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jueves, 28 de julio de 2016

SHREEN ABDUL SAROOR creadora de Paz



CHARLOTTE VAN DEN ABEELE
Autora del texto


SRI LANKA, ANTES CEILÁN, 1969

Co-fundadora de la Fundación Para el Desarrollo de las Mujeres de Mannar (MWDF) en 1998. Fundadora de Mujeres de Mannar por los Derechos Humanos y la Democracia en 2006. Su labor ha sido reconocida con el Premio Women Peace Maker (Mujeres Creadoras de Paz), 2004, del Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice (Instituto Joan B. Kroc para la Paz y la Justicia) y el Premio Voices of Courage (Voces de Valentía) en 2008, de la Comisión de Mujeres para los Refugiados.

El día a día de Shreen Abdul Saroor está anclado en los recuerdos y la nostalgia de su infancia: cuando los tamiles y los musulmanes vivían juntos en armonía en su barrio en Mannar durante varias generaciones.

En 1948, año de la independencia frente al Imperio Británico, el Gobierno de Sri Lanka inicia la promoción de una política a favor de la población mayoritaria, los cingaleses. Frente a ese favoritismo, en 1976, se desarrolla una ola de nacionalismo tamil que desencadenará en la formación de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE), cuyos militantes emprenden una lucha armada contra el Gobierno. Desde el principio de los años ochenta, los Tigres Tamiles reivindican la creación de un Estado independiente en el noreste de la isla. Después de más de 25 años de conflicto, 70.000 muertos y más de un millón de personas desplazadas, la guerra ha acabado recientemente, pero aún no ha llegado la paz a Sri Lanka.

Shreen pertenece a la comunidad musulmana. Se trata de una de las minorías que, desde los años ochenta y el principio de la guerra civil, padece constante discriminación tanto por parte del Gobierno, que excluye de sus políticas a la población del norte, como por parte de los Tigres Tamiles, que consideran a los musulmanes como una amenaza en su lucha.

En 1990 la situación empeora. Los musulmanes del Norte son expulsados de su tierra por los Tigres Tamil. Tendrán 48 horas para abandonar tras de sí sus vidas y posesiones. En un mes, la operación de “limpieza étnica” se completa: 75.000 musulmanes huyen dejando el “territorio libre”.

La familia de Shreen fue una de las muchas que huyeron de Mannar en barcos de pescadores hacia Puttalam, donde se montaron campos de refugiados de urgencia.

Cuando los musulmanes fueron expulsados, Shreen estaba estudiando en la Universidad de Colombo (capital de Sri Lanka) pero pudo mantenerse en contacto con su familia y su comunidad.

La vida de los refugiados en los campamentos la hizo aún más sensible al sufrimiento vivido por su comunidad y la persuadió de la necesidad de luchar con los miembros de la misma para defenderles en un país donde nadie les protege. “Tenía la sensación de que los musulmanes del Norte no pertenecían a ningún sitio”, comenta Shreen.

Las condiciones de vida en los campamentos tienen un gran impacto en la vida de niños y jóvenes. Los que nacen allí, además de su condición de tamil y de musulmán, llevan consigo el estigma del refugiado, incrementando el grado de discriminación que soportan. Los campamentos experimentaron asimismo una verdadera islamización con repercusiones importantes para las mujeres. Tras ocho años en los campamentos y olvidadas por el Gobierno, las mujeres deciden regresar a sus casas. Shreen inicia con ellas el proyecto de retorno. Contacta con amigas tamiles y junto a un grupo de mujeres vuelve a la tierra desolada de Mannar. Una vez allí, Shreen emprende el camino para “resucitar el armonioso pasado entre las dos comunidades” (tamil y musulmana), asociándose con una antigua compañera de colegio para fundar la Federación Para el Desarrollo de las Mujeres de Mannar (MWDF) en octubre de 1998.

La verdadera reconciliación llegará más tarde. Muchas mujeres tamiles y musulmanas transformadas, por culpa de la guerra, en “cabezas de familia” tendrán otras prioridades: ganar un poco de dinero para mantener a sus hijos. Así, la asociación MWDF centró sus primeros esfuerzos en promover actividades generadoras de recursos para las mujeres a través de programas de microcrédito. Prestar dinero para pequeños proyectos a mujeres tamiles y musulmanas de vuelta a su tierra “será el punto de partida para abordar otros asuntos como el de la reconciliación y los derechos humanos”, dice Shreen. Pero la resistencia por parte de algunas mujeres musulmanas fue notable, ya que mantenían el resentimiento hacia las mujeres tamiles. La labor de mediación de Shreen poco a poco se convirtió en un éxito: las mujeres iniciaron proyectos que implicaban la colaboración entre las dos comunidades. “Fue un proceso gradual pero, observando su manera cooperar, creí en la posibilidad de la reconciliación”, añade Shreen.

Shreen deja en esa época el sector público donde trabajaba para involucrarse al cien por cien en el sector asociativo, empezando a desarrollar una labor profesional en la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (Canadian International Development Agency). En 1999, cursa un Master en Asuntos de Género. Tras dos años de existencia y no pocos logros, la MWDF da mayor vigor a su esfuerzo por luchar por los derechos de las mujeres. Junto a las mujeres tamiles y musulmanas, planta cara a las violaciones y a la violencia contra las mujeres, que está casi institucionalizada. La Federación lidera varias acciones: asesora a mujeres víctimas de la violencia, organiza encuentros de información, emprende acciones colectivas, como reuniones alrededor de la casa de la víctima para parar las agresiones del marido... Y sobre todo, intenta involucrar a los hombres en las actividades realizadas en el seno de la organización, con la esperanza de que esos hombres, criados y educados en una cultura militar de violencia, vean que otro modelo es posible. Por primera vez, el debate sobre estos asuntos es público; “ya no era un tabú”, dice Shreen.

Las actividades de la MWDF se diversifican viendo la amplitud del trabajo que queda por hacer. En 2001 emprende un proyecto con jóvenes musulmanes, tamiles y cingaleses en base a los logros conseguidos con mujeres tamiles y musulmanas. A través de actividades deportivas, los jóvenes del Sur y Norte del país se encuentran y poco a poco transforman la percepción del otro.

El mayor objetivo de Shreen es de construir un Pueblo Modelo de Reasentamiento (Model Ressetlement Village) en su pueblo natal, donde vivirán juntas las comunidades tamil y musulmanas. Quiere ver el proyecto liderado por mujeres. “Sería un ejemplo de reconciliación étnica y de convivencia pacífica entre dos comunidades polarizadas”, dice Shreen. A pesar de que se ha proclamado el fin de la contienda debido a la muerte de los principales dirigentes de la guerrilla tamil, las heridas abiertas tras 25 años de conflicto tardarán mucho en curar y hasta entonces será muy difícil hablar de paz, una paz a la que, sin duda, Shreen está contribuyendo muy significativamente.

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HH

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