Carmen G. Pérez-Neu: apuntes biográficos
Carmen G. Pérez-Neu [fig. 1 y fig. 2] nació el 31 de diciembre de 1919 en Ribadavia (Ourense), en el seno de una familia acomodada. Recibió formación artística gracias a profesores particulares, que le inculcaron el hábito del dibujo, como era habitual desde el siglo xix en las familias burguesas. Según relatan Juan Carlos Villacorta y ella misma en algunas entrevistas, con siete años empezó a enviar dibujos a la sección infantil de la revista ilustrada Blanco y Negro, titulada “Gente menuda”. Cursó estudios de Comercio en el Colegio de San José de Cluny en Vigo y un curso de enfermería por deseo de su familia, pero continuó formándose en dibujo y pintura.
Tras la guerra civil, se trasladó a Madrid persiguiendo su vocación artística y consiguió permiso para copiar en el Museo Nacional del Prado. Su billete tenía el número 375 y estaba fechado el 4 de febrero de 1943. 1 Suponemos que el traslado a Madrid no fue definitivo, y que volvió a Ribadavia unos años hasta que en 1963, probablemente, fijó su residencia en Madrid.2 En cualquier caso, durante su primera estancia en Madrid completó su formación con los pintores Eduardo Chicharro y Enrique Martínez Cubells e inició su andadura hacia la profesionalización en el sistema artístico. Ilustró libros y relatos cortos de Juan Carlos Villacorta3 y pintó numerosas obras de índole figurativa, en ocasiones, próximas a un realismo mágico, que la prensa catalogaba de “naif”.4 En varias entrevistas se pronunció sobre su opinión respecto a la pintura “moderna”, que en los años cincuenta y sesenta para la prensa general era casi sinónimo de “abstracta”. En algunas entrevistas afirma respetar a los pintores abstractos, siempre y cuando estos tengan formación y no estén motivados exclusivamente por “sumarse a una moda”, aunque considera que no sería propio de ella dar el salto a la abstracción.5 En otras ocasiones resulta más tajante y asevera que “lo que suele llamarse arte moderno, y, en especial, el ‘no figurativo’ ni me gusta ni lo siento”. Convencida de su postura, asegura que “solo el fino tamiz del tiempo dirá, al fin, quién tenía razón”.6 Como se puede comprobar, mientras en España empezaban a tomar fuerza corrientes como el realismo crítico o incluso los primeros conceptualismos —recordemos que Zaj se funda precisamente en 1964—, Pérez-Neu, en sintonía con la prensa cultural del momento, se mostraba reticente a la “pintura moderna” y, particularmente, a la abstracción. No era algo excepcional. Como han corroborado estudios recientes, las mujeres tuvieron difícil cabida en las diferentes corrientes que se desarrollaron en torno a la abstracción, tanto en sus vertientes líricas o expresionistas como en las geométricas.7
Por otro lado, la autora recibió encargos murales para la capilla del Colegio Mayor Calvo Sotelo de Vigo y participó en varias exposiciones. Por ejemplo, participó en diversas ocasiones en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, por primera vez en 1941 con una obra titulada Joven griega. 8 Su primera exposición individual tendría lugar en Sala Aeolián, en Madrid, el año 1943.9 En su tierra natal, participó en una muestra en la Delegación Provincial del Ministerio de Información y Turismo de A Coruña en el año 195910 y, muy cerca, en la Sala de Exposiciones de la Obra Cultural de la Caja de Ahorros y Monte Piedad de León, ubicada en el Chalet de Ordoño, en el año 1971.11 Asimismo, colaboró con la Sección Femenina de la Falange, ya que expuso su serie de pinturas sobre la cultura celta en el Centro Cultural Medina de Madrid en 1953, una exposición que, según Villacorta, tuvo un enorme éxito de público12 y que estuvo acompañada de una conferencia a cargo del propio Villacorta.13
Expuso también en la colectiva El arte actual de Orense, en la Sala Amigos del Arte de Madrid en 1953; en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1964, donde presentó “retratos, composiciones, bodegones y paisajes”; 14 en las salas de Editora Nacional —editorial en la que publicaría el libro que aquí analizamos— en 1966;15 y en la Caja de Ahorros de Alicante en marzo de 1969. A nivel internacional, puede que llegara a exponer en una colectiva en París en 1960, puesto que en una entrevista afirma estar preparando las gestiones del traslado de sus obras sobre el mundo celta a dicha ciudad.16 Villacorta, no obstante, no hace alusión a esta exposición en la cronología que detalla en el libro monográfico que dedica a la artista.
Aunque resulta complejo precisar qué obras expuso en cada una de estas exposiciones, sí sabemos que en la muestra organizada en las salas de Editora Nacional expuso una pieza titulada Pintura primitivista [fig. 3], cuya reproducción fotográfica se conserva en el AGA. La pintura da cuenta de esa producción artística figurativa y vinculada al realismo mágico, que refleja la asimilación de un imaginario colonialista y estereotipado sobre culturas no europeas. El resto de su producción conjuga pinturas cargadas de tintes oníricos con una amplia presencia de los géneros en los que más cómodamente se movieron las mujeres en ese momento: el retrato, el bodegón y el paisaje. No es el objeto de este estudio analizar su producción pictórica, pero estas primeras pinceladas sobre la misma pueden ser el punto de partida de futuras investigaciones que ahonden en la cuestión desde un enfoque de género que permita situarla en el panorama artístico español del momento.
A nivel personal, sabemos que contrajo matrimonio con el director de banco Joaquín Robla Díez (Soto y Amío, León, 1911 - Madrid, 1980), con quien tuvo tres hijas: Carmen María, María Leonor y Raquel. Gracias a la posición de su marido, Péréz-Neu contó, a pesar de llevar la gestión de los cuidados familiares, con una tranquilidad económica que le permitió desarrollar su trayectoria artística y también producción escrita sobre arte y arquitectura. Ya durante la Transición, entre 1979 y 1981, colaboró en la revisa E.I. (Estudios e investigaciones), dirigida por Juan Carlos Villacorta, con ensayos sobre arquitectura funeraria, ornamentación celta y otras cuestiones ligadas a la arquitectura.
Antes de estas publicaciones, sin embargo, había enviado dos libros a Editora Nacional. El primer envío, en 1964, fue aceptado. Se trata, precisamente, del libro Galería Universal de Pintoras, el cual se analiza en detalle en el próximo apartado. Cinco años más tarde, en 1969, enviaría otro manuscrito a Editora Nacional para que se estudiara su publicación, aunque este fue rechazado por la editorial. El manuscrito, de “336 folios a dos espacios de máquina”, llevaba por título Nazarenos y Prerrafaelistas. Dos escuelas pictóricas del Siglo xix y se proponía “ofrecer al lector un estudio de dos conocidas escuelas pictóricas, o movimientos, que han sido denominados, como en el título de esta obra, ‘Nazarenos’ y ‘Prerrafaelistas’”. El dictamen de la editorial fue negativo y se convino rechazar su publicación porque, según se afirmaba, el libro no conseguía sus propósitos, si no que era meramente “una sucesión de breves notas biográficas (más de un centenar) de pintores adscritos a ambos grupos o tendencias”, una sucesión de notas que se consideraba insuficiente para ofrecer al lector o a la lectora una comprensión de conjunto de los movimientos artísticos que abordaba. Las referencias a los movimientos se limitaban a un par de páginas por movimiento y las biografías resultaban muy escuetas a ojos de la editorial. Además, se consideró que la autora había proyectado una publicación ambiciosa y muy costosa, con “cerca de un centenar de fotografías, algunas en color” que suponían un esfuerzo económico no justificado dado el “escaso valor del original literario”. 17 Resulta significativo que la editorial oficial del régimen aceptara la publicación de Galería Universal de Pintoras, pero no la segunda obra que se propuso publicar la autora sobre nazarenos y prerrafaelitas, ya que el motivo del rechazo de esta segunda obra (su alto coste y que se limitaba a una serie de biografías escuetas), eran características que reunía también la primera obra que sí fue publicada. Con Galería Universal de Pintoras, por lo tanto, se iniciaría y también terminaría la aventura editorial de Carmen G. Pérez-Neu. La pintora falleció en Madrid el 25 de junio de 2005.
La reconstrucción de su trayectoria profesional como pintora y los datos escuetos con los que contamos sobre su vida personal nos permiten comprender a Pérez-Neu como una agente activa en el sistema del arte, con poco interés en el arte de vanguardia e inscrita en espacios afines al régimen, como era la propia Editora Nacional o el Centro Cultural Medina de la Sección Femenina de la Falange. La historiografía del arte, también la feminista, ha centrado sus esfuerzos fundamentalmente en rescatar y analizar figuras vinculadas al compromiso político y al antifranquismo, pero cabe interrogarse también acerca de aquellas que trabajaron desde posiciones cómodas en la dictadura, sobre cuáles fueron sus aportaciones a los debates artísticos y, en este caso concreto, a la visibilización de artistas mujeres. Carmen G. Pérez-Neu y, en particular, su Galería Universal de Pintoras resultan por lo tanto relevantes como propuesta que, desde la oficialidad —aunque no desde la centralidad— del régimen dio visibilidad al papel de las artistas en la historia del arte.
Universitat de València
https://xn--archivoespaoldearte-53b.revistas.csic.es/index.php/aea/article/view/1540/1737
https://producciocientifica.uv.es/investigadores/334851/detalle
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