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domingo, 8 de julio de 2012

Rebecca Walker impulsora del movimiento Girlie


Rebecca Walker (17 de noviembre de 1969 , Jackson, Misisipi, Estados Unidos)  contribuye al debate  global sobre la identidad, el poder, la cultura y la evolución de la familia humana a través de libros, conferencias, blogs, redes sociales, revistas populares, revistas literarias y académicas, programas de radio y el cine y apariciones en televisión y desarrollo de contenidos . La revista Time la nombró una de las más influyentes líderes de su generación.

Ella es la autora de las memorias Negro, Blanco y judíos y Baby Love , y es editora de las antologías Para ser real , ¿Qué hace a un hombre?, y Una gran familia feliz. Sus escritos han aparecido en Glamour, The Washington Post, Bookforum,  Newsweek y en otras  muchas  revistas y colecciones literarias. Ella ha aparecido en Charlie Rose , Good Morning America, Oprah, aire fresco , BET, y docenas de blogs, sitios y otros medios de comunicación. 

Rebecca se ha dirigido a audiencias en más de 500 universidades y universidades corporativas, incluyendo Harvard , Brown, MIT, Oberlin, de la Universidad de Utrecht, de la Universidad de Linkoping , Colegio Rollins, el Colegio de la Unión, JP Morgan Chase, y Microsoft. Ha participado en colaboraciones creativas en el Walker Art Center , el Museo Hammer, Centro de Promontorio de las Artes,el Ministerio de Género y Cultura de Estonia , el Museo Judío de Nueva York, Mocca: El Amsterdam Cultural Fundación para la Educación y la Fundación Merz en Turín.

Rebecca es blogera regularmente para The Huffington Post, vive en Maui, y enseña el arte de la Memoria , una semana de clases magistrales para los escritores, filósofos y artistas visuales, en varios lugares alrededor del mundo.

El Girlie : movimientos de jóvenes feministas 

Uno de los movimientos de jóvenes feministas más conocidos es el Girlie, desarrollado inicialmente en Estados Unidos durante los ochenta y los noventa. Una de sus principales impulsoras, Rebecca Walker, fue la que acuñó el término tercera ola. El Girlie supone una radicalización del feminismo de la diferencia, llevándola al extremo. De esta forma, apoya el feminismo DIY (Do It Yourself), basándose en la idea de que el feminismo es lo que cada una queramos hacer de él y, por tanto, existen tantos feminismos como mujeres en el mundo (Karp & Stoller 1999). Tal individualización erosiona la capacidad de transformación social del feminismo eliminando cualquier posibilidad de acordar objetivos comunes por los que luchar.

Para el movimiento Girlie, un aspecto central es la exaltación de la feminidad. Consideran que sus predecesoras cometieron el error de identificar la feminidad con la sumisión y crearon un modelo de “buena feminista” rechazando toda actitud femenina. En oposición, ellas defienden el derecho a usar maquillaje, minifaldas y tacones altos y ser feminista al mismo tiempo. Así, toman como símbolos el color rosa, la Barbie, etc. 



Esta visión del feminismo anterior como un movimiento excesivamente restrictivo les ha llevado a rechazar toda norma y animar a las mujeres a disfrutar de sus propias contradicciones.

Cualquier norma es considerada parte de lo que ellas llaman “moralidad vigilante”. De hecho,

Rebecca Walker (1995), en su antología To Be Real: Telling the truth and changing the face of feminism considera que las mujeres que están participando en “actividades anti-revolucionarias” como la erotización de la violación violenta son un ejemplo de lo que el feminismo debería significar. 


Algunas autoras consideran que Girlie es un movimiento de chicas consumistas de clases medias y altas que no conocen los problemas a los que se enfrentan la mayoría de las mujeres jóvenes y a las que no les interesa combatir la exclusión social, evitando cualquier proyecto político.

A finales de los noventa, desde ámbitos feministas muy diversos, emerge con fuerza la idea de un feminismo más inclusivo. Estas corrientes dialógicas defienden la necesidad de un feminismo basado en la igualdad de diferencias y centrado en la inclusión de todas las mujeres en el movimiento, especialmente de aquellas que padecen mayor exclusión social y que no han sido siempre tenidas en cuenta por el feminismo.
Autoras como Lidia Puigvert (2003, 2005) expresan su preocupación por el hecho de que el feminismo ha representado principalmente a las mujeres académicas, centrándose en sus necesidades e intereses y olvidando a la mayoría de mujeres. Estas “otras mujeres” denuncian ahora que el feminismo tradicional no las representa y que ellas quieren participar en la definición de la agenda del movimiento.
http://www.ase.es:81/navegacion/subido/numerosRase/0303/03_3_FLECHA.pdf
http://www.eurthisnthat.com/2008/05/29/was-alice-in-wonderland/
http://www.rebeccawalker.com/


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HH

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