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sábado, 22 de octubre de 2022

Estela Barnes de Carlotto abuela de la Plaza de Mayo



Enriqueta Estela Barnes de Carlotto (Buenos Aires, 22 de octubre de 1930) es una activista argentina de derechos humanos y presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo.

Una de sus hijas, Laura Estela Carlotto, fue secuestrada y desaparecida en Buenos Aires, embarazada, a fines de 1977. Por relatos pudo reconstruir que su hija había llegado a parir y que su nieto fue apropiado y su identidad cambiada. Lo buscó durante casi 36 años. El 5 de agosto de 2014, tras una comprobación de ADN hecha voluntariamente por el interesado, su nieto fue identificado, y se convirtió en el número 114 de la lista de nietos recuperados.

Carlotto ha recibido distintos reconocimientos por su trabajo con Abuelas de Plaza de Mayo, entre ellos el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el premio Félix Houphouët-Boigny, otorgado por la Unesco.






ESTELA BARNES DE CARLOTTO

MERCÈ RIVAS TORRES
Autora del texto

“Cada nieto que se encuentra es un triunfo sobre la dictadura argentina”
ARGENTINA, 1930
Esta ama de casa, de clase media, casada con Guido Carlotto y madre de cuatro hijos, jamás se había dedicado a la política ni había militado en ningún partido político hasta que en noviembre de 1977, en plena dictadura militar, su hija Laura fue secuestrada junto a su pareja. Siete meses después la joven daba a luz a un niño, Guido, en el Hospital Militar, esposada. Momentos después del parto la adormecieron y la trasladaron de nuevo al campo de concentración La Cacha, donde estaba desde el momento de su detención. Dos meses después fue asesinada. Su nieto Guido, que ahora tiene 30 años, sigue sin aparecer.

“Una sociedad que acepta semejante aberración como la tortura y el asesinato es una sociedad enferma. Y para poder curarse debe dejar de ser cómplice. No podemos aceptar que existan cientos de chicos y chicas que no sabemos dónde están y dejar las cosas tal como están. Esos chicos son rehenes de una dictadura que terminó”, afirma Estela Barnes de Carlotto, Presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo de Argentina.

“En 1985, ya en democracia, hice exhumar el cuerpo de mi hija”, relata Estela, “para que un equipo de antropología forense lo examinase a fondo para determinar con exactitud todo lo que los militares habían negado. El deterioro de su dentadura probaba su largo secuestro, por la pelvis supimos que había tenido un bebé y por las balas que tenía alojadas en el cráneo que había sido ejecutada por la espalda. Así reuní elementos de prueba para la justicia. Tras ver sus huesitos, su pelo, cerré el duelo”, confiesa Estela, emocionada.

Guido, su nieto, no ha aparecido, pero el General Guillermo Suárez Mason, Jefe de la Primera Zona del Ejército Argentino, bajo cuyo mando se encontraba el centro de detención La Cacha, donde estuvo detenida Laura, fue condenado en Italia a cadena perpetua.

Años más tarde, en 2004, en el Juicio de la Verdad, Estela Banes de Carlotto pidió que se investigase al equipo de médicos del hospital militar que atendió a su hija y especialmente a un militar de alto rango que podía ser la persona que se apropió de su nieto Guido, pues según un soldado, que había declarado ante la justicia, el militar entró en la habitación donde se encontraba Laura y salió con un bebé.

Tres meses antes de la desaparición de Laura, estudiante de Historia en la Universidad de la Plata y militante de la Juventud Universitaria Peronista, su padre, Guido Carlotto, fue secuestrado por los militares y liberado, muy enfermo, tras el pago de 30.000 dólares y tras haber sido sometido a terribles torturas.

Desde el momento en que Laura desapareció, Estela se puso en marcha junto a miles de abuelas argentinas cuyo objetivo era encontrar a esos chicos que nacieron en prisión y que en la mayoría de los casos fueron dados en adopción a familias de militares o policías. Hasta el momento han encontrado a 96. “Cada encuentro ha sido una larga lucha, con mucho esfuerzo, trabajo y dedicación”, añade. De esa forma el escritor argentino, Juan Gelman, Premio Cervantes 2008, pudo recuperar a su nieta Macarena Gelman García Iruretagoyena en Montevideo, tras años de búsqueda. La chica había sido adoptada por un comisario de policía uruguayo y su esposa. Estela ha repetido en numerosas ocasiones que su vida estaba “comprometida para siempre”. Quizás por eso en septiembre de 2002, cuatro desconocidos tirotearon su casa estando ella dentro. “Creo que fue obra de esos que aún pretenden callar voces”, comentó en su momento.

Desde el 1977 la organización Abuelas de Plaza de Mayo está en marcha. Comenzaron siendo un colectivo muy austero y pequeño pero poco a poco fueron reuniendo personas y fuerzas hasta convertirse en un elemento esencial de la lucha contra la impunidad en Argentina. “Hace ya 31 años que busco junto a las Abuelas a los centenares de bebés robados por motivos políticos y sus padres, nuestros hijos. Junto a ellas, trabajo incansablemente y sin pausa ya que se nos van los años y aún falta mucho para llegar a la verdad, la justicia y mantener viva la memoria. Los miedos, el cansancio y la vejez no nos impiden seguir este camino que sólo dejaremos cuando Dios nos llame”, afirma con la misma fuerza del primer día.

Pero nada ha parado a esta mujer que recibió el Premio Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2003 y ha sido candidata al Premio Nobel de la Paz 2008. “Efectivamente en ese año fuimos propuestas para el Premio Nobel de la Paz. Este año se ha renovado esa candidatura y es muy importante el apoyo de los Premios Nobel del mundo”.

En 1983, un seminario en Nueva York probó que era posible reconstruir el mapa genético, ADN, de los padres desaparecidos con la sangre de los familiares aún vivos y a partir de ese momento las Abuelas comenzaron a presentar denuncias ante la justicia argentina, enfrentándose a muchos jueces “heredados de la dictadura” que no abrían causas o las retrasaban. “Tuvimos que ir abriendo camino”, comenta Estela, “en el sentido jurídico y en el psicológico. Los psicólogos venían a nosotras a preguntarnos cómo podían aprender a restituir un chico a su verdadera familia, porque eso era un fenómeno nuevo para ellos”.

El banco de ADN creado por las Abuelas, junto a varios organismos gubernamentales, ha sido uno de los avances mayores en su lucha. La ley que se elaboró en 1987 “nos permite dejar establecidas las condiciones prácticas que posibiliten la identificación de nuestros nietos aunque no estemos, ya que es imposible saber cuándo serán localizados”. Este banco tiene como función el almacenamiento y la conservación de muestras de sangre de cada uno de los miembros de los grupos familiares, para realizar estudios de identidad genética hasta el año 2050.

“Cada nieto que se encuentra es un triunfo sobre la dictadura argentina. Los 97 localizados son el mejor alimento para el alma. Es el milagro de un nuevo nacimiento para que ellos caminen libres, recuperen su identidad y sus derechos. Es el mejor premio para esta tarea nuestra”, añade emocionada mientras recuerda sus innumerables viajes para denunciar la violencia que vivió su país, para pedir ayuda y para buscar fuera de las fronteras de Argentina a nietos que podrían estar en otros lugares como España.

Piensa que en España podría haber unos 50 chicos de entre 25 y 35 años que desconocerían ser hijos de argentinos detenidos y asesinados. “Por eso siempre repito a los jóvenes”, comenta con coraje y risueña, “que no permanezcan nunca indiferentes a las atrocidades”. A raíz de estas sospechas, “hemos creado en España la Red Argentina-Europea por el Derecho a la Identidad con sede en Madrid. No hemos encontrado ningún nieto todavía, aunque hay jóvenes que dudan de su identidad y recurren por correo electrónico a esta Red”.

“Estimamos en 500 los bebés robados durante el terrorismo de Estado. Ya han pasado 31 años del comienzo de la búsqueda, y hemos elaborado estrategias institucionales según la situación político-social del país y la edad de los niños buscados. Hoy son hombres y mujeres que en muchos casos dudan de su identidad y vienen a nuestras oficinas a buscar ayuda. El ritmo de nuestro trabajo es cada día más intenso, con nuevas dinámicas innovadoras para que ellos y el ciudadano que tiene información se acerquen a nosotras”, concluye Estela.



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martes, 19 de mayo de 2020

Chicha Mariani abuela de la Plaza de Mayo


María Isabel Chorobik de Mariani  conocida como Chicha Mariani  (San Rafael, provincia de Mendoza; 19 de noviembre de 1923-20 de agosto de 2018),​ fue una activista de derechos humanos en Argentina, fundadora y segunda presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, de la cual se separó en 1989. En 1996 fundó la Asociación Anahí (en honor a su nieta desaparecida, Clara Anahí Mariani) y la presidió hasta la fecha de su fallecimiento. En 2007, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la galardonó con un diploma de honor por su tarea a favor de los derechos humanos.

En marzo de 1947 se  había casado  con el  director de orquesta y violinista Enrique José Mariani (1921-2003), con quien estuvo casada hasta la muerte de él.

Durante la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), el 24 de noviembre de 1976, las fuerzas de seguridad atacaron la casa en La Plata de su hijo Daniel Mariani y su nuera Diana Teruggi, militantes de Montoneros, quienes tenían una hija de tres meses, Clara Anahí. En el ataque, murió su nuera, otros cuatro militantes y fue secuestrada la beba. Al año siguiente, el 1ª de agosto de 1977, fue asesinado también su hijo.

Al recibir noticias de que su nieta había sobrevivido el ataque, María Isabel comenzó a buscarla completamente sola. Concurrió a los cuarteles, comisarías, juzgados, sin lograr resultados, y en muchos casos siendo maltratada o amenazada por hacerlo. Monseñor Emilio Graselli, de la Iglesia católica le confirmó que su nieta se encontraba viva, pero también que había sido entregada a una familia influyente, a la vez que le comunicó que la Iglesia no estaba dispuesta a intervenir para su restitución.​

En la segunda mitad de 1977 se relacionó con Alicia Licha Zubasnabar de De la Cuadra, también de La Plata, y entre ambas decidieron crear una organización de abuelas buscando a sus nietos desaparecidos.


Abuelas de Plaza de Mayo
Tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 el solo hecho de preguntar por el paradero de un familiar detenido-desaparecido era riesgoso y podía resultar a su vez en la detención-desaparición. ​En ese momento la situación de indefensión e impotencia de los familiares de las personas desaparecidas era extrema, ya que ninguna democracia del mundo, ni la Iglesia católica ―de gran influencia en el país―, ni las organizaciones internacionales humanitarias, estaban dispuestas a intervenir. Tampoco era posible recurrir al sistema judicial, ya que los jueces argentinos rechazaban sistemáticamente los recursos de hábeas corpus.

En esas condiciones un grupo de madres, padres y familiares de los desaparecidos iniciaron un movimiento de resistencia no violenta, que se volvería histórico. La propuesta surgió de Azucena Villaflor, luego desaparecida y asesinada por la dictadura:
Tenemos que ir directamente a la Plaza de Mayo y quedarnos allí hasta que nos den una respuesta.
​
El 30 de abril de 1977 comenzaron a marchar cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo, en la plaza del mismo nombre, situada frente a la casa de gobierno. Para llamar la atención las mujeres decidieron cubrirse el cabello con un pañal de tela blanco. ​El grupo recibió rápidamente el nombre de Madres de Plaza de Mayo y por su sola presencia comenzó a ejercer presión nacional e internacional sobre el destino de las personas que desaparecían en la Argentina. Inicialmente el régimen militar intentó explicar la presencia de esas personas caminando alrededor de la pirámide, sosteniendo que se trataba de «locas». Entre estas madres-abuelas se encontraba Licha de De la Cuadra (Alicia Zubasnábar de De la Cuadra), quien había comenzado a participar en las rondas en septiembre de 1977, junto con su esposo y Hebe de Bonafini.

Por ese entonces María Isabel Chorobik de Mariani había comenzado a buscar a otras madres de desaparecidos que, como ella, también estuvieran buscando a sus nietos. Mariani había sido impulsada a agruparse con otras abuelas por Lidia Pegenaute, una abogada que se desempeñaba como asesora de menores en los tribunales de La Plata, donde aquella intentaba infructuosamente encontrar alguna solución para su caso. La Dra. Pegenaute, fue una de los casos excepcionales de funcionarios del poder judicial, que colaboraron genuinamente con los familiares de desaparecidos.

En el segundo semestre de 1977 Mariani fue a buscar a De la Cuadra a su casa de La Plata:

El día que conocí a Alicia ella estaba con un salto de cama rosado y ordenaba su casa. Empezamos a charlar y perdimos la noción del tiempo. Ese día empecé a descubrir lo que realmente estaba pasando y a entender que la búsqueda debía hacerse de otra manera, que no había un solo niño desaparecido sino por lo menos dos. Y si habían dos, ¡cuántos más podrían ser? Por primera vez tuve la horrorosa sensación de que no encontrábamos a los niños porque no nos los querían entregar.
Ese día María Isabel Mariani y Alicia de De la Cuadra tomaron la decisión de agruparse como abuelas y esta convocó a aquellas que conocía de las rondas de los jueves en Plaza de Mayo.

Licha (Alicia de De la Cuadra) buscó a las otras abuelas que ya conocía de la Plaza de Mayo, nos reunimos y decidimos empezar a trabajar juntas. Éramos 12 en ese momento. A mi me asombró verlas con tanta serenidad; yo era un guiñapo, un llanto continuo, las veía a ellas tan serenas y decía «tengo que ser como ellas». Primero nos dimos a conocer como Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos. Pero fuimos creciendo, la gente empezó a conocernos y a llamarnos las Abuelas de Plaza de Mayo.

Las doce madres-abuelas fundadoras se reunieron por primera vez el 21 de noviembre de 1977. Ellas fueron: María Isabel Chorobik de Mariani, Beatriz H. C. Aicardi de Neuhaus, Eva Márquez de Castillo Barrios, Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, Vilma Delinda Sesarego de Gutiérrez, Mirta Acuña de Baravalle, Haydee Vallino de Lemos, Leontina Puebla de Pérez, Delia Giovanola de Califano, Raquel Radio de Marizcurrena, Clara Jurado y María Eugenia Casinelli de García Irureta Goyena. ​Licha Zubasnabar fue su primera presidenta. Inicialmente adoptaron el nombre de Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos pero en 1980 terminaron organizándose legalmente con la denominación por la que ya eran públicamente reconocidas, Abuelas de Plaza de Mayo.

Este subgrupo de las Madres comprendió que la situación de los niños secuestrados por las fuerzas de seguridad, era diferente de la de sus padres y que se precisaban estrategias y metodologías específicas para recuperarlos. «Buscar a sus nietos sin olvidar a sus hijos», fue la consigna que las agrupó.​

Durante la dictadura militar y a pesar de los riesgos, las Abuelas de Plaza de Mayo iniciaron una tarea detectivesca para localizar a sus nietos, sin abandonar la búsqueda de sus hijos, a la vez que emprendieron una acción de sensibilización nacional e internacional acerca de los niños desaparecidos y el robo de bebés.

Una vez recuperada la democracia, el 10 de diciembre de 1983, las Abuelas se organizaron como asociación civil sin fines de lucro, dejando Licha de la Cuadra la presidencia, que pasó a ser ejercida por Chicha Mariani. Bajo su gestión, las Abuelas promovieron la utilización de los últimos adelantos genéticos para establecer un sistema de identificación de los nietos apropiados, sin antecedentes en el mundo y presionaron para que el Estado enjuiciara a los responsables de los secuestros de los niños, considerándolo como parte de un plan represivo.

En 1989, por diferencias con otras miembros dejó Abuelas. En febrero de 1996 fundó junto a Elsa Pavón y otras compañeras y compañeros un nuevo organismo, la Asociación Anahí, para promover, sostener y defender la plena vigencia de los DDHH. Entre sus prioridades siguió estando presente la búsqueda de su nieta, pero la Asociación tuvo y tiene, a su vez, como objetivos, la construcción de la memoria colectiva, el asesoramiento en derechos humanos y la defensa del derecho a la identidad. Especialmente, la Asociación trabaja en pos de la construcción de la memoria junto a las nuevas generaciones en la Casa Mariani Teruggi; en la búsqueda de justicia por los crímenes cometidos durante la última dictadura; en el acompañamiento de personas que buscan sus orígenes y en la preservación de fuentes documentales y testimonios referidos a los acontecimientos históricos que atravesaron a nuestro país y el mundo desde los años ´

http://www.periodista360.com/2018/08/21/murio-chicha-mariani-fundadora-de-abuelas-de-plaza-de-mayo/
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45307029
https://www.diario4v.com/sociedad/obituarios/2018/8/21/murio-chicha-mariani-una-de-las-fundadoras-de-abuelas-19667.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Isabel_Chorobik_de_Mariani
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