Julia del Carmen Chuñil Catricura (Máfil, 16 de julio de 1952-8 de noviembre de 2024) fue una activista medioambiental mapuche chilena y presidenta de la Comunidad Indígena Putreguel. Es reconocida por su labor en la defensa del bosque nativo y la protección de tierras ancestrales mapuche en la comuna de Máfil, Región de Los Ríos.
El 8 de noviembre de 2024, Julia Chuñil desapareció en la comuna de Máfil, Región de Los Ríos, en circunstancias aún no esclarecidas. Aquel día, la dirigente se dirigió al predio “Reserva Cora Número Uno-A” en búsqueda de unos animales extraviados. Desde entonces no se ha vuelto a encontrar.
Julia Chuñil nació en el sector rural de Huichaco, en la comuna de Máfil. Durante su juventud, se fue un periodo a la ciudad, pero luego regresó al campo. Era madre de 5 hijos y abuela de 10 nietos.
El 2018 luchó por la protección de 900 hectáreas de bosque nativo en la comuna donde residía, Máfil.
Meses antes de su desaparición, se desempeñaba como presidenta de la Comunidad Putreguel.
A lo largo de su vida, se dedicó a la conservación del bosque nativo y a la defensa de los derechos territoriales de su comunidad. En 2014, la «Comunidad Indígena Putreguel» fue reconocida oficialmente por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), y Julia asumió el rol de presidenta y representante legal de las 17 familias que la conforman.
En 2015, bajo el liderazgo de Julia, la comunidad amplió su territorio al ocupar un predio conocido como "Reserva Cora Número Uno-A", tierras ancestrales que habían sido ofrecidas previamente a otra comunidad indígena. La elección de ocupar la propiedad emergió como reacción a un prolongado proceso de conflicto con el empresario Juan Carlos Morstadt Anwandter, quien deseaba destinar el terreno a la tala de bosques nativos y a la comercialización de madera, así como con la CONADI, la cual había sido demandada por anomalías en el proceso de entrega de las tierras. A pesar de que la CONADI ya había reconocido la propiedad como territorio ancestral mapuche, la entrega oficial se vio impedida, lo que llevó a la comunidad, liderada por Julia, a tomar posesión del terreno.
Desde entonces, Julia se dedicó a la conservación de la biodiversidad local y a la cría de ganado a pequeña escala. Sin embargo, su defensa del territorio no estuvo exenta de riesgos: durante años, enfrentó amenazas y hostigamientos constantes, los cuales se intensificaron en los últimos días previos a su desaparición. Desde 2018, había denunciado reiteradamente la situación y manifestado su preocupación por la seguridad de su comunidad y la propia; tras la restitución del terreno en cuestión a una empresa, comenzó a recibir amenazas y persecuciones por parte de personas vinculadas al predio.
Entre los casos más graves de hostigamiento, se menciona que un puente que utilizaba con frecuencia fue destruido en más de una ocasión. Según Julia, esta acción fue realizada por José Luis Painean Coronado, quien habría recibido $3.000.000 de parte de Juan Carlos Morstadt Anwandter, dueño de la empresa que intentaba explotar el terreno. Además, Julia relató que Morstadt le ofreció dinero directamente para que abandonara el lugar, diciéndole «Ya’po, Julia, ya los tengo a todos comprados. Faltai tú no más» [sic].
El 8 de noviembre de 2024, Julia fue vista por última vez cuando salió de su hogar, acompañada de su perro "Cholito", para buscar animales extraviados en el predio en disputa.Desde entonces, no se ha tenido información sobre su paradero.
El 10 de noviembre son encontrados el bastón y un cojín en una mediagua —una pequeña vivienda de refugio ocasional—. Al día siguiente la familia presentó una denuncia por posible desgracia. Lugareños señalaron que consideran que hay evidencia que indica que Julia fue sacada de la mediagua, incluyendo marcas de neumáticos de camioneta —atípicas para la zona— pero mayor evidencia se perdió debido a las lluvias. Las siguientes semanas se desarrollaron operativos de búsqueda.
La Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo expresó su preocupación por la desaparición de Julia Chuñil, destacando que su caso evidencia el riesgo que enfrentan las mujeres defensoras en Chile. Hizo un llamado al Estado a investigar con diligencia y agotar todos los recursos disponibles, recordando su obligación conforme al derecho internacional.
El Instituto Nacional de Derechos Humanos de Los Ríos realizó diversas gestiones en el marco de la desaparición de Julia Chuñil.
Según publicación de El Mostrador del 15 enero de 2026 la investigación dio un giro decisivo luego de que su exyerno entregó una confesión ante las autoridades, en la que indicó a uno de los hijos de la víctima como el autor material del crimen y aportó antecedentes clave sobre la ubicación del cuerpo,
















