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viernes, 10 de junio de 2016

Rocio Rosero Garcés


Nací en Quito el 6 de octubre de 1952. Soy la cuarta de ocho hermanos. Tengo dos hijos, una hija y una nieta: Juan Carlos de 32 años, Martín de 30, Ana María de 24; mi bella nieta Alegría tiene 2 años.

Viví y estudié en Ambato hasta los 13 años porque el trabajo y la vida familiar estaban allí afincados. Después, la familia volvió a Quito y yo estudié en el Colegio La Inmaculada donde di mis primeros pasos al servicio de la sociedad, trabajando en una comunidad indígena en Calderón.

Mi vida universitaria empezó en 1970, en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Tres años después volví al país para estudiar Sociología en la Universidad Central del Ecuador y Antropología en la Universidad Católica; en 1977 me gradué de Socióloga. Años más tarde, cuando los hijos eran grandes e independientes, volví a las aulas y en el 2003 obtuve un Diploma Superior en Derechos Humanos y Democracia en la Universidad Católica del Ecuador; y, en el 2006, un Diploma Superior en Ciencias Sociales, con Especialización en Género y Políticas Públicas en la FLACSO Argentina.

Mi vida en Bélgica definió mi vocación humanista y revolucionaria que empecé a vivir en los movimientos estudiantiles y de solidaridad. Esta intensa experiencia me condujo a un compromiso con las causas de la justicia y la igualdad. Me llevó a los pueblos y ciudades del mi país, a conocer ese maravilloso Ecuador marcado por profundas desigualdades, pero, sobre todo, por esa incasable lucha de nuestra gente.

He trabajado desde la sociedad civil, desde el Estado y desde la cooperación internacional en Manabí, Esmeraldas, Guayas, Chimborazo, Imbabura, Carchi, Pichincha, Loja, Zamora y Sucumbíos; allí aprendí, allí me formé como la ciudadana que hoy soy, con una verdadera convicción de servicio.

La vida, más que la academia, me hizo feminista y defensora de los derechos humanos de las mujeres en Ecuador y en América Latina. La discriminación, la violencia, la pobreza, la desigualdad de las miles de mujeres de mi país y de la región han definido mi lucha incansable. Así, desde hace más de 30 años.
 Esto nos cuenta en su página en 2008, ahora su hija e hijos estan mas crecidos y sus nietos son cuatro: dos niñas y dos niños.. 

Celebrando 20 años de la Convención Belem do Pará  Encuentro nacional de mujeres  Quito,  noviembre de 2014

El Municipio Metropolitano de Quito entregó el Premio "Manuela Espejo" a la defensora de los derechos humanos de las mujeres en Ecuador y América Latina, Rocío Rosero Garcés. Se trata del reconocimiento más importante que entrega la ciudad de Quito a las mujeres –ecuatorianas o extranjeras- que han realizado "labores relevantes a través de entidades científicas, culturales, educativas, sociales, ecológicas,  laborales que merezcan relevarse como un ejemplo para las futuras generaciones".

La Comisión de Equidad y Género del Concejo Metropolitano de Quito consideró que la socióloga y feminista ecuatoriana, Rocío Rosero Garcés, reúne todos los requisitos para merecer este reconocimiento que está a la altura de Manuela Espejo, una de las Mañuelas que consagró su vida a las causas justas de su época en beneficio de las mujeres del país.

Rocío Rosero Garcés ha dedicado más de 30 años de su vida a la lucha por los derechos de las mujeres de Ecuador y de América Latina. Una de las facetas más relevantes de su trabajo en el país, ha sido apoyar, impulsar y procurar los debates y aprobación de las reformas constitucionales de 1998, así como de otras leyes vitales como la Ley Contra el Maltrato Intrafamiliar y las reformas al Código Penal para ampliar las sanciones por los delitos sexuales en contra de mujeres, niños, niñas y adolescentes. También ha trabajado en programas de educación popular, en la creación y fortalecimiento de numerosas organizaciones de mujeres, ha realizado una serie de publicaciones en género, derechos de las mujeres, mujeres indígenas y políticas públicas para la igualdad de género.

Fue Directora Ejecutiva del Consejo Nacional de las Mujeres del Ecuador durante los últimos cuatro años, y en esa calidad fue Relatora de la Conferencia Regional de la Mujer de la CEPAL. Ha presidido las delegaciones oficiales del Ecuador en foros regionales e internacionales y ha sido asesora y consultora en organismos internacionales de cooperación como UNICEF, UNIFEM, UNFPA, BID, Comisión Europea y PNUD. Actualmente, es miembro del Grupo Consultivo Externo de Alto Nivel del para definición de las  estrategias regionales del Programa Regional para América Latina y el Caribe 2008-2011 Fondo de Población de Naciones Unidas – UNFPA y Presidenta de ACDemocracia en Ecuador.

En su discurso del 7 de marzo, fecha en que el Municipio le entregó el premio, Rocío Rosero Garcés agradeció "a todas aquellas mujeres de quienes recupero su espíritu transgresor y su profundo compromiso; a aquellas con quienes me he forjado, en un proceso de largo aprendizaje, durante estos treinta y cinco años de lucha en el campo y en las ciudades de dieciséis provincias de mi Patria".



DISCURSO PRONUNCIADO al recibir el  PREMIO MANUELA ESPEJO 2008

Manuela Chusig, nuestra Manuela Espejo, una de las Tres Manuelas transgresoras, mujer letrada, de nombre literario Erophilia, que significa amiga de la sabiduría y el amor, le ha dado el nombre a este insigne Premio que fue creado por el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito para honrar y destacar la memoria de esta quiteña que consagró su vida a las causas justas de su época, que dignifican, aún hoy en día, a las mujeres para mejorar nuestra condición y posición en la sociedad ecuatoriana.
Y como siempre, … no puedo callar mi voz en este histórico momento que vivimos, porque la incursión del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, ocurrida el sábado pasado, marca no sólo una violación de la soberanía y de la integridad territorial del Ecuador y de los principios del derecho internacional, junto con el asesinato del segundo hombre de las FARC y 22 personas más, sino la regionalización del conflicto colombiano.
Estos hechos han generado una grave tensión en la región, así como una reacción de rechazo casi unánime en toda América Latina, claramente manifiesta en la resolución aprobada por el Consejo Permanente de la OEA el día de ayer.
En estos difíciles momentos, quiero, una vez más, levantar mi voz para decir que nuestra vocación pacifista como mujeres y como pueblo ecuatoriano nos llaman a juntar nuestras manos, voces y corazones, junto al gobierno nacional, en un frente común, para defender la paz, como un valor supremo, la neutralidad del Ecuador en el grave conflicto interno de nuestra hermana República de Colombia y nuestro rechazo irrestricto al propósito imperialista de convertir a la región en un nuevo escenario de conflicto bélico internacional para impedir que nuestros pueblos avancen en la construcción de una América Latina autónoma y soberana.
Al recibir esta Medalla y este Premio, con su trascendencia de vida, no puedo hacer otra cosa que mirar al frente y junto a ustedes, recordar a nuestras ancestras y sus legados. En primer lugar a las mujeres de mi familia: a mi madre, a mi abuela materna, a mi tía abuela Lucila Salvador, una de las primeras filósofas y profesoras universitarias del país.
A todas aquellas de quienes hoy recupero su espíritu transgresor y su profundo compromiso; a aquellas con quienes me he forjado, en un proceso de largo aprendizaje, durante estos treinta y cinco años de lucha en el campo y en las ciudades de dieciséis provincias de mi Patria. A las Dolores, a las Manuelas, a las Tránsitos, a las Cristinas, a las Martinas, a las Marías, a las Olimpias, a las Magdalenas, a las Cecis, a las Vivis, a las Amelias, a las Vickys, a las Ginas y las Martas… y a muchas otras!. A las indígenas, a las jóvenes, a las afrodescendientes, las mujeres migrantes, a las adultas mayores, a las trabajadoras sexuales y a las lesbianas. Junto a las ecuatorianas anónimas, a las latinoamericanas y europeas, amigas entrañables y maestras de la vida, pero sobre todo cómplices y compañeras de lucha soñé y trabajé por una sociedad más igualitaria, más digna para las mujeres.
Junto a todas ellas aprendí y me forjé como la ciudadana que hoy soy, con una verdadera convicción democrática radical. La vida, la lucha cotidiana con las mujeres, más que la academia, me hizo feminista y defensora de los derechos humanos de las mujeres en Ecuador y en América Latina. La
discriminación, las múltiples violencias de género, la pobreza, la desigualdad de las miles de mujeres de mi país y de la región han definido mi lucha incansable. Así, desde hace más de 35 años aprendo cada día de cada una de ellas.
Mi corazón y mi mente siempre están abiertos para recibir su torrente de enseñanzas y pensamientos pero también para apoyarlas en sus procesos individuales y colectivos de ganar poder para sí mismas, de ser autónomas, de luchar por las otras, de construir lazos y redes de solidaridad… para luchar por todas!. Fuimos y somos el primer movimiento que se globalizó porque entendimos que nuestra causa común es uno de los aportes más importantes del siglo veinte a la construcción de las democracias en
América Latina.
En este andar por los caminos del país, por los páramos y las comunidades, por los pueblos montubios, amazónicos y de la costa que hoy vive horas dolorosas, muchas veces me he sentido extraña, absorta, incrédula, como regresando al siglo XVII, cuando las haciendas, la esclavitud y el
huasipungo nos mantuvieron sometidas, subordinadas, invisibilizadas.
Me he rebelado una y cien mil veces ante tanta injusticia, tanta violencia y discriminación, pero es esa misma injusticia la que me ha permitido seguir creyendo en lo que hacemos, seguir levantando la voz y señalando, junto a ustedes, un mundo de dignidad, libertad y autonomía para las mujeres,para las y los más pobres, para quienes aún viven en condiciones ignominiosas en medio de la sociedad global, esa misma sociedad que perpetúa la pobreza y la exclusión de las mayorías.
Es que en esta ruta de aprendizaje cotidiano nunca perdí mi capacidad de asombro, una clave que me ha permitido no sólo llorar y sufrir las penas junto a miles de mujeres, sino también reír a carcajadas y alegrarme de esta vida bella que nos ha dado el derecho de ser personas, de participar y representarnos pública y políticamente. De esta vida, que me ha dado felicidad en la familia y en la pareja, en la maternidad de cinco hijos, grandes y chicos, y ahora también de los nietos que han llegado y de los que vendrán. Todos ellos nutren con su savia mi alma y llenan de esperanzas y de audacias mi tránsito en la vida y en la lucha diaria.
Quiero compartir con ustedes que en este recorrido no sólo he cargado de conocimientos mi mochila, he aprendido que la paciencia y la perseverancia son dos herramientas que permiten conquistar el mundo.



Junto, entre otras , a Linda J. Poole, Ex Secretaria Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres.




La paciencia para construir procesos individuales y colectivos de cambio; la perseverancia, esa gran virtud de mi Laurita, ejemplo para cumplir con las tareas y los compromisos, pero sobre todo para construir el autoestima como un motor de las realizaciones personales y de las grandes
transformaciones.
En esta hora de cambios fundamentales en Ecuador, quiero ante ustedes renovar mi compromiso con la construcción de una democracia feminista, de una democracia radical, que incluya de manera explícita la justicia de género y la protección de los derechos de las mujeres.
El camino por recorrer es todavía ancho y prolongado y aunque ahora, más que hace tres décadas, contamos con más y más aliados y aliadas, nos queda ya no sólo la esperanza sino la certeza de vamos hacia una sociedad más justa, respetuosa, solidaria y equitativa.
Al conmemorar este 8 de marzo del 2008, honrando la memoria de Manuela Espejo, quiero decirle al país que las feministas y las mujeres ecuatorianas organizadas queremos un compromiso de todos y de todas para el cambio colectivo. Aspiramos a que la nueva Constitución sirva para hacer realidad un Estado Social y Democrático de Derecho, verdaderamente laico, que garantice y promueva la progresividad de los derechos humanos de las mujeres, que reafirme nuestras conquistas y logros del siglo XX.
Permítanme agradecer al Municipio del Distrito Metropolitano de Quito por esta distinción, a las compañeras del Consejo Nacional de las Mujeres y de las Organizaciones de Mujeres que promovieron mi candidatura a este Premio, a Margarita Carranco y a las miembros de la Comisión de Género y Equidad Social del Municipio.
Señor Alcalde, querida Margarita,
Amigas, amigos y familiares que me honran con su compañía en esta tarde, muchas gracias.

Quito, 6 de marzo de 2008



http://www.planv.com.ec/historias/entrevistas/el-genero-un-proyecto-politico
http://www.rociorosero.com/PDF/DISCURSOROCIOPREMIOMANUELAESPEJO.pdf
http://www.cepal.org/mujer/seminario/RocioRosero.pdf
http://www.observatoriogeneroyliderazgo.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=306&Itemid=107

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HH

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