Acerca de nosotras ·

viernes, 29 de julio de 2016

Raquel Liberman, "la polaca" que desnudó la trata de mujeres en la Argentina de los años 30.



La polaca que se atrevió a denunciar a las redes de trata en la Argentina de los años 30

Un día de mayo, allá por 1930, la vida porteña de los bajos fondos salió a la luz a través del coraje de una mujer que se atrevió a romper el silencio y a denunciar. Los diarios publicaron el relato de una viuda polaca obligada a prostituirse en prostíbulos regenteados nada menos que por la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’, recordada como la ZWI MIGDAL. Tenía 29 años y dijo que se llamaba Raquel Liberman.

Adoptó ese nombre para proteger a sus hijos de la vergüenza y de las represalias de sus captores, de los cuales había intentado escapar en dos oportunidades. Ellos integraban una organización de cientos de personas dedicada a explotar los cuerpos de mujeres que convertían en esclavas sexuales.

Liberman había emigrado hacia la Argentina en 1922 junto a sus dos hijos para encontrarse con su esposo que había viajado antes. Era una de las tantas y tantos inmigrantes europeos que escapaban del hambre de posguerra. En el barco, un judío polaco le habló en idish, su idioma materno. Cuando llegó a Tapalqué, en el centro de la provincia de Buenos Aires, se encontró con su marido enfermo que murió al poco tiempo de tuberculosis. Se quedó sola y con dos niños a cargo. La hermana de su marido la llevó a Buenos Aires y junto a su esposo buscaron al hombre que la había contactado en el barco y “la vendieron”.

Cuando Raquel se animó a denunciar, las redes de tratantes y proxenetas ya estaban ampliamente extendidas. Y la situación de miles de mujeres europeas encerradas en los prostíbulos ya estaba instalada como una problemática social. En esa época se hablaba de “trata de blancas”, para diferenciarla de la “trata de negros”, en realidad el comercio de esclavos traídos por la fuerza desde el continente africano.

En el año 1875 se reglamentó la actividad de los prostíbulos en Buenos Aires y comenzó un proceso de legalización de la prostitución. A tal punto llegaba la cuestión que, si bien ley prohibía el involucramiento de mujeres menores de edad, definía una excepción: se autorizaba legalmente el ejercicio de la prostitución a niñas menores de edad si habían sido iniciadas tempranamente.

Existían dos clases de proxenetas: los locales y los de origen europeo. Mientras que los proxenetas locales o nativos se conformaban con ganancias relativamente módicas y explotaban sólo una o dos mujeres en forma personal, los de origen europeo (franceses, rusos, polacos, rumanos) vislumbraban en el “negocio” una gran empresa trasnacional que podía llegar a asumir enormes niveles de organización, poder económico y político, con gran capacidad para coimear a las autoridades y alcanzar sus objetivos con menos obstáculos legales.

La primera red de traficantes había surgido en 1889 y estaba integrada por proxenetas de origen judío cuya fachada era la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’. Las mujeres traficadas venían de Europa central y Rusia. A causa de la pobreza y la persecución religiosa que sufrían, sus padres las vendían a rufianes que fraguaban un matrimonio religioso entre la mujer explotada y explotador. Al llegar eran obligadas a firmar un contrato por el que se comprometían a pagar el viaje, la ropa, el alimento, la renta de la pocilga donde la alojaban y su mobiliario. Todo a precio varias veces superior al real, por lo que su deuda se eternizaba y se convertía en un instrumento más de retención.

La “clientela” de estas mujeres traficadas eran en primer lugar inmigrantes europeos que habían venido solos, en búsqueda de oportunidades laborales. Ellos eran consumidores de las “blancas” europeas que terminaron por desplazar a las nativas en el “mercado” del comercio sexual. Pero también había una exclusiva clientela, la alta burguesía porteña, una importante cantidad de señores ricos que consumía, entre sus placeres, una prostitución de alto nivel, mujeres “importadas” especialmente para ellos.

Las tristemente llamadas “polacas” fueron las primeras víctimas que llegaron al Río de la Plata para ser vendidas y encerradas en prostíbulos de la Ciudad de Buenos Aires y otras provincias. Sólo la ZWI MIGDAL llegó a regentear dos mil prostíbulos. Y desde el inicio contó con la complicidad, la tolerancia y hasta con la participación de agentes del Estado, ya sea la policía y otras fuerzas de seguridad, las autoridades migratorias, jueces, políticos o personajes prominentes de la actividad económica y social.

Los intentos por combatir la trata de mujeres fueron muchos, pero nada exitosos. En 1913 el diputado socialista Alfredo Palacios presentó la llamada Ley Palacios, la primera ley en el mundo contra la “Trata de Blancas, la prostitución de niñas y adolescentes y el proxenetismo”. Pero a pesar de su sanción, la aplicación se mantuvo congelada hasta 1960, recién cuando Argentina ratificó el “Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena” de la ONU de 1949.

Myrtha Schalom escribió en 2003 una muy recomendable novela basada en la vida de Raquel Liberman, “La Polaca”. En un reciente reportaje afirmó que “lo que ella hizo es romper el silencio para devolverles la dignidad a esas mujeres prostituidas, que hoy hay que seguir manteniendo y defendiendo, porque lamentablemente la trata sigue existiendo”.

Luego de la denuncia de Raquel, hubo un juez que tomó la decisión de dictarle prisión preventiva a
108 proxenetas y la captura internacional de 334 prófugos. Pero en poco tiempo, la Cámara de Apelaciones revocó la medida para 105 de ellos por falta de pruebas y testimonios insuficientes.

Cuatro años después, Raquel murió de cáncer de tiroides, mientras que sus tratantes siguieron libres.
“Entre los papeles de Raquel encontré que ella estaba pidiendo una visa para volverse con sus hijos a Polonia en 1934, cuando ya Hitler era canciller en Alemania. ¡Qué desesperación tendría esta mujer por escaparse de acá para pedir eso!”, reveló Schalom.

María Paula García – @MariaPaula_71

http://notas.org.ar/2015/12/21/polaca-atrevio-denunciar-redes-trata-argentina-anos-30/


Leer más...

jueves, 28 de julio de 2016

SHREEN ABDUL SAROOR



CHARLOTTE VAN DEN ABEELE
Autora del texto


SRI LANKA, ANTES CEILÁN, 1969

Co-fundadora de la Fundación Para el Desarrollo de las Mujeres de Mannar (MWDF) en 1998. Fundadora de Mujeres de Mannar por los Derechos Humanos y la Democracia en 2006. Su labor ha sido reconocida con el Premio Women Peace Maker (Mujeres Creadoras de Paz), 2004, del Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice (Instituto Joan B. Kroc para la Paz y la Justicia) y el Premio Voices of Courage (Voces de Valentía) en 2008, de la Comisión de Mujeres para los Refugiados.

El día a día de Shreen Abdul Saroor está anclado en los recuerdos y la nostalgia de su infancia: cuando los tamiles y los musulmanes vivían juntos en armonía en su barrio en Mannar durante varias generaciones.

En 1948, año de la independencia frente al Imperio Británico, el Gobierno de Sri Lanka inicia la promoción de una política a favor de la población mayoritaria, los cingaleses. Frente a ese favoritismo, en 1976, se desarrolla una ola de nacionalismo tamil que desencadenará en la formación de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE), cuyos militantes emprenden una lucha armada contra el Gobierno. Desde el principio de los años ochenta, los Tigres Tamiles reivindican la creación de un Estado independiente en el noreste de la isla. Después de más de 25 años de conflicto, 70.000 muertos y más de un millón de personas desplazadas, la guerra ha acabado recientemente, pero aún no ha llegado la paz a Sri Lanka.

Shreen pertenece a la comunidad musulmana. Se trata de una de las minorías que, desde los años ochenta y el principio de la guerra civil, padece constante discriminación tanto por parte del Gobierno, que excluye de sus políticas a la población del norte, como por parte de los Tigres Tamiles, que consideran a los musulmanes como una amenaza en su lucha.

En 1990 la situación empeora. Los musulmanes del Norte son expulsados de su tierra por los Tigres Tamil. Tendrán 48 horas para abandonar tras de sí sus vidas y posesiones. En un mes, la operación de “limpieza étnica” se completa: 75.000 musulmanes huyen dejando el “territorio libre”.

La familia de Shreen fue una de las muchas que huyeron de Mannar en barcos de pescadores hacia Puttalam, donde se montaron campos de refugiados de urgencia.

Cuando los musulmanes fueron expulsados, Shreen estaba estudiando en la Universidad de Colombo (capital de Sri Lanka) pero pudo mantenerse en contacto con su familia y su comunidad.

La vida de los refugiados en los campamentos la hizo aún más sensible al sufrimiento vivido por su comunidad y la persuadió de la necesidad de luchar con los miembros de la misma para defenderles en un país donde nadie les protege. “Tenía la sensación de que los musulmanes del Norte no pertenecían a ningún sitio”, comenta Shreen.

Las condiciones de vida en los campamentos tienen un gran impacto en la vida de niños y jóvenes. Los que nacen allí, además de su condición de tamil y de musulmán, llevan consigo el estigma del refugiado, incrementando el grado de discriminación que soportan. Los campamentos experimentaron asimismo una verdadera islamización con repercusiones importantes para las mujeres. Tras ocho años en los campamentos y olvidadas por el Gobierno, las mujeres deciden regresar a sus casas. Shreen inicia con ellas el proyecto de retorno. Contacta con amigas tamiles y junto a un grupo de mujeres vuelve a la tierra desolada de Mannar. Una vez allí, Shreen emprende el camino para “resucitar el armonioso pasado entre las dos comunidades” (tamil y musulmana), asociándose con una antigua compañera de colegio para fundar la Federación Para el Desarrollo de las Mujeres de Mannar (MWDF) en octubre de 1998.

La verdadera reconciliación llegará más tarde. Muchas mujeres tamiles y musulmanas transformadas, por culpa de la guerra, en “cabezas de familia” tendrán otras prioridades: ganar un poco de dinero para mantener a sus hijos. Así, la asociación MWDF centró sus primeros esfuerzos en promover actividades generadoras de recursos para las mujeres a través de programas de microcrédito. Prestar dinero para pequeños proyectos a mujeres tamiles y musulmanas de vuelta a su tierra “será el punto de partida para abordar otros asuntos como el de la reconciliación y los derechos humanos”, dice Shreen. Pero la resistencia por parte de algunas mujeres musulmanas fue notable, ya que mantenían el resentimiento hacia las mujeres tamiles. La labor de mediación de Shreen poco a poco se convirtió en un éxito: las mujeres iniciaron proyectos que implicaban la colaboración entre las dos comunidades. “Fue un proceso gradual pero, observando su manera cooperar, creí en la posibilidad de la reconciliación”, añade Shreen.

Shreen deja en esa época el sector público donde trabajaba para involucrarse al cien por cien en el sector asociativo, empezando a desarrollar una labor profesional en la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (Canadian International Development Agency). En 1999, cursa un Master en Asuntos de Género. Tras dos años de existencia y no pocos logros, la MWDF da mayor vigor a su esfuerzo por luchar por los derechos de las mujeres. Junto a las mujeres tamiles y musulmanas, planta cara a las violaciones y a la violencia contra las mujeres, que está casi institucionalizada. La Federación lidera varias acciones: asesora a mujeres víctimas de la violencia, organiza encuentros de información, emprende acciones colectivas, como reuniones alrededor de la casa de la víctima para parar las agresiones del marido... Y sobre todo, intenta involucrar a los hombres en las actividades realizadas en el seno de la organización, con la esperanza de que esos hombres, criados y educados en una cultura militar de violencia, vean que otro modelo es posible. Por primera vez, el debate sobre estos asuntos es público; “ya no era un tabú”, dice Shreen.

Las actividades de la MWDF se diversifican viendo la amplitud del trabajo que queda por hacer. En 2001 emprende un proyecto con jóvenes musulmanes, tamiles y cingaleses en base a los logros conseguidos con mujeres tamiles y musulmanas. A través de actividades deportivas, los jóvenes del Sur y Norte del país se encuentran y poco a poco transforman la percepción del otro.

El mayor objetivo de Shreen es de construir un Pueblo Modelo de Reasentamiento (Model Ressetlement Village) en su pueblo natal, donde vivirán juntas las comunidades tamil y musulmanas. Quiere ver el proyecto liderado por mujeres. “Sería un ejemplo de reconciliación étnica y de convivencia pacífica entre dos comunidades polarizadas”, dice Shreen. A pesar de que se ha proclamado el fin de la contienda debido a la muerte de los principales dirigentes de la guerrilla tamil, las heridas abiertas tras 25 años de conflicto tardarán mucho en curar y hasta entonces será muy difícil hablar de paz, una paz a la que, sin duda, Shreen está contribuyendo muy significativamente.

Leer más...

martes, 26 de julio de 2016

Amaya Bozal

Amaya Bozal,  es un referente del arte contemporáneo español, abre las puertas de su estudio para reflexionar acerca del momento actual y del futuro.
Con un estilo singular y propio, su obra artística, tanto en pintura como en escultura, se conforma como una isla de singularidad que gira en torno a la figura de la mujer.
En este documental de CB Mediacade Motion Media, dirigido por Carlos M. Fernández Soto para el laboratorio de artes audiovisuales El Manicomio-VJ House, Amaya Bozal profundiza en temas como la educación, el papel de las mujeres en el mundo del arte contemporáneo o la incidencia de la maternidad en el proceso creativo.
Bozal, ha expuesto su obra en galerías españolas e internacionales , se caracteriza por elaborar una pintura matérica cargada de color inspirada en la naturaleza y por una escultura que recupera materiales tradicionales, como el barro.




Con música de Nonú Iazabo, el documental descubre parte del proceso creativo de Amaya Bozal,
Nacida en1972 en Madrid inició su formación artística, en 1985, en la Academia Soto Mesa, donde asistió a los Talleres de Arte Actual del Círculo de Bellas Artes, dirigidos por Manolo Valdés y por Miguel Ángel Campano.
En 1995 se licenció en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid. Ella dijo que se aprende de los pintores que considera sus maestros como Rothko, Cezanne, de Staël, Motherwell, los pintores de la Escuela de New York y Goya.

En sus obras no tiene temas principales, sino que éstos le llegan, se le ocurren y los empieza a desarrollar. Pinta todos los días, y siempre con luz natural. En su producción ha dado protagonismo al paisaje y a las cabezas, también al cuerpo femenino, a segmentos urbanos, limitándose entre la abstracción y la figuración.

Incluso la música es vital para su trabajo, en especial la clásica. Es más, ésta debe ser apropiada para el cuadro que está pintando, sino, comenta, se vuelve loca. Por ejemplo, la serie roja la pintó escuchando el Sexteto de cuerda número 1 de Brahams.
Sus aspiraciones son sencillas: seguir pintando y exponiendo. No le interesa ser famosa, sino ser reconocida por quienes ella admira. Y desea que su pintura le siga interesando a críticos, que le gusta lo que dicen.




Alguna vez Bozal dijo que “un pintor tiene que encerrarse en su estudio y pintar, trabajar y no estar yendo a fiestas de aquí para allá”, por eso se siente cómoda en España, donde el mundo del arte es más reducido, siendo la galería la se ocupa de los asuntos del artista, por lo que éste no tiene que dedicarse a hacer relaciones públicas “que es lo que se hace cuando llegas a New York”.
¿Sus influencias? la tradición vanguardista española, en especial el grupo El Paso, los pintores de la escuela de New York, paisajistas como Caneja y, entre otras, Manolo Valdés.

Amaya cuenta con exposiciones individuales,  entre las que se destacan las que hizo en la Galería Sen de Madrid; también expuso en Paul Sharpe en Nueva York. Además, participó en diferentes muestras colectivas, como en la galería Marlborough de Madrid.



Leer más...

domingo, 24 de julio de 2016

Carmen Linares



Carmen Linares, Carmen Pacheco Rodríguez. Linares (Jaén), 1951. Cantaora

Carmen Linares es una gran voz femenina del cante. Desde niña oyó mucho flamenco, pues su padre era un buen aficionado que tocaba la guitarra y en la casa se oían muchos discos. Su familia la trajo a Madrid en 1965, donde conoció la veteranía cantaora más ensolerada de la mano de grandes figuras. Finalizando la década comenzará su andadura profesional en las compañías de baile de Paco Romero y Carmen Mora, estrenándose discográficamente en 1970 acompañada por Juan Habichuela. Vendrá luego -como gran paso profesional- el intenso mundo del tablao, pasando por los cuadros de Torres Bermejas y Café de Chinitas, que reunía  a grandes talentos.



Ha sido una de las primeras artistas flamencas que ha actuado en el Lincoln Center invitada por la Orquesta Filarmónica de Nueva York interpretando ‘El Amor Brujo’ de Falla. La crítica del diario ‘The New York Times’ definió su cante como "un poder expresivo extraordinario". La cantaora ha recorrido el mundo interpretando la obra acompañada en muchos casos de directores de la talla de Frühbech de Burgos, Josep Pons y Leo Brower en prestigiosos auditorios como el Teatro Colón de Buenos Aires, en el Teatro de la Ópera de Sydney y el Auditorio Nacional de Madrid.

De su revisión de ‘Las Canciones Populares Antiguas’ de Federico García Lorca surgió un álbum discográfico que serviría de soporte sonoro a un ballet de Víctor Ullate y a una obra teatral que protagonizó junto a la actriz Lola Herrera estrenada en el Teatro Real de Madrid. El gran hito en su discografía es la ‘Antología. La mujer en el cante’ (1996), con acompañamiento de grandes de la guitarra como Vicente Amigo, Tomatito y Juan Habichuela, entre otros. En 2000 el compositor y guitarrista Manolo Sanlúcar la elige en su producción ‘Locura de brisa y trino’ para recuperar poemas lorquianos armonizados por modernas composiciones de guitarra.


La obra discográfica de Carmen Linares ha sido aclamada por la crítica y ha recibido importantes galardones como el Premio ICARO (1988), Academia Francesa del Disco (1991), Medalla de Plata de la Junta de Andalucía (1998) y Premio Nacional de Música 2001 en su modalidad de interpretación. En 2002 grabó ‘Un ramito de locura’, candidato en la categoría de mejor álbum flamenco en los Premios de la Música y los Grammy Latinos 2003.

Se añaden a  tal lista de premios, en 2006 el que  le concedió la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Estos últimos años ha llevado su cante a multitud de escenarios como el Teatro Albéniz de Madrid, Teatro de Chaillot de París, los monumentales auditorios de Tokio en su gira japonesa o Palau de la Música de Barcelona. En directo, combina espectáculos como ‘Desde el alma’, ‘Popular y jondo’ o ‘De aire y madera’, entre otros, con los que frecuenta los principales festivales del circuito escénico nacional e internacional. Tras la edición especial conmemorativa del décimo aniversario de su obra antológica, prepara un disco con Juan Carlos Romero basado en poemas de Juan Ramón Jiménez que  editó en 2008.




En su trayectoria escénica brilla la versatilidad participando en proyectos como “El Amor Brujo” junto a la Orquesta Nacional de España, “Locura de brisa y trino” de Manolo Sanlúcar, “Poeta en Nueva York” de Blanca Lí y “Lamentaciones de Jeremías” de Uri Caine con los que ha actuado en escenarios tan prestigiosos como Lincoln Center de Nueva York, Teatro Maestranza de Sevilla, Barbican Theatre de Londres, Teatre Liceu de Barcelona, Opera House de Sydney, Teatro Chaillot de París y Teatro Real de Madrid.

Destaca la capacidad para dirigir sus propios espectáculos como “Canciones Populares de Lorca”, “Ramito de Locura”, “Raíces y Alas”, “Oasis Abierto” y “Remembranzas” en los que ha integrado en su compañía a artistas de la talla de Gerardo Núñez, Belén Maya, Juan Carlos Romero, Javier Barón, Tomasito, Miguel Angel Cortés o Rafaela Carrasco entre otros.

En 2015 ha girado su proyecto de flamencojazz “Cu4tro” junto al trío formado por Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino Di Geraldo actuando en Roma, Sevilla, Madrid y Pamplona.  Su proyecto más reciente es “Encuentro” integra una versión contemporánea de “El Amor Brujo” que ha estrenado en Madrid.
Su cante poderoso y auténtico se enriquece con su conocimiento del arte flamenco y consigue emocionar de manera espontánea y sincera al público... sin duda alguna el flamenco ha crecido con ella

A parte de su faceta profesional nos interesa su carga como persona y queremos resaltar su compromiso de ayuda contra el cáncer de mama, que la ha llevado a participar en multitud de actuaciones.  No encontramos información que nos indique que ella supero un cáncer de ese tipo, pero creemos que sí, que fue un referente para nosotras en torno a 1999 de superación y buen animo frene a las dificultades.


http://gps-sonoro.blogspot.com.es/2014/02/carmen-linares-canciones-populares.html
https://jiennensesilustres.wikispaces.com/Carmen+Linares
http://www.carmenlinares.org/
https://es.wikipedia.org/wiki/Carmen_Linares
Leer más...

viernes, 22 de julio de 2016

Enikö Nagy



Nacida en Rumanía de padres húngaros en 1979, Enikö Nagy creció en Alemania y en Sudán encontró el verdadero sentido de su existencia. Al país que hasta que se partió en dos era el más grande de África ha dedicado ocho años de su vida. El resultado es un impresionante volumen de más de 800 páginas («Arena en mis ojos. Momentos sudaneses»), un exhaustivo y delicado retrato fotográfico y oral de los sudaneses a través de Kordofán Sur y Kordofán Norte, la región que es el verdadero corazón del país. Una muestra de su devoción se puede ver hasta el 26 de julio en Casa Árabe: estampas y palabras dialogan de forma conmovedora ante el espectador, que descubre que Sudán es mucho más que lo que los periódicos a menudo simplificamos bajo las etiquetas de «guerra» y «desesperanza», y con demasiada frecuencia condenan a un país, a veces a un continente, a la desgracia como si ese fuera su rasgo esencial: «Si al hablar de Sudán solo hablamos de la guerra entonces la guerra ha ganado». La mirada de Enikö Nagy amplía exponencialmente la percepción de esa realidad, de una realidad que desborda el corsé de la actualidad: «Quería un libro que hablara de la humanidad de los sudaneses, de su cultura, de lo que les hace humanos, y de lo que podemos aprender de ellos».

—¿Cuénteme la historia de su nombre?

—Soy húngara. Nací en Rumanía, pero en la parte que había pertenecido antes al imperio austro-húngaro. Mis padres, que eran húngaros, abandoron Rumanía en 1987, en tiempos de la dictadura de Ceausescu, por razones políticas. Y emigraron a Alemania, donde yo crecí. Fue una época en la que el país no sacó partido de su diversidad cultural, y fueron cerradas las escuelas húngaras, y en la que no se podía difundir el himno húngaro. Tenía un hermano, que nació antes que yo, y cuando mi padre fue al Registro Civil, lo registraron con caracteres rumanos. Discutió con el funcionario para que lo registraran con caracteres húngaros: ellos querían inscribirlo como Carol, y mi padre insistía en Károly. Mi padre al final se salió con la suya, pero dijo que si volvía a ser padre elegiría un nombre que no pudiera ser convertido en otra cosa, que siempre fuera húngaró. Enikö es un típico nombre húngaro, y la mayor parte de la gente no acierta a pronunciarlo bien a menos que sepa de dónde procede. Fue una forma de resistencia.

—¿Pero pasó toda su infancia y juventud en Alemania?

—Viví en Alemania desde los ocho años. Porque mis padres abandonaron Rumanía como refugiados políticos, pero dos años después Rumania se convirtió en un país libre y desde entonces entramos y salimos muchas veces del país. Pero me eduqué en Alemania, en Baviera, no muy lejos de la frontera con Checoslovaquia.

—¿Y qué estudió en Alemania?

—Estudié para convertirme en trabajadora social. Me especialicé en pedagogía social en la universidad.

—¿Por qué decidió cruzar la línea y de ser cooperante contar su visión de Sudán a través de fotografías y palabras?

—Estuve trabajando durante dos años y medio para el Servico Alemán al Desarrollo. Se cumplía mi estancia en el extranjero, tenía que volver a casa, que es lo que casi todo el mundo hace, y buscas un nuevo destino. Y en el último minuto cambié de idea, me dije que no estaba lista para regresar y decidí escribir un libro. Pero en aquel momento pensé que haría mi trabajo de campo, tomaría las fotografías, recogería la información y terminaría mi libro en paralelo a mi nuevo trabajo, fuera donde fuese. Buscaría a un editor y terminaría el libro. Eso es lo que entonces pensaba.

—¿Antes de decubrir Sudán estuvo en otros países africanos?

—Sí, viví durante aproximadamente un año en Kenia, y estuve trabajando con mujeres y visitando comunidades nómadas, viajando por todo el país, sobre todo en el norte, en la frontera con Somalia y Sudán, explorando formas alternativas de vida. Antes de Kenia recorrí parte de Tanzania y Etiopía con una mochila.

—¿Y qué fue lo que le pasó en África?

—Decubrí otros modos de vida que nuestra cultura occidental necesita como agua de mayo, como contrapunto a la forma en que vivimos. Si nosotros pensamos que esto es desarrollo, y que esta es la forma en que las cosas deben hacerse, y si dominamos el mundo con nuestro punto de vista, nuestra visión de las cosas, nos negamos a nosotros mismos la oportunidad de aprender de las experiencias de los africanos, o del modo de vida latinoamericano, o de otras partes del mundo. Encontré otras visiones de la vida, que enriquecieron la mía, y me gustaría seguir por ese camino.
—¿Necesitamos dejar de lado nuestro etnocentrismo?

—En parte es eso, pero también ignorancia. Se trata de ignorancia si no nos damos cuenta de que hay pobreza y guerra en África, pero es también otra forms de ignorancia si eso es todo lo que sabemos del continente. Porque en ambos casos hay gente ahí que lleva miles de años viviendo en esas tierras, y que se sirve de danzas, canciones, teje sus vestidos, diseña joyas, tiene sus propias creencias, cocina su propia comida, todo lo que a fin de cuentas nos está diciendo quiénes son, y deberíamos conocerlo. Hace que nuestro mundo se amplíe y enriquezca.

—¿Pero ahora mismo sigue viviendo allí o ha vuelto a Alemania?

—He estado viviendo en Sudán durante los últimos ocho años.

—¿Y por qué Sudán?

—Me presenté a un trabajo allí, y fue en realidad más o menos una casualidad. Con el perfil que yo tenía podía presentarme a tres opciones dentro del Servicio Alemán al Desarrollo, y Sudán fue la última de mis opciones. En aquella época yo no sabía gran cosa acerca de Sudán, pero mi formación encajaba en lo que buscaban: asesora para organizaciones locales, para mejorar las capacidades de organizaciones no gubernamentales en Sudán, para hacerlas más eficaces en su trabajo. No pensé que fuera a ser seleccionada: una mujer joven, soltera, en un país musulmán. Sabiendo lo que yo sabía entonces estaba segura de que no elegirían a alguien como yo. Pero fue exactamente lo contrario. Y fue entonces, cuando me dijeron que sí, cuando de verdad empecé a ver qué es lo que había pedido, qué país es ese, qué está pasando ahí. Cuando escribes Sudán en tu buscador de internet lo único que encuentras no es precisamente muy estimulante: guerra, política... No encuentras apenas nada acerca de la gente y su cultura. Pero entonces yo tampoco era muy consciente de eso, porque yo iba a ir allí precisamente a causa de la pobreza y de la situación política. Ese es el mundo del desarrollo internacional y de las ONG. Fue lo que en primer lugar me condujo hasta allí. Me dije: vamos a ver. Tenía un contrato de dos años. Daba un poco de miedo, porque era en El Obeid, a 600 kilómetros al sureste de la capital, veía a mis colegas solo cada tres meses, sin apenas noticias del exterior, y con muy pocas facilidades incluso para renunciar al empleo. Estuve un tiempo dudando si aceptar o no, pero no puedes tomar una decisión desde una mesa en Alemania. Tienes que ir al lugar, ver si puedes con ello, si es lo tuyo, si puedes hacer algo, y luego tomar una decisión al cabo de un año. Ocurrió justo lo contrario, lo más alejado de lo que había o podía haber imaginado. Me di cuenta de que estaba en el lugar que debía estar haciendo lo que debía hacer, lo que sin duda es una sensación de lo más reconfortante.
—¿Aprendió árabe?

—Sí, aprendí el árabe que se habla en Sudán. Lo hablo, pero ni lo leo ni lo escribo.

Mujer kababish (Kordofán Norte) con un zumam, aro de nariz.

—¿Qué es Sudán y en qué se diferencia de otras partes de África?

—Es una pregunta complicada. Por encima de todo es un gran cóctel de culturas, es inmenso en magnitud y en espacio, pero también respecto a la diversidad de la gente que lo puebla. Era el país más grande de África hasta hace poco [cuando Sudán del Sur se independizó, en 2011]. Donde quiera que vayas encuentras una mezla de gentes tan diferentes, tan contrastada, que no dejas de preguntarte: ¿quién es esta gente? ¿Cuáles son sus influencias culturales? Desde luego que la árabe es una, pero no la principal ni la única, hay muchas otras. Esa diversidad es muy visible en las tradiciones orales que he ido registrando, hay raíces griegas, y del imperio otomano, de la península arábiga, de la India... Creo que es algo muy sudanés el ser muy abierto y muy hospitalario, hasta un extremo admirable. Todo lo que fueron recibiendo lo fueron incorporando a su cultura, y se convirtió en lo que podíamos llamar la experiencia sudanesa, la forma sudanesa de estar en el mundo. Hay briznas de todas esas influencias, y al mismo tiempo una sudaneidad distintiva. Yo admiro profundamente las formas de vida más básicas, creo que podríamos decir que hay algo medicinal en ello, para muchas cuestiones tanto locales como globales. Creo sinceramente que todo lo que la ciudad ha aprendido lo ha aprendido de las primeras aldeas, que es donde todo comenzó, y que todo lo que constituye nuestra vida moderna tiene una referencia en la vida nómada. Hay mucho de eso en Sudán, y creo que hay una gran sabiduría en ello, como por ejemplo haber sido capaces de sobrevivir en ese entorno hizo que se creara un fuerte sentido de comunidad, y al mismo tiempo un profundo sentimiento de espiritualidad, que se refiere a la religión, pero no solo. Es mucho más que eso. También es muy importante el liderazgo en las pequeñas comunidades, en las que que todos se conocen. Cuando hay un problema se sientan y aplican una suerte de jurisprudencia tradicional, y así resuelven las disputas y litigios que se suscitan. Estoy convencida de que hay muchas cosas de ellos que podemos aprender. Si ves nuestro propio sistema judicial cuando algo ocurre siempre vas a necesitar a un abogado, es muy caro, y tendrás que esperar años hasta que tu caso sea resuelto por un juez al que no conoces y de acuerdo con leyes que no entiendes. La jurisdicción tradicional, por ejemplo, lo que pretende por encima de todo es la reconciliación, la paz en el seno de la comunidad. En Europa hemos empezado a experimentar este tipo de aproximaciones, cuando intentamos que la víctima y el perpetrador se sienten juntos, y busquen otra forma de reparación y de reconciliación. Lo presentamos como algo revolucionario en nuestro sistema jucidial, y sin embargo es algo que se lleva haciendo desde hace miles de años, y no solo en Sudán, de una manera muy discreta y al mismo tiempo muy eficiente. Estas son las cosas que a mí me fascinaron, y me parece que podría ser una especie de medicina, de cura para algunos de los problemas del mundo.

—¿Una medicina espiritual?

—Y también conocimiento. Son cosas que nosotros creemos que estamos redescubriendo, proceden de culturas que nosotros consideramos poco desarrolladas y simples, pero que llevan años practicándolo.

—Nos falta humildad.

—Es cierto que Sudán tiene una gran panoplia de problemas, pero tiene también una preciosa cultura comunicativa, y eso en un país donde mucha gente no ha pisado jamás una escuela. Pero te encontrarás con mucha gente capaz de recitar largas tiradas de poesía, historias... El habla cotidiana está plagada de proverbios, metáforas, porque la literatura oral es la forma en que enseñan a sus hijos. En estos ocho años que he pasado en el país no recuerdo haber presenciado en más de cinco ocasiones a gente disputando de manera desgradable. Es parte de la cultura sudanesa comportarse de forma decente, respetar a la gente. Ellos tienen grades expectativas sobre la cultura social, y la cutura basada en el diálogo, en la conversación.

—¿Cómo consiguió los permisos para fotografiar a la gente, para entrar en sus vidas y en sus casas?


—Necesitaba dos tipos de permisos: uno era del gobierno, el otro la aceptación de la gente. El primero tenía que ser directo: tenía que ir allí y pedirlo. Cuando concebí esta idea era marzo de 2009. Fue la época en que se dictó la orden de detención contra el presidente sudanés, Omar al Bashir. Nadie quería ver a ningún occidental delante, y menos con una cámara haciendo nada. Así que redacté la idea y la presenté. Yo no sabía en aquel momento quién estaba al mando. Me remitieron al Ministerio de Asuntos Exteriores. Tuve que hablar con mucha gente y tratar de convencer uno a uno. Fue un tiempo muy raro para plantear algo así, porque viniendo del mundo humanitario pretender documentar el poético ritmo de la vida en Sudán, de todos los lugares de un país que cuyo nombre se asocia inmediatamente a conflicto, o crisis, o pobreza, o lo que sea, era tan insólito, tanto para locales como extranjeros que los sudaneses pensaban que yo debía ser una espía, y los extranjeros que me había enamorado de un sudanés. Pero como tuve que ir tantas veces a ver al ministro de Exteriores, y no tenía un responsable de logística, no tenía a nadie, iba siempre sola, sin ningún tipo de institución detrás, nadie me apoyaba, creo que ellos empezaron a creer lo que decía, o tal vez curiosidad por ver más fotos. No sé muy bien cuáles fueron las razones. Así que me dieron primero un permiso oficial para tres meses, luego para seis meses, y después para un año, y a lo largo del tiempo las cosas fueron cambiando, la gente cambiaba, y tuve que recontar la historia una y otra vez. Es un país muy personal, directo, y es así como funcionan. Y con respecto a la gente, los sudaneses son muy hospitalarios, y quien llega como invitado es recibido con todas las bendiciones, con un genuino interés y curiosidad. Es un país en el que apenas hay turismo, y se sienten encantados de que alguien les visite, sobre todo si llegas con un honesto interés en conocerles para escuchar su historia. Porque la mayoría de los que han visto son diplomáticos o miembros de una ONG. En algunas aldeas no han visto nunca a una persona blanca o nunca han sido fotografiados... La gente es muy accesible, y al mismo tiempo creo que les gustaba mi idea. Ellos se sienten muy orgullosos de su cultura y no están acostumbrados a que les traten con el más exquisito de los respetos. Acabé aprendiendo la lengua, tenía guías locales que viajaban conmigo en algunos tramos del camino...
—¿Viajaba sola?

Ellos se sienten orgullosos de que seas su huésped y se sienten responsables
—Trabajaba sola, pero en algunos tramos había gente conmigo. No hubiera sido muy sudanés no hacerlo así. Era más bonito contar con gente en cada sitio. Siempre trabajaba con gente del lugar, artistas, un actor, dos pintores, uno que había trabajado para el Ministerio de Cultura en Kadugli, en los Montes Nuba. También se sumaron dos doctores que hablaban muy bien inglés y gente interesada en el proyecto que me sirvieron como guías locales, además de una cineasta sudanesa que hizo una película. Hice gracias a eso grandes amistades. Para hacer algo como esto necesitas traductores, editores. La editora inglesa es de Londres. Ella no tiene nada que ver con Sudán, nunca ha estado en el país, pero vio el proyecto y dijo que lo haría y que lo haría gratis, y así ha sido durante tres años. Y lo mismo con el editor árabe. [El libro, un volumen de 800 páginas, en inglés y árabe, se puede adquirir en la librería de la Casa Árabe]. En este caso fue una medio sudanesa que había dejado el país hace muchos años y para ella fue una forma de volver a su infancia perdida. Ella vive ahora en Australia y también ha estado trabajando durante tres años en el proyecto sin recibir nada a cambio. Mucha gente contribuyó con lo que tenía, y eso hizo que el proyecto saliera adelante. Sudán es un territorio tribal. No puedes llegar y empezar a tomar fotos. Primero tienes que presentarte ante los líderes tribales, y una vez te ganas su aprecio –en ninguna ocasión fui rechazada– te conviertes en su huésped y ellos se hacen responsables de tu seguridad. Y si tienes algún problema con alguien ellos te darán su amparo. Es como funciona. Ellos se sienten orgullosos de que tú seas su huésped y se sienten responsables de ti. Y un lugar te lleva a otro. Es es además cómo el plan se fue desarrollando...
—¿Sin un plan?

—Yo tenía una ligera idea de qué regiones debía visitar porque quería recoger las distintas formas de vida que existen. Pero quería encontrarme con la gente, ser parte de sus vidas, escuchar lo que tenían, y por último documentar todo lo que veía para que apareciera en el libro.

—¿Pero para eso tenía que ganarse la confianza de la gente?

—Pero era algo que conseguías enseguida. Es como la cosas funcionan allí, siendo tú mismo. Los sudaneses tienen una forma muy sofisticada, muy educada de tratarte, muy amigable, y al mismo tiempo no te dirán nada si no quieren. Ellos no te van a echar, pero si no te ganas su confianza desde el principio no vas a conseguir nada.

—¿Qué es lo que pretende decir a través de su cámara?

No tengo la menor ambición de ser reconocida como fotógrafa
—Primero debería decir que en ralidad yo no soy una fotógrafa. No tengo revistas de fotografía en casa, no tengo la menor ambición de ser reconocida como fotógrafa.

—¿No tiene educación fotográfica?

—No. Tomé fotografías incluso antes de vivir en Kenia, pero era porque tenía que hacer una presentación, tenía algo que decir. Y fue lo mismo en este caso. Yo tenía esta idea, estas emociones, este sentimiento. Yo concebí esta idea y tenía que sacarla adelante. La fotografía era el modo de hacerlo.


Mujer kababish (Kordofán Norte) con un zumam, aro de nariz.

—¿La mejor forma de contar la historia era mediante fotografías y palabras?

—Porque esto es precisamente lo que hace la gente: qué hacen, que dicen, qué escuchan, qué ven. Muchas fotos son habitualmente sacadas de contexto, por eso son necesarias las palabras. De hecho muchas veces fueron las palabras las que sirvieron de inspiración para las fotos. Porque lo que a mí me tenía fascinada era la filosofía de la vida, por eso buscaba la forma de trasladar esos valores, su visión del mundo, cómo está presente en su literatura y cómo la llevan a su vida cotidiana. A veces veía más a través de la cámara, porque te obliga a prestar más atención, cosas esenciales, y si por ejemplo hubiera necesitado bailar para contar lo que quería contar hubiera bailado. Creo que es importante que la gente retenga el poder de contar lo que son. El hecho de mi propia infancia, de provenir de un grupo étnico distinto, de trasladarme a otro país, hizo que aprendiera muy pronto que debía ser protegido. Hay algo que nos hace ser lo que somos, y por eso es importante para la gente poder preservar su autoestima, su identidad, basada en lo que hacen, en lo que dicen, en lo que llevan practicando desde hace centenares de años. Estoy involucrada en un proyecto que en realidad es una forma de reivindicar la cultura frente a quienes pretendan negarla, o destruirla, procedan del interior o del exterior de Sudán. Por ejemplo, participo en una publicación que trata de separar el islam del fundamentalismo. Creo que lo que el proyecto pretende es mostrar las cosas tal como son, que se expresen a través de su propia belleza. Para mí no hay ninguna duda de lo que son los sudaneses. Yo no tengo ningún encargo, ninguna encomienda de servir de propaganda en favor de Sudán.
—¿Es un mandato personal?

—Personal y global al mismo tiempo. Apreciar las cosas en su propia belleza y dignidad, devolver a la gente la dignidad que merecen. Lo he hecho por Sudán, pero creo que es algo que todo ser humano merece. Tomé 26.000 fotografías y grabé 2.500 fragmentos de texto. No es un documento etnográfico. Lo es, pero va más allá, porque es también un ensayo artístico. No están las fotos y los textos de la misma tribu juntas, las he mezclado porque quería elevar ambas a una escala humana general. Quería un libro que hablara de la humanidad de los sudaneses, no hablar de que esta tribu sigue esta tradición o esta otra tiene esta. Por eso el libro está dividido en cinco capítulos, con los cinco momentos de la oración y los cinco momentos del día: En el primer capítulo se habla de cómo se vive la individualidad, y cómo se habla de ese asunto, a través de fotos y textos, en distintas tribus. En el segundo qué hacen para sobrevivir, qué hacen los nómadas y los campesinos, con sus animales, en la escuela, de qué modo utilizan los talentos que poseen. El tercero, en medio, es el momento más caluroso del día, cuando las personas y los animales son puestos a prueba de la manera más dura y exigente. Pensé que era el capítulo idóneo para hablar del medio ambiente, las casas, y cómo los textos hablan de la relación con el entorno, las plantas, la comida, cómo explican su propia vida en ese medio natural. El cuarto capítulo es cuando la gente retorna después de un día de trabajo, es tiempo para hacer vida en común, la amistad, la familia extendida, y todo lo que tiene que ver con el sentido de comunidad, cómo actuar para ser aceptado y útil para tu comunidad. Y en el quinto y último capítulo, el tiempo mágico, que no es hoy ni mañana, que es el tiempo nocturno, es el capítulo adecuado para hablar de la transcendencia, de la espiritualidad, pero también de todos los otros éxtasis que conocemos, como el amor, todo lo que transforma a la gente, chamanes y todos los que tienen que ver con las prácticas religiosas.

—¿El eje del libro es Kordofán?

—El libro toma Kordofán como una ventana sobre todo el Sudán, Kordofán Sur y Kordofán Norte, una región además que se encuentra en el corazón del país. Porque otra cuestión ética que se me planteó a la hora de enfocar el trabajo es que Sudán es demasiado grande para escribir un libro. No quería viajar una semana al norte, otra al este, otra al oeste... De tal forma que para mantener las cosas claras desde el inicio, también desde un punto de vista científico, voy a elegir una región que sirva de ventana para mostrar la complejidad y diversidad de Sudán, y que eso permita al lector hacese una idea de lo que Sudán es. No conviene olvidar que el Gran Kordofán, la zona por la que yo me he movido, es más grande que Alemania, que mi propio país. No hubiera sido honesto hablar de otra manera del país. Creo que además en Kordofán tienes buena parte de los elementos que se dan en el resto de Sudán, que es representativo de todo el país. Y además Kordofán ha sido un nudo comercial para el centro de África durante centenares de años. Todos los que han viajado hacia el norte, hacia el sur, hacie el este o hacia el oeste han tenido que atravesar esa región. Respecto a la estética del libro fui muy consciente de que quería mostrar momentos, de la manera más pura posible, de tal forma que las fotografías y los textos intercalados hablaran por sí mismos, sin marco, sin textos adicionales. Solo las fotos y los textos. Hay solo al final un texto que explica los proverbios. Aparte de eso, las historias hablan por sí mismas. Y los textos proceden de todo el país, no solo de Kordofán.
—¿Qué tipo de cámaras y lentes usa en su trabajo?

—No tengo la menor idea. Tengo tres cámaras. La más sofisticada que tenía era una Nikon D-90, sin ningún tipo de elemento adicional. Es el primer paso de la cámaras digitales, pero sin teleobjetivos ni flashes, y con un solo objetivo. Tengo otras dos cámaras, pero más pequeñas que esta.

—¿Aceptó algún tipo de compromiso o limitación con las autoridades sudanesas o las facciones para evitar problemas?

—No. Yo redacté el concepto, la idea de lo que pretendía hacer, y eso es lo que les envié. Allí identificaba lo que quería. Algunos temían que el resultado al final no fuera bueno, la imagen que iba a dar de los sudaneses como pueblo. No estaba interesada en fotografiar instalaciones militares o nada por el estilo. Hay algunos textos que hablan de la africanidad, o de la piel negra, u otras cosas, que tal vez no encajarían en algunas mentes, en cierta narrativa, pero no he tenido problemas al respecto. No estaba dispuesta a cambiar el libro para satisfacer las distintas sensibilidades de quienes al final patrocinaron el libro.

—El Sudán que usted muestra no tiene vestigios de horror, guerra, sufrimiento, violación de los derechos humanos... ¿No es una fotografía incompleta?

—No, es un tema diferente. Si fuera un libro sobre jardinería tampoco me haría esa pregunta. Yo quería hablar acerca de la cultura y me sorprendió que nadie quisiera hablar de la cultura sudanesa sin mencionar la otra parte. Es importante hablar de todo lo que ocurre, a todos los niveles. Pero si eso es de lo único que hablamos, entonces la guerra ha ganado. Porque eso supone que hemos borrado a la gente, y eso es lo que ha ocurrido. Nadie sabe nada de los sudaneses, desde luego nada de lo que merece ser conocido de ellos. Este libro es un estudio del carácter de los sudaneses, no es un libro de fotos contemporáneas, una introducción a la economía o la política del país. Es otro tipo de trabajo. Pero me llama la atención que todo el mundo me haga esa pregunta. Hay países a los que parece como si no quisiéramos verlos nunca bajo una óptica distinta. Hay países, también en el este de Europa, en la antigua Yugoslavia, Kosovo, y si escuchas esas palabras no te vendrán a la cabeza recuerdos de poesía o danzas o literatura, solo piensas en criminalidad, o crímenes de guerra, y eso no es justo, porque la gente que vive allí, que ha sufrido guerras, al mismo tiempo han vivido allí por espacio de centenares o miles de años, y han desarrollado culturas de las que podemos aprender. Ese es otro gran malentendido. Si no entendemos eso les negamos que posean una cultura propia, y nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de aprender de ellos. Esta cultura social sudanesa es en realidad verdadera filosofía. Nosotros necesitamos ir a la univesidad para aprender eso. Pero hay cosas que esas culturas hacen mejor que nosotros, y no nos permitimos a nosotros esa vista, esa perspectiva. Si hubiera ido a Darfur o al sur hubiera fotografiado las mismas cosas, porque estas historias también tienen que ser preservadas. Quizá un día, cuando todo este espanto termine, la gente va a necesitar un lugar al que volver, saber quiénes son. Porque eso es lo que son. También nosotros hemos padecido guerras en el pasado, en Europa, pero eso no es lo único que nos define. Creo que es la cultura lo que debe definir a la gente.
Enikö Nagy, en Madrid.

—¿Y por qué solo belleza, no bolsas de plástico (cuando viajas a través de Sudán ves bolsas negras de basura por tadas partes)?

—Porque creo que la gente no necesita que le recuerden la omnipresencia de lo negativo. Hay también tres o cuatro proverbios negativos, toda cultura los tiene, se prefiere a sí misma frente a otras. Pero pensé que no era necesario hacer hincapié en esos aspectos negativos. Creo que en general en nuestras vidas estamos demasiado enfocados en los problemas mientras que nos olvidamos de los aspectos positivos. Pasamos más tiempo haciendo recuento de nuestros errores en vez de concentrarnos en lo que es valioso y bueno.

—¿Quiénes son sus maestros si hablamos de fotografía, luz y literatura?

—Creo que por lo que respecta a mis credenciales fotográficas la cosa ya quedó bastante clara antes. Si hubiera un maestro sería el sol y el momento concreto. Lo que yo quería era captar el momento tal como era. En un país tan desértido como Sudán y con tanto sol tienes una preciosa luz natural y muchos volúmentes y formas diferentes, sobre todo al atardecer, cuando el sol declina, con rosas, naranjas, grises, los colores del desierto... Por lo tanto si hubo algún maestro eran los propios colores del lugar, que me inspiraban a la hora de hacer lo que hice. Yo no sé si volveré a tomar fotografías, pero lo hice allí con un propósito determinado. Respecto a la literatura, en estos seis años trabajando en el país he tenido que leer mucho, confirmar muchas cosas. Yo solía escribir poemas para mí misma, pero no los he publicado. La lengua húngara es muy metafórica y expresiva, aunque yo escribo en alemán. Pero encuentro muchas concomitancias entre el árabe y el húngaro. Amo los libros y he leído mucho, pero no tengo un autor favorito en particular. Pero la mayor parte de las cosas que he aprendido lo fueron conversando con la gente. Es como las cosas se hacen en Sudán. Es una cultura oral, por lo que necesitas hablar con la gente cara a cara y escuchar lo que tienen que decirte. Y eso es algo que también hemos perdido en Europa. Es cada vez más raro que los niños escuchen lo que tienen que decirle sus abuelos, de cómo las cosas eran en el pasado.
—Ha tratado de mostrar un país único y unido. ¿No es más un deseo que una realidad?

—No creo que intentara mostrar un país unido. Me parece importante clarificar eso. Es cierto que es un país único, pero yo creo que Sudán no ha sido nunca un país. Es un lugar donde diferentes tribus han convivido e interactuado durante centenares de años, y se han fertilizado unos a otros, y siguen conservando lo que son, excepto en las partes en las que ha habido conflicto. No se ha convertido en un país en el sentido en el que nosotros lo consideramos. Hay muchos lugares remotos en los que vive gente que jamás ha pagado impuestos y a cambio ha recibido servicios y atención por parte del Estado central.

—¿En qué medida esta experiencia le cambió?

—Tuve que reorganizar toda mi vida para acometer este proyecto. Pero estaba lista para hacerlo. Lo que yo tenía claro es que quería terminarlo. Soy persistente, y si me doy cuenta de que algo es lo que se debe hacer debemos hacerlo, aunque tengas que dejar de lado muchas cosas. Por supuesto que eché de menos a mi familia, estuve sola sin la ayuda ni el apoyo de mis amigos, aunque venían a veces a visitarme. Pero Sudán está lejos de todo. Pero fue toda una hermosa experiencia descubrir que puedes hacer cosas y puedes hacerlas sola. Pero no creo haber cambiado.

—¿Pero no es usted una mejor persona ahora?


—Sí, en ese sentido creo que sí. He vivido todo esto. He vivido con estos pensamientos durante años, y me he abierto a nuevas formas de pensamiento. Sí, creo que quizá me he vuelto más amable, más sudanesa en el sentido de ser más amigable, menos impaciente. Quizás. Creo que en cierta medida he desarrollado una personalidad sudanesa.
—La última pregunta, ¿quién es Enikö Nagy?

—Es una buena pregunta. Humm. Creo que es todo eso, creo que soy una especie de triángulo. Trato de no perderme a mí misma, trato de no perder mis lazos familiares, y por eso vuelvo de vez en cuando a Rumanía, porque parte de mi familia está todavía allí. Está también Alemania, porque estudié allí, y buena parte de mi pensamiento y de mi forma de trabajar, mi forma de analizar el mundo, es ciertamente alemana. Y buena parte de mi mundo emocional supongo que es húngaro. Y por otra parte esta este pedazo de Sudán. Creo que soy una mezcla de todo eso.

—Es más que un triángulo.

—Sí, sí.

ALFONSO ARMADA  @alfarmada
01/07/2015 .
http://www.abc.es/cultura/arte/20150701/abci-eniko-nagy-hablar-sudan-201507021240.html
https://www.amazon.co.uk/Sand-my-Eyes-Sudanese-Moments/dp/3940190071/277-9130899-3227733?ie=UTF8&*Version*=1&*entries*=0

Leer más...

miércoles, 20 de julio de 2016

Angie Marianella Carrillo Labanda

El cuerpo de Angie apareció víctima de violencia machista. Se cierra un doloroso tiempo de espera que sigue abierto en otros casos y que tristemente terminó en Femicidio.  Desde aqui , entendemos que algo falla cuando un asesino puede estar libre 27 meses haciendo vida normal .


 La mañana del 4 del mayo del 2016 fue localizado el cadáver de Angie Carrillo Labanda, una joven de 19 años que desapareció el 28 de enero del 2014 en Riobamba (Chimborazo). El hallazgo se produjo en una quebrada ubicada en Carcelén, en el norte de Quito. Por este caso, el exnovio de la joven fue detenido por los agentes de la Dinased (Policía especializada en desapariciones) para las investigaciones. 

La madre de Angie Carrillo, Yadira Labanda,  dio su testimonio a EL COMERCIO: 

"La reconstrucción del caso de mi hija, desaparecida hace 27 meses, comenzó ayer (4 de mayo ). En esta participó la persona que sospechábamos como posible autor de su desaparición, su exnovio. Ayer, esta persona no pudo más y se sintió agobiado hasta que él mismo le llamó al fiscal y tomó la decisión de contar lo que había pasado con Angie". 
"Cuando yo me acerqué a la Fiscalía para continuar la reconstrucción me dieron la noticia de que él ya había declarado lo que pasó y el lugar exacto donde la había dejado. Relató todas las cosas que le hizo al momento de matarla. Los investigadores me dijeron que él la había recogido en el terminal porque ella vino a Quito para terminar la relación".


"Tras encontrarse, la llevó a una casa. En ese lugar, ella le pidió que ya no la busque, según lo que él contó. En ese momento de rabia, la estranguló y la golpeó con una piedra en la cabeza. La investigación se demoró porque él negaba, no había pruebas suficientes, nada".

 "Después, con esta reconstrucción que no me imaginé, se descubrió lo que pasó. Con el cuerpo de mi hija ya localizado por las autoridades, él se vio acorralado y decidió hablar porque antes se hacía el desentendido. Decía que no la había visto, que no se comunicó con ella. Lo único que teníamos en las indagaciones era el reporte de llamadas de Angie y que mi hija estuvo en Quito". 

"Al parecer, él terminó con la vida mi hija y le quitó el celular. Luego se activó el WhatsApp de Angie y por eso nosotros creíamos que seguía con vida. Ingresó a su cuenta de Facebook y se entendía como que ella seguía viva. Era para distorsionarlo todo, por eso todo era tan confuso". 

"Estoy acá para seguir de cerca la audiencia de flagrancia. Ya se recolectaron las evidencias de este caso. Esperemos que sea en la noche". 

"Lo único que pido a las autoridades es que se haga justicia, que se aplique la pena máxima porque no solo fue mi hija. Ella estaba embarazada de seis semanas. Fue un doble asesinato el que se cometió y debe hacerse justicia. Lo pido para que la Fiscalía, el Consejo de la Judicatura, los ministerios de Justicia y el Interior actúen". 

http://www.elcomercio.com/actualidad/yadiralabanda-agresor-estrangulo-hija-desaparecida.html
http://www.teleamazonas.com/2016/05/el-cuerpo-de-angie-carrillo-fue-encontrado-en-el-norte-de-quito/
https://www.ivoox.com/familiares-amigos-angie-carrillo-le-dieron-audios-mp3_rf_11473882_1.html?var=2&utm_expid=113438436-22.LBPD_S1hTXysAhC8VfQJjA.1&utm_referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.es%2F
Leer más...

lunes, 18 de julio de 2016

IRENE ANTÓN



Irene Antón,  nació el  27.04.1966 en Darmstadt - Alemania


Nos gusta el trabajo de Irene Antón , su interacción y respeto a la naturaleza. su búsqueda e integración en ella. Su guiño artístico entre los arboles .
 Intervención invadir la red ' es una serie de instalaciones  en lugares  de todo el mundo. Cada pieza se compone de entre 100 y 150 pares de medias reciclados que han sido anudados  entre sí y dispuestas en líneas y nodos interconectados (donde las bolas rellenas  crean estas bombillas).
Las instalaciones  hacen referencia a  la naturaleza invasora de la globalización y el flujo de datos en la sociedad industrial moderna.
Si bien está claro que se puede conectar a la difusión de Internet y  a las redes. Estas  a veces atrapan por el uso de diversos sitios y aplicaciones.  El proyecto se compone específicamente de  textiles con el fin de hacer referencia a otra industria global: el de la moda.
 Al mismo tiempo que los individuos están atrapados en los ciclos de la comercialización y el consumo, las compañías detrás de la industria han sido objeto de las preocupación   con respecto a los talleres clandestinos y los derechos de los trabajadores, que representa para  Antón las maneras
en que la globalización se pone en conflicto directo con más necesidades "naturales"  y de los seres humanos y las  formas de vida y de trabajo.
Miembro del BBK Berlín y BVBK Brandenburg (asociaciones nacionales de artistas profesionales)


Estudió en la  Universidad de Bellas artes de Berlín(UdK) obteniendo el , título de master "arte en contexto", especialización en exposiciones y arte en espacios públicos también consiguió el  diploma de  diseñadora de modas y textil 
 En Universidad de Wuppertal(U-GH),  diseño industrial básico y en la Academia de Bellas artes (AKI) en Enschede - Paises Bajos

Desde 2008 esta trabajando en la escuela superior "Kurt-Schwitters-Oberschule" en Berlin
Desde 2005 hace Talleres de landart y arte textil tanto para adultos como para niños y adolescentes
Desde 1994 esta trabajando como artista y diseñadora libre en varios proyectos

Irene Antón diseña tejidos, estampados y alfombras. Esto diseños sirven al mismo tiempo para otros tipos de superficies como papeles de regalo, embalajes, vidrio...


http://www.kettcards.de/spanisch/kuiran001.php
http://www.irene-anton-design.de/
http://www.designboom.com/art/networks-by-irene-anton/
http://www.bbk-bayern.de/ndb/schweinzeit2007/
www.kreatives-brandenburg.de
Leer más...

sábado, 16 de julio de 2016

Cumandá Páez



Cumandá Páez trabajó 38 años de su vida como maestra y durante todo ese tiempo aportó puntualmente a la seguridad social, como manda la ley. En julio de 2015 Cumandá fue diagnosticada con un cáncer gástrico degenerativo que la imposibilitaba de realizar cualquier actividad permanente y solicitó su jubilación por enfermedad catastrófica. Ella cumplía con todos los requisitos para esto e incluso la Constitución en su transitoria vigésimo primera establece que el Estado estimulará la jubilación de docentes del sector público mediante el pago de una compensación. 
Cumandá no estaba rogando por un favor, estaba exigiendo que se le reconozca un derecho legal y constitucional.  Su demanda no fue admitida por el ministro de Educación. Cumandá tuvo que seguir trabajando, pese a su condición y en el hospital, por falta de insumos, recibió su quimioterapia una vez al mes, en lugar de cada 15 días. La agonía de Cumandá fue desgarradora, no solo por lo doloroso de su cáncer, sino por no contar, ni ella ni su familia, con los recursos necesarios para aliviar su dolor, para tener una muerte digna. Pese a esto, Cumandá tuvo la presencia de ánimo de pelear contra el sistema para exigir sus derechos.
Como una broma cruel de nuestro sistema judicial, la audiencia de Cumandá Páez se dio el 1 de junio de 2016, un día después de su muerte. Cumandá murió peleando. 
Hay otras maestras y maestros en el mismo drama que Cumandá Páez. Son adultos mayores, han trabajado toda su vida, están enfermos; no merecen morir en el infructuoso intento de que el Estado les otorgue algo que no es una caridad, algo que es su derecho.
Silvia Buendía    -   @silvitabuendia





Hace algunos días nos estremecimos por la muerte de la maestra Cumandá Páez, quien falleció el 31 de mayo de este año sin siquiera recibir el "estímulo para la jubilación" impulsado por el gobierno. El Ministro de Educación después de sus tibios "lamentos" exigió que se "demuestre la tramitación" (¡!).
Esta situación no es más una de las características del vía crucis del sistema de jubilación ecuatoriano.
La discriminación del Estado hacia los jubilados es doble: por políticas e instituciones ineficientes, pero también por la generación de una visión sobre las personas de la "tercera edad", como personas devaluadas.
Las lógicas de nuestros ancestros indígenas (comunidades a las que León Mera se refiere como "salvajes") y la sincretización de estas en las comunidades rurales -y las que por distintos filtros han llegado hasta nosotros- se creó el principio de la vejez. Este principio de vejez o ancianidad asociaba moral y materialmente (bastones, báculos, collares) la sabiduría con el período de vida recorrido. La experiencia, le memoria de los ancianos era vital para el bienestar de la comunidad.
Una demanda popular siempre relegada ha sido el derecho humano al disfrute de la vida hasta los últimos días y no el sufrimiento mediado por el Estado.
Mis más sentidas condolencias a la familia de Cumandá...
Jaime Chuchuca Serrano


 Sentires sobre ella y su aporte :_

 -ERA UNA MAESTRA QUE DIO SU VIDA EDUCANDO A LAS NIÑAS FUE MAESTRA DE MI HIJA Y FUE UNA GRAN MAESTRA

-mi profe era muy linda yo me quedo con los mejores recuerdos y sus enseñanzas del segundo grado que pase con ella

http://www.extra.ec/ediciones/2016/06/06/opinion/cartas-al-director/

http://www.elcomercio.com/actualidad/maestras-jubilacion-cumandapaez-sentencia-quito.html
Leer más...

viernes, 15 de julio de 2016

Lesbia Yaneth Urquía Urquía



COPINH:
 COMUNICADO SOBRE EL ASESINATO DE LA COMPAÑERA LESBIA YANETH URQUÍA URQUÍA.

El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras con mucho pesar comunica a la comunidad nacional e internacional del asesinato de la compañera Lesbia Yaneth Urquía Urquía de 49 años, madre de dos hijas y un hijo, del municipio de Marcala, La Paz.
La compañera Lesbia Yaneth era una destacada lideresa comunitaria vinculada al COPINH desde las protestas en contra del golpe de Estado del año 2009 y activa militante en la defensa de los bienes comunes de la naturaleza y los derechos indígenas en contra de la construcción de la represa hidroeléctrica Aurora I del municipio de San José, La Paz en la cual tiene vinculación directa la presidenta del Partido Nacional y vicepresidenta del Congreso Nacional, Gladys Aurora López.
Lesbia Yaneth fue una ferviente defensora de los derechos de las comunidades y opositora del consesionamiento y privatización de los ríos en el departamento de La Paz.
El asesinato de la Lesbia Yaneth se da suspicazmente en el marco de un proceso de “consulta” llevado a cabo por el gobierno de Honduras acerca de la aprobación del proyecto de ley de reglamentación del mecanismo de la Consulta Previa, Libre e informada a la que tenemos derecho las comunidades indígenas amparadas en la legitimidad de nuestra historia y el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estas reuniones en las que el gobierno pretende impulsar su propuesta de ley se llevaron a cabo en el municipio de Marcala los días 4 y 5.
Este asesinato se produce a 4 meses y 4 días del asesinato de nuestra compañera y lideresa, Berta Isabel Cáceres Flores, y nos confirma la puesta en marcha de un plan para desaparecer a quienes defendemos los bienes comunes de la naturaleza, organizados en el COPINH.
La muerte de Lesbia Yaneth constituye un feminicidio político que busca callar las voces de las mujeres que con coraje y valentía defienden sus derechos en contra del sistema patriarcal, racista y capitalista, que cada vez más se acerca a la destrucción de nuestro planeta.
Responsabilizamos directamente por este asesinato al gobierno de Honduras, a cargo de Juan Orlando Hernández, a las fuerzas militares y policiales y a todos las instituciones gubernamentales que deben cumplir con la protección de todas y todos los defensores de derechos humanos y de los bienes comunes de la naturaleza, de igual forma a la señora Gladys Aurora López y su esposo Arnold Castro por ser fuente permanente de amenazas y conflictos por la construcción de proyectos hidroeléctricos en el departamento de La Paz.
El COPINH exige que cesen los asesinatos contra sus miembros y miembras y se haga justicia en encontrar a los culpables del asesinato del Lesbia Yaneth y de Berta Cáceres y que estos crímenes no queden en la impunidad.
Acompañamos en este profundo dolor a la familia de nuestra compañera.
Dado a los 6 días del mes de julio en La Esperanza, Intibucá.
Con la fuerza ancestral de Berta, Lempira, Mota, Etempica, Iselaca se levantan nuestras voces llenas de vida, justicia, libertad, dignidad y paz.
¡Lesbia Yaneth vive, la lucha sigue!
¡Berta vive, la lucha sigue!
COPINH


Nos unimos al dolor de su despedida y seguimos trabajando para visibilizar estas atrocidades y que paren .




Honduras es un campo de muerte para los ecologistas. A los cuatro meses del asesinato de la líder ambientalista Berta Cáceres, otra dirigente de su organización ha caído. Es Lesbia Yaneth Urquía Urquía, de 49 años, madre de tres hijos. Su cadáver fue hallado en Mata Mula, cerca de un basurero de Marcala, a 100 kilómetros de Tegucigalpa. Un machetazo en el cráneo, según las primeras versiones, puso fin a su vida.



El crimen se suma a una larga fila de cruces. En el país centroamericano, según la organización Global Witness, han sido asesinados en poco más de una década 114 activistas ambientales. En la mayoría de los casos los homicidios quedaron impunes. Y las pocas veces que se llegó al final del túnel, las conclusiones fueron abismales. Así ocurrió con el caso de Berta Cáceres. La infatigable ecologista, premio Goldman Enviromental Prize (el Nobel verde), murió el pasado 2 de marzo de dos tiros en su casa de La Esperanza. Desde un principio las sospechas se dirigieron hacia la empresa DESA, responsable de la gigantesca presa de Agua Zarca, a la que Cáceres y su organización (COPINH) se oponían por vaciar el río Gualcarque, sagrado entre los indios.



La existencia de un testigo y la presión internacional facilitaron la resolución del crimen. En mayo pasado, fueron detenidos por el asesinato el gerente de DESA, su jefe de seguridad, un mayor del Ejército y dos sicarios.

En el caso de Lesbia la autoría es aún un misterio. La mujer fue secuestrada un día antes del hallazgo del cadáver. Había salido en bicicleta a hacer ejercicio y cuando fue descubierta, presentaba signos de un ataque con machete. Al igual que Cáceres, se había enfrentado a los proyectos hidráulicos que proliferan en Honduras. Entre ellos una obra vinculada a la presidenta de Partido Nacional y vicepresidenta del Congreso, Gladys Aurora López, y su esposo.

El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), al que pertenecía la fallecida, responsabilizó de la muerte al Gobierno hondureño y apuntó directamente a la presidenta de Partido Nacional y su marido. “Ellos son fuente permanente de amenazas y conflictos por los proyectos hidroeléctricos en el departamento de La Paz”, señaló en un comunicado. Este periódico trató sin éxito de recabar la versión de López.

Fuentes policiales citadas por Reuters indicaron que el crimen de Urquía, propietaria de dos hoteles y un mercadito, podría enmarcarse en una disputa familiar o una extorsión. Los compañeros de la víctima rechazaron esta hipótesis y recordaron que con Berta Cáceres la policía también quiso atribuir el asesinato a la delincuencia común. En un país donde el 90% de los crímenes queda sin resolver, otra ecologista ha muerto y aún no hay detenidos.
J. M. AHRENS

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/07/07/mexico/1467917902_092949.html
http://www.bbc.com/news/world-latin-america-36756937
http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=89265



Leer más...
Más