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sábado, 18 de agosto de 2018

Hermila Galindo maestra, revolucionaria, feminista y política mexicana.



Hermila Galindo Acosta, más conocida como Hermila Galindo de Topete (Ciudad Lerdo, Durango, México, 2 de junio de 1886​-Ciudad de México, 18 de agosto de 1954), fue una maestra, revolucionaria, feminista y política mexicana.


Fue bautizada como hija natural. En el acta, aparece registrada como María Hermila Acosta.​ Se dice que la madre de Hermila Acosta falleció durante sus primeros días de nacida. Es probable que, debido a su orfandad, su padre, Rosario Galindo, la haya recogido y le haya dado su apellido y la haya dejado al cuidado de su hermana soltera, Ángela Galindo. Al quedar huérfana de padre en 1902, Hermila comenzó a trabajar como profesora de taquigrafía en diversas escuelas de Torreón, Coahuila. En 1909, cuando tenía 23 años, Hermila comenzó a simpatizar con el reyismo y posteriormente, con el maderismo y su postura antirreeleccionista. Es probable que su primer acercamiento a estas corrientes haya sido como taquígrafa del abogado antiporfirista Francisco Martínez Ortiz, dirigente del semanario 'El Nuevo Mundo. En 1911, se trasladó a vivir a la Ciudad de México, en donde fue secretaria del general Eduardo Hay. Tras el derrocamiento de Francisco I. Madero, ocurrido en la Decena Trágica, Hermila se quedó sin un trabajo permanente; impartía cursos de taquigrafía en la escuela Miguel Lerdo de Tejada, de la Ciudad de México. Es probable que durante ese tiempo mantuviera contacto o perteneciera a clubes revolucionarios, porque en 1914 fue elegida por el club Abraham González para que formara parte del comité de bienvenida al Ejército Constitucionalista. De esta forma, conoció a Venustiano Carranza, quien la invitó a colaborar como su secretaria particular. A partir de entonces, trabajó y promovió la política carrancista.3​

En 1915, fundó y dirigió el semanario literario y político Mujer Moderna. A través de esta publicación, promovió la educación laica, la educación sexual, así como la igualdad de la mujer y los hombres. En 1916, envió una ponencia al Primer Congreso Feminista de Yucatán, "La mujer en el porvenir", que causó revuelo entre las mismas feministas. En ella, expuso sus ideas sobre el feminismo: explicaba la necesidad de igualdad entre mujeres y hombres, incluyendo sus derechos sexuales y políticos. Solicitó la necesidad de implementar un plan de educación sexual, y señaló a la religión como la principal responsable de la ignorancia de la población al respecto de este tema, por tratarlo como un tabú.4​ Impartió conferencias sobre feminismo en diversos lugares del país, en los que fundaba clubes feministas: Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán.5​ Viajó a La Habana para dar a conocer la postura política de Venustiano Carranza y para protestar en contra de la política intervencionista de Estados Unidos en México. Fue autora del libro La doctrina Carranza y el acercamiento indolatino.6​

A fines de 1916, Hermila, secretaria particular de Venustiano Carranza, envió al constituyente un escrito en el que solicitó los derechos políticos para las mujeres, argumentando lo siguiente:

"Es de estricta justicia que la mujer tenga el voto en las elecciones de las autoridades, porque si ella tiene obligaciones con el grupo social, razonable es, que no carezca de derechos. Las leyes se aplican por igual a hombres y mujeres: la mujer paga contribuciones, la mujer, especialmente la independiente, ayuda a los gastos de la comunidad, obedece las disposiciones gubernativas y, por si acaso delinque, sufre las mismas penas que el hombre culpado. Así pues, para las obligaciones, la ley la considera igual que al hombre, solamente al tratarse de prerrogativas, la desconoce y no le concede ninguna de las que goza el varón."

Defendió la igualdad de la mujer y su derecho a voto, promoviendo la inclusión de éste en los artículos 34.° y 35.° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. Sin embargo, el Congreso Constituyente decidió no incluir el voto femenino en la nueva carta magna, bajo el argumento siguiente:7​

El hecho de que algunas mujeres excepcionalmente tengan las condiciones necesarias para ejercer satisfactoriamente los derechos políticos no funda la conclusión de que éstos deben concederse a las mujeres como clase [...] la actividad de la mujer no ha salido del círculo del hogar doméstico, ni sus intereses se han desvinculado de los de los miembros masculinos de la familia; no ha llegado entre nosotros a romperse la unidad de la familia, como llega a suceder con el avance de la civilización; las mujeres no sienten pues, la necesidad de participar en los asuntos públicos, como lo demuestra la falta de todo movimiento colectivo en ese sentido.

En 1918, desafió la ley electoral,​ y se presentó como candidata al Congreso de la Unión por el 5.° distrito electoral de la capital.​ A pesar de que obtuvo la mayoría de votos, el resultado fue rechazado por el Colegio Electoral. Durante las décadas de 1920 y 1930, continuó participando en la política. Finalmente, en 1952, se convirtió en la primera mujer congresista federal de México. En 1953, vio realizado su sueño, cuando el Congreso y el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines aprobaron la reforma al artículo 34.° constitucional:

Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años de edad, siendo casados, o 21, si no lo son, y tener un modo honesto de vivir.

La modificación al artículo fue dada a conocer a través del Diario Oficial de la Federación el 17 de octubre de 1953. El voto de las mujeres fue resultado de la tarea realizada no sólo por Hermila Galindo, sino de Elvia Carrillo Puerto, Adelina Zendejas, Adela Formoso de Obregón Santacilia, María Lavalle Urbina y Amalia González Caballero de Castillo Ledón, entre otras.


Hermila Galindo murió en la Ciudad de México el 18 de agosto de 1954, víctima de un infarto agudo de miocardio.



Hermila Galindo, pionera feminista y primera candidata a diputada federal

Luchadora social, gran oradora, revolucionaria, maestra y periodista, la defensa de los derechos de las mujeres marcó su vida personal y su trayectoria política



Hermila Galindo estaba predestinada a estudiar Química en Estados Unidos y para ello se mostraba aplicada en los estudios y obediente a los planes de su padre. Sin embargo, la muerte de éste truncó ese proyecto de vida y se vio obligada a empezar a trabajar para salir adelante. La política se topó con ella por casualidad, pero se quedó para siempre convirtiéndose en pionera en la reclamación, siempre activa y por todos los medios, de igualdad para las mujeres en todos los ámbitos de la vida. En 1917 propuso al Congreso Constituyente el reconocimiento de los derechos políticos electorales de las mujeres en México.


Hermila Galindo Acosta, más conocida como Hermila Galindo de Topete, nació el 2 de junio de 1886, en Villa Juárez, en el municipio de Lerdo, Durango. Su madre, Hermila, murió a los tres días traerla al mundo, por lo que fue criada por su tía, Ángela Galindo, y por su padre, Rosario Galindo. Mientras asistía a escuelas tanto a nivel local como en Chihuahua y Torreón, dominaba no solo la mecanografía y la taquigrafía, sino que también estudiaba inglés.


La participación en política de Hermila Galindo comenzó por casualidad cuando todavía era estudiante pero recorrió el camino político de muchos revolucionarios: fue reyista, maderista y constitucionalista. En 1909, un abogado, Francisco Martínez Ortiz, realizó un discurso a favor de Benito Juárez y contra Porfirio Díaz que Hermila transcribió al saber mecanografía. Cuando el alcalde de Torreón se enteró del discurso exigió que se entregaran todas las copias para evitar su publicación, pero ella conservó la suya.

En una celebración local en honor de Benito Juárez ese mismo año, el hijo de éste supo que todavía había una copia del discurso de Francisco Martínez y pudo realizar copias suficientes para distribuirlas y contribuir a aumentar la atmósfera política cada vez más hostil hacia la dictadura de Porfirio Díaz.

Con de 15 años, Hermila Galindo se mudó a Ciudad de México, donde se unió al Club Liberal Abraham González para canalizar su sensibilidad hacia los problemas políticos y sociales en uno de los numerosos grupos de discusión en medio de la convulsión política.

En 1914 México era una nación sumida en el caos por la guerra civil. Ese año, después de la renuncia del presidente Huerta, Venustiano Carranza llegó a Ciudad de México para celebrar el triunfo de su causa constitucionalista. En representación del Club Liberal Abraham González, Hermila Galindo pronunció un discurso en su honor en un acto en el que lo comparó con el alabado Benito Juárez. Impresionado por su oratoria, Carranza le pidió que se convirtiera en su secretaria privada y ella aceptó.

El resultado fue que viajó por todo México durante los siguientes años organizando clubes revolucionarios en pueblos y aldeas para difundir el mensaje de la ideología constitucionalista de Carranza, que hacía hincapié en defender la soberanía nacional y a la vez llevar a cabo una reforma social.

Aunque gran parte de la energía de Hermila Galindo se destinó a la propaganda de las fuerzas constitucionalistas, nunca descuidó la vertiente feminista, ya que creía que debía constituir un aspecto importante de la revolución mexicana, tal y como señaló al resumir las discriminaciones legales contra las mujeres que se encontraban en el Código Civil de 1884: al menos sobre el papel, esta ley concedía a las mujeres solteras adultas prácticamente los mismos derechos que a los hombres. Sin embargo, las mujeres casadas, perdían estos derechos y se definían como ‘imbecilitas sexus’ (“un imbécil por razón de su sexo”).

Convencida de las graves desigualdades de las leyes denunció que una esposa “no tiene ningún derecho en su hogar. Está excluida de participar en cualquier asunto público y carece de personalidad jurídica para realizar cualquier contrato. No puede deshacerse de sus pertenencias personales, ni siquiera administrarlas, y está legalmente descalificada para defenderse contra la mala administración de su patrimonio por parte de su esposo, incluso cuando utiliza su fondo para fines que son más innobles y ofensivos para ella. No tiene autoridad sobre sus hijos y no tiene derecho a intervenir en su educación... Debe, como viuda, consultar a las personas designadas por su esposo antes de su muerte, de lo contrario puede perder sus derechos sobre ellos”.

En septiembre de 1915 Hermila Galindo fundó, junto a otras feministas, la revista ‘La mujer moderna’. Se publicó durante cuatro años, con la misma breve duración que la primera revista feminista importante de México, ‘La mujer Mexicana’, editada entre 1904 y 1908. Durante esos años Galindo viajó a La Habana y Colombia para explicar por qué la agenda de nacionalismo y reforma social de Carranza eran importantes no solo para México, sino también para América Latina.

De vuelta en México, Hermila Galindo concentró cada vez más sus esfuerzos en promover una agenda feminista en un ambiente político que estaba totalmente dominado por los hombres. Siempre negándose a reconocer su derrota, su franqueza y determinación indignaron a la mayoría de los hombres mexicanos y también a la mayoría de las mujeres conservadoras del país, pero su inteligencia y coraje también impresionaron a una minoría de líderes revolucionarios.

Entre los individuos políticamente poderosos con los que pudo contar como apoyo se encontraban dos líderes revolucionarios en el estado de Yucatán, Salvador Alvarado y Felipe Carillo Puerto. Precisamente fue allí, en Yucatán, donde la revolución mexicana reveló algunas de sus tendencias más radicales, en gran medida debido a las desigualdades económicas locales.

Hermila Galindo no asistió al primer congreso feminista de México, celebrado en la ciudad de Mérida, Yucatán, a mediados de enero de 1916 (seis años después del primer congreso feminista en América Latina, celebrado en Buenos Aires). El documento que envió para ser leído en la asamblea, titulado ‘La mujer en el futuro’, resultó ser una bomba al declarar que la Iglesia era un gran obstáculo para el logro de los objetivos feministas en México. En otras partes del documento pedía el sufragio de las mujeres, la legalización del divorcio y el fin de la cultura del machismo.

A pesar de la división de opinión que sus ideas recibieron en el congreso feminista de Mérida, Galindo nunca se desanimó y continuó trabajando para la administración Carranza, logrando que éste que promulgara una nueva Ley de Relaciones Familiares en 1917.

Sus argumentos para la igualdad educativa de las mujeres, que presentó en forma impresa y en discursos, enfatizaban que las mujeres eran en parte culpables de su propia falta de progreso social. En diciembre de 1916, Hermila Galindo, de 20 años, era la presencia femenina más visible en el Congreso Constitucional celebrado en Querétaro para elaborar un documento político fundamental para el nuevo estado mexicano. Aunque tan elocuente como siempre, tanto a Galindo como al puñado de mujeres presentes en las distintas reuniones, o bien se rieron de ellas o, directamente, las ignoraron. Solo el jefe de la oficina de asuntos educativos del gobierno, Félix Palavicini, hizo un esfuerzo para discutir seriamente el caso del sufragio femenino.

Nuevamente negándose a desanimarse, Hermila Galindo se presentó en 1917 como candidata a diputada del quinto distrito electoral de Ciudad de México. Aunque declaró durante la campaña que no tenía esperanzas de ser elegida y que simplemente deseaba presentar la causa del sufragio de las mujeres ante la nación, de manera sorpresiva resultó elegida aunque la Cámara de Diputados de México le negó el resultado debido a su género.

En esos años Hermila Galindo no solo fue una agitadora, propagandista y defensora de los derechos de las mujeres, sino que también se había convertido en una periodista y editora altamente productiva. Además de su trabajo para la revista ‘La Mujer Moderna’, escribió cinco libros sobre diversos temas relacionados con la revolución mexicana, así como una biografía de Venustiano Carranza, pero para entonces, muchos mexicanos ya se habían desilusionado con un régimen que había prometido reformas sociales importantes pero que no había entregado prácticamente nada a los millones de trabajadores pobres y desposeídos y campesinos sin tierra.

La sangrienta desaparición del régimen de Carranza marcó el final de la primera fase del feminismo mexicano, así como la repentina finalización de la carrera pública de Hermila Galindo. Si bien continuó escribiendo y publicando textos en los que reclamaba la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, Galindo se retiró a la edad de 24 años para tener una vida privada más tranquila. En 1923 se casó con Manuel de Topete y la familia tuvo dos hijas. Durante varios años, vivieron en los Estados Unidos, pero regresaron a México.

Finalmente, en 1952, Hermila Galindo se convirtió en la primera mujer congresista federal de México y en 1953 vio realizado su sueño cuando el Congreso y el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines aprobaron la reforma al artículo 34 de la Constitución con el siguiente texto: “Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos reúnan además los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años de edad, siendo casados, o 21 si no lo son y tener un modo honesto de vivir”.

La modificación del artículo fue dada a conocer 17 de octubre de 1953 y este logro del voto de las mujeres fue el resultado de la tarea realizada no sólo por Hermila Galindo, sino también por otras mujeres luchadora como Elvia Carrillo Puerto, Adelina Zendejas, Adela Formoso de Obregón Santacilia, María Lavalle Urbina y Amalia Castillo Ledón, entre otras.

Hermila Galindo de Topete murió en Ciudad de México el 19 de agosto de 1954. A pesar de su jubilación anticipada de la vida pública y de la consecuente pérdida de una de las personalidades más talentosas y persuasivas de la causa del feminismo mexicano, la lucha por los derechos de las mujeres se ralentizó, pero nunca completamente. Las mujeres de México tuvieron que esperar hasta 1958 antes de que recibieran la plena igualdad política.

En el recuerdo siempre quedará la labor incansable de Hermila Galindo, no solo pionera en la consecución de los derechos políticos, laborales, sociales y educativos de las mujeres en México y en América Latina, sino también considerada la primera diplomática en el país.



http://www.actitudfem.com/entorno/genero/mujeres/hermila-galindo-quien-fue-la-primera-diputada-federal-mujer-mexicana
https://elpais.com/internacional/2018/06/02/mexico/1527930330_055710.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Hermila_Galindo

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HH

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