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viernes, 24 de enero de 2020

Hortensia Sanchez Hernandez, una historia de dignidad y rebeldía



Hoy se cumple un año del adiós de mi madre.  Ella nació en 1933 y vivió la guerra española de pleno como niña, quizá sin conciencia, pero en su mente el mensaje de este mundo como un valle de lágrimas no la abandonó nunca.
La realidad de su vida en la que el hombre valía más que la mujer, fue una enseñanza que recibió cada día de la relación de su padre y su madre y en su mirada a toda la sociedad donde todos los poderes eran asumidos por hombres.  Algo nada reseñable y que  se asumía con  toda normalidad, teniendo en cuenta que hasta el 1981, cuando ella rondaba los cincuenta, no alcanzo la mujer como madre los mismos derechos   frente a sus hijas e hijos  que el padre.  
Rosalina, su madre, huérfana a los cuatro años, que mantuvo siempre su niña interior, hizo que  ella asumiera una responsabilidad y madurez a la altura de ese valle de lágrimas. La situación no daba para mucha reflexión. Era preciso asumirla y actuar según se pudiera: rezando, padeciendo, aguantando. Durante años en la mañana acudía un ratito,  a cualquier iglesia, para ver a Jesus para hacer sus pedidos.
Seguramente la alegría de mi padre y su también inmadurez la sedujeron e hicieron pensar en un mundo más feliz, pero nada más lejos de la realidad. Con su matrimonio a los veinte años le cayó el papel de cuidadora de dos ancianos. Mi nacimiento a sus veinte años la ató inexorablemente a esa realidad que, según la “Santa Madre Iglesia” debía seguir soportando, pasara lo que pasara y eso que pasaba mucho.

En ese camino sin salida nacieron mis tres hermanas también, constituyéndonos en el motor de su vida. Su objetivo era nuestra futura independencia y para esa independencia, que ella no había tenido, trabajó sin descanso y sin apoyo. Además de la vida quería regalarnos la libertad.

En su mente no entraba el ser una convidada de piedra de su existencia. Le era difícil soportar que las decisiones sobre la formación y estudios o carencia de estos de sus hijas, las obras en su hogar, la forma en que llevar la economía se pudieran tomar considerando su opinión como de segundo orden.  

Desde luego  Hortensia, fue una víctima del machismo inserto en la sociedad, pero no dejó de afrontarlo con dignidad y rebeldía, divorciándose cuando había  pasado los cincuenta y ya, su hija pequeña, estaba en la universidad. Enfrentó, por esa decisión, que algunas personas, dejaran de saludarla.

Su existencia fue un seguir adelante con infinito amor hacia sus hijas y comprensión hacia sus padres que en múltiples ocasiones la colocaron entre la espada y la pared.

Llegaron luego sus nietas y nietos que llenaron su vida de felicidad y alegría, lastima que sus penas anteriores se hubieran quedado anidadas en su colon y a sus casi 86 años se la llevaran.

Tras una vida junto a ella sé que ahora está en paz. Ella se quería ir, con su infinita generosidad, para dejarnos seguir viviendo, sin limitarnos con sus cuidados, y porque también entendía que la vida sin calidad no merecía ser vivida.
Su dura realidad ha dejado en mi alma un mandato: dar a conocer el valor y los aportes de las mujeres.
Frente a todos sus regalos tangibles e intangibles yo hubiera querido regalarle una vida en igualdad y su ejemplo e inspiración me animan para que al menos la tengan sus biznietas y biznietos.


Gracias madre por tu rebeldía, por ser una heroína cotidiana que enfrentó un mundo machista con dignidad y nos enseñó a actuar buscando soluciones para conseguir otra realidad menos excluyente para las mujeres.



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sábado, 24 de mayo de 2014

Vicenta Pérez Doñate

A MI MADRE
               

El 16 de mayo de 2014 murió en Valencia (España) a los noventa y seis años Vicenta Pérez Doñate. Su nombre no dirá nada a nadie salvo a su familia, y aún en ella, solo a sus descendientes, pues, excepto una hermana, todos sus “contemporáneos” habían ido precediéndola en ese puzle de ausencias. Era mi madre.
                Me invitáis a rememorarla en este blog “Nosotras heroínas”, y eso hace que me ponga a escribir con los ojos nublados y la emoción a flor de piel. ¿En qué sentido mi madre fue una heroína? No hizo nada que vaya a figurar en los libros de historia, ni salió nunca en los periódicos, excepto ahora en su esquela. Perteneció a ese linaje de mujeres invisibles de las que procedemos, mujeres entregadas a su familia, que no escatimaron desvelos y atenciones a los suyos, esas mujeres insignificantes y grandiosas a las que les debemos todo. Lo comenté en un post, yo quería ser diferente, pero ahora comprendo que nuestra lucha por forjar otro horizonte es también un homenaje a ellas.
                Mi madre nació en Barracas, un pequeño pueblo de Castellón, niña aún se trasladó a Valencia, donde sus padres abrieron un ultramarinos. A los catorce años conoció a mi padre, José Rodríguez Rico, se enamoraron de una forma tan tierna y romántica que mi padre estaba convencido de que lo que les pasaba a ellos no podía ser igual a lo que les ocurría a los demás, que era algo extraordinario y único. Y debía ser cierto, porque mi madre estuvo enamorada de él hasta el último momento, a pesar de que había fallecido ahora hace cuarenta años.
                Mi madre quería ser maestra, pero mi abuelo decía que las maestras eran unas esclavas que mantenían a los maridos, y no ellos a sus mujeres, como debía ser. Así que como le gustaba la costura, estudió corte y confección por el sistema Martí.
                La guerra civil les sorprendió en plena juventud, y cuando mi padre fue llamado a filas, decidieron casarse, con diecinueve y veinte años. No les cabía en la mente la idea de separarse o de esperar al fin de la contienda para comenzar una vida en común. Mi madre le siguió a Barcelona, cuando él fue destinado allí, a los reflectores antibombardeos y posteriormente a intendencia. Con un hijo, Pepín, volvieron a Valencia en los últimos estertores bélicos. A los pocos años tuvieron otro hijo, Vicente, y la vida de mi madre se circunscribió a la esfera familiar. Cuidó a sus suegros y a sus padres, y a sus cuñados más jóvenes cuando sus progenitores fallecieron. También se hizo cargo de mi tía Marieta, que había tenido la meningitis de pequeña y quedó siempre como una niña minusválida. Todo le tocaba a ella –decía más tarde.
                Yo nací como una sorpresa tardía, cuando mis hermanos tenían 19 y 14 años, y mi madre 39. Pero su anhelo era tener una niña, y fui la ilusión cumplida. Yo me sentía como una princesita colmada de halagos.
                Recuerdo las tardes haciendo los deberes en la mesa camilla, mientras mi madre cosía o hacia punto de media. Oíamos las novelas, siempre protagonizadas por Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa y Matilde Vilariño. Yo tomaba mi cola-cao con la canción de fondo de “Aquel negrito del África tropical…”). Cuando pusieron “Fray escoba” las dos acabábamos llorando, ella contenida, yo desconsolada. Más tarde, también escuchábamos el Consultorio de Elena Francis. Mi tía Pili y su marido venían muchas tardes y fines de semana. En vacaciones, los martes la acompañaba al mercadito, y otros días íbamos a Lanas Aragón, Galerías Martín, Marina… Mi madre rebuscaba en los retales, elegía cuidadosamente las telas, que después convertía en preciosos vestidos.
                Yo, más que compartir sufría su afán por la costura. De pequeña, copiaba los modelos, y me vestía como una muñeca. Aún recuerdo con horror unas braguitas de perlé, hechas a ganchillo y para mi desgracia supongo que hasta algo almidonadas.  Me aburría en las pruebas, para mí interminables, en las que lo que más me preocupaba es que no me clavará un alfiler. Ella estaba decidida a hacerme una mujercita, y cuando ya tuve edad, por las tardes de vacaciones, antes de salir a jugar, me obligaba a hacer media hora de labor. Los dobladillos me salían torcidos, la tela en el bastidor se quedaba grisácea, y a las pocas vueltas la lana estaba tan apretada que no podía meter las agujas de media. Temía que me convirtiera en un chicazo, y por eso celebraba cuando mi padre me traía muñecas de la feria, pero yo prefería las pistolas, y en cuanto podía me disfrazaba de indio.  No me gustaba el mundo de las mujeres, prefería el de los hombres pues pensaba que ellos hablaban de las cosas importantes, aunque después eso se limitaba a los negocios, el futbol y poco más. Supongo que esta distancia que se manifestaba en nuestras preferencias le causó cierta decepción, yo no era el tipo de niña que ella había soñado, no quise aprender ballet y siempre andaba “tumbadaza” con un libro en las manos. Con la adolescencia notó que yo me escapaba cada vez más del universo que ella controlaba.
                En 1974 murió mi padre. Ella tenía 56 años y yo 17. Para mi madre fue devastador, también para mí, pero de otra manera. Ella se encerró en casa y yo trataba de huir en busca de mi libertad. Estuvo años sin salir, vestida de negro, en un sillón, ausente, embebida en sus labores, y con la televisión como permanente presencia. Cada vez más ajenos nuestros mundos. Bien cierto que nos tenía a nosotros, sus hijos, sus nietos… Poco a poco se fue reintegrando a sus amigas, salía a un centro donde jugaban a las cartas, iban de rebajas. Fue reconstruyendo su vida en la soledad, autónoma y hacendosa. Entre tanto yo había acabado la carrera y saqué unas oposiciones a cátedra de instituto que me llevaron siete años a Alicante.  En 1988 tuvieron que operarme de unos quistes en los ovarios, y ella se vino allí a cuidarme. Cuando la ví coger el autobús para volverse a Valencia, me entró un desconsuelo tan grande que me puse a llorar como una tonta en la estación. La falsa distancia interior se había hecho añicos, yo era una niña grande y ella, como siempre, a mi lado, mi madre.
                Al poco llegó la buena noticia, tras muchos años de relación y unos pocos de matrimonio, por fin: estaba embarazada. La llegada de Joaquín estrechó nuestros lazos, se me hizo imprescindible. A mí me habían dado el traslado a Valencia, y ella iba cada día a casa a cuidar del bebé, siempre estaba disponible. Los veranos se venía con nosotros, jugaba con su nieto, lo paseaba… Con setenta y tantos años era incansable, siempre en la cocina preparando los platos que nos gustaban.
                Yo me había convertido en una mujer muy diferente a ella, pero mi falta de pericias femeninas estaban  disculpadas, se sentía muy orgullosa de mí, enseñaba mis libros, mis fotos, los recortes de prensa… Tenía a toda su familia que iba creciendo, y creo que puedo decir, que, una vez superada la muerte de mi padre, durante muchos años volvió a ser una mujer feliz. Tal vez porque no pedía nada para ella, sino ver bien a los suyos.
                Vivió sola hasta los noventa, aunque los anteriores inviernos los pasaba en mi casa, pero en verano volvía a la suya. A los noventa y dos tuvo una caída y todo se torció, poco después una fuerte medicación contra el lumbago le causó una insuficiencia respiratoria y los médicos nos dijeron que se moría. Por fortuna salió de aquello, pero ya no fue la misma. Entonces se vino a vivir conmigo y contratamos a una asistenta que estuviera pendiente de ella las 24 horas del día, pues nosotros teníamos que trabajar. Este periodo ha sido el de su paulatina decadencia, sin embargo para mí se ha convertido, aún con la tristeza de verla decaer, en el más entrañable. He aprendido de nuevo a besarla, a mimarla, y ha sido un privilegio poder devolverle un poco del cuidado que ella siempre me deparó. Recuerdo que, cuando era pequeña, las amigas, las vecinas, al verla conmigo, le decían: “qué bien, después de dos chicos, una niña, para que te cuide cuando seas mayor”. Yo me veo en contrapicado, desde mi corta estatura mirando hacia las que hablaban, y sintiendo algo parecido a la angustia, como si me pronosticaran un futuro hipotecado. Ahora sé que lo he hecho, no como una obligación, sino con la necesidad de demostrarle todo el amor que le he tenido, que le tengo, que te tengo, mamá, ahora que no estás, y que solo puedo pensar que fuiste buena, íntegra, abnegada, la mejor madre que pude tener.

                      Tu hija Rosa Mari


                                                       Rosa María Rodríguez Magda.



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domingo, 9 de febrero de 2014

Carmen Ramírez Sarmiento




“A los doce años, mi maestra Sta. Lola, le dice a mi madre que yo respondía a un perfil de alumna aventajada y que sería bueno que me diese la oportunidad de estudiar. Mi madre le respondió que detrás de mí, había ocho hijos más y que, si le daba oportunidad a uno/a, tendría que dárselo/a a los demás, y eso, en aquéllos años, era imposible. Causé baja en la escuela y me inicié en la costura”.

Carmen Ramírez, nace en Los Castillejos (Arucas) el 29 de Octubre de 1.932. Es la mayor de nueve hermanos (6 hembras y tres varones), uno de los varones ha fallecido hace unos años. Es hija del matrimonio formado por D. Ambrosio Ramírez Pérez y Doña María del Socorro Sarmiento Marrero (natural de Tejeda) quienes tuvieron quince hijos, de los que, los seis primeros fallecieron (unos, con días de nacidos y otros a los pocos meses).

A los cuatro años de edad, Carmen es llevada a la escuela por una de sus vecinas, y a pesar de que no estaba a mucha distancia de su casa, no le gustaba ir por las tardes porque le decía a su maestra que “tenía que merendar”. A los seis años, pasa a la clase de la Sta. Lola y está hasta los doce años. Recuerda Carmen que fueron unos años muy bonitos los de su infancia, compartía juegos con otras niñas y niños en la calle de San Juan de Dios en el Terrero aprovechando que su madre tenía un puesto de verduras en la segunda casa contigua al Teatro Nuevo. La única responsabilidad que tenía era la de llevar a sus dos hermanos más pequeños hasta su casa para atenderlos y acostarlos. Sus juegos en la calle apenas eran interrumpidos por el tráfico rodado, pues eran sólo tres, los coches que la cruzaban.
Cuando ya no estaba bien visto que una niña de doce años juegue y corretee por la calle, asiste a la costura de Carmita (que fuera esposa de D. Juan Pérez, profesor de auto escuela en Arucas). Esta modista cerró su taller, precisamente cuando se casó, por lo que luego fue al de Rafaelita Lorenzo. Con apenas dieciséis años, Carmen es operada de la columna vertebral, por habérsele diagnosticado el llamado “mal de Po”. Supuso varios meses de estancia en la clínica y luego cerca de once, con una especie de yeso que cubría de cintura para arriba y le impedía ciertos movimientos. Afortunadamente salió bien de ese trance, pues algunos de los médicos consultados, no eran partidarios de la operación. Dos años más tarde, pasaría de nuevo por el quirófano por un problema de fémur.

La muerte de su madre a los 46 años, fue un duro golpe para toda la familia. A Carmen se le humedecen sus ojos, hace una pausa y no puede contener las lágrimas cuando recuerda que por este motivo, sus hermanos más pequeños, fuesen internados en el Colegio San Antonio en Las Palmas. Fue duro separarse de ellos, pero gracias a esa decisión, sus hermanos pudieron estudiar y se sienten muy orgullosos de haber pasado por el San Antonio.

Nuestra conversación transcurría en su domicilio en la Hoya de San Juan y mientras charlábamos, oía desde una habitación contigua un programa de radio al que como es lógico, no prestaba atención, pero sí me extrañaba que Carmen no fuese a la habitación y bajase el volumen. Pronto salí de dudas sin proponérmelo. Resulta que en la habitación donde estábamos, colgaba de una de sus paredes, una hermosa fotografía – mural en blanco y negro con una panorámica del Bentayga tomada en la época de los almendros en flor. Me interesé por ella y me dijo que se la había ganado en un concurso de radio y fue cuando me dijo que la radio era su fiel compañera que estaba prácticamente encendida todo el día y que no sólo había ganado la foto, también una bicicleta estática y un juego de comedor, claro que, de eso, han transcurrido ya bastantes años, era la época de los concursos radiofónicos, sobre todo en Radio Las Palmas. En cuánto a televisión, los documentales y los deportes son sus programas favoritos. Recientemente no se pierde los partidos de Nadal, al que admira, no ya en lo deportivo, sino también por su gran sencillez.

Gran aficionada al cine, nunca pensó que un día se viese en la taquilla de un cine vendiendo entradas. En la mayoría de nuestras ciudades y pueblos, el cine tuvo unos años de esplendor y cuando se anunciaba un estreno importante, se reservaban las entradas con antelación. En nuestra ciudad, el Cine Díaz ponía a la venta los sábados y domingos por las mañanas, las entradas numeradas y hasta allí acude Carmen, cuando D. Cristóbal Díaz le dice que necesita una persona para la venta de entradas en taquilla y que había pensado en ella, acepta y está durante 26 años.

Carmen es una mujer alegre, dinámica, optimista y decidida, como cuando las circunstancias le obligaron a presentarse para la obtención del permiso de conducir y a pesar de no superar la primera prueba del recorrido por un brusco giro a la derecha (y no político), no se desanimó aprobando en la siguiente. Siempre le ha gustado estar en acción, lleva más de veinte años colaborando con Caritas y hasta hace muy poco con el Centro de Mayores. Pertenece al Club de Lectura y formó parte del estupendo Grupo de Labrantes de la Palabra y no se pierde los encuentros con los “Vecinos del Terrero”. Le encanta la natación y viajar, no olvida su estancia en París cuando una de sus hermanas residía en la capital francesa. De nuestra isla le encanta Tejeda, quizás por aquello de que su madre la llevaba desde que era pequeñita y donde suele pasar, con alguna frecuencia, varios días con su familia tejedense.
. Gracias Carmen.
Municipio de Arucas de la Isla de Gran Canaria.

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martes, 7 de enero de 2014

Manuela Ojeda Falcón



“Muchos días, mis amigas y yo, no acudíamos a la escuela y nos quedábamos cogiendo chuflas por la orilla de la acequia”

Doña Manuela Ojeda Falcón, nace en la Goleta el día 19 de Marzo de 1.936, ocupando el sexto lugar de siete hermanas. Su hermana mayor lo era sólo de padre y su infancia transcurre durante unos años muy difíciles.

A pesar de ello, recuerda que quizás por rodearse de tantas hermanas y de amigas, no se percataba de aquéllos momentos tan delicados. Era muy divertida y la asistencia a la “escuela”, no era precisamente una de sus virtudes. Junto a varias amigas, ideaban cualquier trama para no acercarse a clase y, a pesar que muchas veces fue reprendida por sus padres, volvía a sus andadas, quizás por este motivo no guarde ningún recuerdo especial de su paso por la escuela, así como de sus “maestras”. A los doce años, edad con la que da por finalizada su estancia en la escuela, le comenta a su padre que desea ir a trabajar. Su padre no lo consiente aún, e interviene en su favor, una prima de su madre que trabaja “colocada”, (palabra empleada para indicar que se trabajaba como criada) en Las Palmas. Esto, enfurece aún más a su padre que no consiente que ninguna de sus hijas tenga que ir a trabajar a Las Palmas.

Cuando cumple los trece años, logra convencer a su padre y junto a la prima de su madre, inicia la aventura de trabajar en la capital. Está poco tiempo y de allí pasa a trabajar a una finca de tomateros durante una zafra y luego en la Finca de la Marquesa de Arucas.. Manuela, tenía dos tías que trabajaban en el Almacén de plátanos de D. Manuel Medina en Visvique y le comentó a una de ellas, (a su tía Antonia), que le gustará trabajar en dicho almacén. Su tía le dice que si esa es su intención, lo primero que debe hacer, es aprender a “hacer tacos” (pequeños paquetes con pinocha, empleados para la empaquetación del racimo), pues su tía sabía que lo primero que le iban a ordenar en el trabajo era precisamente eso, y le enseñó en su casa esa tarea, además, tendría que esperar a cumplir los dieciocho años- tenía entonces diecisiete-, pero Manuela no quería esperar un año más y se las arreglaron para decirle al patrón que tenía dieciocho y fue admitida.

Allí estuvo trabajando durante once años, donde formaban todos/as los empleados/as, una verdadera familia. En la época de la “zafra”, se trabajaba duro, con apenas tiempo para comer, y terminaban a altas horas de la madrugada. Ella, tenía en los plátanos, su principal alimento, sobre todo, cuando comenzaban desde la una de la tarde y llegaba la noche sin parar, ni probar bocado. Se trabajaba durante la Semana Santa, hasta el Jueves a las tres de la tarde, respetaban el Viernes Santo y volvían a trabajar el sábado. Recuerda que por motivos de Zafra, trabajaron en una ocasión una víspera del Pino hasta muy tarde, originándose, a pesar de que en aquéllos años los coches que bajaban de Teror no eran ni la sombra de los de hoy, un verdadero atasco para que el camión cargado de plátanos pudiese entrar en Visvique.

Deja de trabajar en el Almacén, para contraer matrimonio con Manuel Marrero Medina, un joven carpintero que había conocido una tarde de domingo, por la Calle León y Castillo. La primera vez que se le acercó Manolo, no salió muy airoso, pues ella le rechazó, ya que no entraba en sus planes, (igual opinaba su amiga con la que salía), aguantar a ningún hombre, ya que querían divertirse a su manera, pasear, ir al cine, pero sin tener que soportar a nadie. Como Manolo lo volvió a intentar, ella “le echó el guardia” y este le comentó: “Marrero, Marrero, amores a la fuerza no” y el joven Marrero estuvo tres meses sin aparecer por el paseo de los domingos.

 En aquéllos años, los padres eran muy rígidos con sus hijas durante el noviazgo, no permitiéndoles estar más allá de las diez de la noche del domingo, en la calle y cuando los Jueves (día de novios) estaban en la casa, ya se encargaría el padre de tocar las “cucharas” para indicar que la conversación llegaba a su fin.

Manuela Ojeda y Manuel Marrero, contraen matrimonio en la Iglesia de la Goleta el día 15 de Mayo de 1.964. Tienen cuatro hijos varones que le han dado, ocho nietos, (6 varones y dos hembras). Atrás han quedado aquéllos años de la posguerra que, aunque fueron muy duros, no impidieron que fuese una niña alegre y feliz, y que si no cumplió muy bien con sus deberes escolares, sí lo hizo con creces trabajando desde muy tierna edad, en primer lugar, para ayudar a su familia y luego, formar un hogar.
Gracias Manuela  !
Municipio de Arucas de la Isla de Gran Canaria.
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sábado, 12 de marzo de 2011

Alva Rosa de Tukano (Brasil)



¿Se puede luchar frente a las desigualdades con fuerza de espíritu, con confianza y mucha fe en los proyectos que uno emprende?  

Alva Rosa es una mujer soñadora de Tukano (Brasil) que  supo controlar su  miedo y derrotarlo para luchar por lo que cree justo. Su confianza en sí misma al decir con mucho orgullo: “…yo soy así una india pura, tanto es que se pude ver en mi fisonomía que soy pura” nos demuestra que al aceptarnos tal como somos podremos visualizar muchas cosas, muchas de las cuales no logramos ver, ya que no asumimos que en nuestras raíces hay sangre indígena, por lo que caemos en políticas opresivas. Muchas de las cosas que pudo lograr esta ejemplar mujer fueron gracias a que creía en ella y en sus capacidades, a pesar de estar inserta en una sociedad  desigual y discriminatoria, esto no logró destruir su fe y podemos ver reflejado esto en algunas de sus palabras: “…ellos me dan muchos golpes, pero eso no me disminuye, me fortalece cada vez más, para entrar en la  política  y defender a las personas”.  

Además tiene muy claro sus objetivos y sabe a dónde apuntar para poder colaborar para revertir la situación que aqueja a las mujeres indígenas y hombres indígenas “…si no se tiene poder, no se consigue nada.” sus palabras nos reflejan mucha objetividad frente al tema, pero sin embargo no se deja amedrentar por esto, muy por el contrario, ella lucha por políticas mas justas y equitativas y se orienta muy certeramente al tema de la educación, que es el comienzo para conseguir a mejores personas para liderar estos proyectos de integración, además que a partir de la educación se pueden rescatar las creencias y tradiciones para que el tiempo no se las lleve y terminen extinguiéndose.

Gracias a Alva Rosa y a  Evelyn  Celedón Muñoz
Davinson, Guillermo y Calderón, Edith (2004) “Mujer indígena en América Latina y política Local”. Temuco: Imprenta Páginas.
http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/articulos/papeldelamujerindigena.asp

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miércoles, 23 de febrero de 2011

Isabel Ortega Ventura política aymara-quechua boliviana

Isabel Ortega Ventura (20 de diciembre de 1954) es una política boliviana aymara-quechua. Nació  en Ventilla Pongo, provincia de Cercado, departamento de Oruro. Trabajó como campesina y participó en actividades sindicales. Ortega Ventura también ha ocupado puestos de liderazgo en la Federación Sindical Originaria Regional de Caracollo. En 2010, se convirtió en Viceministra de Justicia para Pueblos Indígenas. 

La primera vez que llegó al parlamento boliviano dos guardias le impidieron ingresar.  Este no es su lugar, me dijeron. Regrese al campo.  Y se rieron mientras me lanzaban fuera.

Luego de presentar sus credenciales como congresista le permitieron el paso.  Escuché los murmullos de incredulidad. Su elección no fue una casualidad. Se forjó en las canteras del Movimiento al Socialismo (MAS). The New York Times la eligió para hablar de esa nueva camada de legisladores indígenas en Latinoamérica. Cada vez que se retira del Congreso de su país escucha los mismos susurros.  Piden que me vaya. La gente de la calle cree que gente como yo denigra la tradición política, del país. 'Esa chola que hace allí, deben sacarla; comentan sin decírmelo en la cara. Ella utiliza sus polleras y ese manto con flores en toda ceremonia oficial. 
Es mi traje de gala. Yo no me disfrazo.
Es la encarnación de una de las grandes paradojas del poder Es indígena. Ha llegado a las más altas esferas del gobierno y no siente el respeto que debería por su investidura.  Todo es triste. Ser diputado es muy triste. La gente no me acepta y no sabe lu mucho que queremos cambiar el panorama .No veo a mi familia por servir a este país.

En su lucha, ha visto morir a familiares y amigos. A veces surge una bala durante una protesta y un indígena muere. Así han muerto muchos conocidos míos. Antes a nadie le importaba. 
Ahora por eso puede caer un mandatario. Estamos yendo de abajo para arriba pero no es suficiente. Ella es consciente de que la voz de los líderes indígenas bolivianos puede definir el futuro del gas de Tarija; quizás la diferencia entre el desarrollo y el subdesarrollo. Tenemos que decidir, aún lo estamos evaluando. Esa es otra batalla y el verdadero termómetro de su actual poder

http://www.chirapaq.org.pe/es/files/qellqay/2007-006.pdf
http://www.fondoindigena.org/notiteca_nota.shtml?x=10500
https://en.wikipedia.org/wiki/Isabel_Ortega_Ventura

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viernes, 18 de febrero de 2011

Aaju Peter inuit Groenlandia-Canadá


Aaju Peter  ( 1960) es una abogada, activista y diseñadora de ropa de piel de foca de Inuk. En 2012, se le concedió la Orden de Canadá. 


Peter ha viajado por Groenlandia, Europa y Canadá, interpretando bailes de tambor modernos y cantos tradicionales y exhibiendo modas de piel de foca. Se graduó de la Facultad de Derecho de Akitsiraq en 2005 . Ha aparecido en los documentales Angry Inuk (2016) y Arctic Defenders (2013). 

Aaju cree que el mundo gira alrededor del hielo. Es su hábitat natural. Nació en Groenlandia.  Me he sentido única siempre. La mayor parte del mundo cree que es un pedazo  de hielo deshabitado.  
Ella es una inuit. Cotidianamente se les llamaba esquimales Eso es un insulto para ellos. Significa "Consumidores de carne cruda”: Inuit, en groenlandés, significa "hombre”. 
De  niña partió a Dinamarca [de donde son] los principales colonizadores de esas tierras. Al volver, siete años después, había olvidado su lengua materna. Padeció el alcoholismo de sus padres. Ese es uno de los grandes males de su gente: uno de cada 216 inuits es alcohólico. El otro gran problema es el suicidio juvenil. Eso existía antes de la llegada de los europeos. No forma parte de nuestras raíces. 


Los precios allí son exorbitantes. Cuesta creer que sea más caro que la mayoría de los países del Primer Mundo. Los esquimales disputan sus puestos de trabajo con los daneses. En la mayoría de casos, pierden. 



Vamos a subsistir a pesar de todo. Mis ancestros pudieron desarrollarse en un desierto de nieve. Somos pacientes. Un inuit es por naturaleza paciente. Tienes que serlo con menos de 15 grados bajo cero en promedio. Los varones pescan durante 24 horas. Eso sin estar seguros de pescar algo. Esperamos el anochecer por meses. Poco más se puede decir de nosotros. 

No se considera una líder. Solo sigo la senda de mis raíces. Los inuits son monolingües solo tengo la ventaja de hablar inglés.  Eso le ha permitido defender su causa. Eso y sus estudios de Derecho (apenas un cinco por ciento acude a la universidad). Se ha mudado a Canadá, a Nunavut, otro gran enclave inuit.  Todo permanece igual. En ese lugar, los equinoccios también son el fin del día. 


http://www.ideacityonline.com/presenters/aaju-peter/
http://www.chirapaq.org.pe/es/files/qellqay/2007-006.pdf
https://en.wikipedia.org/wiki/Aaju_Peter
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jueves, 17 de febrero de 2011

Ner Kupula mujer guna de Panama








Su nombre significa curandera en lengua Guna. Por naturaleza es orgullosa (es consciente de la belleza que la rodea y valora su artistica  y respetuosa cultura ) . No le importa no hablar español.
Cuando debe salir al reino de las computadoras personales y la contaminación utiliza una traductora. Ella es una de las encargadas de mantener los conocimientos de botánica de su cultura. Eso le ha dado poder. En el congreso de la cultura ella es una líder respetada (y temida). Ella dirige. Su pueblo vive en una comarca que se sitúa geográficamente en el Archipiélago de Guna Yala. Es regida por una estructura socio política que intenta ser autónoma.  Era mejor en otros tiempos, el congreso nos tenía las puertas abiertas y dialogaban con nosotros. Ahora solo intentan imponemos la legislación panameña.  Aun así son uno de los grupos indígenas más fuertes de América.
Su atavío es la contradicción de cualquier valor occidental. El pañuelo rojo con detalles amarillos sobre su cabeza indica luto. Lleva una argolla dorada en la nariz. Un piercing cargado de esencia. La nariz se les perfora cuando se hacen adultas.Nos cuida y refrenda como hijas del oro, que es lo que somos. La línea negra que cruza desde el inicio de la frente hasta el labio superior es extraída de una fruta llamada zaptur. Eso nos hace más bellas. Los brazaletes protegen nuestro ser.


Imagen de mujer Guna


Muchos hoteles de enormes multinacionales ven con avidez sus tierras. Es un paraíso en la tierra, no existe ningún lugar igual. Las casas son de paredes de caña y techos de paja. Son uno de los lugares preferidos de los turistas. Les encanta recorrer nuestras calles profundas, de arena ínfima. Son nuestras, y se conservarán así a pesar de que nuestros jóvenes van perdiendo nuestra identidad. Oraré por ellos.

http://www.chirapaq.org.pe/es/files/qellqay/2007-006.pdf
http://ladiversidadpanamena3968.wikispaces.com/Los+Grupos+Ind%C3%ADgenas+de+Panam%C3%A1
http://www.molasbags.com/molas.html
http://www.choco-story.be/SP/ilsp/reportajes/panama2.htm

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domingo, 23 de enero de 2011

Heroínas en Guatemala




En un pais con una poblacion que no llega los 15 millones , nos encontramos con tantas mujeres muertas, que no podemos dejar de sosprendernos de como se mira a otro lado mientras caen mas de 608 mujeres por año . Nuestro apoyo a todas las mujeres guatemaltecas !!


Autoridades hallan cadáveres de cuatro mujeres asesinadas en Guatemala
Guatemala Las autoridades guatemaltecas hallaron hoy en la costa sur y en la capital del país los cadáveres de cuatro mujeres que fueron asesinadas y torturadas en las últimas horas, informaron fuentes oficiales.
Los primeros dos cuerpos, junto al de un hombre, fueron encontrados hoy dentro de un vehículo abandonado en el municipio de Masagua, en el departamento sureño de Escuintla.
Los cuerpos de las mujeres, según las autoridades, presentaban señales de torturas, heridas de bala y una de ellas tenía cinco meses de gestación, pero no han sido identificadas.
Fuentes de los Bomberos explicaron a periodistas que los cadáveres de las mujeres tenían bolsas plásticas en la cabeza y disparos en el cráneo.
Mientras que en un sector del sur de la capital, fue hallado hoy el cadáver de otra mujer con señales de tortura y maniatado.
Otro cuerpo de una fémina fue hallado dentro de un vehículo abandonado también en el sur de la ciudad.
Agentes fiscales del Ministerio Público (MP) iniciaron las investigaciones para establecer la identidad de las mujeres asesinadas.
En lo que va del 2011 han sido asesinadas en Guatemala al menos 25 mujeres.
Durante el 2010, según los registros oficiales, se registraron 608 asesinatos de mujeres en este país centroamericano, y en el 2009 fueron 610 casos.
De acuerdo con la comisionada presidencial contra el feminicidio, Alba Trejo, los asesinatos de mujeres continúan en Guatemala por la falta de capacidad del Ministerio Público para investigar y capturar a los responsables de estos hechos criminales.
En el 2010 se perpetraron en Guatemala un total de 5.548 asesinatos de hombres y mujeres, menor a los 5.974 casos del 2009.


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