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lunes, 23 de julio de 2018

Nina Berbérova escritora


Nina Nikoláyevna Berbérova ( San Petersburgo, 26 de julio de 1901 -Filadelfia, Estados Unidos, 26 de septiembre de 1993) fue una escritora rusa famosa, entre otras cosas, por narrar la vida de los exiliados rusos en París.

Hija única de Nikolái Ivánovich Berbérov, funcionario del Ministerio de Finanzas y de Nataliya Ivánovna Karaúlova, su historia como escritora comienza en Berlín, más tarde en París y luego en Estados Unidos como describe en su autobiografía "Kursiv moi", (Курсив мой, El subrayado es mío) publicada en 1957.

Vivió en París desde 1925 a 1950, año en que se estableció en Estados Unidos, donde trabajó para las universidades de Princeton y Yale.

Murió el 27 de septiembre de 1993 por complicaciones tras una caída.




Confieso que he vivido



  Por Juan Forn

El descubrimiento de Nina Berberova fue tan tardío que casi es póstumo: a fines de 1989, el francés Hubert Nyssen, director de la coqueta editorial Actes Sud, recibió de manos de una señora mayor una “traducción confidencial” de una nouvelle rusa. Después de devorar esas cien páginas (La acompañante) avisó a la señora mayor que quería publicar enseguida el libro, dando por supuesto que la autora ya habría muerto. Para su sorpresa, la autora no sólo vivía (jubilada de su puesto como docente en la Universidad de Princeton) sino que prefirió trasladarse ella misma a París, en lugar de recibir a Nyssen en su casita del campus de Princeton. Un par de meses después, en el Café de la Mairie, en la Plaza Saint-Sulpice de París, Nyssen conocía a Nina Berberova, se convertía en el editor de toda su obra y la convertía de la noche a la mañana en una autora de fama mundial. Berberova había esperado toda su vida ese momento. Tenía ochenta y ocho años y le quedaban cuatro de vida.

Veinticinco años antes, en un departamentito perdido de New Haven, Berberova había puesto punto final al último de los libros que escribiría (su autobiografía, su mirada al siglo, titulada Los subrayados son míos). En la última página citaba dos versos del poeta ruso Jodasievich, el gran amor de su vida, y cerraba el libro diciendo: “En la época en que fueron escritos esos versos yo creía que llegaría a ser alguien, pero no he llegado a ser nadie: sólo he llegado a ser”. Cien páginas antes, cuando se entera de que su amiga, la extraordinaria Marina Tsvetáieva, se ha ahorcado luego de haber vuelto a Rusia, escribe, a modo de epitafio: “Siempre cedió a la tentación de encarnar personajes inventados: a veces la poeta maldita e incomprendida, otras veces la madre y esposa abnegada, o la amante de un joven efebo, o la que cantaba las glorias de un ejército derrotado, o la eterna discípula, o la amiga apasionada. Sumergida en esos personajes y otros más, escribió poemas inspiradísimos, pero no consiguió nunca adueñarse de sí misma, darse forma, conocerse”.

Se sabe que es más fácil ser certero observando la vida ajena que la propia. Se sabe también que solemos decir las cosas más certeras sobre nosotros mismos cuando creemos estar hablando sobre los otros. Nina Berberova quiso toda su vida adueñarse de sí misma, darse forma, conocerse. Lo demuestra en ese libro supuestamente autobiográfico, donde en realidad habla mucho menos sobre sí que sobre las personas que conoció y la época que le tocó vivir. No es casual la doble consigna que rigió la escritura de ese libro (y no es casual tampoco que fuera el último de sus libros): ser absolutamente sincera pero preservar su vida personal (“Asumo plenamente lo que aquí se dice. Y también lo que se silencia”). Lo que hace tan extraordinaria su autobiografía es que sea la historia de alguien que quería llegar a ser alguien y sólo (¿sólo?) llegó a ser.

Berberova nació en 1901, en una familia de gentilhombres, parte armenia y parte ranciamente rusa (cuando andaba distraído por la casa, su padre solía recitar para sí unos versos de Pushkin que le habían machacado durante todos sus años de estudio en el Liceo de Moscú: “Eres un cobarde, eres un esclavo, eres un armenio”). Cuando Berberova era adolescente, el padre le anunció así el advenimiento de la Revolución de Octubre: “Ya verás, los elefantes pronto vendrán por tus hebillas de marfil y las tortugas por tus peines. Llegarán en busca de lo que les pertenece y les hemos quitado”.




Llegaron, efectivamente, pero no eran tortugas ni elefantes. Y la jovencita que “sólo conocía a los pobres a través de mis lecturas” descubrió que no tenía la menor idea de cómo ganarse el pan con el sudor de su frente, ni abrirse paso a codazos en los comedores comunitarios por su ración y su cuchara de latón, ni coser botas de fieltro, ni despiojarse, ni hacer pan con cáscaras de papa. Al principio pensó: “Esto no me concierne; es problema de los aristócratas, de los banqueros, de los funcionarios. Yo tengo dieciséis años y soy nada”. Pero en pocos días se dio cuenta de que lo que pasaba era exactamente lo que ella (y sus emancipadas compañeras de escuela y recitales de poesía) habían deseado a viva voz: que ya no hubiera zar, que Rusia respondiera por sí misma frente a su destino.

Esa será la primera diferencia entre Berberova y sus compañeros de emigración, en Berlín primero, luego en París, y más tarde en Estados Unidos: ella siguió culpando al zar, y no sólo a los bolcheviques, por lo que ocurría en Rusia. Admiradora ferviente de Blok y Maiacovski, cortejada en vano por Gumiliev (primer marido de Ajmátova y cabecilla de los poetas acmeístas), Berberova no abandonó su patria junto a las oleadas de rusos blancos en 1917: lo hizo, junto a Jodasievich, recién a fines de 1922, cuando a ambos se les hizo evidente que Lunacharski, el cosmopolita comisario de las artes soviéticas, no podría detener las purgas políticas que se avecinaban (“Aún no conocía el sabor a ceniza en su boca. Aún poseía una patria, una ciudad, una profesión, un nombre”, dirá años después de Jodasievich, en uno de sus últimos poemas de juventud).

En París, bajo la tutela de Jodasievich y sus amigos (Viktor Sklovski, Andrei Bieli, Marina Tsvetáieva, Roman Jakobson, Nikolai Berdiaev), Berberova aprendería a leer y a pensar. También se le haría evidente la diferencia entre su generación y la de Jodasievich: a los mayores de treinta les resultaba imposible escribir fuera de Rusia. De hecho, tanto Sklovski como Bieli y Tsvetáieva terminarían volviendo. Jodasievich, en cambio, le propuso a Berberova que se suicidaran juntos. Ella prefirió trabajar por los dos, escribiendo cuanto podía en las tres publicaciones menos reaccionarias de la emigración (Anales contemporáneos y Los días) y firmando con el nombre de Jodasievich para cobrar mejor las colaboraciones.

Al enterarse de la situación de Jodasievich (definido más tarde por Nabokov como el mejor escritor de la emigración y la mejor persona entre todos los escritores que conoció en su vida), Gorki invitó a la pareja a su cómoda casa en el sur de Italia. En Sorrento, Jodasievich recuperó las ganas de vivir, entre otras razones por los episodios involuntariamente humorísticos que ocurrían en torno de Gorki. Berberova trabajaba de traductora para su anfitrión. Gorki se carteaba con Romain Rolland en aquel tiempo. Un día llegó una carta del francés y Gorki le pidió a Berberova que se la leyera. “Querido amigo y maestro –tradujo ella–, he recibido su carta que exhala el olor de las flores y las plantas aromáticas. Leerla ha sido como pasear por un lujurioso jardín deleitándome en las sombras mágicas y los rayos de luz de sus pensamientos que me transportaron al cielo de la meditación...” Gorki se empezó a mosquear. “¿Pero qué dice este hombre? Yo le pedí algo concreto: la dirección de Panait Istrati.”

Por la noche, el viejo escritor le entregó a Berberova la respuesta para que la tradujera al francés. Decía: “A lo largo de los últimos cien años el mundo camina hacia la luz y sólo quienes avanzan son dignos de recibir el nombre de hombres, entre ellos en lugar destacado nuestro común amigo Panait Istrati, a quien usted, querido amigo y maestro, se refería en una de sus cartas y cuya dirección le ruego encarecidamente me envíe en cuanto pueda contestar esta carta”.

El retorno de Gorki a Rusia y la noticia posterior de su muerte terminaron de hundir a Jodasievich. Berberova comprendió que no podría mantenerse a su lado sin ser arrastrada en la caída, así que, luego de dejarle preparado un borscht para tres días, hizo sus valijas y se instaló en una buhardilla de Billancourt, el barrio proletario en las afueras de París donde estaba la fábrica Renault.

Allí empieza a escribir sus Crónicas de Billancourt, estampas de la vida cotidiana del “París ruso” que se publicaban semanalmente en el diario Ultimas Noticias de la emigración. Contaba historias como la de los veteranos del Ejército Blanco que trabajaban en la Renault (en aquel tiempo, uno de cada cuatro obreros de la fábrica eran ex soldados del zar, que se caracterizaban por tres cosas: su salud de hierro, su insólita sumisión a la policía y su negativa a sumarse a cualquier huelga que organizara el sindicato). O la de la Asociación de Ex Francesas, un grupo de institutrices que volvieron arruinadas a París después de la Revolución (habían invertido todos sus ahorros en rublos zaristas) y pasaban las tardes en torno de un samovar, recordando los viejos tiempos. O la historia de Alexei Remizov, secretario de la revista Problemas de vida, quien en lugar de asistir a las reuniones de redacción prefería quedarse en la habitación contigua, donde acomodaba en círculo los zuecos y galochas de los miembros del comité, se sentaba en el centro y oficiaba una reunión paralela hablando con los zapatos de sus compañeros de revista (sin embargo, cada vez que había un estreno de Stravinski, ahí estaba Remizov en primera fila, poniendo el pecho por su amigo y compatriota).

En su nueva vida, Berberova decidió tomarse un respiro de los clásicos rusos y se sumergió en los libros de sus contemporáneos: Kafka, Proust, Mann, Gide, Huxley, Woolf, Colette... Así descubrió el problema de su literatura y la de sus compañeros de emigración: “No nos faltaban argumentos que contar pero nos asfixiábamos debido a la incapacidad de crear un estilo capaz de expresarlos”.

Curiosamente, esos mismos textos que en su autobiografía Berberova ve como impostados, mórbidos y ajenos (La acompañante, La peste negra, Roquenval) serán los primeros que quiera publicar cuando conozca a Hubert Nyssen en 1989. De hecho, la fascinación inmediata que produjo Berberova en toda Europa a principios de los ‘90 la logró con sus peores libros: tanto las Crónicas de Billancourt como su libro sobre el caso Kravchenko y su autobiografía aparecerían con posterioridad (aunque la autobiografía era el único de los libros de Berberova que estaba traducido y publicado en inglés y en muy pequeña tirada cuando ella viajó a París a su postergada cita con la fama).

Cuando un ruso blanco recién salido del manicomio (“y deseoso de llamar la atención sobre su miserable destino”, según Berberova) asesina a tiros a Paul Doumer, el presidente recién electo de Francia, la situación de los emigrados rusos comienza a hacerse insostenible: no sólo se les niega la ciudadanía sino también la posibilidad de trabajar. “¡Qué hartos están todos de nosotros!”, escribe Berberova en su diario y acepta la propuesta de matrimonio de un compatriota suyo con quien se instala a vivir en el campo, en la localidad de Longchêne. Allí verá pasar el fin de los años ‘30 y toda la guerra, dando cobijo cuando puede a los amigos que vienen huyendo de Berlín, de Praga, de París. “Me pregunto cómo conseguimos sobrevivir durante aquellos años. No deseábamos leer libros nuevos ni releer los viejos. Escribir nos producía una mezcla de miedo y repugnancia. Sólo teníamos un deseo: escondernos y callar.”

En 1940, antes de que los nazis entren en París, Berberova conoce a un escritor de su misma generación, emigrado como ella, que firma sus libros “V. Sirin” para que no lo confundan con su padre, el político ruso asesinado en Berlín Vladimir Dimitrievich Nabokov. La empatía es absoluta y pasan horas hablando de literatura rusa, comiendo blinis y bebiendo vodka en el restaurante L’Ours (con los francos que le han dado a él como anticipo por su novela La dádiva), hasta que Berberova comenta: “Pushkin se hubiera vuelto loco con Dostoievski. Dostoievski se hubiera desconcertado con Chejov. Y los tres nos despreciarían y se hubieran asqueado de nuestra degradación”. Nabokov se pone blanco, se levanta de su silla y, sin decir una sola palabra, abandona el restaurant (luego de pagar la cuenta al camarero).

Quince años después, en Nueva York, Berberova vuelve a verlo. Nabokov ya ha publicado Lolita, es rico y famoso, asiste algo incómodo a una velada rusa en el departamento de Alexandra Tolstoi, la hija menor del autor de Guerra y Paz. Nabokov ha engordado, presenta una avanzada calvicie y simula una miopía para no tener que reconocer a quienes se acercan a darle conversación. En determinado momento Berberova cree que la está mirando. Ella lo saluda con una inclinación de cabeza. El responde desde lejos, pero con un movimiento tan exangüe y difuso “que no tengo la menor certeza de que estuviera dirigido a mí”, dice Berberova en su autobiografía.

Aun así, Berberova escribió un breve libro sobre él, titulado Nabokov y su Lolita y recientemente aparecido en castellano, donde desarrolla una interesante teoría. Berberova (que, a diferencia de Nabokov, debió aprender sola, primero el francés y luego el inglés, para poder sobrevivir en Francia y Estados Unidos) no dejó nunca de escribir en ruso. Sin embargo, en su defensa de Nabokov dice que los grandes libros de nuestra época no son nacionales y no importa en qué lengua están escritos: Nabokov, según ella, no es menos ruso en Ada o Habla, memoria porque los haya escrito en inglés. Nabokov, según ella, es el escritor que justifica literariamente a toda la emigración. Si Nabokov vive, yo también, dice Berberova, parafraseando la frase de Dostoievski sobre Tolstoi.

Vale aclarar que Nabokov y su Lolita fue escrito por Berberova cuando ya se había ganado su cátedra de literatura rusa en Princeton. Pero antes debió penar más de una década, después de llegar al puerto de Nueva York con sólo setenta y cinco dólares en el bolsillo y sin saber una palabra de inglés. Hay dos momentos de su autobiografía tan formidables como ilustrativos de ese momento y de la actitud ante la vida de Nina Berberova. El primero de ellos ocurre apenas terminada la guerra. Berberova se encuentra en París con una conocida rusa de los viejos tiempos, que le dice: “¡Has sobrevivido!”. Y agrega: “Por algo será”. Berberova entonces se pregunta: “¿Fue en ese instante cuando la idea de escribir este libro cruzó mi mente por primera vez? No lo sé. Pero sí sé lo que pensé en ese instante: Tienes que vivir como si fueras la única persona en el mundo que ha sobrevivido”.

El segundo momento tiene lugar cuando llega en barco a territorio norteamericano, y un médico la revisa antes de dejarla entrar. Es el año 1950 y Berberova ya ha cumplido cuarenta y nueve. El médico le pregunta (en francés) cómo están sus órganos genitales. En su sitio, contesta ella. ¿Y su ciclo menstrual? “Cuando existía me hacía la vida muy agradable: cada vez que lo tenía me sentía renacer. Pero cuando se acabó no ocurrió nada desagradable: menos preocupaciones.” El médico, tan sorprendido como interesado, le pide si puede extenderse en su última observación. “No, doctor; nos llevaría demasiado tiempo.” ¿Y si le pidiera que pronunciara una breve exposición sobre el tema ante una comisión científica?”, pregunta el médico. “Estaría encantada de servir a la ciencia, pero en estos momentos ni mi cabeza ni mi inglés están para exposiciones.” “¿Aunque la exposición la hiciera yo y la presentara a usted para ratificar mis argumentos?”, insiste el médico.

Entonces Berberova escribe: “Dirigí la mirada más allá de sus cabellos cortados a cepillo y le dije que estaba a punto de ver llover por primera vez en América. Era un buen hombre, gracias a Dios no insistió. Selló mi documento y me dejó franquear la puerta. No recuerdo si estaba cerrada o entreabierta. Sólo recuerdo que la franqueé”.






http://www.lecturalia.com/libro/97067/la-resurreccion-de-mozart
http://book-center.kiev.ua/?page=book&id=7524
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3275-2008-12-10.html
https://twitter.com/libroszorrorojo/status/629951439582814210
https://es.wikipedia.org/wiki/Nina_Berb%C3%A9rova
https://readingsinnorth.wordpress.com/2017/04/25/adoptaunaautora-obras-en-castellano-de-nina-berberova/

https://www.todocoleccion.net/libros-segunda-mano-biografias/nina-berberova-subrayado-es-mio-nina-berberova-editorial-circe~x62031868
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domingo, 22 de julio de 2018

Mary Shanthi Dairiam experta en derechos humanos de las mujeres




Mary Shanthi Dairiam (17 de septiembre de 1939)  es una abogada  de Malasia experta en derechos humanos y  derechos de las mujeres de las Naciones Unidas  (ONU). Es miembro de la Organización de Ayuda a la Mujer (WAO). A mediados de la década de 1980, participó en el cabildeo para la promulgación de la Ley de Violencia Doméstica (que finalmente fue aprobada por el parlamento en 1994). Desde 2004 ha servido en el Grupo de Trabajo de Igualdad de Género de las Naciones Unidas  y en el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer.  De 2004 a 2008, también fue miembro del comité de la CEDAW de la ONU , dentro de la cual fue nombrada Relatora en enero de 2007.

En 2010, Dairiam fue designado como uno de los tres expertos de la ONU para dirigir una investigación sobre la respuesta de la armada israelí a la flotilla de Marmara que buscaba romper el bloqueo de Gaza . 

Dairiam es la fundadora y actual directora de International Women's Rights Action Watch - Asia Pacific, una organización sin animo de lucro,dedicada a la implementación de la Convención de la CEDAW .

Ahora es considerada como una experta en Cedaw y brinda servicios técnicos a varios gobiernos en la región de Asia Pacífico para desarrollar capacidades para la implementación de Cedaw. El libro de Shanti, El derecho de una mujer a la igualdad: la promesa de Cedaw, fue lanzado  en la conferencia Beijing +20 en Bangkok, Tailandia.




http://www.toxipedia.org/display/wanmec/Mary+Shanthi+Dairiam
https://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Shanthi_Dairiam
http://www2.ohchr.org/english/bodies/cedaw/docs/memberscv/MaryShanthiDairiam.pdf

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sábado, 21 de julio de 2018

Helen Brooke Taussig cardiología pediátrica



Helen Brooke Taussig (24 de mayo de 1898 - 20 de mayo de 1986) fue una cardióloga estadounidense que trabajó en Baltimore y Boston, fundadora del campo de la cardiología pediátrica.

En particular, es reconocida por el concepto de un procedimiento que extendería la vida de niños nacidos con Tetralogía de Fallot, patología conocida como «síndrome del bebé azul».El procedimiento, aplicado y puesto en práctica se conoce como maniobra de Blalock-Taussing, y fue desarrollado por los doctores Alfred Blalock y Vivien Thomas, colegas de Taussig en el Hospital Johns Hopkins.


Helen Taussig nació en Cambridge, siendo su padre el economista de Harvard Frank W. Taussig, y su madre Edith una de las primeras estudiantes del Radcliffe College. Su madre murió cuando Taussig tenía siete años de edad. Durante sus primeros años en la escuela debió luchar contra una severa dislexia, superada a costa de gran esfuerzo y apoyo de su padre.

Se graduó en la Cambridge School for Girls en 1917, y luego estudió dos años en Radcliffe antes de obtener un diploma de bachiller de la Universidad de California. Más tarde estudió al mismo tiempo en la escuela médica de Harvard y en la Universidad de Boston, antes de obtener su posgrado en cardiología en la Universidad Johns Hopkins.


Taussig realizó una extensa investigación en anoxemia, o síndrome del bebé azul, que le llevó a diseñar un procedimiento pionero en cardiología pediátrica denominado maniobra Blalock-Taussig. El procedimiento fue aplicado por primera vez por Taussig y el Dr. Blalock en un paciente de once meses el 29 de noviembre de 1944.

En 1947 escribió el libro Congenital Malformations of the Heart (Malformaciones congénitas del corazón) que llegó a convertirse en imprescindible  para los médicos que habían elegido la especialidad de cardiología pediátrica . En 1957 recibió el premio Albert Lasker por investigación en medicina clínica. En 1959 fue una de las primeras mujers en obtener una cátedra titular en la Universidad Johns Hopkins.


También fue una de las primeras en advertir a la Administración de Drogas y Alimentos sobre los peligros de la Talidomida, luego de estudiar niños europeos nacidos con focomelia a causa de esa droga.

En 1964 Lyndon Johnson le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad, y en 1965 se convirtió en la primera mujer presidente de la Asociación Americana del Corazón. En 2005, la Universidad Johns Hopkins designó en su honor al Centro de cardiología pediátrica Helen B.Taussig,​ y en 2005 la escuela de medicina de la universidad bautizó una de sus cuatro facultades con su nombre.

Sufrió sordera durante los últimos años de su carrera, por lo que debió aprender lectura labial para escuchar a sus pacientes, y a utilizar sus dedos en lugar de estetoscopio para sentir el ritmo cardíaco de los enfermos.

En la película de HBO del año 2004 Something the Lord Made, la doctora Taussig fue interpretada por Mary Stuart Masterson.

Distinciones
Caballero de la Legión de Honor, Francia. 1947
Premio Feltrinelli, Roma. 1954
Premio Albert Lasker. 1954
Medalla Presidencial, Perú. 1968
Medalla de la Libertad, Estados Unidos. 1964
Medalla Nacional de Ciencias, Estados Unidos. 1977

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viernes, 20 de julio de 2018

Salvadora Medina Onrubia narradora, poeta, anarquista y feminista


Salvadora Medina Onrubia (1894 -  20 de julio de 1972) fue una narradora, poeta, anarquista y feminista nacida en Argentina en 1894 en La Plata, Argentina y fallecida en 1972 en Buenos Aires.

A los 15 años abrazó la causa del joven anarquista llegado de Rusia, Simón Radowitzky. Luego de que este asesinase al jefe de policía de la Capital Federal, Ramón Falcón, realizó gestiones con el presidente Hipólito Yrigoyen para que lo liberaran. Como no lo logró, ayudó a su fuga. Pero luego fue capturado nuevamente, y Salvadora contribuyó a que lo indultaran.

En 1918, comienza su actividad literaria. Fue colaboradora de La Nación, El Hogar, Caras y Caretas y otras publicaciones. Autora de varias piezas dramáticas y propulsora del teatro para niños.


En 1915, se casó con Natalio Botana el creador del diario Crítica, que ella dirigió entre 1946 y 1951 después de la muerte de su esposo.


En 1931 José Felix Uriburu clausuró el diario y encarceló al matrimonio. Un grupo de intelectuales solicitaron a Uriburu su "magnanimidad" por su "triple condición de mujer, poeta y madre". Pero ella no estuvo de acuerdo con este pedido y desde la cárcel manifestó su desprecio a Uriburu  en una  carta.



Juana Rouco Buela, Salvadora Medina Onrubia y Virginia Bolten forman  un trío  de feministas libertarias argentinas durante este periodo. 

Publicaciones 

Teatro 
Las Descentradas, 1929
La casa de enfrente, 1926
Poesia
La rueca milagrosa
El misal de mi yoga
Novelas
Akasha
Ensayo 
Crítica y su verdad, Buenos Aires, Edición especial de la autora, 1958, (OCLC 3066278).

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jueves, 19 de julio de 2018

Concha Méndez Cuesta poeta


Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 27 de julio de 1898 - México, 7 de diciembre de 1986), conocida como Concha Méndez, fue una escritora española contemporánea de la generación del 27,​ especialmente conocida por su obra poética.


De familia rica, recibe educación en un colegio francés, lo que se percibe quizá en sus primeros versos. Aficionada a los deportes, destacó en la gimnasia y la natación, deporte este último en el que consiguió ganar algunos campeonatos.​ Los veranos los solía pasar en familia en San Sebastián, donde en el año 1919 conoce a Luis Buñuel, quien se convertirá en su primer novio. Esta relación duró siete años, durante los cuales Concha, que era amiga de Maruja Mallo,​ se relaciona con Luis Cernuda, Rafael Alberti y Federico García Lorca.

En 1926 publica Inquietudes (1926), dos años después Surtidor y más tarde Canciones de mar y tierra (1930).​ En ese periodo se vería influida por Maruja Mallo, con quien comparte lo que se ha llamado su “primer exilio”.​

Habiendo abandonado siendo muy joven, la casa paterna,​ inició un periplo que la llevaría desde Londres, a Montevideo y Buenos Aires, donde contactó con Guillermo de Torre, escritor y crítico que dirigía la sección de letras del diario La Nación, donde comenzó a publicar un poema por semana. En ese país del cono sur hizo amistad con Consuelo Berges que la ayudaría en el continente americano. De ese periodo es Canciones de mar y tierra (1930).

Regresó a España, donde comenzó a frecuentar las tertulias del café Granja El Henar (1931), donde Federico García Lorca le presentó al impresor malagueño Manuel Altolaguirre, con quien se casaría al año siguiente,​ (siendo testigos Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Luis Cernuda). Juntos crean la imprenta La Verónica en una habitación del hotel Aragón, y empiezan a editar la revista Héroe, en la que aparecerán obras de Juan Ramón, Unamuno, Pedro Salinas y Guillén.​ Se inicia entonces su interés por el teatro infantil y el cine, aunque no llega a publicar nada relacionado, y sí poesía de tendencia vanguardista, en obras como Vida a vida (1932), Niño y sombras (1936) y Lluvias enlazadas (1939).​ Viven de 1933 a 1935 en Londres, donde pierde el primer hijo que estaba esperando (experiencia que reflejaría en su libro Niño y sombra publicado en 1936) y el feliz nacimiento en 1935 de su hija Paloma. Junto a su marido, activo impresor, contribuye a la difusión de la obra del grupo de la generación del 27, editando colecciones de poesías y revistas como Poesía, 1616 (título que hacía referencia al año de la muerte tanto de Shakespeare como de Cervantes), y Caballo verde para la poesía (dirigida por Pablo Neruda).


El matrimonio y su hija regresaron a España de 1935, y al estallar la Guerra Civil Española, ambos tomaron partido por la República, aunque pronto ella y su hija abandonaron Madrid,​ mientras su marido permaneció en España. Tras residir en Inglaterra, Bélgica y Francia, regresó a Barcelona para reunirse con su marido, camino ya del exilio.​ Se trasladan a París, donde les recibió Paul Éluard, y más tarde a La Habana, donde permanecieron hasta 1943 coincidiendo allí con otros muchos exiliados. En su exilio en Cuba, establecieron otra imprenta llamada igualmente La Verónica y publicaron una colección poética que llamaron El ciervo herido, entre 1939 y 1943. En 1944 se trasladaron a México donde Altoaguirre la abandonó por la cubana María Luisa Gómez Mena (años más tarde morirían ambos en un accidente cuando volvían del festival de cine de San Sebastián, en 1959 en España).

Agua pura corría
por el piano.
Dulcemente salía
del cauce de sus manos.

La nostalgia dormía.
Y dormía el Ocaso.
La Música bebía
el agua de su vaso.

Concha siguió publicando poemas en Hora de España, donde publicó su prólogo de El Solitario (Nacimiento), en 1938 (las dos entregas o actos siguientes se publicarían en La Habana en 1941 y en México en 1945), drama poético en tres actos. En 1944 publicó Villancicos de Navidad y Sombras y sueños. De 1944 a 1979, dejó de publicar, aunque en el año 1976 se editó una Antología poética. En 1979 apareció su último libro Vida o río. Nunca regresó a España, salvo un viaje a Madrid en 1966, tras el cual volvió a residir en México hasta su fallecimiento en 1986.6​1​

En 1991 se publicaron sus Memorias habladas, memorias armadas, obra compilada a partir de unas cintas que había ido grabando su nieta, Paloma Ulacia Altolaguirre.


Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.

Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,
porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.


Su obra poética está recogida en Poemas 1926-1986.

Sus tres primeros libros, Inquietudes, Surtidor, Canciones de mar y tierra constituyen una trilogía caracterizada por la influencia del Alberti neopopularista y por la incorporación al verso de todo aquello que en los años veinte representaba la modernidad:​ el deporte, el cine, los automóviles.

Una voz más depurada y personal, menos colorista y lúdica, muestra en Vida a vida. Continúa el tono autobiográfico en Niño y sombras, elegía a un niño, su primer hijo, que no llegó a nacer. Esos dos libros, junto a unos pocos poemas nuevos escritos durante la guerra, se reeditan en Lluvias enlazadas. Poco queda de la poetisa de los años veinte, toda alacridad y gracia, en Sombras y sueños, de 1944.


Me gusta andar de noche las ciudades desiertas, 
cuando los propios pasos se oyen en el silencio.
Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,
es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.

Todo cobra relieve: una ventana abierta,
una luz, una pausa, un suspiro, una sombra...
Las calles son más largas, el tiempo también crece.

¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!






http://elcorreoweb.es/aladar/tiradme-piedras-y-hare-monumentos-XK1936743
http://www.ideal.es/culturas/libros/punto-ciego-generacion-20170701223141-nt.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Concha_M%C3%A9ndez
https://www.poemas-del-alma.com/concha-mendez.htm
http://elcorreoweb.es/aladar/tiradme-piedras-y-hare-monumentos-XK1936743
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miércoles, 18 de julio de 2018

Aleksandra Kolontái revolucionaria feminista rusa


Aleksandra "Shura" Mijáilovna Kolontái (31 de marzo de 1872-Moscú, 9 de marzo de 1952) fue una destacada política y marxista rusa. Comunista y revolucionaria, fue la primera mujer de la historia en ocupar un puesto en el gobierno de una nación .


Pertenecía a una familia aristocrática rusa de origen ucraniano que anclaba sus raíces más allá del siglo XIII. Su padre, Mijaíl Alekséievich Domontóvich, era un general al servicio del zar, y su madre, Aleksandra Aleksándrovna Masalina-Mravínskaya provenía de una familia de campesinos fineses que había hecho una gran fortuna en la industria maderera.​ Aleksandra estuvo siempre muy unida a su padre, quien inculcó en la joven el interés por la historia y la política desde una óptica liberal. Con su madre tendría algún que otro conflicto, sobre todo cuando mostró interés por continuar sus estudios, algo que para su madre, no era apto ni necesario para una mujer. Fue educada por un instructor particular.

A los 19 conoció al que sería su marido, Vladímir Lúdvigovich Kolontái, un estudiante de ingeniería de origen modesto que no fue aceptado por su madre. Tras afiliarse en 1896 al partido socialista  viajó para estudiar a Zúrich (Suiza) centro neurálgico de las jóvenes estudiosas afines a las ideas socialistas. Se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1899.​

Participó en los acontecimientos revolucionarios de 1905, tras presenciar la matanza de obreros frente al Palacio de Invierno.​ Kolontái trabajó entonces escribiendo artículos y organizando asociaciones de trabajadoras rusas. Tuvo que exiliarse a raíz de la publicación de un artículo titulado Finlandia y el socialismo en el que animaba a los finlandeses a sublevarse contra la ocupación rusa. Esto le dio oportunidad de viajar por toda Europa, entrando en contacto con diversos partidos socialistas en países como Alemania, Gran Bretaña y Francia.


Se opuso activamente a la Primera Guerra Mundial, por sus motivaciones imperialistas al servicio de la clase dominante. En este sentido participó en la Conferencia de Zimmerwald en 1915. En esta época también se unió a los bolcheviques y viajo por diversos países haciendo campaña contra la guerra.

Al desatarse los sucesos que desembocaron en la Revolución de Octubre Aleksandra Kolontái regresó a Rusia, donde fue elegida miembro del Comité Ejecutivo del Sóviet de Petrogrado. Apoyó a Lenin en su visión de los soviets como organismos para el ejercicio del poder y la necesidad de superar la revolución burguesa con la revolución proletaria.​

Pocos meses antes de octubre de 1917 fue elegida miembro del Comité Central del Partido y votó a favor de la insurrección y de la toma del Palacio de Invierno para construir así un Estado obrero.

Tras la toma del poder, Aleksandra Kolontái fue elegida para la Comisaría del Pueblo para la Asistencia Pública en el gobierno del Sovnarkom. Fue una de las personas que más trabajaron para conseguir los derechos y libertades de las mujeres, modificando aspectos de las leyes que hacían a la mujer una subordinada del varón, le negaban derecho al voto y la hacían ganar menos salario y trabajar en peores condiciones que los varones. La Revolución consiguió poner las bases para igualdad real entre varones y mujeres, liberando las relaciones familiares y las relaciones sexuales. Se aprobaron el divorcio y el aborto, y se otorgaba a las mujeres beneficios sociales en forma de salarios de maternidad, guarderías y hogares para los niños. Asimismo se desarrollaron campañas de información para dar a conocer a las mujeres sus nuevos derechos.


En 1918 Kolontái fue una de las organizadoras del Primer Congreso Panruso de Mujeres Trabajadoras. De este congreso nació el Zhenotdel (Departamento de la Mujer), un organismo dedicado a promover la participación de las mujeres en la vida pública, y en proyectos sociales, y de manera muy especial la lucha contra el analfabetismo. El Zhenotdel tenía su propia revista llamada Kommunistka (Mujer Comunista) y Kolontái era parte de su Consejo editorial. Todo este esfuerzo consiguió poner las bases para el surgimiento de la mujer nueva en toda Rusia.

En 1921 Kolontái fue cofundadora de la Oposición Obrera, que encabezó con el dirigente de los trabajadores metalúrgicos Aleksandr Shliápnikov. Esta corriente tenía como consignas entregar la dirección de la economía a un Congreso de productores, que los sindicatos establecieran la dirección de las empresas y fábricas y que los trabajadores eligieran a los principales administradores. El Congreso del partido ordenó disolver este grupo, decisión que fue apelada inútilmente ante la Internacional Comunista.

Aleksandra Kolontái quedó marginada y perdió su influencia política. En 1923 pasó al servicio diplomático. Fue nombrada embajadora de la Unión Soviética (primera mujer embajadora de la historia) en Noruega y posteriormente en Suecia y México. En Suecia tuvo como médica personal y amiga a la líder feminista Ada Nilsson, con la que mantuvo después una afectuosa correspondencia, encargándole incluso los medicamentos que no podía obtener en la URSS. También formó parte de la delegación soviética en la Sociedad de Naciones.

Derechos de las mujeres
Kolontái trató el tema de la liberación sexual femenina en dos de sus obras: La Nueva Mujer y El Amor en la Sociedad Comunista. Para ella la "mujer nueva" se caracterizaría por exigencias propias, afirmando su personalidad, protestando por la servidumbre de la mujer dentro del Estado y de la familia y luchando por sus derechos dejando de ser el complemento del esposo.

El matrimonio que convertía a la esposa en una propiedad más del marido sería sustituido por la unión libre entre sexos, basada en el verdadero y puro amor y no en lazos contractuales.

En las relaciones sexuales la mujer nueva no renunciaría a su naturaleza femenina, ni al placer de la carne y elegiría libremente al hombre que quisiese como padre de su descendencia. Sobre la prostitución considera que se trata de una experiencia insatisfactoria tanto para el hombre, que comprando las caricias de una mujer nunca experimentará el verdadero éxtasis erótico, como para la prostituta, que nunca alcanzará plenitud y armonía vendiendo su cuerpo.


Kollontai fue una pionera absoluta en investigar cómo el capitalismo controla los cuerpos y de qué manera el cuerpo de las mujeres es utilizado para producir ganancias y en qué medida la identidad femenina es modelada a su conveniencia por el sistema.





https://es.wikipedia.org/wiki/Aleksandra_Kolont%C3%A1i
http://mujericolas.blogspot.com.es/2015/04/libros-feministas-imprescindibles.html
https://www.casadellibro.com/libro-mujer-y-lucha-de-clases/9788416288786/2993747?gclid=cj0kcqjwholwbrd9arisadiraxtydpbvos8klb6pryhwy23f3c4vdrqhtzscm4grd1qtfb2tpkjk0tgaahd0ealw_wcb&utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_campaign=19438
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martes, 17 de julio de 2018

Luise Adolpha Le Beau pianista y compositora alemana



Luise Adolpha Le Beau (25 de abril de 1850, Rastatt, Alemania- 17 de julio de 1927, Baden-Baden, Alemania) pianista, compositora y crítica alemana.


Nació el 25 de abril de 1850 en Rastatt en el ducado de Baden. Su padre, un general en la armada de Baden, cantante y director amateur, fue trasladado a las cercanías de Karlsruhe justo después de su nacimiento, siendo este el lugar donde Luise creciera. Su interés por la música se manifestó a temprana edad, ella misma afirma que podía cantar melodías antes de comenzar a hablar e incluye entre sus memorias de la infancia sus experimentos con el piano.

A los 8 años ya había compuesto su primera pieza. Sus padres respondieron a su interés permitiéndole estudiar canto, piano y composición con músicos locales. A los 18 años de edad hizo su debut con la Baden Court Orchestra tocando el concierto de piano de Mendelssohn en sol menor. Después realizaría un tour por Basilea, Heidelberg y Augsburg en el que interpretaría el concierto para piano de Mozart en Re mayor con cadencias compuestas por ella misma.



 Le Beau disfrutó de una larga y notable carrera como pianista, crítica musical y compositora prolífica. Cuenta con más de 60 obras (35 de ellas publicadas) e incluyen diversas fuentes musicales. A pesar de vivir principalmente en ciudades alemanas (Karlsruhe, Munich, Wiesbaden, Berlín y Baden-Baden) su influencia se extendió a otros lugares como Vienna, Salzburgo, Leipzig y otras ciudades centro-europeas así como a otros sitios más lejanos como Calcuta o Australia.

Sus composiciones fueron solicitadas por la Exposición Mundial de Columbia de 1893, siendo galardonada una de ellas con el primer premio en una competición internacional de cello.

Su exitosa carrera le puso en contacto con varias de las grandes figuras musicales de finales del siglo XIX incluyendo a Johannes Brahms, Franz Liszt, Eduard Hanslick y Hermann Levi. A través del ejemplo de Le Beau muchos críticos vieron por primera vez a la mujer como compositora en potencia.

Sus asociaciones con los principales compositores y críticos alemanes están gracias a su autobiografía, casi dos colecciones completas de sus obras y una colección de más de 300 revisiones de sus composiciones. A pesar de que fue una pianista y crítica en activo, ella se definía principalmente como compositora. En su autobiografía «Lebenserinnerungen einer Komponistin» se tratan diferentes temas referentes al desarrollo de su carrera, como el apoyo de sus padres y los obstáculos a los que tuvo que enfrentarse por cuestiones de género.




Tras el retiro de su padre y después de volver de un tour por Holanda, la familia de Le Beau se muda a Múnich para facilitar sus estudios. Tras comprobar sus habilidades compositivas, Josef Rheinberger la acepta como alumna (no aceptaba mujeres). Tras destacar tanto como compositora como pianista, Le Beau crea un «Curso Privado de Piano y Teoría para Hijas de Gente Culta». Este programa era bastante riguroso e incluso las más jóvenes alumnas debían estudiar dos horas al día.

Los 11 años que Le Beau pasó en Múnich fueron probablemente en los que su reconocimiento como compositora fue mayor. Aquí produce algunas de sus mejores obras entre las que destacamos varios lieder, corales, una suite para viola, dos composiciones para cello, un trio y un cuarteto de piano, una fantasía para piano con orquesta y una cantata.


La familia de Le Beau se establece en Berlín entre los años 1890 y 1893. A pesar de estar en esta etapa menos activa en la escena musical, Le Beau mantenía cierta reputación. Su biografía aparecía en la Neue Berliner Musikzeitung y en la Brockhaus Konversations-Lexikon la mayor firma enciclopédica de la época. La Berliner Neueste Nachrichten la describen como «posiblemente la mujer compositora más talentosa de su tiempo y en cualquier caso, la única aceptada por sus colegas masculinos».

Esta etapa fue bastante dura para Le Beau. A los rechazos sufridos por las diferentes óperas alemanas para tocar sus obras, debido a las altas exigencias orquestales y a la falta de un abogado, hay que sumarle la imposibilidad de acceder a una posición académica como compositora o profesora dentro del sistema escolar prusiano, que incluía los conservatorios de música.




El 30 de Septiembre de 1893 la familia Le Beau se muda a Baden-Baden. Aquí su obra «Hadumoth» fue finalmente estrenada utilizando recursos locales. Le Beau participa activamente en conciertos de cámara y forma su propio círculo. Sus obras «Ruth» «Hadumoth» y su poema sinfónico «Hohenbaden» son interpretadas una y otra vez.

En 1986 la muerte de sus padres, que fueron su principal apoyo durante toda su vida, le dejó devastada y aunque intentó seguir con su actividad como crítica, intérprete y compositora, tras una mala crítica hacia una cantante popular, decidió dedicarse sólo a escribir para el periódico.


https://es.wikipedia.org/wiki/Luise_Adolpha_Le_Beau
https://www.young-musicians.com/Sonate-Op-17-For-viola-and-Piano-by-Luise-Adolpha-p/68016057479.htm
https://www.swr.de/swr2/musik/musikstueck/le-beau-louisa-adolpho-trio-fuer-violine-violoncello-und-klavier/-/id=2937886/did=14384354/nid=2937886/1ncs2dq/index.html
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lunes, 16 de julio de 2018

Gisèle Halimi abogada feminista, activista y ensayista franco-tunecina


Gisèle Halimi (27 de julio de 1927, Túnez ) nacida Zeiza Gisèle Élise Taïeb, es una abogada feminista, activista y ensayista franco-tunecina.


Nacida en La Goulette, de madre y padre judíos, fue educada en un liceo francés en Túnez, y luego asistió a la Universidad de París, donde se graduó en leyes y filosofía. Su niñez y la forma en que ella se mezcla una identidad judía-musulmana se discute en sus memorias, Le lait de l'Oranger. En 1948 obtuvo el título de abogada y ha ejercido en París desde 1956. Ejerció como abogada para el Frente de Liberación Nacional de Argelia, especialmente en el caso de la activista Djamila Boupacha, torturada en 1960. En 1961 escribió un libro para defender su caso, que contó con una introducción de Simone de Beauvoir.

Fue presidenta de la comisión de investigación del Tribunal Russell sobre los crímenes de guerra estadounidenses en la guerra de Vietnam, y observadora judicial en los procesos de Rabat, de Atenas y de Burgos; en este último como delegada de la Federación Internacional de Derechos del Hombre. También ha defendido a independentistas vascos, y ha sido consejera en muchos casos relacionados con asuntos de la mujer, tal como el juicio por aborto de Bobigny​ de 1972.


“Señor Presidente: hoy tengo un gran privilegio; siento, con inédita plenitud, una armonía perfecta entre mi profesión de abogada y mi condición de mujer. Estoy aquí, a la vez como abogada y culpable, pues yo también aborté y sin embargo no fui condenada. Llevo veinte años de abogada y nunca he defendido a la esposa de un alto funcionario, de un médico famoso, de un dirigente empresarial, ni a ninguna amante de esos mismos señores. ¿Por qué? Porque las que pagan son siempre las mismas ¿no es así? Las mujeres de modesta condición, las anónimas, las Martine Langlois. ¿Es esa la justicia que queremos? ¿El aborto cómodo para las ricas y la condena para las pobres?

El señor fiscal nos habló del respeto a la vida, pero respetar la vida es –antes que nada, creo yo- respetar a quienes la dan, es decir, en primer lugar a las mujeres. Señores, dar la vida es un acto de amor y responsabilidad. ¿Acaso no es esencial saber qué haremos con nuestros hijos, cómo los vamos a criar y qué le vamos a ofrecer en la vida? ¿Acaso podemos seguir teniendo hijos por fatalidad, por errores o por accidentes?

Señores, no les estoy diciendo que interrumpir un embarazo sea una decisión fácil y cómoda; claro que es doloroso abortar y claro que las mujeres preferiríamos no vernos obligadas a ello. ¿No queremos más abortos? Que así sea, comencemos por el principio y demos educación sexual en las escuelas, expliquemos a nuestras jóvenes y a todas las mujeres que es posible hacer el amor sin quedar embarazadas por ello. Actualmente, quizás ustedes lo sepan, sólo el 8% de las mujeres tienen acceso a la anticoncepción y apenas el 1% en los estratos populares. Entonces, ustedes no tienen derecho a condenar cuando no han dado los medios para prevenir.

Además, mírense ustedes, señores, y mírennos a nosotras: cuatro mujeres comparecen ante cuatro hombres y ¿para hablar de qué? De útero, embarazo, aborto… ¿No creen ustedes que la injusticia fundamental ya está allí? Mujeres obligadas a hablar de su intimidad ante unos hombres. ¿Aceptarían ustedes, señores, comparecer ante un tribunal de mujeres porque dispusieron de sus cuerpos? ¿O les parece una locura?

Señores, les pido en nombre de todas las mujeres, que opten por el coraje y se pronuncien para que la mujer, al igual que el hombre, pueda al fin tener la libertad de disponer de sí misma. Y para que dar la vida sea, al fin, para todas, sinónimo de elección y felicidad”



En 1971 fundó el grupo feminista Choisir la Cause des femmes  ('Elegir la causa de las mujeres'), para proteger a las mujeres que habían firmado el Manifiesto de las 343, en el que admitían haberse realizado un aborto. En 1972 Choisir se transformó en una organización reformista y realizó una campaña de gran influencia para conseguir la aprobación de una ley que permitiera la anticoncepción y el aborto, que finalmente llevó a cabo Simone Veil en 1974.

En 1981 fue elegida miembro de la Asamblea Nacional de Francia, como una socialista independiente, y fue diputada de Isère hasta 1984. Entre 1985 y 1987 fue delegada en la UNESCO.


En 2006, publicó una carta abierta a la canciller alemana Angela Merkel en relación a la apertura de un burdel de grandes dimensiones cuya apertura coincidía con las preparaciones para la Copa Mundial de Fútbol de 2006.

Obra
Halimi es autora, entre otros libros, de Le procés de Burgos (El proceso de Burgos, 1971) sobre el juicio sumarísimo que se llevó a cabo durante la dictadura franquista conocido como proceso de Burgos; así como de La Cause des femmes (La causa de las mujeres, 1973). Igualmente, fue instigadora y colaboradora del trabajo colectivo Le Programme commun des femmes (La causa común de las mujeres, 1978) que delineaba las más importantes necesidades de la mujer: legal, médica, educacional y profesional; y sugería soluciones que deberían ser decididas por el voto femenino.

Lista de publicaciones
Djamila Boupacha (Gallimard, 1962) ;
Le procès de Burgos (1971) ;
La cause des femmes (1973) ; ISBN 2-246-00028-9
Avortement, une loi en procès (1973) ;
The Right to Choose (1977); ISBN 0-7022-1433-7
Viol, Le procès d'Aix: Choisir la cause des femmes (1978)
Le Programme commun des femmes (1978) ; ISBN 2-246-00572-8
Milk for the Orange Tree (1988) ; ISBN 0-7043-2738-4
Une embellie perdue (1995) ; ISBN 2-07-073788-8
La nouvelle cause des femmes (1997) ; ISBN 2-02-031973-X
Fritna (1999) ; ISBN 2-259-19134-7
La parité dans la vie politique (1999) ; ISBN 2-11-004376-8
Avocate irrespectueuse (2002) ; ISBN 2-259-19453-2
Le procès de Bobigny : Choisir la cause des femmes, prefacio de Simone de Beauvoir, reeditado en 2006, ISBN 2-07-077515-1 ;
La Kahina (2006) ; ISBN 2-259-20314-0
Ne vous résignez jamais (2009) ; ISBN 978-2-259-20941-0
Histoire d'une passion (2011); ISBN 2-259-21394-4, OCLC 706016623





"Cuando nací, llevó 15 días confesar mi nacimiento". La abogada activista Gisèle Halimi dijo en 1989. Ella describió su llegada al mundo en 1927 como una "maldición" en su familia tradicionalista.


 A los 21 años, se convirtió en abogada después de estudiar derecho en París. Después de ocho años en el Tunez, regresó a París en 1956, el año de la independencia de Túnez.

A los 33 años, quien abogó por la independencia de Argelia se convierte en abogada de Djamila Boupacha, activista del FLN.

Acusada de poner una bomba en Argel en 1959, es torturada y violada por paracaidistas franceses durante su detención.

Gracias al apoyo de Simone de Beauvoir, la abogada logra movilizar a la opinión pública sobre la tortura en Argelia. Djamila Boupacha será amnistiada en 1962 luego de los acuerdos de Evian.

A los 44 años, firmó el manifiesto de 343 escrito por Simone de Beauvoir  reclamando el derecho al aborto. Al año siguiente,  defendiende a la joven Marie-Claire durante el famoso juicio de Bobigny.

La joven de 17 años, acusada de haber abortado ilegalmente después de una violación, finalmente es liberada después del juicio. Gisèle Halimi   hace un verdadero juicio político.

A los 54 años, es elegida como miembro del parlamento y adopta una postura firme contra la pena de muerte y la despenalización de la homosexualidad.

A los 90 años, Gisèle Halimi sigue siendo una escritora y abogada comprometida y una figura en la lucha por los derechos de las mujeres.





https://es.wikipedia.org/wiki/Gis%C3%A8le_Halimi
https://www.franceinter.fr/emissions/affaires-sensibles/affaires-sensibles-11-aout-2017
https://www.lamarea.com/2013/12/29/el-aborto-de-clase-y-el-proceso-de-bobigny/

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domingo, 15 de julio de 2018

Misha'al Fahd al Saud


Misha'al bint Fahd al Saud (1958 -  15 de julio de 1977) (en árabe : الأميرة مشاعل بنت فهد بن محمد بن عبدالعزيز آل سعود ) fue una princesa de Arabia Saudita, que fue ejecutada por presunto adulterio,  en 1977, a la edad de 19 años. Ella era la nieta del príncipe Muhammad bin Abdul Aziz, uno de los  hermanos mayor del entonces rey de Arabia Saudita, Khalid bin Abdul Aziz.

Según el Libro " Mujeres del Mundo" coordinado por Robin Morgan. En 1977 la princesa Misha decidió casarse con el hombre que ella había elegido. Se casó en secreto e intento abandonar el pais disfrazándose. Fueron descubiertos, detenidos y conducidos ante su abuelo el príncipe Muhammad quien quiso juzgarlos de acuerdo con la ley Islamica . El tribunal religioso rechazo el caso basándose en que no se había violado ninguna ley. El príncipe Muhammad mando ejecutar a la pareja por haber desafiado su voluntad.


La  familia de Misha la envió, a petición propia, a Líbano para asistir a la escuela. Una vez allí, ella se enamoró de un hombre, Khaled al-Sha'er Mulhallal,  sobrino del embajador saudí en el Líbano y comenzaron un romance. Cuando, a su regreso a Arabia Saudita, se supo que habían conspirado para reunirse a solas en varias ocasiones, se les imputa una acusación de adulterio . Después de intentar fingir su propio  ahogamiento  y ser atrapados tratando de escapar de Arabia Saudita con Misha disfrazada d e hombre; Fue reconocida por el examinador de pasaportes en el aeropuerto de Jeddah, fue devueltaa su familia. Bajo la ley islámica, una persona sólo puede ser declarada culpable de adulterio por el testimonio de cuatro testigos varones adultos a la penetración sexual, real o por su propia admisión de la culpa, diciendo tres veces en el tribunal "que he cometido adulterio". No hubo testigos.  A su regreso a la sala del tribunal, repitió su confesión: "He cometido adulterio he cometido adulterio he cometido adulterio..."


El 15 de julio de 1977, ambos fueron ejecutados públicamente en Jeddah por el lado del edificio de la reina en el parque. A pesar de su estatus real, a Misha  le vendaron los ojos, hicieron que se arrodillara, y se ejecutaron las instrucciones explícitas de su abuelo, un importante miembro de la familia real, por la supuesta deshonra que trajo a su clan el  desafiar una orden  real  que le pedia que se casara con un hombre elegido por su familia. Khaled después de haber sido obligado a ver la ejecución, fue decapitado con una espada por, se cree, uno de los parientes varones de la princesa.

 Tras la  ejecución  la segregación de de las mujeres se hizo más grave y la policía religiosa también comenzó a patrullar bazares, centros comerciales, y cualquier otro lugar donde los hombres y las mujeres podrían encontrarse.
Cuando al príncipe Muhammad se le preguntó más tarde si las dos muertes era necesarias, dijo, "Fue suficiente para mí que estuvieran en la misma habitación".

http://en.wikipedia.org/wiki/Misha'al_bint_Fahd_al_Saud
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