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lunes, 23 de diciembre de 2013

Ester Kandel



Esther es una mujer que une la lucha del género y de la clase. Sus aportaciones son profundas y necesarias . Su compromiso es joven y valiente. Ester Kandel es profesora en Ciencias de la Educación, psicóloga social y magíster de la UBA en Ciencias Sociales del Trabajo; se especializada en la temática mujer y trabajo.Sus publicaciones son habituales en ARGENPRESS. Sus libros están en la  Editorial Dunken.
 Ella se nos presenta con sus textos:


A la memoria de mi padre,
quien defendió a su clase,
siendo obrero gráfico

   Del Prólogo  DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO -  AYER Y HOY – Una aproximación al tema
                                     

La reciente elaboración de mi Tesis*  sobre las relaciones de género en una empresa de la industria de la alimentación, me convoca a reflexionar sobre varios temas que  giran  alrededor de la fijación de la mujer en un rol prescripto. Estas prescripciones se dan tanto en el ámbito privado, a través de la función materna y las tareas domésticas, como en el laboral, habitualmente ubicada en tareas de poca calificación y con dificultades para acceder a puestos de mayor jerarquía. Cuando hablamos de fijación, hacemos referencia a una cultura en la que predomina esta ideología que se agudizó en el período de crisis.
Teniendo en cuenta que la mujer  adquirió este rol durante miles de años, pero que en el ámbito laboral, podríamos fijar un período donde las mujeres se incorporó masivamente y comenzaron a tener un lugar distinto, en este trabajo partiremos de registrar desde la Revolución Industrial, y  hacer una aproximación a la división sexual del trabajo. (…)

Es sabido que siempre al realizar un abordaje conceptual, actúan fundamentos motivacionales que motorizan el proceso de conocimiento. Es así como en la elección de este tema  confluyeron  aspectos personales, el hecho de ser una trabajadora proveniente de una familia obrera, cuyos ideales han sido luchar contra la opresión del hombre por  el hombre. Mi conexión con este tema, me permitió comprobar que existe una doble opresión que es la que padece la mujer trabajadora.
La formación académica adquirida en la Maestría en Ciencias Sociales del Trabajo (CEA-UBA) contribuyó a proveerme de las herramientas conceptuales para analizar las relaciones laborales, y esto integrado con mis saberes previos, me permitió lograr un mejor acerca-miento al tema que me propuse.
El mundo de nuestros de días, “es la obra maestra de una escuela artística que podríamos llamar el realismo capitalista. En su infinita generosidad, el sistema nos otorga a todos la libertad de aceptarlo o aceptarlo, pero el ochenta por ciento de la humanidad tiene prohibido el ingreso a la sociedad de consumo. Se puede verla por televisión, eso sí: quien no consume cosas, consume fantasías de consumo”, dice el escritor Eduardo Galeano (1). (…)

Recuperar la memoria de la fuerza y empuje de los/as trabajadores/as  en las primeras décadas del siglo XX que enfrentaron la explotación de los empresarios y propusieron modificaciones a las condiciones de vida, es uno de los sentidos de este trabajo pero asimismo reconocer que continúan las relaciones de opresión entre varones y mujeres y por consiguiente permanecen contradicciones de clase y de género.
La mayor parte de la población  tratando de superar los efectos de la emergencia social que se instaló en la década de 1990 y  las mujeres en particular en plena Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito, iniciativa que responde a la necesidad de millones de mujeres al   derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, es decir sobre la propia sexualidad y maternidad. Esta campaña debe coronar con la sanción de una ley de despenalización del aborto.
Dado la complejidad de los temas desarrollados, los capítulos  presentados forman parte de una primera aproximación que esperamos continuar investigando.

                                                                               

Yo aborté, yo decidí    
Fue en febrero de 1978. Para mi sorpresa quedé embarazada. Sorpresa porque el problema hormonal indicaba inconvenientes y ya tenía indicación de operarme del adenoma de hipófisis. Fui a hablar con uno de los médicos del equipo que me atendía para ver la posibilidad de realizar un aborto terapéutico. La respuesta de este profesional católico me conmocionó más, “iba a cometer un crimen”.
Yo decidí, yo aborté
En aquel entonces, nadie que yo conociera hablaba de estos temas, era mi sentido común que me llevaba a tomar la decisión.
Cuando se comenzó a hacer público, adherí inmediatamente y colaboré en la difusión del mismo, con las consignas que el movimiento de mujeres elaboró:
Educación sexual para decidir
Anticonceptivos para no abortar
Aborto legal, seguro y gratuito para no morir

Historia del Movimiento Obrero. Desarchivando documentos 

La reseña que presentamos del libro Ley de trabajo de mujeres y menores -Un siglo de su sanción - La doble opresión: reconocimiento tácito, no es un tema de mujeres, sino una parte de las luchas del movimiento obrero que por circunstancias históricas, se dirimió en el terreno parlamentario.
Intentamos hacer visible una serie de acontecimientos que hasta el presente tantos historiadores como historiadoras sólo designaban como Ley 5291.
Con una mirada retrospectiva, el libro nos acerca a una época de valoración contradictoria del trabajo de la mujer: cuando su misión esencial eran la maternidad y las tareas domésticas, y se la sometía a grados de explotación que comprometía su vida.
Se retoma el tema iniciado en el libro anterior, División sexual del trabajo – ayer y hoy – una aproximación al tema (Editorial Dunken), donde se indagó las relaciones de trabajo desde la perspectiva de género, particularmente en la empresa Terrabusi.
Ahora, al cumplirse 100 años de la sanción en nuestro país de la Ley 5291 de trabajo de mujeres y menores, se analiza el proyecto legislativo, así como el complejo entramado de intereses, propuestas, debates y acciones; y los acontecimientos que enmarcaron la incorporación de la mujer a la industria y sus condiciones de trabajo.
Estos hechos constituyen el motivo principal que me impulsó escribirlo, partiendo de las circunstancias que rodearon a este acontecimiento. La indagación de varias fuentes, tales como muchos números del periódico La Vanguardia, las posiciones de las centrales sindicales, los contenidos de los debates públicos y las discusiones por las que atravesó el proyecto de ley desde la primera propuesta elaborada por Gabriela Laperriere de Coni, resultan reveladoras de las diferencias, tanto estratégicas como tácticas, que muestran los intereses contrapuestos de los distintos sindicatos, los trabajadores y los patronos. El debate abierto entre corrientes sindicales, también reflejado por los historiadores, las opiniones del Partido Socialista, mediatizadas por La Vanguardia, forma parte de las citas textuales.
La presencia decisiva del Diputado Alfredo Palacios como representante del ideario socialista y del diputado Seguí por la UIA, como vocero de estos últimos, reflejan una ardua puja sostenida en batallas cuyos escenarios van desde congresos o asambleas hasta huelgas, marchas, manifestaciones en las calles y la represión que muchas veces se desencadenó.
Si bien su relevancia histórica se considera indiscutible, ¿para qué plantearse este tema actualmente?
Descontamos por una parte que para las/os trabajadoras/es siempre es útil saber más acerca de los hechos que acompañaron los cambios en su condición de tales; que el conocimiento del contexto sirve para aprender, reflexionar y proponer modificaciones en esta relación desigual que nos impone el sistema capitalista.
Por otra parte, ciertos aspectos que conciernen a las condiciones y medio ambiente de trabajo como la salud, la violencia y el acoso sexual, la discriminación directa e indirecta de las mujeres, continúan siendo temas de preocupación permanente en esta sociedad de mercado libre, donde predomina la flexibilidad en las relaciones laborales.
Así, el tema de la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres está instalado en las agendas de distintos organismos estatales y sindicales, aunque sean insuficientes las políticas públicas que la garanticen y sólo se registre un avance en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos.
El trabajo infantil, a diferencia de lo que ocurría a principios del siglo XX, cuando se localizaba en los talleres y fábricas, lo vemos diariamente en las calles de los centros urbanos o en las tareas rurales, sin que se garanticen en la mayoría de los casos, la alimentación, escolaridad y vivienda.
Sustentar una concepción del sujeto y de su conducta, como emergentes de complejas relaciones sociales, permite a su vez abordar, con espíritu reflexivo y crítico, la lectura de las fuentes, la reconstrucción de los hechos con distintos puntos de vista, y discernir entre las posiciones positivistas, que negaban las contradicciones en el seno del movimiento obrero, y las de algunos análisis académicos de las mujeres, que aún hoy no reconocen la lucha de clases, y ni las contradicciones de clase y de género. Por lo tanto, intentar un análisis desde un enfoque que contemple las relaciones de clase y de género, sin apegarse al discurso oficial aséptico, puede constituir una contribución válida para un mejor conocimiento de estos conflictos.
De ahí las referencias a los aspectos macroeconómicos, condiciones de vida, datos de población, de sus organizaciones gremiales, los conflictos, del proyecto de ley nacional de trabajo, el trabajo de las mujeres y su participación.
En el prefacio, un recorrido por los diferentes grados de opresión que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia, permite dimensionar la importancia del período particular analizado.
En cuanto a las motivaciones personales, destacamos la práctica cotidiana como trabajadora y la experiencia de años de militancia en defensa de los derechos de las mujeres, lucha en la que me he sentido impactada por la experiencia de otras mujeres que por su capacidad y posibilidades, tuvieron una actividad pública relevante, tales como La Pasionaria e Isadora Duncan.
En “Temas y problemas nuevos”, nos ocupamos sobre la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres, en el ámbito laboral, desde los inicios de la organización del movimiento obrero, al propugnar entre otras reivindicaciones, la igualdad salarial y el acortamiento de la jornada de trabajo. Las condiciones de trabajo, las largas jornadas agotadoras, afectaban la salud y en algunos casos destruía los cuerpos de varones y mujeres, de ahí que las sucesivas propuestas legislativas, apuntaban a revertir las condiciones en que se vendía la fuerza de trabajo.
Desde una mirada que abarque las relaciones de clase y de género, la problematización del trabajo asalariado femenino, comenzó en los inicios del siglo XX, vinculado a la construcción de un ideal maternal, así como los debates sobre el tipo de educación que debían recibir las mujeres, iniciada en el siglo XIX.
Ante la pregunta por los hechos objetivos a finales del siglo pasado, como señala José Panettieri (1984), “la explotación del trabajo de mujeres y menores se puso de manifiesto con el surgimiento de las primeras fábricas en el país en los últimos años del siglo pasado.” Lo observable era la doble jornada laboral de la mujer, 14 a 16 horas en talleres y fábricas y el resto en su hogar.
Este trabajo se desarrolló sobre una matriz de relaciones que explica el historiador E. Hobsbwam de este modo: “La segunda y gran consecuencia de la industrialización sobre la situación de la mujer fue mucho más drástica: separó el hogar del puesto de trabajo. Con ello excluyó en gran medida a la mujer de la economía reconocida públicamente –aquella en la que los individuos recibían un salario – y complicó su tradicional inferioridad al hombre mediante una nueva dependencia económica. (…)El objetivo básico del sustentador principal de la familia debía ser conseguir los ingresos suficientes como para mantener a cuantos de él dependían (…)
Los ingresos de los otros miembros de la familia eran considerados suplementarios y ello reforzaba la convicción tradicional de que el trabajo de la mujer (y por supuesto de los hijos) era inferior y mal pagado.”
Las mujeres que se empleaban como obreras, también eran requeridas por las señoras burguesas como empleadas domésticas, además de ser descalificadas, llamándolas prostitutas o fabriqueras.
Otra autora a la que se recurre es, Marcela Nari, quien explica que, con el desarrollo de la gran industria, “se reformularon la división del trabajo, las formas y unidades de producción. Las unidades domésticas, las familias perdieron gradualmente su lugar en la producción para el mercado y se concentraron en la producción para el autoconsumo. El trabajo doméstico quedó invisibilizado entre la naturaleza y el amor de las mujeres. El trabajo urbano a domicilio se mantuvo, y en algunos casos creció, porque abarataba costos de producción y porque permitía a las mujeres compatibilizar, en el espacio y el tiempo, trabajo doméstico y trabajo asalariado. Emplearse en fábricas y talleres era incompatible con la maternidad, con la nueva imagen de madre nodriza, cariñosa, altruista y siempre unida a su hijo por un cordón.”
La problematización del tema, implicaba el reconocimiento de su rol materno, plasmado en un proyecto de ley, que admitía la necesidad de no concurrir por treinta días al lugar de trabajo y la posibilidad de amamantar. La justificación de su aporte era contradictoria, desde el punto de vista de los empleadores, los favorecía, pues retribuían menores montos que a los varones y desde la visión que se tenía del rol de la mujer, se aceptaba su inserción laboral como un mal necesario. La maternidad, era concebida como un hecho natural.
El grado de desarrollo de las fuerzas productivas no permitía vislumbrar a la mayoría de la sociedad, a las mujeres, como sujetos de distintos derechos. Sólo se había definido el papel reproductor de la mujer como su función primaria y el Estado reforzaba el estatus secundario de su actividad productiva.
Se desarrolla el comportamiento de los diferentes actores sociales: el movimiento obrero organizado por ejemplo luchó por aumentos de salario, acortamiento de la jornada laboral, utilizando la huelga como método principal hasta que se comenzaron a discutir varios temas: necesidad de la reglamentación del trabajo, y métodos como el boicot, el sabotaje, el arbitraje, el papel del parlamento, su relación con las organizaciones obreras y partidos políticos. Estos temas despertaron polémicas entre los integrantes de las organizaciones gremiales y rupturas. Las mujeres fueron convocadas para participar activamente en las organizaciones gremiales.
“Tan intensas y resonantes como en 1906 son las luchas libradas durante el año 1907, numerosas huelgas corporativas, y dos generales, de vastas proyecciones, en solidaridad con trabajadores en conflicto y de airada protesta contra agresiones, abusos y atropellos de las autoridades, regístranse en este período”.

Contradicciones de clase y de género, enfrentaban simultáneamente las mujeres, ante el patrón (extensión de la jornada laboral, salarial y acoso sexual) y con sus compañeros de trabajo y sus esposos (competencia, costumbres y moral predominante).
La base material en que se desarrollaban los trabajos en fábricas y talleres, impactó en la inspectora de fábricas de la Municipalidad de Buenos Aires. Aunque no lo planteó en estos términos, Gabriela L. de Coni visualizó la doble jornada laboral y sus efectos en la salud y aunque pertenecía a otra clase , se ubicó desde las necesidades e intereses de las obreras, proponiendo la limitación de la jornada de trabajo de las mujeres a ocho horas. Elaboró un proyecto que tenía en cuenta la experiencia en Europa: por ejemplo en Inglaterra, en 1819, se votó la primera ley limitaba el trabajo de la mujer y el niño en las fábricas . Gabriela L. de Coni, supo interpretar la nueva realidad social y se conectó con el Partido Socialista pues sus portavoces expresaban necesidades, sentimientos y acciones que los/as trabajadores/as no lo podían verter por sí solos. Este modelo, desarrollado en los primeros países industrializados, permitía que se abordara “el conflicto entre quienes pagaban los salarios y quienes vivían de ellos”. Según Hobsbawm era una realidad existencial cada vez más apremiante.
Las legislación protectoria en Europa no se puso en práctica para dar remedio a las condiciones del trabajo industrial en general, como lo solicitaban las organizaciones obreras, sino como una solución específica al problema de la mujer (y del niño) en el trabajo. Los legisladores partían de considerar a las mujeres vulnerables y dependientes y en consecuencia, con necesidad de protección.
Las organizaciones de beneficencia, también asistieron a la mujer obrera, en su formación para cuestiones de puericultura y en algunos casos previniéndolas contra las ideas socialistas.
Las organizaciones obreras se ubicaban tácticamente según su estrategia: los anarquistas planteaban la “liberación femenina” oponiéndose a la reglamentación del trabajo, propuesta por el socialismo. Asimismo en su interior, había quienes pensaban que las mujeres no tenían que trabajar en las fábricas. En el Partido socialista también surgió un debate sobre la relación de los trabajadores y las instituciones burguesas. S. Marotta (1960) lo expresa en estos términos: “…si los trabajadores deben pugnar por la conquista de las instituciones burguesas y adaptarlas a su modalidad revolucionaria, o si, por el contrario, independizarse de ellas creando sus propios órganos, desarrollándolos autónomamente, con inspiración y pensamiento propio.”
Tales peticiones por mejores condiciones de trabajo, se realizaba en el país cuando predominaba la línea que marcaba el Código Civil (1869) de la inferioridad femenina y la mujer casada estaba subordinada al marido.
Al final se analizan en secuencias los proyectos de ley tal como se sucedieron, identificando a los actores: Gabriela Laperriere de Coni, (inspectora ad-honorem de fábricas de la Municipalidad de la Municipalidad de Buenos Aires, el diputado Dr. Alfredo Palacios (socialista), también la Unión Industrial Argentina ( UIA) y el Poder Ejecutivo; más el alineamiento de éstos últimos para vaciar el proyecto original.
Se registran cuatro textos y cinco instancias de elaboración y debates.
- 1902, Gabriela Laperriere de Coni (Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.)
- 1906, Alfredo Palacios (manuscrito)
- 1906, Alfredo Palacios: presentación en la sesión del 22 de junio de 1906.
- 1906, Comisión legislativa – diputados.
- 1907, Poder Ejecutivo con acuerdo de la UIA. Se sanciona.
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Otras problemáticas conexas a través, de investigaciones, ponencias, artículos, son los siguientes: las condiciones y medio ambiente de trabajo, desde la perspectiva de género, la discriminación directa e indirecta en el mercado laboral, y las cláusulas de género en los convenios colectivos de trabajo y la ciencia, la tecnología y la política – una mirada desde la perspectiva de las relaciones de género.



 *Kandel, Ester, Las relaciones de género en industria de la alimentación en Argentina en la década de 1990 (en línea). Buenos Aires: CEIL-PIETTE  (visitado 29.09.05) disponible en internet: http:// www.ceil-conicet.org.ar/ docpor/docpor/tesis/2003 kandel.pdf
(1) [1] Galeano, Eduardo. Úselo y Tírelo, Planeta Bolsillo, 1994.

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