vez desde que partió hacia el exilio. Allí descubre con indignación que sus sobrinos desconocen que tienen familiares en México.

Afirma sentirse en su tierra cuando regresa a España pero no puedo evitar extrañar México cuando lo hace, y extrañar España cuando está en México. Lamenta que la iglesia siga teniendo tanto poder en España, y que la justicia española se haya negado a investigar los crímenes del franquismo.





Palabras de Isabel Rosique Molina

Buenas tardes: Estar aquí ante ustedes con algunos compañeros de viaje y con otros, los más, descendientes de aquellos que durante veinte días estuvimos juntos en “el barco de la esperanza”, en el Sinaia, es recordar muchas cosas; cosas que por supuesto no alcanzaría a platicar en este breve espacio con el que me han distinguido.

Recuerdo la tristeza de mis padres, sacudidos por la tragedia de la guerra civil, el derrumbe de nuestra República, la azarosa huida a pie desde Barcelona a finales de enero de 1939 hasta la frontera francesa, perseguidos por la aviación franquista, el encierro de mi padre en el campo de concentración de Argèles, el accidentado abordaje del Sinaia en el puerto de Sèt, la incierta travesía, mi madre que arrojó al Atlántico su paraguas Chamberlain “porque México era un desierto y no lo iba a necesitar”… Recuerdo los juegos infantiles (yo tenía doce años y mis hermanos diez y ocho años), la alegría de la Banda Madrid, las veladas literarias, las pláticas y la construcción de las amistades. Recuerdo la llegada del barco a la bahía de Veracruz el día 12 de junio, el tiempo de espera antes de bajar al día siguiente, de pisar tierra mexicana hasta que acudieran las autoridades mexicanas y el presidente de la república española, Juan Negrín, para darnos la bienvenida, para darnos vida y esperanza.

Por supuesto que el Puerto de Veracruz era otro, el muelle, también; sin embargo, el color del cielo, el mar, y los afectos de la gente siguen igual, siguen siendo la voluntad de los mexicanos por cobijarnos, y compartir un pedazo de ellos, para que todos juntos lo trabajáramos. Y así, desde hace 75 años hemos estado aquí, luchando hombro con hombro, transformándonos en mexicanos completos, a través de nuestros hijos, de nuestros nietos y bisnietos, sin olvidar jamás de dónde venimos, cómo venimos y por qué luchábamos y seguimos luchando.

Nuestros primeros pasos en México (el país donde las ilusiones monárquicas acabaron en el Cerro de las Campanas) fueron aquí, en este lugar donde hoy dejamos como testimonio de ese doloroso exilio una placa que da cuenta del hecho para recuerdo de todos, para el futuro, para recordar la bonhomía y la generosidad del pueblo mexicano y de su presidente Lázaro Cárdenas, y la certeza de que con todo y la trágica derrota que sufrimos por las armas del fascismo internacional, la razón nos asistía y hoy España, de donde vinimos, levanta la voz para confirmarla.

¡Viva la República española!

¡Viva México!

¡Viva el referéndum por la democracia republicana!

Muchas gracias

Veracruz, Ver., 13 de junio de 2014.





A sus 88 años, Isabel Rosique Molina ha vuelto muy cerca del lugar en el que hace tres cuartos de siglo la historia desembarcó con ella. Allí, en un muelle que ahora ocupa una gigantesca estructura de hormigón, fue donde el 13 de junio de 1939, a eso de las cinco de la tarde, finalizó la travesía del Sinaia, un buque de vapor que transportó hasta México a 1.599 refugiados españoles que huían de la represión franquista y de los campos de concentración franceses. Ese día acabó el viaje, pero dio comienzo una leyenda del exilio republicano, un símbolo que abrió la puerta a otras muchas travesías y que ayer fue conmemorado por los supervivientes. Para celebrar el 75 aniversario destaparon una sencilla placa de agradecimiento a México y Veracruz. El acto, en el que participaron con palabras vigorosas las autoridades mexicanas, fue breve. Aunque hubo aplausos y vivas, algunos exiliados del Sinaia lloraron, otros simplemente se quedaron mirando el vacío. Se respiraba entre ellos una España que en España queda lejos, pero que en tierras mexicanas aún vibra con fuerza: la que representó la República.

- ¿Es usted republicana?
- A muerte. Fíjese que el otro día hasta me puse a llorar al ver la manifestación en la Puerta del Sol de Madrid.

Isabel Rosique acaba de liberar una enorme sonrisa. La mujer, un torrente de energía con cinco hijos, siete nietos y tres bisnietos, no olvida. A la edad de 12 años se subió con su familia al barco en el puerto francés de Sète. La navegación duró 18 días. Luego vino el resto de la vida. Pero ella nunca ha abandonado del todo aquel buque. Su padre, cajista del periódico barcelonés Última hora y afiliado a Esquerra Republicana, murió en México sin poder volver a España. Tampoco logró hacerlo su madre. E Isabel, tras una existencia plena, quiere ahora que sus cenizas se esparzan en las aguas que siente más cercanas, las de Veracruz. “Con suerte llegarán a España”, dice en voz más baja.

Isabel Rosique, como Juan Atilano, Carlos Rodríguez Núñez, Néstor de Buen, Regina Díez Martín o Aida Pérez Flores-Valdés poseen casi todos la doble nacionalidad, aunque se declaran más mexicanos que españoles. Tienen presente que fue esa tierra la que les recibió con los brazos abiertos en tiempos de derrota. Y que lo hizo sin tapujos.

La decisión correspondió al presidente Lázaro Cárdenas, el mismo que había expropiado un año antes el petróleo a las multinacionales estadounidenses y británicas. Aunque hubo algún antecedente, como el episodio de los niños de Morelia, en 1937, el visto bueno al Sinaia representó una clara apuesta política de México por la causa republicana en una hora de pasividad general. Una línea maestra que mantuvo hasta el 28 de marzo de 1978 cuando, ya asentada la democracia en España, se restablecieron las relaciones diplomáticas


La expedición, la primera de una larga serie, se organizó con ayuda del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, controlado por el Gobierno republicano. El 25 de mayo, con un pasaje que duplicaba su capacidad , zarpó el buque. Atrás dejaba un continente que la barbarie nazi estaba a punto hacer estallar.

La vida a bordo fue recogida en un documento excepcional: una publicación editada en ciclostil bajo la cabecera Sinaia, diario de la primera expedición de republicanos españoles a México. En sus páginas, dirigidas por el periodista y escritor Juan Rejano, tienen cabida noticias relevantes de aquellos días, piezas didácticas sobre la tierra de acogida, análisis de alto voltaje político y loas descaradas a Cárdenas. Pero también se reproduce el microcosmos del barco y sus 307 familias. Ahí se habla de idilios surgidos en la inmensidad del Atlántico, del nacimiento de la niña Susana Sinaia Caparrós o de la vuelta a la humanidad que experimentaban muchos pasajeros tras abandonar los humillantes uniformes de los campos de concentración.

En aquellos días, Julián Atilano era un chico de 12 años que correteaba por la cubierta del Sinaia y, cuando nadie le veía, se metía en los botes salvavidas a comerse galletas. Han pasado 75 años y recuerda ese tiempo con un punto de tristeza: “Hubo un momento imborrable cuando pasamos por delante del Peñón de Gibraltar e íbamos a dejar definitivamente atrás España. Algunos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Madrid que viajaban en el barco se pusieron a interpretar Suspiros de España. Ahí sentimos que no había retorno”.

El diario, a lo largo de sus 18 entregas, desgrana una faceta de la vida a bordo que hizo del exilio republicano un referente latinoamericano: su poderío intelectual. Los conciertos, las conferencias, las lecturas poéticas, los debates profesionales se sucedían. El poeta Pedro Garfias (“España que perdimos, no nos pierdas”, escribió en la travesía), los filósofos José Gaos y Adolfo Sánchez Vázquez o el escritor Manuel Andújar, entre otros muchos intelectuales se habían sumado a aquella aventura. “Franco habló del oro robado por la República, pero se le escapó que el mayor tesoro lo transportaba el Sinaia”, afirma la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara.

Al descender del buque, esperaban a los exiliados cerca de 20.000 personas. A los supervivientes ese recuerdo se les ha quedado grabado. “Yo, que de México no sabía más que lo que había visto en un noticiero sobre la extracción del pulque, me encontré un puerto lleno de banderas, pancartas y aplausos. Nos querían”, recuerda Rosique. El enviado del Gobierno mexicano se refirió a los recién desembarcados como “exponentes de la causa imperecedera de las libertades del hombre”.
Después del Sinaia arribaron con la misma carga otros muchos buques como el Ipanema o el Mexique ; el último fue el Nyassa, en 1942. A lo largo de esos años, desembarcaron unos 25.000 exiliados republicanos. Su huella se hizo sentir. Fundaron centros educativos de gran influencia como el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives y la Academia Hispano-Mexicana. Germinaron en la universidades y en el campo de la cultura y la ciencia. “Fueron un movimiento de transterrados, como ellos mismos decían, se fundieron en la tierra que les recibió”, explica Carmen Tagüeña, presidenta del Ateneo Español de México, organizadora del aniversario.

En un mundo en llamas, el Sinaia corrió otra suerte. El 22 de agosto de 1944, el buque de vapor de 122 metros de eslora fue hundido por los nazis frente al puerto de Marsella. Dos años después, acabada la guerra, fue reflotado y desguazado. Una pequeña placa junto al puerto de Veracruz da las gracias desde ayer a México por hacer posible su travesía.
SAÚL RUIZ





Fuentes:
http://www.javilarrauri.com/exiliadas/exiliadas.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/14/album/1402753764_332608.html
http://www.ateneoesmex.com/inicio/2707/eventos
Entrevista a Isabel Rosique, 9 de marzo de 2012. México DF.
Portal Movimientos Migratorios Iberoamericanos de la Subdirección General de los Archivos Estatales del Ministerio Cultura de España. (http://pares.mcu.es/MovimientosMigratorios).

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HH

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