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jueves, 9 de febrero de 2012

Elena Poniatowska Amor, Premio Cervantes de 2013




Elena Poniatowska (19 de mayo de 1932) recibió, al nacer, el título de princesa Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, hija del principe heredero Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski, descendiente directo del rey Estanislao II Poniatowski de Polonia— y de María de los Dolores (Paula) Amor de Yturbe. Su familia emigró a consecuencia de la segunda guerra mundial: Elena llegó a los ocho años de edad con su madre —nacida en 1913 en París en una familia porfiriana exiliada en Francia tras la revolución mexicana; el padre continuaría combatiendo y se reuniría con ellas después de finalizada la contienda y su hermana Kitzya a la Ciudad de México. Allí, ambas niñas aprendieron el castellano de su nana Magdalena Castillo. A los 10 años fue enviada a los Estados Unidos a estudiar, primero en un colegio católico de Filadelfia y después en el Manhattanville College de Nueva York.

Ya de regreso en México, comenzó en 1954 su carrera periodística: trabajó primero en el periódico Excélsior, y el año siguiente comenzó su colaboración en el periódico Novedades, que continuaría prácticamente durante toda su vida. Actualmente escribe para el periódico La Jornada. Sus entrevistas a autores mexicanos y extranjeros alcanzaron gran éxito, y más tarde algunas de ellas se reunieron en Palabras cruzadas (1961) y en Todo México (1990). Poniatowska ha escrito en numerosas publicaciones, tanto nacionales como internacionales.

El primer libro de ficción que publicó aquel mismo año fue Lilus Kikus, una colección de cuentos, seguida en 1963 por Todo empezó el domingo. Mientras tanto, en 1955 había nacido su primer hijo, Emmanuel. En 1965 viajó a Polonia con su madre, y desde allí envió a Novedades una serie de crónicas en las que "cuestionaba el sentido de moral establecido, el de justicia y en general, el absurdo de la vida".

El reconocimiento internacional le vino con sus libros de testimonios, Hasta no verte, Jesús mío (1969), novela basada en un larga entrevista a la lavandera Josefina Bórquez, y especialmente con La noche de Tlatelolco (1971), acerca de la matanza, principalmente de estudiantes, ocurrida el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas.

El año de aquella tragedia nacional Poniatowska se casó con el astrofísico mexicano Guillermo Haro (1913-1988), con quien tuvo dos hijos más: Felipe y Paula. Pocos meses después murió su hermano Jan en un accidente automovilístico (había nacido en 1947, en México), y el padre de la escritora, por el impacto emocional, falleció al poco tiempo.

Poniatowska ha escrito cuentos, novelas, teatro y poesía. Entre las constantes de su obra encontramos la presencia de la mujer y su visión del mundo, la ciudad de México con su belleza y sus problemas, las luchas sociales, la vida cotidiana, la literatura, la denuncia de injusticias y la crítica social. Como creadora, se apoya en los recursos de la entrevista y la investigación periodística e histórica, quizá por ello su narrativa tiene mucho de testimonio, reportaje de investigación", señalan Angélica Arreola y Laura Navarrete.

«Sus escritos, especialmente sus crónicas, son una fuente excelente de información cultural, política, sociológica, económica e histórica de México y su pueblo», dice una enciclopedia en lengua inglesa.

A pesar de sus orígenes aristocráticos, Poniatowska ha sido políticamente de izquierda y una defensora de los derechos humanos que ha influido con sus puntos de vista sobre los sectores intelectuales más prominentes de México. Como dice la editorial Alfaguara, es una «periodista y escritora comprometida», que «a menudo ha puesto su pluma al servicio de las causas más justas».

En las elecciones presidenciales de 2006 apoyó a Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos, quien ha sido presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ante la crítica de algunos sectores,  destacados escritores extranjeros, entre los que figuraba el Premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago, firmaron una carta en su apoyo. Ese mismo año, participó en julio, junto con otros intelectuales, en la firma de un desplegado que condenaba los ataques israelíes al Líbano. El embajador de Israel en México acusó a los firmantes de apoyar el terrorismo.

A partir del 2007, el Gobierno de la Ciudad de México, a través de la Secretaría de Cultura, ha instaurado el Premio Iberoamericano de Novela «Elena Poniatowska», dotado de 500,000 pesos. El ganador de la primera edición de este certamen fue el novelista y licenciado en filosofía mexicano, Álvaro Uribe, por su novela Expediente del atentado.

Es sobrina de la poetisa mexicana Pita Amor (1918-2000).

La escritora Elena Poniatowska. CESAR DURIONE

                                     La locura de vivir



 Sobre Elena Poniatowska Amor y La pintora surrealista Leonora Carrington
PABLO ORDAZ 19/03/2011



Una va a cumplir 79 años y la otra ya llegó a los 95. Son amigas desde hace más de medio siglo, pero solo ahora -delante de dos tazas de té y de un pastel de chocolate- se atreven a volver juntas a la infancia. Lo hacen en inglés y en francés, sus idiomas de una época no solo lejana en el tiempo, sino también en la distancia. Aunque ambas son ya antiguas vecinas de la ciudad de México, la periodista y escritora Elena Poniatowska nació en París en 1932, hija de un descendiente directo del último rey de Polonia, y la pintora surrealista Leonora Carrington llegó al mundo en 1917 en el condado inglés de Lancashire y desde muy joven compartió mesa en el parisiense café Les Deux Magots con Max Ernst, Joan Miró, André Breton, Pablo Picasso, Salvador Dalí... Poniatowska supo siempre que la vida de su amiga ameritaba una novela, pero no le resultó nada fácil sonsacar a Leonora Carrington, implicarla en el proyecto. "A Leonora no le interesa nada de lo que se escriba sobre ella. Incluso no creo que vaya a leer el libro. Cuando nos sentábamos a hablar, me decía: '¿En qué estás trabajando?'. Y yo le respondía: en ti. Ella entonces ponía una linda sonrisa y me replicaba: '¿En tea? Ah, muy bien, vamos a tomar el tea'. Finalmente, Poniatowska lo consiguió. Escribió una novela que tituló Leonora y que el jurado del premio Biblioteca Breve 2011 consideró que se merecía ganar porque, "en un escenario cosmopolita y con recursos verbales magistrales, Elena Poniatowska construye una figura femenina turbadora en la que se encarnan los sueños y las pesadillas del siglo XX".





Sentada en su linda casa de México, recién llegada de Barcelona y a punto de salir hacia París, Elena Poniatowska espera la primera pregunta con la misma sonrisa e idéntica curiosidad de aquellos tiempos lejanos en los que, para parecer más mexicana, ocultaba que había sido criada como una princesa, en inglés y en francés, con clases de piano y de equitación. Hasta intentó firmar sus crónicas periodísticas con el apellido de su madre, Amor, y no con el de la dinastía Poniatowska, que le hacía parecer a los ojos de sus compañeros mexicanos "una espía rusa".

PREGUNTA. ¿Cuándo se conocieron?

RESPUESTA. Hace ya más de cincuenta años. Yo creo que le cayó bien la jovencita que era yo entonces. Ahora no hay tanta diferencia de edad porque yo voy a cumplir 79 y ella tiene 95. Pero cuando eres joven sí se nota si tienes tres años más... Yo le hice gracia porque preguntaba todo, cualquier cantidad de estupideces. Yo preguntaba por puritita ignorancia, por no saber ni en dónde estaba ni qué terrenos pisaba. Yo le preguntaba a Diego Rivera si sus dientes eran de leche. Y me decía que sí, para comerse a las polaquitas preguntonas... Yo preguntaba esas cosas porque no sabía nada. Tampoco sé nada ahora. Y sigo preguntando cualquier cosa, pero ya sin naturalidad... Recuerdo que Leonora era una mujer bellísima, bellisísima, que fumaba todo el tiempo. Todas las chimeneas de Inglaterra se las ha fumado Leonora.

P. ¿La falta de interés de Leonora sobre lo que se cuenta de ella es real o es una pose?

R. Es totalmente auténtica. De hecho, no creo que vaya a leer el libro. No le interesa. He escrito muchos artículos sobre ella y nunca me ha comentado nada. Ni recorta nada ni se entera. Supongo que sus hijos lo harán. Pero ella no es así. No tiene nada de figura pública. Ella, cuando le hacen un homenaje, la matan. La matan porque la suben a un estrado, le hablan de Max Ernst [el pintor surrealista alemán con el que tuvo una relación sentimental], un tema del que ella está superaburrida, y además no puede fumar. Pasa muy malos ratos. Leonora es una mujer muy solitaria, no le interesan las pláticas banales. Le aburren tanto que le dan ganas de pegarse un tiro.

P. ¿Por qué se decidió a escribir sobre Leonora Carrington?

R. Me di cuenta de que en México no hay mucho sobre ella. Que todos los libros escritos sobre ella y los estudios sobre su pintura están hechos en Estados Unidos. Entonces dije: qué raro, aquí hay muy poco, por qué... Pero no es una biografía, no es su historia. Alguien tendrá que hacerlas después, pero sí es un homenaje, un acercamiento a ella que no había habido. En primer lugar, porque ella y Remedios Varo

[su gran amiga, la pintora surrealista hispanomexicana fallecida en 1963] eran muy privadas, no querían que se hablara de ellas. No entendían ni les gustaba el muralismo mexicano, no querían a Diego Rivera, ni a Orozco, ni a Siqueiros, ni a la Revolución en los muros... Estaban muy lejos de todo eso. Es la razón por la cual creo que era importante ver su mundo.

P. Usted se metió en ese mundo, ¿qué descubrió?

R. Lo que descubrí me conmovió muchísimo. Leonora fue una espléndida combatiente anti-Hitler. Y una defensora de los judíos. Es un aspecto que no se había tratado. Su rechazo a Hitler es de lo más conmovedor y no se había tocado nunca. Y otra cosa que no se tocó jamás es su matrimonio con el escritor mexicano Renato Leduc. Siempre se había dicho que fue un matrimonio de conveniencia, pero ella sí quiso a Renato, fue pareja de Renato, fueron amantes. De hecho, ella dejó a Max Ernst, que era su maestro, que era lo más importante que podía imaginarse, y dejó Nueva York, que en esa época era la meca de la cultura, por venirse a México con Renato, un México del cual no sabía nada. Max le dijo: "Allí no hay galerías, no hay nada, los muralistas, los tres grandes, son infumables...". Y ella, de todos modos, se vino. Tal vez también lo hizo porque no quería formar parte de la corte de Peggy Guggenheim y quizás también porque quería escapar de la tutela de Max...

P. Cuando, después de vivir 20 años en Francia, detienen a Max Ernst, su gran pasión, y se lo llevan a un campo de concentración, Leonora se convierte en una feroz luchadora contra Hitler... ¿Por qué dice que esa oposición al nazismo es conmovedora?

R. Porque Leonora lo acompañó, ahí estuvo a su lado. Alquiló un cuarto cerca del campo de concentración para poder verlo todas las tardes. Y fíjese, a pesar de su reticencia a hablar sobre su vida, de lo que sí me habló y lo hizo con vehemencia -aunque no ahora, sino hace 8 o 10 años- fue de cuando estuvo en un manicomio en Santander, en España. Fue a raíz de que se llevaran a Max al campo de concentración. Ella perdió la cabeza y, cuando más tarde llegó a Santander, la encerraron. Allí le inyectaron algo que ya está prohibido y que se llama cardiasol, que provoca unos espasmos espantosos que llegan a provocar la rotura de la columna vertebral. Una cosa aterradora...

P. ¿Y de eso sí quiso hablar?

R. Sí, de eso sí me habló, buscando mi solidaridad, diciendo mira lo que me hicieron. De eso habló con mucha vehemencia, de eso habló como dos horas...

P. Como de una herida...

R. Como de una herida, de un maltrato, de una humillación. En aquella época, ella quería ir todo el tiempo a entrevistar a Franco, para decirle que cesara la guerra. Su defensa de los judíos es de lo más conmovedor... Y, sin embargo, es una mujer que no se deja llevar por el sentimentalismo. Leonora dice que el sentimentalismo es una forma de cansancio...

P. Cómo hizo entonces para que Leonora, tan reservada, se decidiera a contarle tantas cosas... ¿Contribuyó tal vez que las dos tienen trayectorias parecidas, dos mujeres de alta cuna que desafiaron las convenciones...?

R. Sí, el desafío a las convenciones, pero yo creo que ella fue más desafiante que yo en ese sentido. Pero es verdad que yo la entrevistaba aprovechando que las dos tuvimos una infancia parecida. Yo le decía: "Yo montaba a caballo". Y ella me respondía: "Lo que más me gustaba era montar a caballo". Y luego le decía: "Yo tuve un profesor de piano". Y ella me contestaba: "El mío se llamaba Mr. Richardson, me aburría como una ostra en sus clases...". Y así iba venciendo su poca predisposición a hablar. Leonora recuerda toda su niñez de maravilla. Dicen que la vida es un círculo, que cuando te acercas al final te acuerdas del principio...

P. Y así fue tirando del hilo...

R. Yo le platico cosas y ella me dice me too, yo también, a ella le fascina el pastel de chocolate, y hablamos de su infancia y así fue, de poco a poquito.

P. ¿Cuánto hay de ficción en el libro y cuánto de realidad?

R. Ah, sí, yo meto mucha ficción. En la novela hay muchísimo diálogo y los diálogos, pues, nunca sucedieron... Yo escribo como Dios me da a entender, hago como puedo, en el aire las compongo... En el libro incluí muchas de las cosas que ella me contó a lo largo de los años, pero también mucho de lo que ella escribió. Ella es una gran escritora. Ha escrito como nueve libros buenísimos, obras de teatro y cuentos, y todos los cuentos se relacionan con ella. Así que es muy fácil tomar fragmentos enteros de los cuentos y meterlos en la novela. Es lo que yo hice, y lo hice con un entusiasmo total.

P. Aunque no cree que lo vaya a hacer, ¿a usted le gustaría que Leonora lo leyera?

R. Claro, me gustaría. Tal vez puedo decirle que le voy a leer un capítulo, a ver qué le parece...

P. ¿Y le preocupa que no le guste?

R. No creo que no le gustara. Tal vez me podría decir: "¡Ay qué exagerada eres!" o "¿qué hongos tomaste?" o "¿de cuál te fumaste...?". Pero la novela está escrita con muchísimo respeto, no creo que ella pueda sentir que hay una traición.

P. ¿Fue Leonora una mujer libre?

R. Yo creo que sí.

P. ¿A costa de qué?

R. A costa de su soledad. Es una mujer muy sola. Aprendió a estar sola.





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miércoles, 8 de febrero de 2012

Las voces de las hijas: ¿qué esperamos del feminismo?





Las mujeres jóvenes entrevistadas participan en diferentes grupos cuyos objetivos son diversos, incluyendo, por ejemplo, la promoción social de las mujeres árabes y romaní, la promoción de la educación para la lucha contra la violencia de género. 

Sin embargo, podemos observar algunos elementos comunes que aparecen como objetivos de diversas organizaciones:

• La igualdad de las diferencias, en otras palabras, la búsqueda de la igualdad y la definición

de objetivos comunes entre todas las mujeres empezando por el respeto a las identidades diversas. 

• La promoción del diálogo entre las mujeres de diferentes culturas, procedencias étnicas, edades, niveles educativos, etc. 

• La promoción de la solidaridad entre todas las mujeres para luchar conjuntamente contra la discriminación de género. 

• La promoción social de las mujeres, especialmente de aquellas con mayor riesgo de exclusión social. 

• La importancia de la educación. 

• La democratización del feminismo, enfatizando la necesidad de incluir todas las voces.



Dentro del movimiento feminista es importante garantizar que hay muchas mujeres, diferentes en todos los sentidos, mujeres de todo el mundo, mujeres adultas y mujeres jóvenes, niñas... Y tiene que haber un momento en el que podamos hablar incluso si pensamos de manera diferente, pero eso es también bonito (Alba, h4t).

A pesar de todos estos aspectos, las mujeres jóvenes valoran muy positivamente el énfasis sobre la transformación y el diálogo social. Dicen que una de las cosas que las animan más a participar es que sienten que con sus acciones están logrando realizar cambios sociales reales, contribuyendo a la transformación de las situaciones de desigualdad y evitando posiciones pasivas.

En primer lugar, eso te enriquece a ti misma. He crecido mucho. Y aprendes mucho, quiero decir, aprendes mucho y al mismo tiempo ves que tienes más repercusión y que lo que estás haciendo es muy transformador. Sí, quiero decir, que realmente cambias cosas, que no es sólo una etiqueta o ir a una manifestación (Saray, h1t).

Respecto a los perfiles, las mujeres que hemos entrevistado están preocupadas por la necesidad de incluir el máximo de voces dentro de la organización en la que participan. Creen que la pluralidad es necesaria si los movimientos sociales quieren promover cambios sociales reales. 

Es muy bonito por eso (...) es muy enriquecedor estar con personas con vidas muy diferentes, con diferentes historias de vida, pero que son compatibles (...) porque eso hace que respetes a las otras personas, todas las opciones y te hace creer que otro mundo es posible y que todos podemos vivir en este mundo, con diferentes estilos de vida (Ariadna, h2t).

En otras palabras, creen que el feminismo no tiene que ser asimilacionista y tiene que respetar que cada mujer elija qué tipo de vida quiere, respetando las diferencias entre ellas sin forzar a nadie a separarse de su entorno, comunidad o identidad. 

Por lo tanto, dicen que sus organizaciones están formadas por diferentes mujeres.

Consideran que la pluralidad es necesaria para construir un movimiento social que pueda representar diferentes mujeres, incluyendo las motivaciones y los intereses de todas ellas. 

Por lo que se refiere a las actuaciones, son muy variadas. Muchas están en la misma línea que las acciones que solían hacer sus madres como por ejemplo, participar en conferencias o en grupos de mujeres de discusión sobre diferentes aspectos. Por otra parte, también apreciamos que las manifestaciones, que acostumbraban a ser muy importantes para sus madres, han perdido relevancia para ellas. Participan en algunas, pero no están muy presentes. Finalmente, subrayan las acciones centradas en la sensibilización de la ciudadanía sobre temas como la violencia de género o la importancia de la educación.

Ainhoa Flecha: Las hijas de las feministas. El feminismo del s. XXI... [RASE vol. 3, núm. 3: 325-335]
| Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 3, núm. 3, p. 33
http://www.ase.es:81/navegacion/subido/numerosRase/0303/03_3_FLECHA.pdf

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martes, 7 de febrero de 2012

México: Por "razones de honor", 16 estados dejan impune el feminicidio








En 16 estados de la República de México, los códigos penales estipulan los delitos por "razones de honor" o "emoción violenta", con lo que se justifican y quedan impunes las agresiones contra las mujeres, se asienta en la investigación "Feminicidio en México, aproximaciones, tendencias y cambios 1985-2009".


Con el argumento de que "la dignidad de la pareja ha sido agredida" se invisibliza el delito de feminicidio, advierte el estudio elaborado por ONU Mujeres, la Comisión Especial del Feminicidio de la Cámara de Diputados, el Instituto Nacional de las Mujeres y El Colegio de México.

Así, 16 códigos penales estatales contemplan atenuantes para disculpar la violencia que las mujeres sufren por parte de sus cónyuges, quienes incluso llegan a asesinarlas.

En Baja California Sur, Chiapas, Jalisco, Michoacán Yucatán, Nayarit, San Luis Potosí, Campeche y Zacatecas, se aplica la atenuante de "infidelidad conyugal" en los homicidios de mujeres, por lo que las penas de cárcel para los agresores son inferiores a las que se dictan por asesinatos cometidos bajo otras circunstancias.


En Coahuila, Nuevo León, Puebla, Querétaro, Sinaloa, Tabasco y Tamaulipas, existe la atenuante de "emoción violenta" para reducir las condenas de prisión a los agresores y homicidas.

Si el delito se comete por "infidelidad conyugal" o "emoción violenta" las penas de cárcel son muy bajas. Por ejemplo en Baja California Sur la condena es de cuatro a 10 años; en Chiapas, de dos a ocho años; y en Michoacán, de tres días a cinco años.

En cambio, el Código Penal Federal estipula de 10 a 40 años de prisión el homicidio agravado o calificado cuando la víctima es cónyuge o concubina.



De acuerdo con el informe, a nivel nacional hay una marcada tendencia discriminatoria a la hora de castigar las agresiones cometidas contra las mujeres, y que difiere de instrumentos internacionales de Derechos Humanos firmados por México, como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).


El estudio concluye que al no existir la figura del feminicidio en 23 códigos penales estatales se invisibilizan los crímenes en contra de las mujeres, situación que se agrava cuando aún hay estados que consideran "los delitos pasionales" en sus legislaciones.

Anaiz Zamora Márquez (CIMAC)
28 de diciembre de 2011
http://www.argenpress.info/2011/12/mexico-por-razones-de-honor-16-estados.html
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lunes, 6 de febrero de 2012

Domitila Barrios de Chungara. Catavi, Bolivia



Domitila  Barrios (Llallagua, Potosí, Bolivia 7 de mayo de 1937 - Cochabamba, Bolivia; 13 de marzo de 2012)

 1967 - El cementerio es como una imagen del fondo de la tierra. Es como esa bruma que va invadiendo toda la parroquia de Catavi. Es como las nubes que van llegando con todas las lágrimas de las minas. Es como el viento que va rompiendo el horizonte y, se viene tras la multitud de cuerpos caídos, esperando para ser enterrados; tras los muchos pozos que, son como heridas de esta tierra, cubierta por tanto dolor, por tanta mirada que cae como una piedra contra los militares que, el día antes sangraron la fiesta de San Juan en el vecino rincón de Llallagua...

Subida en el muro del cementerio, una mujer embarazada marca a fuego la muerte uniformada, marca la dolor con gritos salidos del último país de la alma, que es como decir de la furia guardada por cientos de años...

- ¡Asesinos!, ¡asesinos!

Y todas las miradas caen sobre ellos, y todos los odios del decir y del pensar... Pero los fusiles no hacen caso a la agonía, que es como decir que las sombras se tomaron toda Catavi y Llallagua. Y ella, la mujer del muro, con la panza grande como un mundo que va queriendo salir de sus entrañas, marcha presa por carajear los uniformes, que es como carajear al presidente de Bolivia, o sea nadie.

Y uno manda una patada contra ella que, se defiende y le da un sopapo, y el mismo manda un puñete y sigue mandado golpes, y le apreta la panza con la rodilla. Y ella se cubre y le araña la cara. Y él sigue mandando patadas. Y vienen otros cuatro para pegarle, y ella cae...

Cuando despierta entre rejas, con seis dientes rotos, la sangre chorrea... "Y como si la fatalidad del destino hiciera -dice-, comenzó el trabajo de parto. Empecé a sentir dolores, dolores y dolores y a ratos ya me vencía la criatura para nacer... Ya no pude aguantar. Y me fui a hincar en una esquina. Me apoyé y me cubrí la cara, porque no podía hacer ni un poquito de fuerza. La cara me dolía como para reventarme. Y en uno de esos momentos, me vencía. Noté que la cabeza de la huahua ya estaba saliendo... y allí mismo me desvanecí. Y cuando volví a despertar estaba toda mojada. Tanto la sangre como el líquido que una bota durante el parto, me habían mojado toda. Entonces hice un esfuerzo y resulta que encontré el cordón de la huahua. Y a través del cordón, estirando el cordón, encontré a mi huahuita, totalmente fría, helada, allí sobre el piso".

Después, todas la nubes se hicieron agua y todos los vientos cayeron sobre Llallagua y Catavi. Después hubo más peleas. Después, algún día de once años más tarde, dijo a su gente: "Nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro". Y se fue a La Paz con otras cinco, a liberarlo...

Domitila  Barrios de Chungara. Indígena nacida en Pulacayo, zona minera de Bolivia. Al morir su padre tuvo que hacerse cargo de sus cinco hermanas porque su madre estaba muy enferma. Con el correr del tiempo comenzó a preocuparse por la situación social que vivían las comunidades mineras. El 1952, se casó con una trabajador minero y empezó a participar activamente en el Comité de Amas de Casa del Distrito Minero Siglo XXI, del que la nombran Secretaria General. Su testimonio dio a conocer la masacre de San Juan, en 1967, cuando el dictador René Barrientos mandó al ejército contra las comunidades mineras de Catavi y Llalagua. Tras la matanza, ella, que estaba embarazada, fue apresada y torturada hasta que perdió su hijo. Posteriormente ayudó en la lucha contra la dictadura del general Hugo Banzer. En la Navidad de 1978, en La Paz, junto a otras cuatro mujeres mineras y veinte niños inició una huelga de hambre contra la dictadura. A ellas se sumó un sacerdote y en poca tiempo se sumaron más de mil quinientas personas. Con el correr de las horas los huelguista se multiplicaron por miles. Veintitrés días después de que las mujeres comenzaron la huelga de hambre, las calles de las distintas ciudades de Bolivia fueron invadidas por la gente. Otro gobierno militar se había terminado. Los libros en los que se recopilan los testimonios de Domitila son: "Si me permiten hablar" y "Las mujeres tienen la palabra", que fueron traducidos a varios idiomas. En 1980, se produce un nuevo golpe de estado, y ella debe exiliarse. En 1996 vive en Bolivia junto a cuatro de sus siete hijos.

(*) Este texto fue tomado del libro Mujeres del Siglo XX, de Kintto Lucas. Editorial Abya Yala, Quito, 1997.

http://www.rel-uita.org/internacional/domitila.htm
http://www.1325mujerestejiendolapaz.org/sem_domitila.html
http://word.world-citizenship.org/wp-archive/333
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domingo, 5 de febrero de 2012

Matilde Ucelay Maortúa primera arquitecta española además Premio Nacional de Arquitectura






Si hay una arquitecta conocida en España es Matilde Ucelay Maortúa, nacida en 1912 y fallecida en Madrid el 24 de noviembre del 2008. Y no solamente por haber sido la primera mujer que terminó la carrera de arquitectura en este país, sino por haber recibido en el 2004 el Premio Nacional de Arquitectura, otorgado anualmente por el Ministerio de Vivienda a “aquellos arquitectos cuya aportación sobresaliente y continuada, realizada fundamentalmente en España, y valorada con criterios objetivos, haya puesto de relieve los aspectos sociales, económicos, estéticos y tecnológicos de la arquitectura".



Los reconocimientos le vinieron algo tarde a esta singular e inteligente mujer, aunque ella no creía en más medallas que el bienestar de las personas que habitan en los edificios por ella diseñados. Matilde Ucelay terminó su carrera en 1936. Lo hizo de una manera natural, por vocación. 




Como natural fue su infancia dentro del ambiente culto, liberal y progresista de su familia, y natural su asistencia al Instituto Escuela (continuador del Instituto Libre de Enseñanza) donde estudió brillantemente el bachillerato. 


Algunas de sus amigas se decantaron por las carreras de Filosofía y Letras o Farmacia, pero ella tenía claro que lo suyo era la arquitectura. Época difícil, cuando menos, la que pasó estudiando en esos míticos años treinta en la Escuela de Arquitectura de Madrid, a pesar de algunos inconvenientes menores como el que la escuela careciera de aseos para señoritas. Amiga de Félix Candela y de Chueca Goitia y a pesar de lo inusual de su situación, siempre gozó del mayor respeto tanto de sus profesores como de sus compañeros. Su asignatura preferida: Proyectos Arquitectónicos.


Dos días antes de que estallara la guerra civil, fue homenajeada en el Colegio de Arquitectos de Madrid, acto al que acudieron destacadas figuras de la Segunda República como el Ministro de la Gobernación, Amós Salvador. Este hecho, junto con su filiación republicana, hizo que una vez terminada la contienda, fuera depurada y condenada en Consejo de Guerra a la inhabilitación para ejercer cargos públicos de por vida y para ejercer su profesión, durante cinco largos años.


A pesar de todas las prohibiciones y dificultades, Matilde Ucelay mantuvo una actividad profesional continuada durante más de cuarenta años, construyendo edificios para clientes privados, proyectos que hábilmente consiguió que firmaran, al principio de su trayectoria, otros compañeros. Ejerció su labor en circunstancias realmente difíciles, inmersa en el contexto social de la época franquista, en el que las mujeres se veían confinadas al ámbito privado y forzadas a cumplir roles exclusivamente domésticos y familiares, careciendo de derechos legales. Sencilla y responsable, trabajó toda su vida sin considerarlo algo excepcional.

Su arquitectura se caracteriza por una profusión y riqueza en los detalles, y por un diseño intimista, ligado al usuario y al entorno. Entre sus obras destaca un gran número de viviendas unifamiliares, colaborando en algunas ocasiones, con el diseñador de jardines y paisajista, Couchepin. Entre sus más de ciento veinte proyectos, destacaremos “La Casa Oswald”, en Puerta de Hierro en Madrid; “La Casa Benítez de Lugo”, en las Palmas de Gran Canaria; así como las librerías “Turner” e “Hispano-Argentina” en Madrid. También diseñó fábricas, laboratorios y otros edificios singulares siguiendo la técnica de Félix Candela, del que importó su patente desde México con la ayuda de su hijo arquitecto. 


Matilde Ucelay fue una pionera dentro de la arquitectura española, perteneciente a una generación de mujeres que supieron vivir su vida con imaginación. Mujeres que nos abrieron los caminos que hoy recorremos, con menores dificultades que las que ellas tuvieron que vencer, para participar en la hermosa tarea que es el construir.




FALLECE MATILDE UCELAY PRIMERA ARQUITECTA ESPAÑOLA por  INÉS SÁNCHEZ DE MADARIAGA (26/11/2008)


En la madrugada del pasado lunes falleció en Madrid Matilde Ucelay Maórtua, la primera mujer titulada en arquitectura en España, en 1936, y también la primera en ejercer una carrera profesional plena: más de 120 proyectos realizados íntegramente por ella misma con la sola ayuda ocasional de un aparejador, algunos en el extranjero, en más de 40 años de ejercicio profesional.


En la madrugada del pasado lunes falleció en Madrid Matilde Ucelay Maórtua, la primera mujer titulada en arquitectura en España, en 1936, y también la primera en ejercer una carrera profesional plena: más de 120 proyectos realizados íntegramente por ella misma con la sola ayuda ocasional de un aparejador, algunos en el extranjero, en más de 40 años de ejercicio profesional. La mayor parte de sus obras son casas unifamiliares, como la que construyó para José Ortega Spottorno, pero también proyectó fábricas, laboratorios, almacenes y tiendas. En sus obras destaca la sensibilidad por el uso y el cuidado en los detalles constructivos. Por las mañanas, Ucelay visitaba las obras; por las tardes trabajaba en el tablero. Una trayectoria excepcional reconocida por el Premio Nacional de Arquitectura 2004.


Nacida en 1912, Ucelay pertenece a esa generación de mujeres de la burguesía ilustrada española que, educadas en ambientes liberales, artísticos y profesionales, empiezan a acceder a las universidades en las primeras décadas del siglo XX. Su padre, Enrique, es abogado; a su madre, Pura, la encontramos compartiendo escena con Federico García Lorca. Ucelay estudia brillantemente el bachillerato en el Instituto Escuela, que simultanea con la carrera de piano, y, en 1931, ingresa en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Allí coincide con Félix Candela, a quien unirá una amistad de por vida, y con Fernando Chueca Goitia, con quien, estudiando durante un verano, realiza dos cursos en uno. Cuando termina la carrera, sus compañeros le ofrecen un homenaje al que asiste Amós Salvador, ministro de Gobernación.


En 1937 aparece como secretaria del Colegio de Arquitectos de Madrid, siendo presidente Eduardo Robles Piquer. El colegio, cerrado en los inicios de la guerra, había vuelto a abrir sus puertas por iniciativa personal de Ucelay. Se casa en Valencia en 1937 con José Ruiz Castillo, editor de los más importantes autores de las generaciones del 98 y del 27, y tiene dos hijos. En 1940 es depurada por la Dirección General de Arquitectura y condenada en Consejo de Guerra a inhabilitación perpetua para cargos públicos, directivos y de confianza, y, durante cinco años, para el ejercicio privado de la profesión. Como consecuencia de ello nunca recibió encargos públicos y sus primeros proyectos no pudieron llevar su firma.


Las mujeres de la generación de Ucelay abrieron en España caminos en las distintas ramas del arte, la ciencia y las profesiones, aunque muchas de ellas abandonaron o simplemente no llegaron a ejercer sus profesiones en el ambiente hostil del franquismo. No fue el caso de Ucelay. Más bien al contrario, en una época en la que las mujeres carecían de derechos legales, Ucelay, con gran inteligencia, dedicación y carácter, ejerció plenamente una profesión liberal de importantes responsabilidades hasta su jubilación en 1981. Sirva la integridad de su trayectoria ejemplar de modelo y referente a las nuevas generaciones de arquitectos, y sobre todo, de arquitectas, que desde este año son más de la mitad del alumnado en nuestras escuelas.


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sábado, 4 de febrero de 2012

Leonora Carrington artista surrealista

Carrington retratada por Inma Ruiz 


Leonora Carrington (6 de abril de 1917-25 de mayo del 2011 )
Nace  en el pueblo de Chorley, en Lancashire, Inglaterra. En el año 1936 ingresa en la academia Ozenfant de arte, en la ciudad de Londres. Al año siguiente conoce a quien la introdujo indirectamente en el movimiento surrealista: el pintor alemán Max Ernst, a quien vuelve a encontrar en un viaje a París y con quien no tarda en establecer una relación sentimental. Durante su estancia en esa ciudad entra en contacto con el movimiento surrealista y convive con personajes notables del movimiento como Joan Miró y André Breton, así como con otros pintores que se reunían alrededor de la mesa del Café Les Deux Magots, como por ejemplo el pintor Pablo Picasso y Salvador Dalí.

En 1938 escribe una obra de cuentos titulada La casa del miedo y participa junto con Max Ernst en la Exposición Internacional de Surrealismo en París y Ámsterdam.

Previamente a la ocupación nazi de Francia, varios de los pintores del movimiento surrealista, incluida Leonora Carrington, se vuelven colaboradores activos del Kunstler Bund, movimiento subterráneo de intelectuales antifascistas.

Leonora Carrington tenía solo 20 años cuando conoció a Max Ernst en Londres. Entonces el pintor ya contaba con 47 años y con bastante fama como surrealista. La gran diferencia de edad, el hecho de que Ernst además estaba casado, así como sus posiciones surrealistas radicales hacían que esta relación no contara con la anuencia del padre de Leonora. A pesar de ello, la pareja se reencontró en París y pronto se fueron a vivir a la provincia, al poblado de Saint-Martin-d'Ardèche, en una casa de campo que adquirieron en 1938. Hasta hoy se conserva en la fachada de esta casa un relieve que representa a la pareja y su juego de roles: «Loplop», el alter ego de Max Ernst, un animal alado fabuloso entre pájaro y estrella de mar y su «Desposada del Viento»: Leonora Carrington.

La vida tranquila y feliz de la pareja en este sitio duró solo un año. En septiembre de 1939 Max Ernst fue declarado enemigo del regimen de Vichy. Tras su detención y prisión en el campo de Les Milles, Leonora sufre una desestabilización psíquica. Ante la inexorable invasión nazi, se ve además obligada a huir a España. Por gestión de su padre es internada en un hospital psiquiátrico de Santander. De este período la pintora guardará una marca indeleble, que afectará de manera decisiva su obra posterior. Leonora describe, en su obra autobiográfica (En bas) los pormenores de esta dramática historia.

En 1941 escapa del hospital y llega a la ciudad de Lisboa, donde encuentra refugio en la embajada de México. Allí conoce al escritor Renato Leduc, quien terminará ayudándola a emigrar. Ese mismo año contraen matrimonio y Leonora viaja a Nueva York. En 1942 emigra a México y en 1943 se divorcia de Renato Leduc. En México, la pintora restablece sus lazos con varios de sus colegas y amigos surrealistas en el exilio, quienes también se encuentran en ese país, tales como André Breton, Benjamin Péret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y la pintora Remedios Varo, con quien mantendrá una amistad particularmente duradera.

Fue ganadora del Premio Nacional de Bellas Artes, otorgado por el gobierno de México en el 2005.

Falleció a los 94 años en la Ciudad de México el 25 de mayo del 2011.



 La inmortal Leonora Carrington

El escritor Pável Granados, autor de El ocaso del porfiriato, Mi novia la tristeza, entre otros habló esta mañana con Animal Político sobre la muerte de la artista Leonora Carrington: “Pensaba que no se iba a morir nunca, que era inmortal, aunque en cierto sentido lo es porque su obra es una fuente de sueños, una obra tan vital y tan fuera del tiempo. Pienso que Leonora Carrington es una de las mentes más extravagantes, fuera de serie, es una obra que se mantuvo a lo largo de los años”.

Y es entonces cuando recuerda la exposición que en 2008 le dio otra cara a Paseo de la Reforma, cuando la locura lívida de sus 17 esculturas fue compartida entre muchos: “Fue una especie de regalo para la ciudad de México, uno pensaría que era una obra antigua, pero era la obra reciente de Leonora Carrington, su mente estaba trabajando tan bien como siempre. Había gente de todas las edades, era asombroso, hasta conmovía.

“Leonora Carrington es capaz de conocer los sueños que tras ella ya no pueden ser abandonados”

Carlos Monsiváis

Admirada por todos, Carrington perteneció a un grupo de artistas que habían vivido en Francia antes de la Segunda Guerra Mundial, antes de la ocupación nazi, y, según han dicho algunos, esto fue lo que la motivó a que se casara con Renato Leduc y llegara a México en 1941: “Estuvieron juntos un tiempo, él siempre decía que Leonora Carrington era una mujer de otra especie, completamente ajena.

“A veces me la encontraba en la calle y una de las cosas más surrealistas que me han pasado en la vida es ver salir a una pintora surrealista de la tiendita o del cajero automático”.

Entonces al escritor le viene a la mente el recuerdo de Leonora caminando por las calles de la colonia Roma, donde vivía, en la calle de Chihuahua, con su andar erguido, vigilado de cerca por una enfermera. Le vienen a la mente esos encuentros donde Leonora hablaba de París, de Renato Leduc, de su amistad con Agustín Lara, a quien curiosamente no conoció en París, aunque coincidieron en la capital francesa en 1938.



“Ahora veo con terror el mundo”: Leonora Carrington

La reportera Nélida Alejandra Cabrera, de la revista Farenheit, entrevistó a la artista hace seis años.

No es una mujer fácil. Depende del día, especialmente cómo interactúes con ella. No debes hablarle de su pasado ni de política, tampoco de su relación con Max Ernest. Demasiadas advertencias para ir relajada al encuentro con una de las últimas protagonistas vivas de un movimiento que puso, allá por los años treinta, al mundo del arte de cabeza: el surrealismo.

Una anécdota contada por quienes dicen conocerla suma cierto cosquilleo: hace mucho un periodista le preguntó: “Leonora, ¿qué cosas le hacen gracia?”. Ella, con una sonrisa, contestó: “tu cara”.

El misterio se develó cuando, 15 minutos después de la hora pactada para la entrevista, llegó Leonora Carrington. El escenario fue la galería El Estudio, casa de arte que representa a este mito de aquella tendencia artística que se originó en París, Francia, se expandió por el mundo y encontró en un nuestro país un refugio para muchos de sus fundadores, entre ellos André Breton, Wofgang Paalen, Alice Rahon y Remedios Varo.

Pintora, escritora y escultura, Leonora (Lancashire, Inglaterra, 1917) despierta admiración en las nuevas generaciones, aunque ella haya dicho: “en mi opinión, no es bueno admirar por completo a alguien, incluido al propio Dios, porque al hacerlo se excluye una de las facetas más importantes del ser humano: su lado oscuro, que no debe despreciarse”.

Vestida con una camisa y falda de jean, una figura muy delgada, cabello blanquísimo recogido, una mirada clara y profunda, se planta en el lugar, su imagen irremediablemente recuerda a esas criaturas fantasmagóricas que merodean en su obra. Saluda, comenta lo tardado que es hacer trámites en los bancos, se prende un cigarrillo y pregunta: “¿qué quiere saber?”.


¿Qué está haciendo en la actualidad?
Ir al supermercado, a la farmacia, comprar comida, sobrevivir como puedo, esa es la verdad. Ahora, si quiere que le invente algo…



Así inició la plática. Repasar su vida no sería una tarea sencilla, Leonora no es difícil, más bien es una mujer provocadora, de frases cortas y verba filosa, como lo ha sido a lo largo de sus 88 años de existencia.

“Tengo tantos problemas que me cuesta guardar en la cabeza todas las cosas que me vienen. Lo que más me interesa es poder dormir toda la noche, para poder recuperarme y seguir otra vez”.

Alguna vez aseguró que usted no inventó un mundo, más bien el mundo la inventó a usted. ¿Qué mundo la está creando en la actualidad?

Mi marido, Chiki (Emerico Weisz, fotógrafo húngaro con quien se casó en 1946), tiene 94 años, apenas puede caminar. Yo tengo 88 años, así que hoy en día invento una casa de viejos muy agradable, adonde me dejan en paz.

La lectura ha sido determinante en su vida. Justamente fue a partir de un libro que le regaló su madre, El surrealismo, de Herbert Read, cuya portada es un cuadro de Max Ernest, Dos niños amenazados por un ruiseñor, que se introdujo en el movimiento surrealista, tenía 19 años. Más tarde alimentó ese fantástico universo con tratados de alquimia, astrología, cábala y mitología celta, y ahora se sumerge en la física para encontrar respuestas a ciertos misterios de la vida.


¿Qué encontró en esta ciencia?
No sé de esto. Yo solamente soy una persona muy ignorante de la física y de la matemática, me enseñan un número y no sé de qué lado hay que escribir.



Me interesa tratar de saber qué somos, porque no sabemos de dónde venimos. Sabemos sólo los detalles sexuales de los papás, pero esto realmente no explica mucho, porque ¿qué es el sexo, de dónde viene?


¿Qué le preocupa del mundo exterior?
Todo el planeta, con todos los seres encima y todo lo que está a su alrededor, que es mucho.
Creo que el ser humano es un animal muy peligroso, estropea el planeta con las agresiones, las matanzas, los otros animales tienen una moral, qué puedo decir… no creo que las mujeres sean tan maravillosas tampoco. Ahora veo con terror el mundo.


¿Ahora más que antes?
Sí, ahora más que antes.

Pero, ¿hubo mujeres importantes que marcaron su vida?
“Importante” me parece una palabra vacía.

¿Cómo ve la posición social de la mujer en la actualidad?
Mejor que cuando nací. Provengo de una familia muy convencional, tuve tres hermanos y yo era la única mujer. Mi padre era bastante autoritario y mi madre lo era menos.
“Las sensaciones son muy difíciles de expresar con palabras intelectuales, porque los sentimientos son diferentes a lo intelectual… a veces entran en conflicto”.

¿Qué movimiento artístico de las nuevas generaciones le gusta?
No puedo dar una opinión porque no soy crítica de arte. Lo que hacen, hacen. Si me gusta o no me gusta es cosa personal, mía. Pero los artistas hacen lo que les viene en gana.

¿Existe en la actualidad un movimiento surrealista?
Surrealista en la actualidad, no. De lo que he visto no hay. Esto es una cosa que ya pasó y lo que hacen ahora es lo que le salen, uno hace lo que sale, uno hace lo que sabe, ¿no?

¿El surrealismo fue una actitud?
No hay que poner la palabra antes de la realidad, hay que poner primero la realidad. La realidad es que encontré el surrealismo en un libro que me regaló mi mamá en Navidad, que estaba escrito por un inglés que se llamaba Herbert Read. Tenía una afinidad muy cercana con ese movimiento, por lo que no fue una decisión propia. Esa es la verdad.
El encuentro fue sumamente ordinario y sencillo. Mi mamá me dio un libro porque le gustó la portada.

Cuando llegó a México ¿con qué país se encontró?
Primeramente no había tanto smog, no había tanta gente y tampoco tantos coches. Era más fácil de respirar, la gente era más amable, aunque conmigo siempre han sido muy amables.

¿Y el México de hoy cómo lo ve?
Mis informantes son los choferes de taxi y cada uno dice algo diferente, yo sé muy poco de lo qué pasa.

Leonora no quiere hablar de lo que ella llama política, aunque pertenezca a una generación de artistas cuyo pensamiento crítico los llevó a ser protagonistas de una ruptura. Además de formar parte de una emigración europea, muchos de ellos refugiados políticos, que llegaron bajo el amparo del gobierno de Lázaro Cárdenas entre 1934 y 1940.
Antes de desembarcar en México, Leonora se instaló en Nueva York junto a su marido, el mexicano Renato Leduc, con quien se casó en Portugal. Pero fue aquí donde se consolidó como artista.

De todos esos lugares que recorrió, ¿cuáles le resultaron más pictóricos?
Todos me gustan como lugares de sorpresa, de enseñanza o físicamente hermosos. Por ejemplo, París y Londres son muy sublimes, Nueva York es muy interesante, Chicago también.

¿Y qué le fue aportando para su obra?
En México he tenido más posibilidades, ahora cambió un poco. Aquí empecé hacer algo que llegó al público, pero no lo pensé de esta manera cuando yo estaba trabajando.

¿Qué es para usted la vejez?
Creo que la naturaleza es muy feroz. Es muy desagradable nacer, estamos condenados a nacer. Llegamos a la vejez que tampoco es muy agradable, y la muerte no sé, nunca en mi memoria me he muerto.
Yo no conozco a nadie, ni a mí misma. Uno no puede conocerse, los seres vivos no sabemos nada. Estoy convencida de la enorme y oscura ignorancia en la cual todos vivimos. Somos una cosa tan chiquita en el enorme universo y no sabemos nada. Usted me pregunta cosas que no puedo contestar, no puedo. Porque tengo conciencia de estar prácticamente invisible.


Pero usted es una persona pública…
Esto llegó, pero no juego ese papel, trato de no jugar papeles, no tengo tiempo. Todos estamos en una enorme oscuridad y la única sabiduría para mí es saber que no sabemos nada.

Leonora deja entrever a una mujer que posee una sensibilidad diferente al resto. Es consciente de que ante una entrevista se calza su mejor traje blindado. De ahí que, al final, ofrece disculpas.

Los años no la han hecho indiferente a la “descomposición del mundo”, sino que lo denuncia. Tampoco le robaron belleza, la colmaron de misterio y elegancia, porque desde ese mapa que la vida ha dibujado sobre su rostro se asoma ese rasgo de “oscuridad”, que no es más que el espacio que ha reservado para sí misma. Por ello es una mujer mágica.



“Leonora Carrington en la Ciudad de México” Arte y Cultura, Exposicionesfebrero 13, 2008 16:20



Las esculturas de la artista surrealista británica Leonora Carrington han tomado desde hoy hasta el próximo 31 de octubre un tramo de una de las principales vías de la ciudad de México en una iniciativa de la alcaldía, que pretende sacar el arte a la calle.


La colección de 17 esculturas que forman la exposición “Leonora Carrington en la Ciudad de México” fueron realizadas entre 1994 y 2007 y miden desde 90 centímetros a 8,5 metros de alto, según informó el comisario de la exposición, Isaac Masri.


Están acompañadas por 50 paneles luminosos con pinturas de la artista, fotos suyas y de su familia, y frases sobre su modo de ver la vida. Este proyecto de arte en espacios públicos está situado en el neurálgico Paseo de Reforma, desde el Museo de Arte Contemporáneo Tamayo hasta el Museo de Antropología.


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viernes, 3 de febrero de 2012

Perota Chingo







Perota chingo esta conformado por Julia Ortiz y Dolores Aguirre ( conocidas en la net como Dolo y Maju ), si bien ambas somos oriundas de la costa norte Porteña del Rio de la Plata y nos conocemos hace ya unos 20 años, esta formación surge en y para el verano del 2011, con la autopropuesta de conocer toda la costa Uruguaya a dedo, guitarra y dos voces . 

el cabo Polonio nos abrio todas sus puertas y ventanas y nos abrazo con fuerza en un flujo arremolinado de energías musicales. 

nos encontramos un muy buen día con Pocho Alvarez y Martin Donozo que en esta serie de espontaneidades nos invitaron a un rico plato de trigo con pasas y capturaron de la forma mas sensible un momento de estos momentos magicos, unicos e irrepetibles. 



Dolores Aguirre  es la autora de este especie de sonido "saca-sonrisas"

Lo filmó Pocho Alvarez (pochoalvarez@gmail.com) y lo hizo junto con Martin Donozo (tinchodonozo@gmail.com) (gracias muchachis) y fue extraido de unos minutos de tarde de Cabo Polonio en 2011.


Pueden seguirlas en Facebook poniendo "Perota Chingo"!!! www.facebook.com/perotachingo

http://agencianan.blogspot.com/2012/04/perota-chingo-la-musica-es-algo.html

http://heroinas.blogspot.com/2013/11/perota-chingo.html
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jueves, 2 de febrero de 2012

Alice Walker escritora feminista



 Alice Malsenior Walker (nacida el 9 de febrero de 1944) es una escritora afroamericana y feminista que recibió el Premio Pulitzer a la obra de ficción en 1983 por la novela El color púrpura, en la que se basó la película del mismo nombre, dirigida por Steven Spielberg.
Los primeros años y la influencia de su madre Walker nació en Eatonton (Georgia, Estados Unidos), y su familia tiene sangre cherokee, escocesa e irlandesa. Fue la octava y última hija de Willie Lee Walker y Minnie Talulah Grant, que eran nietos de esclavos y aparceros en la pequeña comunidad agrícola sureña y vivían en una minúscula cabaña. 
Según indica Carmen Alborch en un capítulo de su libro Libres, ciudadanas del mundo dedicado a esta autora, las relaciones de Walker con su padre fueron conflictivas, especialmente cuando la joven mostró interés por los trabajos intelectuales. Su madre se dedicaba al servicio doméstico y también era costurera. No soportaba los malos tratos y se marchó de casa de su propio padre, que intentaba tratarla mal. Esto parece indicar que su madre pudo ser la figura en la que se inspiró para diseñar a Celie, la protagonista de su principal novela. Además, su madre –no se sabe si de manera consciente o no- pareció señalarle el destino cuando, tras ahorrar durante mucho tiempo, le regaló tres objetos: una máquina de coser que le permitiría ser independiente, una maleta para que viajara y regresara y una máquina de escribir. 

El trauma de la ceguera 

Cuando a los 8 años jugaba con sus hermanos a indios y vaqueros, uno de ellos le disparó con una escopeta de perdigones y dejó a Walker tuerta de por vida. Para la escritora éste fue un acontecimiento que marcó su vida porque su familia trató el suceso como un accidente mientras que ella lo consideraba un acto totalmente deliberado. Por otro lado, la cicatriz dejó en ella un profundo sentimiento de fealdad, aislamiento y soledad y se vio discriminada por otros niños y niñas, sintiéndose incapaz, debido a ella, de mirar a los ojos a otras personas. 
Probablemente esto influyó de varias formas en su literatura, ya que, en su opinión, su desarrollo como escritora se inició porque pudo quedarse fuera y observar. Es decir, la herida le proporcionó consciencia y lucidez. Carmen Alborch señala además que los personajes de sus novelas atienden a multitud de asuntos (sociales, políticos, económicos o culturales, entre otros), pero estas circunstancias se mueven con un impulso interno: la conciencia. Por ello, la cuestión que se repite en la obra de Walker es cómo cambian las personas y qué les hace cambiar. 

Vida 
Entre 1967 y 1976 estuvo casada con Mel Leventhal, activista y abogado defensor de los derechos humanos de origen judío, y la pareja tuvo una hija, Rebecca Walker, quien también es activista y escritora reconocida (en el 2000 publicó sus memorias, Black White and Jewish (Negra, blanca y judía, aún no publicada en español), donde describe la influencia negativa de la relación de sus padres sobre su infancia.
 Actualmente, Walker y su hija están separadas. Rebecca declaró que su madre escribió que su "relación había sido incongruente durante muchos años, y que ella ya no estaba interesada en ser mi madre."
 Walker es vegetariana. Walker habló abiertamente de su relación amorosa con la cantautora Tracy Chapman en una entrevista en diciembre de 2006 con The Guardian, en donde explicó por qué no hicieron pública su relación, diciendo que "la relación era encantadora y amorosa y maravillosa, y yo la disfruté por completo, y estaba absolutamente enamorada de ella, pero no se trataba de un asunto de nadie más, era un asunto nuestro.

Obra
 Walker ha escrito novelas, relatos, ensayos y libros de poemas. Sus escritos suelen centrarse en las luchas de los afroamericanos, especialmente las mujeres, y su testimonio contra las sociedades racistas, sexistas y violentas. También escribe sobre el papel de la mujer negra en la cultura y la historia. 

El color púrpura  
En 1982, Walker publicaría el que fuera su trabajo más conocido, la novela epistolar El color púrpura. Se trata de la historia de una joven mujer negra en lucha no sólo contra el racismo de la cultura blanca, sino también contra las actitudes fomentadas desde el patriarcado negro. Este libro obtuvo un absoluto éxito comercial. Acabó convirtiéndose en un best seller que en 1985 vería una adaptación cinematográfica dirigida por Steven Spielberg, en la que ella misma se encargó de adaptar el guion, y su secuela como musical de Broadway en 2005.
 Además del Premio Pulizter en 1983, también ganó el American Book Award por este libro. Por otra parte, el libro ha recibido numerosas críticas centradas en la imagen que el libro da de los hombres afroamericanos.
 Cuando fue publicado, había críticas sobre los perfiles de los personajes masculinos, ya que se les describía como abusadores (en el caso de Alber/Mr) o bufones (como su hijastro Harpo). Las críticas se intensificaron cuando la película vio la luz, ya que la trama de ésta corta una significativa parte del libro en la que se cuenta una reconciliación entre Albert y Celie, la protagonista.

Activismo 

 Walker es una figura muy respetada en la comunidad política liberal por su apoyo a las visiones impopulares e inconvencionales como principio personal. Se reconoce abiertamente como bisexual y apoya los derechos de las personas en cuanto a la diversidad sexual, étnica o racial. Su principal influencia fue el activista Howard Zinn, uno de los profesores del Spelman Collage donde ella estudió. Ella pasó varios años en la década de los 60 trabajando como activista por los derechos civiles. Se ha implicado en causas como la ambiental, la feminista, la de los derechos de los animales, contra el bloqueo a Cuba y contra la mutilación genital femenina. 







Así que al final ni siquiera se puede realmente lamentar de su desgracia ", explica la querida autora Alice Walker," porque la llevó a alguna parte. "

Walker habla de su experiencia. El crecimiento entre la pobreza en el Sur segregado y la perdida de parte de su visión en un accidente de la niñez, el recibir amenazas del Ku Klux Klan por su matrimonio interracial y trabajar con la NAACP en Mississippi en 1960 . Walker ha tenido su cuota de dificultades.


Pero con los años ha canalizado estas experiencias innovadoras en la ficción sobre la vida de los negros en Estados Unidos, convirtiéndose en una de las-los escritores más célebres de su tiempo. A través de su continua dedicación a la escritura y la política , sigue siendo un gran ejemplo de lo que significa llevar una vida con objetivos.




http://es.wikipedia.org/wiki/Alice_Walker
http://aalbc.com/authors/alice.htm#.TyJrdMVdxIE
http://www.openroadmedia.com/authors/alice-walker.aspx
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miércoles, 1 de febrero de 2012

Jane Jacobs divulgadora científica, teórica del urbanismo y activista político-social



Jane Butzner Jacobs (Scranton, 4 de mayo de 1916 — Toronto, 25 de abril de 2006) fue una divulgadora científica, teórica del urbanismo y activista político-social canadiense, nacida en Estados Unidos.


Su obra más influyente fue The Death and Life of Great American Cities (1961), en la cual critica duramente las prácticas de renovación urbana de los años cincuenta del siglo XX en Estados Unidos, cuyos planificadores (planificación urbanística, diseño urbano) asumían modelos esquemáticos ideales que según ella condujeron a la destrucción del espacio público. Utilizando métodos científicos innovadores e interdisciplinares (procedentes tanto de las ciencias sociales como de las ciencias naturales), la autora identificaba las causas de la violencia en lo cotidiano de la vida urbana, según estuviera sujeta al abandono o, por el contrario, a la buena alimentación, la seguridad y la calidad de vida


Sus ideas sobre la autoorganización espontánea del urbanismo fueron aplicadas en el posterior concepto de sistemas emergentes.



Además de por su obra literaria, Jacobs destacó por su activismo en la organización de movimientos sociales autodefinidos como espontáneos (grassroots), encaminados a paralizar los proyectos urbanísticos que entendía que destruían las comunidades locales. Primero en Estados Unidos, donde consiguió la cancelación del Lower Manhattan Expressway; y posteriormente en Canadá, a donde emigró en 1968 y donde consiguió la cancelación del Spadina Expressway y la red de autopistas que pretendían construirse


Jane Jacobs era una pensadora brillante y una revolucionaria en su disciplina. Sus teorías fueron claves para entender la gestión urbanística de ciudades como Nueva York y otros grandes núcleos urbanos en Norteamérica.

Jane Jacobs, teórica y activista del urbanismo humanista- 


El pasado martes, 25 de abril de 2006, Jacobs falleció en un hospital Toronto (Canadá) a los 89 años, donde vivía desde 1968, tras abandonar Estados Unidos para evitar que sus hijos fueran alistados en el Ejército para ir a la Guerra de Vietnam. Le irritaba saber que sus impuestos servían para financiar el conflicto, hasta el punto de que se cuestionó su lealtad.



El próximo 4 de mayo iba a cumplir 90 años, pero su salud era delicada. Nacida en la ciudad minera de Scranton (Pensilvania), Jane Jacobs no tenía una formación académica en la disciplina que dominaba.

Pero como decía el alcalde de Toronto, David Miller, sus contribuciones y conocimientos cambiaron la forma en la que se desarrollan las grandes ciudades norteamericanas. Su trabajo más conocido se titula The Death and Life of Great American Cities, publicado en 1961, todo un clásico y referente en el mundo de la arquitectura urbana.

Era una persona exuberante, original, amable y con una mente privilegiada, genial. Su magia estuvo en transformar la visión tecnócrata que tenían los planificadores urbanísticos de la época, para que se fijaran más en las cuestiones humanas de las ciudades y en sus comunidades.

Y de esta manera se opuso frontalmente a la expansión descontrolada de las urbes, a la construcción de grandes autovías que tejieran los núcleos urbanos, a los coches como símbolo del progreso, a la separación de los barrios o a la idea de que las calles vacías eran una garantía de seguridad.

En su particular visión de la ciudad, Jacobs intentó cambiar las reglas que dominaban en su tiempo y trató de imponer nuevos principios, para hacer de las calles y de los barrios lugares vibrantes para vivir y trabajar, llenos de gente, con comercio, a la vez que se preservaba su naturaleza distintiva, atendiendo a sus raíces históricas. Y en esta nueva realidad que proponía, la iniciativa de la autoridad local jugaba un papel primordial frente a una burocracia centralizada. "Inspiró una especie de revolución", dijo su editor, Jason Epstein.

Antes de trasladarse a Toronto, Jane Jacobs, casada con el arquitecto Robert Jacobs, vivió durante algunos años en Nueva York. Su marido falleció en 1996. La ciudad de los rascacielos no es la única que se han impregnado de sus teorías y conocimientos. Hay otras menos conocidas, como Hércules (California) y Civano (Arizona) que han seguido las guías hacia el nuevo urbanismo surgidas del ingenio de esta pensadora.

Entre los numerosos galardones que recibió Jacobs por su obra están el que concede la National Building Foundation en Washington o la Orden de Canadá.-

SANDRO POZZI 27/04/2006 



 Obra
La muerte y la vida de las grandes ciudades de América (1961) Nueva York: Random House. ISBN 0-679-60047-7 (trad. fundido. 
Muerte y vida de las Grandes Ciudades , Capitán swing Libros 2011)
La economía de las ciudades (1969) ISBN 0-394-70584-X (trad. fundido. La economía de las Ciudades , Edicions 62, 1969)
La cuestión del separatismo: Quebec y la lucha por la Soberanía (1980) ISBN 0-394-50981-1
Las ciudades y la riqueza de las naciones (1984) ISBN 0-394-72911-0 (trad. fundido.
 Las Ciudades y la Riqueza de Las Naciones , Ariel 1986)
Sistemas de supervivencia : un diálogo sobre los fundamentos morales del comercio y la política (1992) ISBN 0-679-74816-4 
La naturaleza de las economías (2000), Nueva York. Random House, The Modern Library ISBN 0-679-60340-9 
Edad Oscura por delante (2004) ISBN 1-4000-6232-2

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