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sábado, 24 de junio de 2017

Julia Kristeva filósofa, teórica de la literatura y el feminismo


Julia Kristeva (Sliven, Bulgaria, 24 de junio de 1941) es una filósofa, teórica de la literatura y el feminismo, psicoanalista y escritora francesa de origen búlgaro. Se educó en un colegio francés y luego estudió lingüística en la Universidad de Sofía. En 1965, a la edad de 24 años, se trasladó a París, estudió en la Universidad de París y en la École Pratique des Hautes Études, al tiempo que publicaba artículos en revistas como Tel Quel, Critique y Langages. Desde 1970 hasta 1983, formó parte del equipo de redacción de Tel Quel.

En la actualidad, enseña Semiología en la State University de Nueva York y la Universidad París VII "Denis Diderot". Posee 8 doctorados honorarios y en el 2004 ganó el prestigioso premio noruego Holzberg por su innovador trabajo en la intersección entre lingüística, cultura y literatura.

Su obra, de gran complejidad, se enmarca por lo general en la crítica del estructuralismo (neoestructuralismo y post-estructuralismo), con influencias de Claude Lévi-Strauss, Roland Barthes, Michel Foucault, Sigmund Freud y, ante todo, Jacques Lacan. Está casada con el escritor francés Philippe Sollers.


Una característica predominante en la obra de Kristeva es su preocupación por analizar lo que no es analizable: la alteridad inexpresable, heterogénea y radical de la vida individual y cultural. Aunque esta actitud podría abrir una vía hacia el misticismo, el interés de Kristeva es equiparable a la apropiación simbólica de este campo no analizable.

Se interesa por la naturaleza heterogénea del lenguaje poético siendo estudiante en París, lo que la distinguió de otros semióticos que se mostraban más preocupados por formalizar el funcionamiento convencional del lenguaje. Entiende el lenguaje como un proceso transgresor dinámico, más que como un simple instrumento estático.

Distingue entre lo semiótico y lo simbólico, como "genotexto" y "fenotexto" respectivamente. El genotexto es un proceso y el fenotexto es el lenguaje de la comunicación. No existen aislados, sino que aparecen juntos en los que llama el proceso de significación.

En su obra "La revolución del lenguaje poético" demuestra cómo el lenguaje poético tiene efectos dentro de un contexto histórico y económico específico. Recurre a la teoría psicoanalítica Lacaniana elaborando una teoría del sujeto como proceso. El sujeto es una forma inefable e innombrable que sólo se deja conocer a través de sus efectos.

En 1980 cambia su tendencia a desarrollar una teoría general del lenguaje y el desorden simbólico para ofrecer una serie de análisis de sus experiencias artísticas y personales concretas. Más tarde elaboró una serie de estudios sobre el amor (Relatos de amor) la melancolía y la depresión (Sol negro) y la historia y experiencia de ser extranjero (Extranjeros para nosotros mismos). A diferencia de sus obras anteriores, predomina ahora la importancia de que el sujeto particular pueda acceder a lo simbólico. Según Kristeva es preciso que se conserve una armonía entre la identidad y los elementos heterogéneos, potencialmente poéticos y capaces de romperla. A diferencia del amor, la melancolía constituye un grave impedimento para la constitución de las capacidades simbólicas e imaginarias.

En su estudio de Colette examina la cuestión del amor como experiencia vivida y como parte de una incursión en la psicología del amor. Colette escribe mediante un diluvio de metáforas. No existe el amor con anterioridad a la metáfora. Así pues, no sólo la metáfora no es el lenguaje del amor, sino que tampoco es la expresión del amor.


"Chora" es una psicosis experimental de un sujeto en proceso de juicio. La revuelta deja ahora de ser política como ocurre en la transgresión abierta de la ley, y asume un sentido íntimo que toma la forma de memoria y psicoanálisis, de lenguaje poético, de escritura de ficción y de toda suerte de actividades intelectuales y artísticas que ejercen su impacto sobre la vida psíquica y que a menudo implican una especie de crisis del yo.

El arte participa en la dinámica de la formación del sujeto. Es la actividad artística la que constituye al sujeto, de la misma manera que es el sujeto que constituye la obra de arte. Una obra de arte puede convertirse en la base de una experiencia auténtica capaz de abrir el camino a un cambio de personalidad. El objetivo es producir una situación en la que la subjetividad fuera un sistema abierto, una obra en proceso, un abrirse al otro, que al mismo tiempo pudiera generar una forma revisada de la propia identidad. Y esto da paso a una ética que se ve obligada a luchar contra el mundo posmoderno del espectáculo, donde el yo y la representación borran los signos de la actividad del inconsciente.






Tengo que confesar que cuando me hablan de Julia Kristeva, yo digo ¿quién es esa? Mi hijo me dice ‘no me gusta Julia Kristeva. Prefiero simplemente a Julia’. Yo estoy en un momento avanzado de mi vida, y al mismo tiempo no me siento en la hora de los balances. En mi familia, en Bulgaria, mi madre, de una genealogía de varias generaciones de misticismo judío religioso, era bióloga, y me había transmitido el darwinismo. Mi padre era muy creyente, y había hecho el seminario antes de ser médico; esa era su forma de resistir un poco al comunismo duro. A través de lecturas nos transmitió el amor por las lenguas, pero su religión era sobre todo la cultura. Me empujaban fervientemente a mí y a mi hermana a aprender lenguas extranjeras. Bulgaria, además, es el único país del mundo que festeja un día de la cultura, todos los 24 de mayo, que es el día de la creación del alfabeto eslavo. Sé, por lo pronto, que en ese contexto me crié. Cuando llegué a Francia, al alba del año 68, cuando la universidad francesa empezaba a desperezarse, recalé directamente en los cursos de Roland Barthes y de Emile Benveniste. Que yo fuera una mujer no era un obstáculo. No había muchas mujeres, y tampoco muchas extranjeras, por lo que me había erigido en una especie de curiosidad. Yo tuve suerte de haber caído en ese contexto; el grupo Tel Quel y mi marido Philippe Sollers estaban muy abiertos a lo que yo pudiera decir, y era paradójico ver a una joven que no era tan fea y decía cosas”. Suerte de autobiografía jibarizada, museo en miniatura de una educación intelectual, Julia Kristeva, tan joven como siempre, espeta estas palabras desde el escenario de un teatro en la ciudad chilena de Valparaíso. Las arroja como se lanzan dardos al vacío, pero ahí abajo es lo opuesto al vacío y sus ideas encuentran un eco efervescente: cientos de jóvenes chilenos anotan las palabras de la pensadora con la voracidad con la que se desgrana una letanía o se repite el estribillo de una canción de rock. Es el último día del Puerto de Ideas, la primera edición de un festival cultural que llevó a las costas de esta ciudad alucinante a estrellas intelectuales como Carlo Ginzburg, Marc Augé y la propia Kristeva, entre otros. Es el primer eslabón de una modesta pero largamente esperada gira por ciertos puntos neurálgicos de Latinoamérica, y que la trae por estos días a Buenos Aires a recibir el título Honoris Causa de la UBA e impartir dos conferencias en la UNSAM.

Ahí fuimos, entonces, para hacerle algunas preguntas a una de las más complejas y luminosas pensadoras de una camada francesa que cruza disciplinas y que caló en la academia y los libros de nuestro país con una hondura profunda y hasta ahora indeleble. Condensadísima hoja de vida: de formación lingüística y semiológica, llegó con 24 años a la París de la primavera convulsionada y se insertó rápidamente en los grupos intelectuales de avanzada. Se podría decir que la creación de las universidades interdisciplinarias que emergieron en esos meses fueron el toque mágico que las inquietudes de Kristeva necesitaban para terminar de materializarse. Su pareja, el escritor Philippe Sollers, la convidó a participar en las páginas y las reuniones de la revista Tel Quel, que supuso una modernizante cruza de teorías formalistas con psicoanálisis, lingüística, filosofía y literatura. Fueron los años, también, en que los teóricos franceses forzaron los cimientos del estructuralismo hasta hacerlo languidecer, y aparecieron entonces con fuerza las corrientes posestructuralistas que marcarían la impronta colectiva del grupo. Sus primeros libros son tratados recargados y puntillosos, apuntalados siempre por certidumbres teóricas bien de época.

Semiótica y La revolución del lenguaje poético se pueden leer en esa línea. Huidiza por natualeza y vocación, Kristeva sin embargo no se quedó encandilada por las propuestas juveniles de sus días de formación, y fue revisando sus postulados hasta el punto de repensar el hecho artístico más en términos de experiencia que de lenguaje puro, como quería el primer tel quelismo. Varios son los elementos que le permitieron “desencapsular” lo más rígido de las teorías del lenguaje: el psicoanálisis en general y el lacaniano en particular (que para la autora fue siempre un agente conflictivo, a veces dramático, en tensión permanente con lo freudiano), el feminismo, la política. En el prólogo a la edición correspondiente al año 1994 de Sentido y sinsentido de la revuelta apunta que “procuraré integrar en los ámbitos del arte y de la literatura, concebidos como experiencias, la noción de cultura-revuelta. E introducir una apuesta que consiste en superar la noción de texto a cuya elaboración contribuí junto con tantos otros, y que llegó a ser una forma de dogma en las mejores universidades de toda Francia, para no hablar de Estados Unidos y de otras más exóticas todavía. En su lugar, me esforzaré por introducir la noción de experiencia”. Cuando le pedimos que profundice en este paso de la textualidad pura a la experiencia en sentido amplio, Kristeva arquea las cejas, respira y dispara: “Para mí la noción de texto nunca ha superado la noción de experiencia. A lo mejor me entendieron mal. Una cierta recuperación estructuralista de la noción de texto sólo ve en el texto la técnica: cómo construir un producto de mercado, por ejemplo. A mí lo que siempre me interesó es el laboratorio en donde se producen los textos. Si mirás bien, hay artículos que escribí hace treinta años, como ‘La productividad llamada texto’, y con eso quería decir que para producir un texto hay que cuestionarse entero: la manera de sentir, la sexualidad, el lenguaje. Y desde este punto de vista se trata de una experiencia, pero no en el sentido de un científico que hace un ‘experimento’ con los conejillos de indias para buscar un resultado, sino como cuestionamiento de lo antiguo y posterior surgimiento de lo nuevo. Se parece más a la experiencia mística, si se quiere. Es una experiencia personal que va a contracorriente del mercado y de la comunicación. En un momento determinado voy a comunicarlo, pero primero tengo que transitar ese renacimiento para luego poder construir de manera comercializable. Que haya dos períodos en ese proceso no significa que sean consecutivos, ‘primero cambio y luego escribo’. Pasan al mismo tiempo. Si lo digo de este modo, enunciando dos momentos, lo hago para la claridad de la exposición, y que la gente que lea esto entienda que hay dos momentos en el acto creativo, pero finalmente esos dos momentos son uno solo y suceden de un modo simultáneo. La técnica es inseparable de esa transformación íntima, personal. En alemán hay dos términos: uno para cambiar la vida y otro que se refiere a la técnica”.

Lacan en la pampa

Una de las razones más nítidas por las que la obra de Kristeva tuvo semejante trascendencia en nuestras costas es, desde luego, el modo tan propio con el que reelabora y metaboliza las líneas centrales del psicoanálisis, una disciplina que encontró en nuestro país una devoción inaudita. Inclinada siempre a cruzar imaginarios, pensó el psicoanálisis a través de la literatura y la literatura a través del psicoanálisis, en un juego de espejos invertidos, ampliación del campo de batalla para una y otra disciplina. Así, en Sol negro. Depresión y melancolía , por ejemplo, lee la obra de Marguerite Duras para rastrear, en un gesto crítico quirúrgico, lo que llama “figuras melancólicas”. Pero, ¿cómo pensar simultáneamente la literatura y el psicoanálisis sin caer en la trampa del ‘psicoanálisis aplicado’?, le preguntamos. “El psicoanálisis y la literatura son la misma cosa –dice, y traza una conciliadora pausa antes de seguir–. Salvo que una publica, y la otra guarda su descubrimiento para vivir mejor. Pero es la misma dinámica psíquica, que consiste en barrer todo lo que es palabras cansadas y modos de vida aburridos, contar un nuevo aliento, cambiar el modo de hablarse a sí mismo y de nombrar las cosas y ligarse a los otros. Algunos logran darle un lugar a esa experiencia del lenguaje e inscribir esa recreación de la intimidad y de lo personal en una tradición cultural como la literatura. Hacer una obra que se sitúa después de Balzac, o Dostoievsky o Cervantes, formar parte de una memoria cultural... para eso toman la fuerza de pulir su lenguaje, buscar un editor, ir a la televisión a publicitar su libro. Otros no dan ese paso, y se contentan con volver a casarse, o cambiar de profesión, o dejar de beber, o simplemente estar enamorados habiendo pensado que eran incapaces de amar. El laboratorio donde sucede ese click es el mismo”. En su propia práctica profesional como analista, Kristeva dice profesar la sesión prolongada, de base más bien freudiana, que busca el punto ciego para destrabar la inhibición y el síntoma. Sin embargo, la idea lacaniana del inconsciente estructurado como un lenguaje le sirvió para pensar ese proceso terapéutico desde el prisma de la lengua, y conjugar así sus campos de especialidad. Una preocupación por el lenguaje en el interior del discurso y la práctica psicoanalítica que a su modo ya estaba en el primer Freud pero que Lacan, según Kristeva, amplificó y llevó a un estadio altísimo.

El segundo sexo

Julia Kristeva llegó a Valparaíso para hablar, sobre todo, del feminismo, una de las patas más importantes de su pensamiento. En los albores del siglo XXI, elaboró a fondo la cuestión en una trilogía que tiene edición argentina bajo el título El genio femenino . Ahí toma tres casos que le sirven como paradigma para edificar una lectura de la mujer como agente de transformación humano y esquirla revolucionaria en el campo del pensamiento (Hannah Arendt), el psicoanálisis (Melanie Klein) y la literatura (Colette).

En el segundo tomo del tríptico asegura que “es posible entrever algunas constantes comunes en los genios de Arendt y Klein: ambas se interesan por el objeto y el vínculo, se preocuparon por la destrucción del pensamiento, y rechazaron el razonamiento lineal”, a lo que añade, ya en el tercer tomo, que “al nomadismo de estas dos mujeres, a su reflexión reveladora que sólo se apaciguó pagando el precio de atravesar la tragedia, Colette agrega otra experiencia que también es uno de los rostros de ese mismo siglo”. Desde los micrófonos del Puerto de Ideas, agrega: “El movimiento feminista moderno pasó por tres etapas. Las sufragistas, de origen anglosajón, que provenían del protestantismo y querían obtener el derecho a voto después de largas luchas. Luego el gran momento de El segundo sexo de Simone de Beauvoir, de 1949, en donde declara que la palabra felicidad hoy es libertad, y que en esta libertad los hombres y las mujeres son hermanos; hay una igualdad de las exigencias y también de los derechos. Fue un momento radical en la historia de la humanidad para la posición de la mujer, y sabemos que muchas de estas cosas se fueron consiguiendo, sobre todo en las democracias avanzadas, y tenemos que luchar ahora por la paridad a nivel económico, social y político. Esta universalidad no fue dejada de lado por el movimiento siguiente, fue más bien completado ese movimiento, que data de la Francia del 68, en el que yo participé sólo brevemente por cuestiones que no vienen al caso. Este movimiento se planteó una vuelta de tuerca: la mujer tiene esos derechos, sí, pero es distinta. Tiene una sexualidad diferente, una creación literaria diferente, y esto es importante”.

¿Y de qué modo ese tercer movimiento del feminismo, el de Francia en 1968, abrió caminos para que hoy en Latinoamérica, por ejemplo, tengamos ya presidentas mujeres?

Tengo la impresión de que en ese momento participamos en un movimiento que era general y colectivo, cada una desde su lugar particular. Teníamos entonces la exigencia de superarnos a nosotras mismas y superar así las normas de la sociedad. Todas esas mujeres eran unas “revueltas”, y esa revuelta fue conduciendo a esta aparición, en Latinoamérica y en otros lados, de una serie de personalidades inclasificables, singulares, animadas por una gran energía, y que tratan de trascender con los otros hacia un universo ideal, espiritual, pero tratando de cambiar las leyes y los lenguajes de la cadena humana, de la globalización. Estoy muy orgullosa de todas nosotras.

Recrear nuevos ideales

El concepto de revuelta es, desde luego, otro de los pilares centrales de la arquitectura kristeviana, y es uno de los tópicos de mayor longevidad en su derrotero pero que, al mismo tiempo, encuentra hoy una pertinente actualidad. Su último trabajo en esa línea tuvo edición española en 2000 y se tituló El porvenir de una revuelta .

Escuchémosla: “Dediqué muchos años a estudiar lo que llamo la revuelta. Como soy de formación lingüística, me dediqué primero a entender el significado de la palabra, que tiene origen sánscrito, y quiere decir pasar hacia atrás y volver hacia el futuro. Una memoria fuerte de la transformación, pero que no es nunca una negación del tipo ‘estoy en contra y mato eso’. El sentido profundo de la revuelta tiene que ver con revalorizar los antiguos valores para que surjan otros, nuevos. La palabra ‘volumen’, por ejemplo el volumen de un libro, cuyas páginas doy vuelta para aprender, viene de la misma raíz. Esa fuerza que mira hacia el futuro aprendiendo algo del pasado es la que me interesa. Otra significación que es muy querida es la que desarrollé en La revuelta íntima . Acá va a hablar la psicoanalista. Contrariamente a lo que se dice, el psicoanálisis no es algo viejo o rígido. Es una técnica que consiste en reapropiarse del pasado propio, de los padres y de generaciones anteriores, para construirse una secularidad: ¿quién soy, cuál es mi singularidad, como la puedo compartir con los otros? Estamos en la civilización de Internet, de los mensajes de textos, de Facebook. Es algo maravilloso, que incita a revueltas en el mundo árabe, por ejemplo, pero como otras cosas también tiene trampas. La trampa que me interesa puntualizar es que nos mantenemos a un nivel horizantal, no acelera la comunicación pero no se cuestiona aquello que se comunica. Uno no se pregunta por los sistemas de comunicación. Y en Francia se llega a decir incluso que la gente comunica por ‘elementos de lenguaje’. Lo que se pierde en este proceso es el lugar de interrogación de la persona, y es allí donde se ubica la especificidad de nuestra civilización, la de las luces, en la que cada ser humano es capaz de poner en problematización a sí mismo y a los otros. Y es esa capacidad de problematización que crea la experiencia humana lo que hace de cada uno de ustedes un maestro. Hannah Arendt, cuando se le preguntó cuál es la manera de combatir contra la banalidad del mal, dice que hay que restituir la capacidad de pensar libremente, plantearse preguntas, que es lo contrario de calcular mensajes. La mayoría de ustedes acá son universitarios: la universidad tiene como finalidad evitar que las personas se vuelvan calculadores de mensajes. Y para eso hay que apropiarse del pasado, pensarlo, y hacer algo nuevo. Esa es la revuelta contemporánea”.

Usted habla de la experiencia-revuelta y pone el concepto en sintonía y actualidad con los movimientos de indignados y las protestas estudiantiles en Chile. En uno de sus últimos trabajos habla de la adolescencia como un grupo “enfermo de ideales”. ¿Cómo piensa esa enfermedad de ideales en el contexto mundial de hoy?

Yo sé que, por ejemplo en el caso chileno, los jóvenes buscan una revuelta que modifique las estructuras pragmáticas, como los subsidios y las becas, pero al mismo tiempo buscan un cambio en los valores. Recrear nuevos ideales: ese es el sentido real de la palabra revolución. Eso es posible solamente si uno se cuestiona a sí mismo, si es capaz de atravesar experiencias interiores, y recién después uno podrá traspolar eso a una sociedad encadenada por las finanzas y por los elementos del lenguaje. Eso está en la base de lo que buscan los estudiantes. Hay muchos jóvenes que no participan de estas manifestaciones, y que cuando van al analista nosotros percibimos en ellos la experiencia de la revuelta, pero ellos todavía no lo saben o no pueden expresarlo. En ese sentido, y esto tiene que ver con lo que está pasando en el mundo, el psicoanalista está ahí para comprender al que busca nuevos ideales, al que está cansado, aburrido e indignado de los antiguos ideales. Pero cuidado: el psicoanalista no es un sacerdote o un educador que le va a dar a esos jóvenes un guión moral. El psicoanalista les puede legar, solamente, una confianza. Les va a decir ‘ustedes tienen que crear, vayan’”.



Próxima estación: Buenos Aires

En Buenos Aires, el pensamiento kristeviano y el de todo su grupo –la escuela francesa, diríamos– pegó con fuerza en la Academia argentina de la reconstrucción democráctica e hizo metástasis en las aulas de los años ochenta y noventa de un modo profundo. Las cátedras de Pezzoni, Panesi, Ludmer, Sarlo y tantas otras acusaron recibo de ese pensamiento disrruptivo y pusieron a jugar aquellas teorías con la tradición local. De una manera tremendamente vital, estos textos funcionaron como un deshielo o un golpe de luz para modernizar la Academia y el pensamiento argentino después de los años oscuros. Con la década de 2000, las inquietudes de Julia Kristeva siguieron transformándose y diversificándose. Ningún volantazo atomizó su inspiración, lo que demuestra una vez más, por si hacía falta, que la persistencia acrítica de las taras juveniles, por más exitosas o productivas que hayan sido, es lo que verdaderamente envejece un pensamiento. Así, sus múltiples líneas de sentido se estudiaron aquí en círculos bien distintos: la Escuela de Orientación Lacaniana, la Asociación Psicoanalítica Argentina, la Facultad de Filosofía y Letras, los estudios de género, la facultad de Sociales. Algunas traducciones argentinas acompañaron a lo largo de los años el desembarco de este pensamiento, y otros libros españoles o en su idioma original circularon de mano en mano o en gastadas fotocopias. Esa misma experiencia transmitían los lectores de Kristeva en Valparaíso, y esa es, sin dudas, la experiencia compartida de un continente que, además de leerla, ha encontrado muchas veces en el día a día político, social, psicoanalítico y literario de sus países la materialización de esa vasta teoría de vida.
Mauro Libertella





http://villagrimaldi.cl/noticias/conversatorio-con-julia-kristeva-en-villa-grimaldi/
https://www.clarin.com/rn/ideas/julia-kristeva-entrevista_0_Hyj7ja52vQg.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Julia_Kristeva
http://www.kristeva.fr/
https://books.google.es/books/about/Revolution_in_Poetic_Language.html?id=ZvXKcF-rawsC&source=kp_cover&redir_esc=y

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viernes, 23 de junio de 2017

Wilma Rudolph gran atleta


Wilma Rudolph (Marksville), (Tennessee), 23 de junio de 1940 - 12 de noviembre de 1994) fue una atleta estadounidense.

Era la vigésima de 22 hermanos de una familia pobre. Niña prematura, tuvo una doble neumonía a los cuatro años, y con seis, un ataque de poliomielitis le dejó paralizada una pierna durante varios años. A pesar de eso, su tesón le llevó a superar estas contrariedades, y fue una buena jugadora de baloncesto y corredora en el instituto.

Compitió en las eliminatorias para clasificar a los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956, obteniendo una plaza en el equipo olímpico gracias a su segunda plaza en los 200 metros lisos. Sin embargo, cayó eliminada en su serie, al quedar tercera en su serie tras la soviética María L. Itkina y la alemana Kohler. Participó en el relevo de 4 x 100, en donde el equipo de Estados Unidos quedó en tercera posición, tras Australia y el Reino Unido.


Rudolph ganó en 1957 el campeonato nacional junior de 75 y 100 yardas. La maternidad interrumpió su progresión en 1958. En 1960 ganó en las eliminatorias de selección para los Juegos Olímpicos de Roma 1960, las pruebas de 100 y 200 metros lisos. En esos juegos olímpicos obtuvo la medalla de oro en ambas pruebas, así como también en el relevo corto. En 1961 en Moscú igualó el récord mundial de los 100 metros planos con 11,3 y lo rompió en Sttutgart cuatro días más tarde con 11,2 convirtiéndose en la mujer más rápida del mundo.

Su  agilidad le valieron el sobrenombre de "La gacela Negra". Se retiró a finales de 1962, con 22 años, y murió en 1994 de un tumor cerebral.

https://es.wikipedia.org/wiki/Wilma_Rudolph
http://www.espn.com/espnw/voices/article/14844130/finding-wonder-woman-wilma-rudolph-black-history-month-essay
https://es.pinterest.com/explore/wilma-rudolph/?lp=true

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Anna Ajmátova grandísima poeta


Anna Andréyevna Ajmátova, de soltera Górenko (Bolshói Fontán, cerca de Odesa, 23 de junio de 1889. - Domodédovo, cerca de Moscú, 5 de marzo de 1966), fue una destacada poeta rusa y una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa.


Anna Andréyevna Górenko nació el 23 de junio de 1889 en Odessa, hija de una noble familia de origen tártaro.

Su infancia no parece que fuese muy feliz; sus padres se separaron en 1905. Anna comenzó a escribir poesía a la edad de once años. Como su padre no quería ver ningún verso impreso bajo su "respetable" apellido, ella decidió adoptar el de su bisabuela tártara, Ajmátova, como pseudónimo.

Estudió derecho, latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. Allí se casó en 1910 con Nikolái Gumiliov, poeta famoso, promotor del acmeísmo, corriente poética que se sumaba al renacimiento intelectual de Rusia a principios del siglo XX. Los acmeístas rompían con el simbolismo, de carácter metafórico, y restablecían el valor semántico de las palabras. En esta línea Anna publica en 1912 su primer libro de poemas titulado La tarde. En ese mismo año nace su único hijo Lev, que se convertiría en un famoso historiador neoeurasianista. El matrimonio de Anna y Nikolái duraría desde 1910 hasta 1918.

En 1910-1912 viajó a Italia y Francia, visitando París dos veces. Conoció a Modigliani, quién influiría en su perspectiva.

Más tarde Ajmátova se casaría con el prominente asiriólogo Vladímir Shileiko (1918-1922) y poco después con el historiador de arte Nikolái Punin (1922-1938). Borís Pasternak estuvo enamorado de ella pero Anna rechazó su proposición.

Ajmátova retratada por Nathan Altman en 1914

Sus primeros escritos parecen intuir la gran soledad en la que se verá sumergida años más tarde, después de las trágicas consecuencias de la revolución rusa de 1917. Tras ésta, Anna se verá afectada ya que en 1921 su primer marido Nikolái Gumiliov fue acusado de conspiración y fusilado. Más tarde, su hijo será también arrestado y deportado a Siberia. Y su último marido, Punin, moriría de agotamiento en un campo de concentración en 1938. Los poemas de Anna se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. Por temor a que fusilaran a su hijo quemó todos sus papeles personales. En 1944 pudo regresar con su hijo a Leningrado, ciudad devastada tras el asedio nazi.

Allí comenzó a ganarse la vida traduciendo a Leopardi y publicando ensayos, incluyendo brillantes ensayos de Aleksandr Pushkin, en periódicos escolares. Todos sus amigos emigraron o fueron reprimidos.

En 1945 el joven intelectual británico Isaiah Berlin quiso visitarla antes de regresar a Londres. Ese encuentro se prolongó durante veinte horas, durante las que Anna le leyó sus poemas y se sinceró con él, pero esto tuvo trágicas consecuencias ya que su hijo volvió a ser encarcelado durante diez años. Esta vez la escritora se negó a silenciar su voz y siguió adelante con su poemario más importante, Réquiem; ahí explica que en aquella Unión Soviética los únicos que estaban en paz eran los difuntos y que los vivos pasaban su vida yendo de un campo de concentración a otro. El libro fue publicado sin su consentimiento y conocimiento en 1963 en Múnich.

En 1962, Ajmátova estuvo nominada al Premio Nobel de Literatura, pero no lo consiguió.

En 1964, en honor a su 75 cumpleaños, se realizaron nuevos estudios y se publicaron nuevas recopilaciones de sus versos. Ese mismo año viaja a Taormina (Italia), donde recibe el Premio Internacional de Poesía y en 1965 es nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Oxford. Viaja a Gran Bretaña con escala en París y se publica en Moscú El correr del tiempo (1909-1965), un balance incompleto (y censurado) de su obra.

Sus últimas piezas, compuestas en ritmo y sentido neoclásico, parecen ser la voz que reflejaba lo mucho que ella había vivido. Durante su estancia en Komarovo era visitada por Joseph Brodsky y otros jóvenes poetas, que perpetuaron las tradiciones de Ajmátova en la poesía de San Petersburgo en el siglo XXI. También tradujo las obras completas de Rabindranath Tagore en ocho volúmenes, al ruso.

El 5 de marzo de 1966 Anna muere de un infarto en un sanatorio de las afueras de Moscú y es enterrada en Komarovo. Su obra, traducida a un sinnúmero de lenguas, sólo aparecerá íntegra en Rusia en 1990.



“Mi vida ha transcurrido en algún sitio…”


Mi vida ha transcurrido en algún sitio
del que yo estaba ausente.
¡Cuántas veces se levantó el telón
y la escena vacía
en vano ha esperado por mí!
¡Cuántas veces
tendió el amor los brazos
hacia mi cuerpo trémulo
y abrazó solo arena,
una mujer sin nombre,
mientras yo sonreía en otra parte!
A mis mejores amigos
los perdí en algún recodo del camino
antes de haberlos encontrado.
Conozco palmo a palmo una ciudad
y nunca he estado en ella.
Me han conmovido hasta las lágrimas
mares que nunca he visto,
versos que nunca he escrito,
un rostro en el espejo,
que era el rostro de mi madre
y el de la hija que no tuve
y el de una desconocida
que me miraba con extraño amor,
pero nunca era el mío.
Alguien que se llevó mis risas,
me ha dejado sus lágrimas.
¿De quién son estas lágrimas,
de quién este dolor
que me traspasa un pecho que no es mío?
Me han robado mi vida,
no lloréis en mi tumba. En ella yace,
bajo mi nombre, una desconocida.
Anna Ajmátova

Traducción de María Teresa León


“Último brindis”

Yo brindo por la casa arruinada,
por la vida que sufrí,
por la soledad a dos llevada,
y también por ti,–
por la mentira de los labios traicioneros,
por tus ojos fríos de muerte,
por el mundo cruel y grosero,
Por Dios que no asignó la suerte.

Anna Ajmatova
De: “Réquiem y otros poemas”, 1935-1940
Traducción de José Luis Reina Palazón


http://amediavoz.com/ajmatova.htm
https://books.google.es/books/about/The_Complete_Poems_of_Anna_Akhmatova.html?id=7IgXAQAAIAAJ&source=kp_cover&redir_esc=y
https://en.wikipedia.org/wiki/Requiem_(Anna_Akhmatova)
https://books.google.es/books/about/Requiem.html?id=1PDqNAAACAAJ&source=kp_cover&redir_esc=y
http://trianarts.com/anna-ajmatova-ultimo-brindis/#more-26453
http://trianarts.com/anna-ajmatova-la-cancion-de-la-ultima-cita/#sthash.7q56vSfu.dpbs
https://es.wikipedia.org/wiki/Anna_Ajm%C3%A1tova
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Judith Leyster gran pintora holandesa del XVII


Judith Jans Leyster (también Leijster) (Haarlem, 28 de julio de 1609– Heemstede, 10 de febrero de 1660) fue una pintora holandesa que trabajó con formatos de dimensiones variadas. Cultivó las obras de género, los retratos y los bodegones.

Leyster era la octava hija de Jan Willemsz Leyster, un cervecero y sastre local. No se conocen bien los detalles de su formación. Ya en su juventud era suficientemente conocida como para ser mencionada en un libro holandés de Samuel Ampzing titulado Beschrijvinge ende lof der stadt Haerlem, escrito originariamente en 1621, revisado en 1626-27, y publicado en 1628.

Está documentada su pertenencia, hacia el año 1633, a la guilda de San Lucas de Haarlem, lo cual sólo lograron dos mujeres. En 1636, se casó con Jan Miense Molenaer, un pintor más prolífico, aunque con menos talento, que se dedicó a temas similares. Se trasladaron a Ámsterdam para mejorar económicamente, dado que allí el mercado del arte era más estable. Allí estuvieron once años; tuvieron cinco hijos, de los que sólo dos llegaron a la edad adulta. Con el tiempo, se trasladaron a Heemstede donde Leyster murió a los 50 años.

La mayor parte de sus obras datadas son de 1629-1635, lo que coincide con el periodo anterior a que tuviera hijos. Sólo se conocen dos piezas posteriores a 1635; dos ilustraciones en un libro sobre tulipanes de 1643 y un retrato de 1652.



Casi todos los trabajos de esta pintora de la edad de oro neerlandesa fueron atribuidos al retratista Frans Hals, inclusive por el Museo de Louvre. Cuando descubrieron el error las autorides del museo no reconocieron el trabajo de Leyster, en lugar de eso exigieron que se les devolviera el dinero.




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jueves, 22 de junio de 2017

Pasamos los 2.000.000 de páginas vistas


Copiamos seguido nuestro agradecimiento de cuando llegamos a las 400.000 páginas, de paso pusimos el acento en páginas que habíamos olvidado en esta carrera por mostrar los olvidados e invisibilizados  aportes de las mujeres. 

Fue difícil, como lo sigue siendo. Nuestros aportes por mas que estén bien presentados y sean interesantes son tapados por miles de noticias de publicidad interesada a todas y todos dirigida. Ahora seguimos constatando en otros de nuestros espacios la dificultad de llegar a un lugar ( no sabemos cual ) en el que ustedes puedan vernos . (Desde aquí pueden encontrarnos en mujer del mediterráneo,  mujeres salvando el mundo Equal rights for women worldwide

Seguimos necesitando compartirles tantas historias maravillosas de vida y de trabajo y seguimos queriendo que nos acompañen con sus propias historias . 
Sin duda avanzamos, la palabra feminismo no asusta, por mucho que hasta grandes almacenes quieran hacernos mas divertidas . Desconocen lo divertidas que somos . 
Repetimos nuestro agradecimiento y nos felicitamos de ser inspiración de ampliación de alguna de las historias de vida que compartimos que llegan incluso a  wikipedia como la de nuestra querida Amparo Barayon Miguel   elaborada por Cuarto Propio en Wikipedia
Seguimos pidiendo su ayuda !
Seguimos tejiendo redes 
Seguimos empoderandonos  y seguro que sin querer seguimos errando con la gramática( Sabrán perdonarnos )


Nos gusta saber que estáis ahí, que encontráis útil o interesante lo que os ofrecemos. Quisiéramos que la interacción entre nosotras y vosotr@s fuera mayor, lo esperamos y trabajamos para que así sea. Sabed que para nosotras es importante hasta el más pequeño signo  de vuestra presencia.
Entre tanto es para nosotras un honor pasar los 2.000.000 paginas vistas.  GRACIAS. !Vamos ya a por el tercer millón !  

Nos llena de alegría y nos empodera un poco, aunque sabemos lo incierto de la red. Sabemos de muchas mujeres que vienen por aquí para documentarse, esperamos que también para apoyar a todas las mujeres en situación de riesgo que difundimos. 
Contamos con vuestra ayuda en cuanto a difusión y acompañamiento . 


Las mujeres, a pesar de haber sido las transmisoras de la vida de todos los seres humanos que  pueblan la tierra y de todos los que la poblaron, nos encontramos que nuestro aporte ha sido negado, ocultado, olvidado por nuestros hijos compañeros, padres, hermanos y antepasados. 

Todas y todos sabemos que el aporte de las mujeres ha ido mucho más allá de parirnos, nos han cuidado por dentro y por fuera, han sido nuestro aliento y estimulo, nuestras colaboradoras, inspiradoras y han sido sujeto de grandes realizaciones.  Este olvido social de nuestra aportación por milenios es una violencia más que no se puede minimizar bajo el nombre de androcentrismo. La historia había sido el boceto de una realidad contada con la mirada central del hombre heterosexual etnocentrico.

Estamos por aquí reforzando nuestra Her-story entendiendo por esta palabra (de origen ingles pero muy útil y de imposible traducción ) la historia de mujeres (her = de ella ) ( story =historia )frente a Hi-story, historia en general pero que verdaderamente fue la historia de ellos ( his = su , de él )

Han tenido que ser las mujeres tras conseguir el acceso a la cultura en los últimos cien años las que han removido esa losa que pesaba sobre nosotras. Ellas, desde la academia han planteado los Estudios sobre mujeres que han devenido en Estudios de género por aportaciones valiosísimas conceptualmente de las feministas. Ahora bien como dice Eli Bartra, hemos entrado en estos estudios por la puerta lateral que exige estar reconfirmando el espacio conquistado.

Como afectadas por ese ocultamiento y minusvaloración social, evidente hoy en casi todas las sociedades, esperamos nos ayudéis a que esta realidad  cambie. 

GRACIAS
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Isabel Rosique Molina exiliada



Isabel Rosique Molina (Barcelona, 1926)

Nace en Barcelona, en el barrio de Gracia. Se cría en una portería junto a sus dos hermanos. Su padre, Bartolomé Rosique, es impresor, juez de paz, masón y militante de Esquerra Republicana en la Seu d’Urgell.

En julio de 1936, cuando se produce el golpe militar contra la Segunda República, el padre de Isabel se encuentra en Madrid. Isabel y sus hermanos son enviados a casa de un tío durante unos días. Al regresar a Barcelona recuerda ver caballos muertos tendidos en la Plaza de Cataluña. A finales de 1936 Bartolomé acude a un congreso en París y lleva allí a Isabel, que permanece en Francia en casa de unos amigos de la familia con la idea de que aprenda francés y posteriormente pueda viajar a Francia el resto de la familia y evitar el conflicto bélico. En marzo de 1937 Isabel regresa a Barcelona y se reúne con el resto de la familia que entonces vive en las Escuelas Pías, en Sarriá. Bartolomé trabaja entonces para el Socorro Rojo Internacional. Isabel acude a un colegio montado por cuáqueros ingleses en Pedralbes.

Una madrugada de comienzos de 1939 el padre de Isabel llega del frente y les dice a todos que deben marcharse. Han de recorrer 26 kilómetros a pie. Para animarles a hacerlo, Bartolomé  les va tirando durante el trayecto una pelota a Isabel y sus hermanos que estos van recogiendo. Luego consiguen que un camión les lleve hasta Figueres. Durante el trayecto, tienen que esquivar un ataque de aviones que les ametrallan. En Figueres pasan dos días en las oficinas del Socorro Rojo Internacional, tras los cuales parten bajo la lluvia y el frío hacia La Junquera. Llegan a la frontera al amanecer. Allí les tienen formados bajo la lluvia hasta las cuatro de la tarde. Cuando por fin atraviesan la frontera son conducidos a unas instalaciones de la Cruz Roja donde son vacunados. De allí son trasladados a una estación de ferrocarril donde toman un tren rumbo a Donzy. Allí permanecen en un centro para refugiados.

El padre de Isabel queda internado en el campo de concentración de Argelés-sur-Mer hasta que el prefecto de Perpignan consigue sacarle y llevarle a Macon. Consigue traer a su familia junto a él y permanecen allí hasta que con la ayuda del prefecto de Perpignan consiguen pasajes para embarcar en el Sinaía. El barco parte de Séte a finales de mayo de 1939. Desde Séte hasta Gibraltar son perseguidos por buques de guerra españoles. Al atravesar el estrecho de Gibraltar el escritor Antonio Zozaya lee al resto de los pasajeros un discurso de despedida de España que Isabel todavía recuerda. En el barco ella y su madre duermen en la parte de arriba con más mujeres y el padre y los dos hermanos en las bodegas. Recuerda que con ellos viaja la Orquesta Madrid que todas las noches toca para los pasajeros. El 13 de junio llegan a Veracruz. La primera noche tienen que dormir en un barco. Después toda la familia es enviada a Ciudad de México donde reciben ayuda del SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) para poder alojarse en un hotel. El SERE monta un comedor para alimentar a los refugiados. Allí trabajan las mujeres refugiadas por turnos. Pasado un tiempo los padres de Isabel conocen a un matrimonio mexicano que también eran masones con los que traban amistad y que les ayudan a instalarse en un piso.

Isabel pasa temporadas viviendo en casa de Dora Pascual Monje, conocida como la maestra Dorita, refugiada española que llega a ser un referente importante para el exilio republicano en México. Durante esos años Isabel estudia en el Ruiz de Alarcón,  el Colegio Madrid y el Instituto Hispano. A los quince años deja los estudios, debido a que su madre por motivos médicos se ve obligada a dejar de trabajar. Ella comienza entonces a trabajar para ayudar económicamente al sustento familiar. Trabaja primero como envolvedora y luego de cajera. A los dieciocho años se casa con un ciudadano mexicano y suspende su actividad laboral. Tiene cinco hijos. En 1972 vuelve a trabajar, durante quince años más, en una tienda de muebles.

Uno de sus hijos, estudiante de filosofía, es uno de los cabecillas de las revueltas de 1968 en las que el gobierno mexicano reprime con extrema violencia las protestas estudiantiles. Isabel logra sacar a su hijo de México y mandarle para España donde permanece un tiempo tras el cual marcha a Italia. En 1976 Isabel marcha a Italia a visitar a su hijo. Después viaja a España por primera vez desde que partió hacia el exilio. Allí descubre con indignación que sus sobrinos desconocen que tienen familiares en México.

Afirma sentirse en su tierra cuando regresa a España pero no puedo evitar extrañar México cuando lo hace, y extrañar España cuando está en México. Lamenta que la iglesia siga teniendo tanto poder en España, y que la justicia española se haya negado a investigar los crímenes del franquismo.





Palabras de Isabel Rosique Molina

Buenas tardes: Estar aquí ante ustedes con algunos compañeros de viaje y con otros, los más, descendientes de aquellos que durante veinte días estuvimos juntos en “el barco de la esperanza”, en el Sinaia, es recordar muchas cosas; cosas que por supuesto no alcanzaría a platicar en este breve espacio con el que me han distinguido.

Recuerdo la tristeza de mis padres, sacudidos por la tragedia de la guerra civil, el derrumbe de nuestra República, la azarosa huida a pie desde Barcelona a finales de enero de 1939 hasta la frontera francesa, perseguidos por la aviación franquista, el encierro de mi padre en el campo de concentración de Argèles, el accidentado abordaje del Sinaia en el puerto de Sèt, la incierta travesía, mi madre que arrojó al Atlántico su paraguas Chamberlain “porque México era un desierto y no lo iba a necesitar”… Recuerdo los juegos infantiles (yo tenía doce años y mis hermanos diez y ocho años), la alegría de la Banda Madrid, las veladas literarias, las pláticas y la construcción de las amistades. Recuerdo la llegada del barco a la bahía de Veracruz el día 12 de junio, el tiempo de espera antes de bajar al día siguiente, de pisar tierra mexicana hasta que acudieran las autoridades mexicanas y el presidente de la república española, Juan Negrín, para darnos la bienvenida, para darnos vida y esperanza.

Por supuesto que el Puerto de Veracruz era otro, el muelle, también; sin embargo, el color del cielo, el mar, y los afectos de la gente siguen igual, siguen siendo la voluntad de los mexicanos por cobijarnos, y compartir un pedazo de ellos, para que todos juntos lo trabajáramos. Y así, desde hace 75 años hemos estado aquí, luchando hombro con hombro, transformándonos en mexicanos completos, a través de nuestros hijos, de nuestros nietos y bisnietos, sin olvidar jamás de dónde venimos, cómo venimos y por qué luchábamos y seguimos luchando.

Nuestros primeros pasos en México (el país donde las ilusiones monárquicas acabaron en el Cerro de las Campanas) fueron aquí, en este lugar donde hoy dejamos como testimonio de ese doloroso exilio una placa que da cuenta del hecho para recuerdo de todos, para el futuro, para recordar la bonhomía y la generosidad del pueblo mexicano y de su presidente Lázaro Cárdenas, y la certeza de que con todo y la trágica derrota que sufrimos por las armas del fascismo internacional, la razón nos asistía y hoy España, de donde vinimos, levanta la voz para confirmarla.

¡Viva la República española!

¡Viva México!

¡Viva el referéndum por la democracia republicana!

Muchas gracias

Veracruz, Ver., 13 de junio de 2014.





A sus 88 años, Isabel Rosique Molina ha vuelto muy cerca del lugar en el que hace tres cuartos de siglo la historia desembarcó con ella. Allí, en un muelle que ahora ocupa una gigantesca estructura de hormigón, fue donde el 13 de junio de 1939, a eso de las cinco de la tarde, finalizó la travesía del Sinaia, un buque de vapor que transportó hasta México a 1.599 refugiados españoles que huían de la represión franquista y de los campos de concentración franceses. Ese día acabó el viaje, pero dio comienzo una leyenda del exilio republicano, un símbolo que abrió la puerta a otras muchas travesías y que ayer fue conmemorado por los supervivientes. Para celebrar el 75 aniversario destaparon una sencilla placa de agradecimiento a México y Veracruz. El acto, en el que participaron con palabras vigorosas las autoridades mexicanas, fue breve. Aunque hubo aplausos y vivas, algunos exiliados del Sinaia lloraron, otros simplemente se quedaron mirando el vacío. Se respiraba entre ellos una España que en España queda lejos, pero que en tierras mexicanas aún vibra con fuerza: la que representó la República.

- ¿Es usted republicana?
- A muerte. Fíjese que el otro día hasta me puse a llorar al ver la manifestación en la Puerta del Sol de Madrid.

Isabel Rosique acaba de liberar una enorme sonrisa. La mujer, un torrente de energía con cinco hijos, siete nietos y tres bisnietos, no olvida. A la edad de 12 años se subió con su familia al barco en el puerto francés de Sète. La navegación duró 18 días. Luego vino el resto de la vida. Pero ella nunca ha abandonado del todo aquel buque. Su padre, cajista del periódico barcelonés Última hora y afiliado a Esquerra Republicana, murió en México sin poder volver a España. Tampoco logró hacerlo su madre. E Isabel, tras una existencia plena, quiere ahora que sus cenizas se esparzan en las aguas que siente más cercanas, las de Veracruz. “Con suerte llegarán a España”, dice en voz más baja.

Isabel Rosique, como Juan Atilano, Carlos Rodríguez Núñez, Néstor de Buen, Regina Díez Martín o Aida Pérez Flores-Valdés poseen casi todos la doble nacionalidad, aunque se declaran más mexicanos que españoles. Tienen presente que fue esa tierra la que les recibió con los brazos abiertos en tiempos de derrota. Y que lo hizo sin tapujos.

La decisión correspondió al presidente Lázaro Cárdenas, el mismo que había expropiado un año antes el petróleo a las multinacionales estadounidenses y británicas. Aunque hubo algún antecedente, como el episodio de los niños de Morelia, en 1937, el visto bueno al Sinaia representó una clara apuesta política de México por la causa republicana en una hora de pasividad general. Una línea maestra que mantuvo hasta el 28 de marzo de 1978 cuando, ya asentada la democracia en España, se restablecieron las relaciones diplomáticas


La expedición, la primera de una larga serie, se organizó con ayuda del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, controlado por el Gobierno republicano. El 25 de mayo, con un pasaje que duplicaba su capacidad , zarpó el buque. Atrás dejaba un continente que la barbarie nazi estaba a punto hacer estallar.

La vida a bordo fue recogida en un documento excepcional: una publicación editada en ciclostil bajo la cabecera Sinaia, diario de la primera expedición de republicanos españoles a México. En sus páginas, dirigidas por el periodista y escritor Juan Rejano, tienen cabida noticias relevantes de aquellos días, piezas didácticas sobre la tierra de acogida, análisis de alto voltaje político y loas descaradas a Cárdenas. Pero también se reproduce el microcosmos del barco y sus 307 familias. Ahí se habla de idilios surgidos en la inmensidad del Atlántico, del nacimiento de la niña Susana Sinaia Caparrós o de la vuelta a la humanidad que experimentaban muchos pasajeros tras abandonar los humillantes uniformes de los campos de concentración.

En aquellos días, Julián Atilano era un chico de 12 años que correteaba por la cubierta del Sinaia y, cuando nadie le veía, se metía en los botes salvavidas a comerse galletas. Han pasado 75 años y recuerda ese tiempo con un punto de tristeza: “Hubo un momento imborrable cuando pasamos por delante del Peñón de Gibraltar e íbamos a dejar definitivamente atrás España. Algunos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Madrid que viajaban en el barco se pusieron a interpretar Suspiros de España. Ahí sentimos que no había retorno”.

El diario, a lo largo de sus 18 entregas, desgrana una faceta de la vida a bordo que hizo del exilio republicano un referente latinoamericano: su poderío intelectual. Los conciertos, las conferencias, las lecturas poéticas, los debates profesionales se sucedían. El poeta Pedro Garfias (“España que perdimos, no nos pierdas”, escribió en la travesía), los filósofos José Gaos y Adolfo Sánchez Vázquez o el escritor Manuel Andújar, entre otros muchos intelectuales se habían sumado a aquella aventura. “Franco habló del oro robado por la República, pero se le escapó que el mayor tesoro lo transportaba el Sinaia”, afirma la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara.

Al descender del buque, esperaban a los exiliados cerca de 20.000 personas. A los supervivientes ese recuerdo se les ha quedado grabado. “Yo, que de México no sabía más que lo que había visto en un noticiero sobre la extracción del pulque, me encontré un puerto lleno de banderas, pancartas y aplausos. Nos querían”, recuerda Rosique. El enviado del Gobierno mexicano se refirió a los recién desembarcados como “exponentes de la causa imperecedera de las libertades del hombre”.
Después del Sinaia arribaron con la misma carga otros muchos buques como el Ipanema o el Mexique ; el último fue el Nyassa, en 1942. A lo largo de esos años, desembarcaron unos 25.000 exiliados republicanos. Su huella se hizo sentir. Fundaron centros educativos de gran influencia como el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives y la Academia Hispano-Mexicana. Germinaron en la universidades y en el campo de la cultura y la ciencia. “Fueron un movimiento de transterrados, como ellos mismos decían, se fundieron en la tierra que les recibió”, explica Carmen Tagüeña, presidenta del Ateneo Español de México, organizadora del aniversario.

En un mundo en llamas, el Sinaia corrió otra suerte. El 22 de agosto de 1944, el buque de vapor de 122 metros de eslora fue hundido por los nazis frente al puerto de Marsella. Dos años después, acabada la guerra, fue reflotado y desguazado. Una pequeña placa junto al puerto de Veracruz da las gracias desde ayer a México por hacer posible su travesía.
SAÚL RUIZ





Fuentes:
http://www.javilarrauri.com/exiliadas/exiliadas.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/14/album/1402753764_332608.html
http://www.ateneoesmex.com/inicio/2707/eventos
Entrevista a Isabel Rosique, 9 de marzo de 2012. México DF.
Portal Movimientos Migratorios Iberoamericanos de la Subdirección General de los Archivos Estatales del Ministerio Cultura de España. (http://pares.mcu.es/MovimientosMigratorios).
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miércoles, 21 de junio de 2017

Eva Besnyö fotografa del movimiento "nueva objetividad "



Eva Besnyö (Budapest, 29 de abril de 1910 - Laren, Países Bajos, 12 de diciembre de 2002) fue una fotógrafa húngaro/holandesa perteneciente al movimiento de la nueva objetividad (en alemán: Neue Sachlichkeit), y considerada "la Gran Dama" de la fotografía holandesa.


Se cría con dos hermanas en el seno de una familia liberal judía, en Budapest, Hungría. En dicha ciudad desarrolla sus primeros pasos en la fotografía, con una cámara Kodak Brownie, junto a su amigo Ernö Friedmann, más conocido como Robert Capa del que está  probado que su primer contacto con una cámara llegó de la mano de su amiga húngara.


Entre 1930 y 1932 vivió y trabajó en Berlín, como voluntaria y fotógrafa freelance, con un marcado interés por el fotorreportaje. El libro Die Welt ist Schon (El Mundo es Bello), del fotógrafo Albert Renger había despertado su interés por la fotografía de interés humano y social y la impulsó hacia el movimiento de la "nueva objetividad".

En 1932, debido a sus ideas marxistas y su origen judío, se vio obligada a abandonar Alemania y radicarse en Ámsterdam. En 1933 se casó con el cineasta John Fernhout, a quien había conocido en Berlín. Durante la guerra tuvo que pasar a la clandestinidad y trabajó para la resistencia

En 1945 se divorció de Fernhout y contrajo matrimonio nuevamente con Win Brusse, con quien tuvo dos hijos.

Siempre comprometida con las causas sociales, durante los años 70 fotografió las acciones del grupo feminista Dolle Mina.



En una entrevista de 1991 comentaba:
“En un principio, la forma era más importante para mí que el contenido. Lentamente esa tendencia cambió hasta la llegada del feminismo, de repente el tema se hizo protagonista. La forma es esencial para mi. La composición es importante, y me hubiera traicionado a mi misma si no hubiera tenido esto en consideración, que por un tiempo fue así. Espero haber encontrado el equilibrio entre forma y contenido”






Pese a ser reivindicada como la "Gran Dama" de la fotografía holandesa, en 1980 rechazó el título Ritterorden (título de caballero) ofrecido por la Reina Beatriz. En 1999 la Sociedad Alemana de Fotografía le otorgó el Premio «Erich Salomon» a la trayectoria profesional, y ese mismo año tuvo lugar una gran muestra retrospectiva de su trabajo, en el Centro Portugués de Fotografía de Porto.

Fallece el 12 de diciembre de 2003 en Laren, Países Bajos.


https://lamiradadelmamut.com/2015/10/08/fotografia-hecha-por-mujeres-eva-besnyo/
https://www.pinterest.com/pin/67131850667884665/
http://www.20minutos.es/noticia/1269409/0/eva-besnyo/robert-capa/fotografia/
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martes, 20 de junio de 2017

Silvina Ocampo Aguirre escritora, poeta y artista visual


Silvina Ocampo (Buenos Aires, 21 de julio de 1903 – 14 de diciembre de 1993) Escritora argentina. Era hermana de la escritora y fundadora de la revista Sur, Victoria Ocampo, y esposa del gran narrador argentino Adolfo Bioy Casares. Autora deslumbrante por la calidad literaria de sus cuentos, ha pasado a la historia de la literatura argentina del siglo XX por la crueldad desconcertante que supo imprimir en algunos protagonistas de estos relatos.

Nacida en el seno de una familia hondamente arraigada en los círculos culturales argentinos, su primera vocación artística la orientó hacia el cultivo de las artes plásticas; pero, tras recibir lecciones de pintura de Giorgio de Chirico, abandonó los pinceles y se adentró en el mundo de las letras.

Su irrupción en el panorama literario argentino vino de la mano de un libro de cuentos, Viaje olvidado (1937), que al cabo de los años acabaría siendo objeto del desprecio de la propia escritora. Tras este mediocre estreno en la narrativa, volvió a las librerías con su primer libro de versos, titulado Enumeración de la patria (1942), en el que se sumaba a la tendencia de recuperar los modelos clásicos de la antigua poesía castellana. Idéntico esfuerzo realizó en su siguiente poemario, Espacios métricos (1945), al que siguieron, dentro del campo de la lírica, otras publicaciones como las tituladas Poemas de amor desesperado (1949), Los nombres (1953) y Pequeña antología (1954).

Tras un largo período de silencio poético en el que el cultivo de la prosa ocupó sus quehaceres literarios, en 1962 volvió a dar a la imprenta otro poemario, Lo amargo por lo dulce, que enseguida quedó considerado como uno de sus mejores logros en el género de la lírica. Finalmente, en 1972 publicó su última entrega poética, titulada Amarillo celeste.

Pero las mayores cotas literarias las alcanzó Silvina Ocampo con sus incursiones en el género de la narrativa de ficción, al que contribuyó también con valiosas aproximaciones en forma de ensayos y antologías. Dentro de una de las tendencias congregadas en torno a la revista Sur, y constituida por autores de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Manuel Peyrou y Enrique Anderson Imbert, Silvina Ocampo apostó por la elevación de la literatura fantástica y policíaca a la categoría de géneros de primer orden.

Silvina Ocampo escribió cuentos, novelas, poemas, piezas teatrales y realizó numerosas traducciones de poetas ingleses y norteamericanos. Entre su extensa obra se destaca: Viaje olvidado (1937), Autobiografía de Irene (1946), La furia (1959), Las invitadas (1961), Los días de la noche (1970), Y así sucesivamente (1987), Cornelia frente al espejo (1988). En poesía: Enumeración de la patria (1942), Espacios métricos (1942), Los sonetos del jardín (1946), Poemas de amor desesperado (1949), Los nombres (1953), Lo amargo por dulce (1962), Amarillo celeste (1972). Junto con Adolfo Bioy Casares escribió Los que aman, odian (1946) y junto con J. R. Wilcock creó la pieza teatral Los traidores (1956). 

Si la verdad se vuelve una mentira...

Si la verdad se vuelve una mentira,
si se vuelve dolor la dicha aviesa,
si se vuelve alegría la tristeza
con sus falsas promesas cuando expira,

si la virtud a la cual en vano aspira
mi vida frustra la habitual promesa,
si el corazón de odio o de amor me pesa
y al helarse cual mármol, aún suspira.

Si no pude enmendarme al recibir
la ingratitud de los que más he amado
ni pude ensombrecerme al eximir

de mi cariño a los que me han colmado,
será porque los dioses me han herido
del inocente horror de haber nacido.




Envejecer

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día; 
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva 
que en lugar de disminuir los detalles los agranda. 
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida. 
Envejecer transforma a una víctima en victimario. 

Siempre pensé que las edades son todas crueles, 
y que se compensan o tendrían que compensarse 
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo? 
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol 
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse 
sólo con los despojos de la juventud. 

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios, 
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón. 
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez 
es un disfraz con aditamentos inútiles. 
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también. 
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta 
ser viejo porque nadie sabe serlo, 
como un árbol o como una piedra preciosa. 

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas. 
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente. 
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar, 
porque todo lo que hago lo hago doblemente. 
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece 
que lo que quedó atrás tiene más realidad 
para reducir el presente a un interesante precipicio.





Silvina Ocampo, artista visual
El dibujo y la pintura, con los que entró en contacto de niña, dejaron en su obra literaria huellas profundas que pueden rastrearse en algunos de sus temas y en las palabras que eligió para crear universos ficticios



Silvina Ocampo solía autodenominarse "el etcétera de la familia", en alusión al último lugar que ocupaba en una dinastía cuya reina se llamó Victoria. Fue, además, erróneamente catalogada como la sombra detrás de Bioy. Y aunque todo ello le permitió coquetear desde los márgenes con aquel centro importador de modernidad que fue la revista Sur , durante varios años los ecos de su obra fueron enmudecidos como pasos sobre una espesa alfombra. Sólo una minoría la leyó y valoró en su tiempo. Sus relatos aguardaron el encuentro con lectores póstumos que, imantados por sus múltiples miradas, los sacaran a pasear. El abordaje de sus dibujos y pinturas, en cambio, aún hoy está en suspenso.

El primer contacto de Silvina con las artes plásticas se produjo en 1908 en Europa, donde la familia permaneció dos años. Como relata en el poema "El caballo blanco" ( Poesía inédita y dispersa ), Silvina recogía los restos que sus hermanas desechaban durante las clases de dibujo en el Hotel Majestic. Escondida debajo de una mesa parisina, primero los calcaba y luego los expandía, haciendo uso de una imaginación sin límites. Con el pulso de sus cinco años, un día dibujó un caballo cuyas "protuberancias" escandalizaron a sus hermanas. Rápidamente ellas se encargaron de borrar "la infidelidad" del dibujo infantil. La crueldad, hincada en la mirada del otro, no la detendría. Por el contrario, Silvina la haría resonar en sus relatos por medio de un coro irreverente de ventrílocuos, conformado por las voces de la niñez. Así, la desnudez humana –el ser oculto tras el disfraz social hilvanado con puntadas de vestimentas y vestiduras– se coló entre sus renglones y, al mismo tiempo, el desnudo idealizado como manifestación artística se transformó en uno de los temas más recurrentes de sus dibujos, óleos y pasteles.


A comienzos de la década del 30, Emilio Pettoruti le ofreció a Silvina organizar una exposición de grandes óleos de desnudos femeninos. Ella declinó la invitación para no disgustar a su madre. Participó, en cambio, del "Salón de Pintores Modernos" organizado por la Asociación Amigos del Arte en Buenos Aires donde, en 1931, exhibió dibujos y acuarelas junto a Xul Solar, Horacio Butler, Norah Borges y otros integrantes del Grupo de París.



Aunque en 1950 Silvina dejó de exponer, nunca cesó de dar continuidad a una vocación pictórica que se remonta a su infancia y que profundizó, durante su adolescencia, tomando clases con Cata Martola de Bianchi, en Buenos Aires, y con Giorgio De Chirico y Fernand Léger, en París. Sólo se conocen estudios de sus desnudos en carbonilla y lápiz que, como sus croquis de la plaza y los retratos a amigos notables (Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Wilcock y Pepe Bianco, entre otros), ilustraron artículos periodísticos, libros y revistas. Aquellos catados por el ojo audaz de Pettoruti y otros que pertenecen a colecciones privadas siguen envueltos en un manto de misterio tan grande como el que rodea a la propia Silvina.


Podríamos aventurarnos a decir que los desnudos por el momento accesibles al público recaen en lo que el crítico de arte John Berger denominó nude. En su célebre ensayo Modos de ver , el autor establece una división dentro de este género artístico: nude/naked. El primer concepto hace referencia a la exhibición de la propia desnudez. No verse y sí, en cambio, ser visto y juzgado por un otro voyeur, que observa el cuerpo ajeno como objeto e influye en la definición de la propia subjetividad desde afuera. A esta noción Berger opone la de naked: estar desnudo, sin disfraces, siendo uno mismo.

En los cuentos de Silvina, las vestimentas que aparentan exhibir los rasgos de personalidad de los personajes esconden la llave que permite dirigir la mirada hacia el interior de los cuerpos que envuelven. Los vestidos son disfraces que, como sus textos, ocultan al impostor: es en sus puntos y puntadas finales donde solemos encontrar la punta del ovillo.


Algunos de sus relatos ilustran esto. En "El Remanso" ( Viaje olvidado ) Libia y Cándida, las hijas del nuevo casero, se convierten en las mejores amigas de las niñas de la casa. Cuando crecen y la brecha social se acrecienta, quedan en el olvido y sólo reciben migajas de afecto en forma de vestidos usados y sonrisas heladas. Esto las impulsa a entrar a escondidas en la casa grande para mirarse en los altos espejos. Al verse siendo las otras y sentir "el abrazo de las mangas vacías de los vestidos", huyen de sus propias imágenes. La piel ilusoriamente cubierta por las vestimentas se descama y muta, en la letra, como el cuerpo desnudo de un modelo vivo sobre el lienzo.

Lo contrario ocurre en "Las vestiduras peligrosas" ( Los días de la noche ). Allí Régula, la modista y narradora, nos informa que Artemia, la niña ociosa para quien confecciona vestidos, ha sido abandonada por su novio. Hay algo, sin embargo, que además de paliar el ostracismo de Artemia también se presenta como su mayor virtud: dibujar vestidos extravagantes cuyas hechuras mantienen en vela a la modista. De manera inexplicable, sus originales son copiados en Budapest, Tokio y Oklahoma, por chicas que, según informa el diario, cuando los visten son violadas y asesinadas por patotas. Artemia, decepcionada, cree que eso debería sucederle a ella. A pesar de que Régula lee en esa afirmación un exceso de bondad, detectamos en Artemia la necesidad de ser reconocida como una persona bella y, en recompensa, ser poseída por otro. Con tal fin, se ofrece como mercadería. "¿Para qué tenemos un hermoso cuerpo? ¿No es para mostrarlo, acaso?", pregunta. A su singularidad artística no le corresponde una originalidad de pensamiento. La moda era entonces tan tirana como aún hoy la desnudez. Cuando la necesidad de ser vista la lleva a acatar el consejo de Régula y vestirse con "una vestimenta sobria, que nadie podía copiarle, porque todas las jóvenes la llevaban", es violada y acuchillada "por tramposa".

De acuerdo con Berger, exhibirse sin ropa es otra forma de vestido, es estar condenado a nunca estar desnudo por completo. Es tener la superficie de la piel transformada en un disfraz que uno no puede quitarse. El hecho de que Libia y Cándida en "El Remanso" hayan operado ellas mismas como sujeto que mira / objeto mirado permite una instancia de aprendizaje en la que es posible la redención. Lo contrario sucede en "Las vestiduras peligrosas", donde la narración de Ocampo castiga la mímesis de Artemia.

El dibujo y la pintura dejaron, en la obra literaria de Silvina Ocampo, huellas profundas que pueden rastrearse en algunos de sus temas, en la fragmentación de los cuerpos –propia del cubismo y la pintura metafísica– y en la mirada de sus mundos pintados con palabras, en general reducidos a la riqueza de una casa grande. Revisitando la tumba de su infancia, Silvina logró horadar la lápida, desempolvar recuerdos y, como en un juego, hacerlos posar en la antesala de su memoria. Desde allí, en pequeñas dosis, los fue desnudando. Y mientras aguardamos el encuentro con la totalidad de su obra plástica, andando y desandando por entre las hojas espejadas de sus relatos, vamos descubriendo a Silvina, más allá de Bioy y más allá de Ocampo.
Luciana Olmedo-Wehitt



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http://puesta-en-valor.blogspot.com.es/2014/01/silvina-ocampo-artista-visual.html
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/ocampo_silvina.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Silvina_Ocampo
https://www.educ.ar/recursos/109330/silvina-ocampo-el-viaje-olvidado
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