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sábado, 18 de octubre de 2014

Martha Canfield


 Martha Canfield  Nació en Montevideo, en 1949. Poeta, traductora, ensayista y profesora universitaria. Doctora en Filosofía y Letras. Egresada del Instituto Caro y Cuervo, en Colombia. Poesía publicada en español: Anunciaciones, 1977; Mar/Mare, 1989, El viaje de Orfeo, 1990; Caza de altura, 1994. Ensayos: La provincia inmutable. Estudios sobre la poesía de Ramón López Velarde, 1981; El patriarca de García Márquez, arquetipo literario del dictador latinoamericano, 1984; Configuración del arquetipo, ensayos de literatura hispanoamericana, 988 y El diálogo infinito: una conversación con Jorge Eduardo Eielson, 1995. Desde 1996 está vinculada a la Universidad de Florencia y preside la Fundación Jorge Eielson.
Escribe Martha Canfield : “...El espacio de la poesía es ilimitado y oscuro. O mejor, más precisamente, el espacio que nos separa del acontecimiento poético es una larga tiniebla. Cada palabra que encontramos va abriendo la tiniebla, la hiende, la desgarra, descubriendo en ella jirones de luz a cada paso. El umbral del abismo infunde temor, pero es indispensable deponer las armas para entrar. Al final se llega a un centro y es la plenitud. Pero la dicha dura poco. El orden creado, por un instante perfecto, en seguida resulta fugaz. La onda tumultuosa de lo real invade la quietud feliz de nuestra orilla, trayendo desconcierto y pena. Sólo con el tiempo y no siempre, sino a veces, en la lectura del pasaje escrito, se recupera una sensación de belleza y el recuerdo de una beatitud. Sin embargo, el recuerdo no satisface; al contrario despierta, incita. Y entonces, poco más tarde, nos volvemos a encontrar con la pluma en la mano, única espada admitida. Escribir se vuelve de este modo una compulsión, un drama y una alegría, un oficio infinito, como la vida.”

Como una planta

Quita la hierba que me crece en torno
no ves que me sofoca
devuélveme aire y viento
la luz que ya no encuentro
aunque sea secreta y tenebrosa
me es indispensable
riégame con el agua impetuosa
del río que conoces
recórtame las ramas sin forma y voluptuosas
quita las hojas secas
cava poda despalma
déjame ser esbelta y bien segura
como antes lo era
en la pura belleza del principio
cuando el instante era más que el absoluto
y luego sin piedad
te pido por favor
córtame las raíces
arráncame del suelo
déjame volar en el aire anhelado
un día una hora un minuto feliz
déjame soñar
que no me importa nada
si la respiración me alcanza apenas
para entender la insidia
el vértigo el error
y luego desplomarme
en el sueño sin sueños
de lo oscuro inasible
del vacío sin ti.


Tiempo serpiente

¿Cuántos minutos tienen
las horas de un amable conversar?
Estábamos seguros
que algunos eventos del pasado
formaban la raíz
de ciertas situaciones actuales.
Así, guiados por nuestro razonar
ante los ojos nuestros
los tiempos sucesivos
adquirieron la forma de serpiente
y el aire seguro acogedor
de nuestro cuarto
nos sostenía como si eso fuera
el interregno cálido
de un sueño a ojos abiertos.
Pero de pronto las disquisiciones
encontraron un orden imprevisto
y yo te iba diciendo
y tú me ibas diciendo
y el brazo circular
del tiempo de serpiente
sin fin fue dando vueltas
con amor acunándonos
como madre abrigándonos
dejando abierto solamente un paso
una breve salida ascensional
por donde tu corazón y el mío
en la ebriedad de lo que al mismo tiempo
es nuevo y es antiguo
subían y gozaban
cantaban y volvían
al ingrávido centro
del instante sublime
del tiempo atemporal.
Jardín de invierno


    Para Oreste Macrí
    maestro venerado

Como un jardín botánico
de invierno
donde cada arbolito
cada planta tuviera
una etiqueta
limpia y ordenada
clavada en la tierra
declarando
su familia su especie
su historia y su destino
dejando en claro
que no queda nada en manos del azar
solamente tal vez
la gran melancolía
de una tarde más gris que cualquier otra
donde las nubes no alcanzarán la forma
prevista ni soñada...
El aire se condensa en una gran burbuja
y sopla y se derrama
y toda la tristeza de la tarde
se acumula al pie del arbolito
que tiene que crecer según su especie
y solo desafía
la gris melancolía
de este jardín de invierno.
Aves de mar


    Para Márgara Russotto

Del verde al azul
y del oscuro al claro
en beata ineptitud se balancea
el ánade pequeño
llamado guanaguanare.
Sobre las ondas deja
su blancura intacta
suspende su apetito
y calla su graznido
y ni siquiera el vuelo
de ese pelícano a su lado
puede arrancarlo
de su sueño.
Si es sueño su olvido
si es olvido su comunión marina
si es callado el silencio musical
del apretado pico
y de su ojo abierto
al reflejo de espejo
de la luz moviendo
un solo corazón
dentro de tanta espera.


Nausícaa a Ulises

Como puerto en tu ruta hacia la nada cada vez más
exasperante y cada vez más inevitable mis abrazos te
conducen como en un plácido sueño del primer amanecer
a la remota playa donde una vez fue posible creer que
un día había de llegar el paraíso y es la luz rosada que
comienza y es la brisa lenta de las palmas y la fatiga de la
noche sobre el viento y la sonrisa triste que vaga por las
manos ahora quietas y es el silencio porque tu viaje habrá
de continuarse lo sabemos y las palabras del adiós no
lograrían decirte la ruina del castillo el tiempo enfermo o
la caída a tierra del pájaro golpeado en pleno vuelo así que
en este último beso te declaro que he renunciado al canto
y te dejo partir mirándome los brazos pesadísimos con
todo lo que en otra historia hubiera debido ser
hermosamente tuyo si el narrador quisiera y te despido
aquí desde la orilla miro tu nave que se aleja y solo pido la
clemencia del sueño para la noche que vendrá y la frescura
de la tierra en la desesperante nostalgia que ya empieza


http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/91-92/canfield.html

http://www.laotrarevista.com/2009/06/homenaje-postumo-mario-benedetti/

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